El Buenos Aires que se fue

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LAS SUPERSTICIONES

Las distintas corrientes inmigratorias que llegaron a la Argentina, trajeron las supersticiones propias de cada país, cada región, cada pueblo. Durante nuestra formación y crecimiento, las supersticiones integraron nuestro entorno familiar.

Entre las más frecuentes encontramos “Cruzar el dedo mayor sobre el índice” cuando se formula un deseo o se espera una respuesta. Evoca la cruz, que conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas. ¡Cuántas veces lo hemos hecho, sin tener idea de su significado!.

“Tocar madera”, como signo de buena suerte, para que atrape al espíritu maligno y lo haga caer a tierra. “Abrir el paraguas dentro de la casa”, era un imposible. Cuando era pibe, en una oportunidad comencé a jugar con el paraguas y al intentar abrirlo, mi vieja gritó:” ¡No! Trae mala suerte”. Nadie lo abría. En la antiguedad, abrirlo en la sombra era un sacrilegio.

“La rotura de un espejo trae 7 años de mala suerte o de desgracias”. El espejo sería el reflejo del alma y al romperse, nos causamos daños a nosotros mismos, requiriéndose 7 años para su recuperación. Decir “salud al estornudar”, era una inmvocación a los dioses para proteger la salud y no perder el alma. El estornudo era un signo de mal agüero. 

“El viernes 13″, número fatídico relacionado con el día de la muerte de Jesús y de la muerte de dioses de la Antigüedad. “Cruzarse con un gato negro”, era señal de mala suerte porque representa a la brujería y al diablo. La sal en la antigüedad significaba riqueza. “Derramar la sal”, era un acto negativo que rompía la amistad.

“Colocar el pan boca abajo”sobre la mesa, trae mala suerte porque es una ofensa al cuerpo de Jesús. “Encender una vela a un santo”, era un procedimiento para evitar la mala suerte. “Tener una herradura con los 7 orificios”, incitaba  a la buena suerte y colgada detrás de la puerta, evitaba la entrada del mal. También era señal de suerte “encontrar un trébol de 4 hojas”.

“Derramar vino”, era señal de mala suerte. Para neutralizarlo, había que mojarse la punta de los dedos en el vino y tocarse la frente. “Colocar la escoba al revés, detrás de la puerta”, para que una visita no deseada o inoportuna, abandone la casa.

Creencias sobre hechos sobrenaturales atribuídas a poderes extraordinarios, con connotacioners religiosas; objetos y maniobras para conjurarlos; hechos con los que viviamos a diario en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Supersticiones varias: www.nuevaliteratura.com.ar

La cuestión social, La educación, La inmigración

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