El Buenos Aires que se fue

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LA SÍFILIS EN BUENOS AIRES

El aumento de la población en Argentina, favorecido por el aporte inmigratorio, la Primera Guerra Mundial y el crecimiento del país, fueron factores determinantes en generar un mayor caudal de prostitutas y consecuentemente, de enfermedades venéreas, como la blenorragia y especialmente la sífilis.

Se multiplicaron  los prostíbulos registrados y mucho más, los clandestinos. A fines del Siglo XIX se creó el Sifilicomio y Dispensario, para la atención de enfermos de sífilis. Eran épocas del empleo de derivados del mercurio, medicamentos sumamente tóxicos y poco efectivos para controlar la sífilis.

Todas las prostitutas registradas, debían revisarse obligatoriamente una vez por semana; si no se presentaban, se las consideraba enfermas y no se las autorizaba a continuar con sus tareas. Por lo tanto, la buena salud era sinónimo de ganancia de dinero para todos: la prostituta y el prostíbulo. En la segunda década del Siglo XX, el Sifilicomio examinaba a más de mil mujeres al año.

Pero la prostitución clandestina era muy superior a la oficial. El 80 % de las mujeres atendidas, estaban enfermas. Las prostitutas poseían una Libreta de Trabajo, donde se registraba semanalmente, su estado de salud. Los deficientes controles médicos, se realizaban en el 10 % de las prostitutas y permitieron que muchas mujeres enfermas ejercieran impunemente.

La llegada de gran cantidad de marineros en los buques de carga, sumado a un saldo inmigratorio de hombres jóvenes que llegaban solos, fueron razones de peso para reclutar mujers de los prostíbulos portuarios de Hamburgo, Londres, Amsterdam y Marsella, algunas de las cuales llegaban enfermas de sífilis.

Era una enfermedad oculta y vergonzante. Había familias que solicitaban el cambio de nombre de la enfermedad causante del deceso, para evitar la vergüenza pública. El 30 % de los pacientes del Hospital Rawson eran sifilíticos y en esa época, la sífilis era enfermedad terminal. Las consecuencias neurológicas y cardiovasculares de la sífilis terciaria, eran de larga y tormentosa duración.

En 1910 aparecieron los compuestos arsenicales; producían alivio a costa de dolores intensos, provocando el rechazo de muchos pacientes. Las mujeres halladas enfermas, automáticamente dejaban de trabajar y se internaban para intentar la curación. Las dadas de baja por enfermedad o edad, pasaban a desempeñarse en los prostíbulos de la Boca, Barracas y Constitución, obteniendo nuevos documentos de identidad.

Decretos y Ordenanzas reglamentaron los distintos aspectos relacionados con la prostitución. El 17 de Diciembre de 1936 se sancionó la Ley  nacional 12.331, de Profilaxis de las Enfermedades Venéreas. Uno de los objetivos era mejorar las condiciones sanitarias de las prostitutas. El cierre de los prostíbulos favoreció el crecimiento de la prostitución clandestina y el recrudecimiento de la sífilis.

El Certificado Prenupcial Obligatorio, puesto en vigencia en 1938, reflejó una notable disminución de la sífilis en los que se casaban. En 1945 apareció la Penicilina, antibiótico curativo para la sífilis, la que disminuyó hasta casi desaparecer. Pero a partir de 1957 reapareció, como consecuencia de la promiscuidad sexual, preocupando a los médicos y autoridades sanitarias.

Nunca más acertado el slogan que relacionaba a los planetas, la enfermedad y el tratamiento: “Una noche con Venus y 20 años con Mercurio” en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Carretero, Andrés. Prostitución en Buenos Aires. Corregidor, 2ª Edición. 1998

La cuestión social, La inmigración, Realidades argentinas

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