Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Entre la realidad y la escritura

Los escritores (La palabra, el escritor y la poesía) suelen ser confundidos por la gente con los propios personajes que crean.

Ellos mismos, a veces, se confunden (Verdad, verosimilitud y realidad en el Cervantes de Don Quijote).

Existen casos como el de Borges, de quien alguna vez se corrió la voz, en Europa especialmente, de que no existía, que se trataba de un seudónimo adoptado por un grupo de conocidos escribas para despistar a los lectores. Es asombroso, pero hasta lo leí en Monografias.com, aunque ahora trato de encontrar ese ensayo y en la cantidad existente referida al tema de nuestro gran escritor, no puedo hallarlo… (Ciudades y Tesoros Perdidos).

En ocasiones no es necesario ser escritor para confundirse con una historia que uno mismo se cuenta a sí mismo (Historias galantes). Tal es el caso de este cuento que les ofrezco hoy, el de una viejecita adorable, yo misma no sé si real o imaginada por mí, soñada o descripta rápidamente por la urgencia de toda escritura (La transmutación de la escritura).

Juzguen ustedes, con o sin piedad (Eutanasia).

Mejor dicho, tengan piedad por esa viejecita, no por mí, que no hago trajes de novia y apenas sé coser… (Historia del vestuario).

Blanca Yacente, Novias

De día aún se veía el cartel desteñido, que fuera sobrio y parisién: “Blanca Yacente, Novias” (Publicidad y mercadeo). De noche, si uno pasaba por la ventana de la casa, distinguía una figura afantasmada que, con escasa luz, cosía una enorme tela clara. Si uno se detenía un poco más, podía observar los rasgos del fantasma: no, no lo era, no era un fantasma; era una viejecita de ojos verdes, eléctricos (Tres flores blancas en el muladar).

Blanca Yacente cosía noche tras noche su vestido de novia (Fiestas de febrero).

Cuando era jovencita, Blanca juró no cambiarse jamás su nombre ni su apellido; sabía que eran un destino, tal vez una señal; y muchas veces se dijo que peor hubiera sido llamarse Rosa o Iris Violeta, así que cuando se casó nunca fue la señora de Flores o Blanca Flores, ni tan siquiera Blanca Yacente de Flores.

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