Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El espectáculo

No hay nada más precioso que mirar (Sensación y percepción), que ya no ser parte (El cruce del Jordán). Entonces se guardan en nosotros los tesoros y los paisajes, Yo ni siquiera me asomo.

Tranquiliza, pruébenlo (Camino hacia la Serenidad).

Atender es la palabra precisa. Atender al mundo silenciosamente; cada hoja que cae es entonces un sonido, o cada estrella que aparece una señal (Alicia detrás del espejo).

La mejor edad para empezar a atender es ésta (El ser adulto y sus características). Ya alguien nos quitó casi todo. Pero hay algo que no puede quitarnos fácilmente: el espectáculo (La vejez: el último poema).

Estos son ejercicios de mirar:

Los contrarios

En el día y la noche lo visible y lo invisible

refulgen, y la mirada tiene llaves;

justo en el cruce entre la mirada y lo que no se ve

empieza el espacio de todas las puertas;

El día extendido infinitamente sobre nosotros

no es día, ni la noche

si sola nos la dieran.

Sé completar, a veces, este ajedrez que jugaba de niña:

Señor, tus piezas negras,

Señor, tus piezas blancas.

La rosa

Atender es comprender que la rosa

parte, para ser ella, no de sus pétalos

ni del vacío de su centro; que no es color ni fuego

ni sueño ni estar despertando; la rosa, bien mirada atentamente

parte de quien

está en ella mirándola

y de quien, absorto, escribe

su nombre. La mano va enredándose

en las volutas

del dibujo, según el molde establecido;

pero la mirada la crea, y la mirada no es tampoco

aquello que de tus ojos llega a tu corazón, repartiéndose

en perfume, contorno, matiz o

meláncolico recuerdo

de otra rosa; la mirada es aquello que asoma

por vez primera, y vuelve a sí misma después de capturar.

Guardémosla a ella y a la rosa.

Julián Sorel (un ejercicio que realicé después de leer Rojo y negro, de Stendhal)

Julián Sorel iba por una montaña

camino a visitar a su amigo Fourier

cuando encontró una cueva

y pasó en ella todo el día, celebrando

su soledad, olvidando a su amigo.

No debía fingir;

comió y bebió de su vianda cuando quiso,

ante nadie debió parecer distante ni educado.

Él no sabía que yo también estaba allí;

mi fantasma rondaba ya en busca de refugio

y Julián, que miraba hacia su alma, miró y no me vio.

Ver el destino

Y ahora que dejo el libro y miro

la palma de mis manos

no veo la estrella del caer la noche

y no encuentro más que un bastidor

donde los hilos se mezclaron, tal vez legado y no providencia,

y desalentada vuelvo a la lectura.

Me digo que la astrología, el destino en la borra del café

los números de mi nacimiento

no profetizaron, sino que en medio de mis labores yo debería atisbar

los anticipos. He escrito

sueños premonitorios, y también

soñaron mis personajes estos versos que alguien hace bajar

sobre mi tinta.

Selva

Hasta en el gesto amable

de regar una planta

la intención profunda

es cubrir este mundo

de sombras imperfectas,

hojas que en profusión

oculten la verdad

hasta en el gesto amable

de los que viven debajo de las hojas.

Último verso del invierno (al terminar de leer Madame Bovary, de Flaubert)

Nadie recuerda que al principio del libro

cuidaste al padre, huérfana cansada,

span>y al final de la historia olvidan quién eras

y asisten a las gotas dramáticas del boticario,

yo tampoco querría haberte salvado

porque persistes en las llamaradas de todas las agonías

pero hubiera ocultado el veneno entre los dientes de tu lector,

o de tu autor, Emma Bovary.

Primer verso de la primavera

Nada será como tus ojos

que fueron, porque en la pausa

en que tornaste ángel o transparencia

tomé tus restos, padre,

de modo que te asomes

y estés

y recupere con la edad gestos tuyos

alegres. Nada será,

pero sí algunas veces todavía

habrá en mis ojos brillos

como un trozo de árbol a la luz

si es que la tarde da ese tornasol

o el pensamiento

cuando ibas por tu pensamiento

como yo por los versos estoy yendo.

A una dama vista desde el tren

“A una dama vista desde el tren”

es el nombre de una canción que están pasando por la radio

que me recuerda qué pasajera fuiste

-pasajera de mí, y de un tren-

y qué cautelosos tus ojos sobre las últimas tierras.

