Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Dejemos que el universo atraviese los días

Dejemos entrar al universo en nuestra humilde casa. El mundo no tiene límites y es parte de ese universo que tampoco los tiene (El Universo).

Si hay un jardín, y aun cuando no lo haya, leer un poema como este -de Ts’ Ch’ung Chih, del siglo XI- nos hace sentirnos leves como flores (Fiestas de febrero):

“Amor

Mi casa está cerca del mar, la tuya en la otra orilla. Las lágrimas que te envío llegarán a ti con la marea”.

_____

Hay momentos más propicios que otros para provocar “epifanías”, como los días de Navidad, o el día que llegaron los Reyes de Oriente, hayan llegado o no (Hum, homo, humus, humanus).

Veo a un niño de pie, estático frente al Árbol.

No es que piense en regalos, porque hace una hora los recibió, y ya sus ojos y sus manos los gastaron. La fiesta se acabó, y él está pisando los papeles que fueron envolturas de regalos, brillantes, coloridos; el Árbol está decaído, melancólico.

El niño estático tiene algo que también es sagrado; parece que se hubiera interrumpido su ser y hubiera creado, yéndose, el espacio.

Un espacio que todo lo abarca, hasta las más antiguas navidades.

No se puede dejar de pensar en religiones que enseñan que, cuando está todo cumplido, asoma el alma y se la ve.

Me parece ver el alma de este chico que sueña. Pronto va a amanecer y se mezclarán el sol y la luna, su corazón y su cerebro, para continuar el trabajo de ir creciendo (Juego, conocimiento y cultura).

En breve, porque es muy breve el tiempo humano, sus juguetes y sus sueños de juguetes habrán desaparecido y otros sueños y otros juguetes los reemplazarán (Premisas para una nueva humanidad).

Quizá cuando sea mayor este niño se dedique a la astrofísica, y sus juguetes, entonces, no variarán demasiado (La teología de la relatividad).

Quizás a la medicina, y su caja de plástico con inyecciones falsas y falsos ungüentos tampoco varíe diametralmente (Medicina mágica, científica y homeopática)

Pero si es humanista, si se dedica al alma humana como su estatismo parece indicarlo, todo, en verdad, se hará humo o recuerdo (Humanismo y cultura).

Sus juegos empezarán a ser auténticos juegos sin necesidad de juguetes que los acompañen.

Se situará frente a lo inasible tratando de asirlo con palabras, hasta comprender que, si hizo mucho esfuerzo, de lo inasible logró conquistar apenas un cabello o una uña.

Empezará a buscar desde el principio de la historia los días de fiesta y los de Navidad, con propósitos serios, estudiosos, sin comprender que es otro juego, y que los juegos son la puerta de la huida.

Para consuelo, para descanso, pasará las páginas de un libro de arte o escuchará música o danzará.

Un día se dará cuenta de que su trabajo y sus distracciones son una misma cosa. Pero que hay algo más.

No son demonios lo que hay, ni dioses, no son juguetes ni es el amontonamiento de los años.

Ese algo más sin lo cual no se puede vivir o al menos llegar a ser una mujer o un hombre es la esencialidad trágica de la vida.

Hay gente que muere sin haberla sospechado, pero sí, algo, le impidió ser feliz, y es no haberla tenido en cuenta.

Siempre creímos que estábamos desconcertados, pero cuando descubrimos este asunto nos volvemos a armar.

Cuando sabemos que lo más probable es que nos disolvamos en la nada, y que a eso se lo llama “tragedia” y es de verdad el sentido trágico de la vida, la tragedia se pone en su lugar.

Estamos vivos, la muerte vendrá sin nosotros, la muerte no nos llevará a nosotros que estamos vivos sino a un cuerpo muerto que no somos nosotros. No hay enigma.

Por supuesto que todavía están a oscuras el cerebro, el corazón. Lo que se ha revelado del cerebro no es mucho, pero somos muy jóvenes como especie. Y evolucionamos tan rápidamente que tal vez en sólo mil años todos los borradores hayan sido pasados en limpio.

¿Y qué importa que no estemos nosotros, si está alguno de nosotros, de nuestros descendientes?

Ese niño parado junto al árbol de Navidad deshecho tampoco estará, pero esperamos de él que algún misterio devele en el curso de su vida.

Envío

Y por si no alcanzaran las palabras, les mando otras mejores: regalo de Reyes.

Parece una broma, pero nadie se confunda, es una noticia de periódico, que puede leerse como broma en caso de ser uno demasiado sensible. Es de Enrique Symns, el famoso argentino transgresor, fundador de la revista Cerdos y peces y autor de varios libros, uno de ellos llamado El señor de los venenos, que corregí en la editorial El Cuenco de Plata:

ALARMA PRESS

“Realidad 92: reunión cumbre de carteles informativos

(…)

“(Pensilvania-enviado especial W. Burroughs). Ese invisible granizo de palabras e imágenes que van cayendo sobre usted a cada instante, rodeando por completo, aumentaría de intensidad y volumen a principios del próximo año. La decisión de provocar tal grado de congelamiento sensorial fue adoptada por votación unánime de la totalidad de los integrantes de LA RED (tal como es denominado en los ambientes periodísticos ese secreto trust electromagnético que coordina los calendarios anuales de sometimiento de vuestra mente).

