Kao Joi Lin

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Libertad y voluntad

“se desea, lo
que no se tiene”, Platón.

“ni pobres ni
ricos, pues, el rico es insolente y el pobre, vil”, Pitágoras.

Consideraos en un pueblo abierto a un camino por el cual accedisteis a un paseo vespertino y,
donde a medida que vais caminando, se os van presentando ciertas situaciones, a las cuales vais haciendo caso omiso. No obstante, frente a otras, reflexionáis sin interés de cambiar las mismas, sino salvarlas; con el fin de continuar vuestro andar, sin restricción, a no ser solamente por agotamiento y/o por incapacidad de continuar, bien sea por efectos de la naturaleza o por condiciones extremadamente adversas a vuestra capacidad corporal.

Al mismo tiempo, no desear que se mejoren las condiciones, tampoco de tener la suficiente capacidad corporal y eliminar las desavenencias, sino, llegar hasta donde las condiciones favorables lo permitan.

¿Cómo definiríais tal actitud? ¿No observáis falta de deseos, aspiraciones y otras situaciones que no tienen nada que ver con la actitud de pasear?

En tal sentido, hemos elaborado un ejercicio en el momento y el espacio, donde no se presenta ni una característica –por lomenos- de mediación entre el poder y querer. Sin embargo, habéis llegado hasta lo más lejano posible, sin deseos ni esperanzas, solamente os acompaña el espíritu emprendedor de lo cual sois dueño. Llamemos entonces, a esta actitud, “voluntad”.

Empero, teniendo voluntad, necesitáis de la libertad para poder ejecutar esa actitud que manifiesta vuestro espíritu. Mas, la libertad es la capacidad de ejercer la voluntad sin necesariamente cumplir deseos; ni tener la necesidad de transformas ni alterar las dificultades que os presenta el mundo.

Wittgenstein afirma: “vivir libre, es vivir por el espíritu, en la medida en que el individuo
ha logrado desasirse de todos los condicionantes que mueven la vida del deseo”

Podría entenderse y o afirmarse una profunda inclinación al ascetismo. Sin embargo, más que esto, es poseer suficiente conocimiento de sí mismo; por ello, desempeñar la actividad que le indica suya genuina reflexión; propia y concebida de un espíritu netamente libre.

Sin distingo de religión, lo cual, como único propósito debería competir en contra de toda alteridad que no genere el más del beneficio. La voluntad, por efecto que no desea cambiar al mundo, sino ejercer su actividad sin pasión ni desdén, es más fuerte. En función de crear bienestar y armonía.

Schopenhauer, escribe: “La voluntad, aunque pueda llamarse libre, hasta si se quiere omnipotente, considerada en sí mismo y no como fenómeno, cuando se la mira en sus manifestaciones individuales iluminadas por el conocimiento, o sea en el hombre y en el animal se halla determinada por motivos.

Entonces, podemos definir La libertad, como, la capacidad del individuo de ejercer su voluntad sin alterar las condiciones que le presenta el mundo; para poder desempeñar motivos que son ajenos al deseo peculiar y a la vez, de poder salvar las restricciones que se le presenten en el transcurso del desarrollo de esa actitud de un fundamento espiritual que necesariamente debe ser colectivo y universal. El mayor de los motivos es vivir.

Vivir sin libertad ¡Muertos!

Eureka, vaya insensatez, no sé porque odio vuestro dogmatismo

¿Será que vuestros iconoclastas! son peores que los míos?

¿Será que los míos no enseñan a odiar y los vuestros si?

Callad y descansad, adoctrinados, trascenderán nuestros nietos al pasado

Y 50 años serán nada.

Si ya sé, no necesitan: lujo, ni libertad, total, ¡están muertos!

Aun cuando caminan, y leen, y nada les gana con la doctrina de las manos

Sienten que no pertenecen a vuestro mundo majestuoso y digno

Empero, seguirán olfateando vuestra retaguardia

Y mañana comerán un blanco hueso.

¿Para qué le enseñáis? ¡Si tuvieran vuestro areópago sanarían sus angustias!

Mejor regaladle madera, una brújula, y suyas arcas no emularan alguien menos que a Noé

Mejor dadles plumas y construirán alas

Mejor dadles libertad, y en vuestro honor mataran al minotauro de vuestro laberinto

Entonces sanaran vuestro espíritu, convirtiendo en paraíso vuestro infierno.

Dejadle sufrir suyos desencantos

Dejadle vivir suyas desventuras

No quieren comer sopa, ni verduras, ni garbanzo

Dejadle pescar suyas dolencias, dejadle criar sus propios cerdos.

¡Esto lo quieren tanto! dejadle llenar sus pies de estiércol y mastranto.

¿Eso es mucho pedir? Entonces, callad un minuto

¡Sintiendo vuestro propio silencio, recobrareis cordura!

Apagareis tristeza, opacareis llanto.

Os ama

Joise



Alarcón,
JJ., 2001, Religión y Relativismo, extraído de diarios secretos del autor
citado, pág. 49 Ed. Ariel

Ibíd., pág. 53

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Comentarios

Una respuesta a “Libertad y voluntad”
  1. Fernando Salvador Bañuls Pérez dice:

    Podemos ser personas condicionadas y la libertad ser solo el hecho de actuar o pensar si es de pensamiento, sin coacción.



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