Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El dolor

Y ahora que ya estoy instalada en el lugar-paraíso-ojo de buey que soñé toda mi vida -Agua de Oro, pueblo pequeñito de las sierras de Córdoba (Provincia de Córdoba)- viene a buscarme el dolor, con sus consejos, con sus límites y enseñanzas: “detente un poco, yo también existo” (Dolor físico y dolor emocional: el holograma de los sentidos).

El dolor, cuyo nombre he aprendido de chica (Una mirada a los niños institucionalizados y a la zooterapia), cuyos pasos caminan por el techo, se aproximan, me cercan, el dolor me trae su mariposa negra, sus flores moradas, incrusta su corazón de hielo en mis latidos desprevenidos.

Le digo que acá no hay nada digno de sufrirse, tan sólo solitarias plantas esperando su riego, musitando plegarias, le pregunto qué busca, incesante y eterno, en el vacío (La articulación entre vacío, materia y tiempo en el De Rerum Natura).

No contesta, yo misma me contesto que una música soñada que han escuchado despiertos mis párpados, una música ejecutada en un violín del sueño, escuchada por tenaces espectadores que no duermen, ha hecho girar el dolor otra vez (La música de la India). Yo misma tal vez, parada allí, silenciosa y congelada, he hecho girar la rueda (La rueda de la fortuna).

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¿Qué es erotismo, qué pornografía?

El sexo y el espanto

No debería ser así –aunque, ¿quién determina lo que “debería” o no ser? (De Sade a Freud: el mal como un deber kantiano)-, pero el sexo es una de las cuestiones que más problemas trae y más “espanto” causa (Informe sobre sexualidad, sensualidad y sexo).

Es agradable y nutritivo –nutritivo del alma (La historia de tu vida).

Nos obliga a ser dulces, cariñosos, y hasta a embellecernos un poquito (Memoria: peluquería).

A ser sinceros, porque a la oscuridad casi siempre, en cuestiones de sexo, digo, suele vencerla la luz (La luz para los artistas, los museólogos y los arquitectos).

Digo suele, tan sólo suele, porque hay vampiros ávidos y vampiros temerosos también de su apariencia (Vampiros: los Moradores de las Tinieblas).
Con el pretexto del erotismo y la perversión (¿Qué son las parafilias?), tengo una amiga que jamás se desnudó frente a nadie ni dejó ver más que una pequeñísima parte de su anatomía (Tania Bruguera o el performance como medio de reflexión).

Ahora dice que es porque está un poco vieja; antes, acusaba a la voluptuosidad de su cuerpo.

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