“Los representantes periodísticos de los distintos carteles estaban de acuerdo en la necesidad de provocar una nueva transformación en las cadenas proteicas aspectales de la REALIDAD mediante un proceso de aceleración informativa sobre el núcleo yoico. ¿Acaso qué hace la información allí donde puede producir un hueco y encontrar tracción? Empieza a comer. ¿Y qué hace con lo que come? Realiza copias exactas de sí misma y así sucesivamente hasta que la información invasora reemplaza con copias mecánicas a la información-huésped.

“El proyecto REALIDAD 92 consiste en una enorme lombriz de palabras y de imágenes agitándose en su pantalla mental siempre a la misma velocidad, girando sobre un lento eje hidráulico enroscado en su espina dorsal como el dispositivo cilíndrico de una máquina sumadora.

“‘Los sujetos informados -declaró el representante belga- pueden ser infinitamente reprogramados. Sólo se trata de borrar las palabras anteriores y a la velocidad de la luz superponer las palabras posteriores provistas por los satélites artificialmente implantados en el hipotálamo desde donde hace miles de años estamos observando los compuestos químicos de estos seres con la finalidad de asimilarnos a ellos’.

“Un hombre es actualmente definido como un complejo compuesto por 9.000.000 de palabras-imágenes que flotan a un micrón de distancia sobre ALGO QUE HAY. La posibilidad de multiplicar esa distancia hasta tornar inasible ESTO o AQUELLO es vista con optimismo por los expertos de La Red.

“Toshio Yimura recordó que ‘todo el universo es sólo un experimento realizado sobre una finita cantidad de mutaciones de dos magnetófonos’. El proyecto Realidad 92 apunta a concretar ese futuro en el que el polvo magnético de las palabras continúe congelándonos luego de 1.000.000 de años de silencio”.

Monografias

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Comentarios

2 respuestas a “Dejemos que el universo atraviese los días”
  1. Jose Itriago dice:

    Un niño ve la gran caravana de colores.

    Pasan los azules con aires de triunfo. Sus capas tienen pinceladas del azul de Prusia de las galaxias aun no descubiertas; también de turquesa y del cerúleo, del azur de las banderas y los escudos. El azul espiritual de los mapuches, de los ancestros (eso el niño no lo sabe, pero lo sabrá tarde o temprano). Todos los azules se confunden en un rastro de alegrías de cielo al alcance de la mano. Estire pues su brazo hijo de mi alma y tome su pedacito de cielo. Pero no. No se inmuta. Dentro de miles de años quizás lamentará este momento que dejó pasar, pero por ahora tiene bastante con haber visto desfilar los cielos del cortejo de los claros clarines que todavía no sabe que el gran Rubén Darío anunció hace años.

    Le siguen impetuosos los rojos, dominantes, resbalando a veces sobre los peñascos aun azules, pero gritando siempre su fuerza. El niño los ve con cierta aprensión, porque el espera algo suave, dulce. Una continuación de la Navidad, quizás. Pero los rojos toman la escena y se abrigan con toda su variedad de escarlatas, carmines, rosados, fucsias… no terminan nunca. Somos la sal, dicen ellos, la alegría de la vida; la sangre, añaden otros y por eso el primer color del arcoíris. En China somos la buena suerte, rematan todos, acostumbrados a milenarias tradiciones de emperadores. Si él quisiera podría bañarse en rojo adalid, salir radiante a sus guerras con caballos de juguete, carros de bomberos, todo poder. Pero no, tampoco quiere tomar nada y deja pasar a ese desfile. Demasiado heroico para su gusto.

    Aparecen los amarillos, al principio mezclados con los rojos en bellísimos anaranjados de amaneceres llaneros para después vestirse de araguaneyes. Los presiden los girasoles de Van Gogh girando la gama de los ocres, de Nápoles, de cromo, de cadmio… Somos los más visibles, los mitológicos. Somos el sol de tus dibujos, las arenas de los mayores desiertos. Si estiras el brazo te colmamos de riquezas, porque somos el oro, que mueve al mundo. No somos ilusiones, ni esperanzas por realizar: somos la realidad.

    Pero el niño más bien desvía la mirada hacia los verdes que están más atrás, lejos de los primarios, medio de lado en este desfile interminable, los observa con amor y sumerge su mano en un verde esperanza cualquiera, aun cuando el desfile sigue pasando con los morados y violetas, los tierra de siena y si pudiera montarse en una atalaya, vería allá lejos los grises y los negros que cerrarán el espectáculo. Pero el niño se va. No lo sigue viendo. Esos colores no le importan. Él es de esmeralda y acero. Claro, no lo sabe ¿y para qué saberlo? Igualmente tendrá que vivir su vida.

  2. liliana briceño dice:

    Una lectura muy bella,la vida continua con penas y alegrias pero los colores de este mundo aveces nos animan,nos deprimen,nos dan felicidad y tristeza por eso vale vivir esta realidad.
    feliz año..liliana



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