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El conocimiento del mundo. Parte 4


El conocimiento del mundo. Parte 4

Autor José Gabriel Gutiérrez Pantoja

El proceso de conocimiento que se desarrolla en el entorno del mundo vida de cada individuo, le permite adquirir capacidades y habilidades por la reiterada interacción con los objetos con los que se relaciona. Estas capacidades y habilidades lo llevan a poner menos atención, sensorial y racional, al interactuarse con los objetos que lo circundan; eso lo podemos identificar como el paso del conocimiento al saber o, para ser más preciso, los saberes, pues cada saber corresponde a la interacción constante de un individuo con un objeto de características similares.

Esos saberes forman parte del proceso de conocimiento que, como explicamos, es correlativo al proceso de vida, a excepción de las características que señalamos anteriormente; pero se distinguen porque a diferencia de los conocimientos, que como dijimos, son generalmente casuales, accidentales, los saberes son, generalmente, intencionales y reiterados.

Por ello, los saberes se adquieren, formalmente, desde el nacimiento de los individuos, quienes, por esa relación sensorio-racional, van adquiriendo las capacidades y habilidades necesarias para realizar diversas actividades, desde consumir los alimentos de manera autónoma hasta realizar actos que les permiten integrarse a los grupos sociales de forma cooperativa; gracias a ellos, los individuos van logrando paulatinamente su independencia, lo cual es consustancial al entorno natural y social del cual se depende. Esto indica que mientras el individuo sea más dependiente de alguien o de algo, su autonomía será menor y viceversa.

Los saberes, son el desarrollo de capacidades y habilidades que tiene cada individuo y que le sirven para intercambiar, con los otros, los productos que se manifiestan por sus acciones. Esto nos indica que, generalmente, los seres humanos tenemos limitaciones para poder crear y disponer de todos los objetos que satisfagan nuestras necesidades vitales, históricas y nuestras frivolidades y veleidades. Pero cuando exponemos el producto de nuestros saberes a los otros, y los otros a nosotros, siempre hay algo que les sirva a ellos y de ellos a nosotros.

A guisa de ejemplo podemos decir que todo individuo tiene la potencialidad de adquirir sus saberes de conformidad con el mundo de la vida que le rodea. Si un niño está rodeado por un entorno social dedicado a la industria de la construcción o de la confección, a un gremio profesional o de producción de alimentos, es muy probable que ese sea uno de sus saberes. Los otros se irán desarrollando de acuerdo con las influencias de sus entornos. Finalmente, para lograr su independencia, será alguno de los saberes el que le oriente a realizar sus capacidades y habilidades como base para el intercambio de productos con otros individuos, lo que le permitirá satisfacer sus necesidades. Estas expresiones tienen un sustento solamente cuando recordamos nuestras propias historias, nuestros pasados y el devenir hasta nuestros presentes.

Así nuestro proceso de conocimiento, de encontrar cada día, en cada momento, elementos novedosos (que es muy común en nuestra infancia), se va reduciendo considerablemente cuando se van incrementando los saberes. Por saber cómo hacer las cosas, vamos perdiendo nuestra curiosidad, nuestra capacidad de asombro, nuestra búsqueda de nuevos conocimientos. Y en nuestra intensa relación sentidos y mente, queda la idea de que eso que hacemos comúnmente, cotidianamente, no requiere de mayor atención, pues es similar a los que hemos hecho durante algún tiempo. No obstante que todo lo que hacemos en cada momento es novedoso, inédito, pues es diferente, generalmente en tiempo, a lo que hicimos antes, aunque nos parece que es lo mismo.

Por ende, los saberes nos hacen conformistas, apáticos, incrédulos ante lo novedoso. Siempre buscamos en el pasado, el argumento o pretexto para no explorar el presente de una forma distinta a la que estamos acostumbrados. No nos atrevemos a buscar nuevas explicaciones, entendimientos o comprensiones, pues por ser nuevas, requieren de razonamientos y, posiblemente, percepciones distintas a las que tenemos.

Nuestros saberes se han constituido en el obstáculo para que nuestra vida adquiera otro significado, pues nos conformamos y nos confortamos con lo que tenemos, no obstante que cada día hagamos nuestro mejor esfuerzo. Los saberes nos sirven para impedir que los otros hagan algo distinto a lo que ya se ha hecho hasta el presente. Incluso en ellos se sustenta el impedir la divulgación de nuevos descubrimientos, realizados por individuos que se salen de los parámetros establecidos.

En ellos, en los saberes, están todas las justificaciones para mantener los criterios de lo presuntamente demostrable, aunque no se pueda demostrar, de esos pensamientos que se constituyen en los mitos que guían los senderos de nuestro ser y de nuestro hacer y, evidentemente, nos condena a no ser sociedades científicas, aunque se afirme que lo somos, pero ello lo describiremos en nuestra siguiente entrega.

9/6/2011

Agradeceremos cualquier opinión para enriquecer estas aportaciones en las siguientes entregas.

Educación y cultura

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