Si yo hubiera estado rondando

por una estación -aguja del reloj

errando por el cuadrante, con su plata y su sino-

me habrías hecho un gesto con la mano

al que mi rostro adusto iba a responder

transformándose en una sombreada alhaja

y tú, una reina con un claro impermeable y una camelia,

me invitarías a una larga mesa

en la que comeríamos una en cada extremo

pero pude ser yo la pasajera

que desde el tren te divisara.

Mudanza (a la agonía de Susana Sempolis)

Solía aderezar con finas tintas ignotas

paisajes que algunas veces están en el viento y otras en el espíritu

y arrancaba del mundo ajenas escalas

y matices de idiomas, a fin de poseer

verbos remotos en la paleta de los óleos,

de modo que el portugués y el árabe se mezclaron en su trance

con la languidez de la morfina

y la esperanza de una vieja víscera aún por acallar;

nadie descifra sus mensajes ahora que

vive en una Babel parecida a su habitación de siempre.

El lenguaje

Aprendí un solo dialecto, el de las palabras y los ademanes;

vi una sola pareja, la de lo claro y lo sombrío,

y elegí a uno de sus miembros, sin saber que los dos eran uno;

a veces el espíritu me sopló verdades incompletas

a las que podría llamar luces, fósforos en la neblina,

que abandoné,y proseguí en la niebla sin luces,

pero otras veces construí siguiendo las costumbres de los pájaros

un nido fuerte en el que convivieron

la intuición y el instinto

y llamé a las cosas por su develado nombre sin letras

cuando, en llamaradas de sabiduría,

hablaba el corazón.

En ocasiones algo me dio el lenguaje:

un camino para ir más allá de sí mismo

-el lenguaje es humilde y se sabe cautivo como alguien dentro de alguien

y yo era su cripta que no abrí.

Envío

Hoy tengo el impulso de dedicar estos “poemas” a todos aquellos que me escriben diciendo que están intentando escribir, como si el intento no fuera ya una escritura. Y ya que en general son mucho más jóvenes que yo puedo pedirles -como si fuera una vieja y exigente maestra- que no se olviden de mirar un poco más un rato antes de escribir. De eso se trata.

Besos para mis viejos y mis nuevos amigos

Mora

Monografias

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Comentarios

4 respuestas a “El espectáculo”
  1. Joise Morillo dice:

    Hola Mora, Lindo envío, profiláctico, terapéutico y parvulario, un grato consejo contrario al enajenante discurso de seudos lideres, que, en vez de orientar; adoctrinan, con odio y sofismas al ingenuo e ignorante joven.

    Dizque, Parafraseando a Jesús
    Discurso de amor para el pueblo.

    ¡Quisiera escribir vuestro nombre!
    Mas, no quiero.
    Quisiera besar vuestros secos y pálidos labios
    Y, sin voluntad no puedo
    Quiero hacer popularidad
    ante vuestra inteligencia opaca
    mas, herir vuestra in-percibida ignorancia
    no debo.
    Sois las masas, sois el rebaño
    ¿De quién?
    ¿De quién os ama?, ¡quizá!
    Desprecio vuestra limitada y comprensión escasa;
    vuestra capacidad de olvidar la mentira.
    Dudas, fecundan las palabras
    de profetas del averno
    que, preñadas de hipocresía son las mieses
    con estiércol negadas en vuestra razón.
    ¡Como me duele vuestro dolor!
    ¡Como me duele la poesía macabra que oís!
    Como me duele la pedofilia de líderes
    desplegando su potencia satánica en ingenuas,
    tiernas cabezas
    para odiar, matar
    oprimir.
    ¡que triste espectáculo vos!
    Mi gente;
    ¡A quien, no importando su precario verbo!
    Lexías; e igual nivel de virtud
    Amo.
    ¿Seré tal que Jesús?

    Os ama
    Joise

  2. Jose Itriago dice:

    A pesar de este gran abismo que nos separa, allá, muy lejos, en el fondo, donde la vista no alcanza y hay que creer, hay un río. Un río que nos lava de arenas abrasivas. No importa que Desorden Público grite, más que decir:

    Si lo creen los contrarios
    Todo Todo está muy mal
    De la manera como son los contrarios

    Allá te veré fresca y seguiré el curso de las gotas de las aguas de tus ríos que van contigo, las gotas que se deslizan por tus pechos, diciéndome, marcándome el camino que debo seguir y no puedo abandonar su curso. Más bien soy esas gotas y tu mi curso, aunque podría ser al contrario.

    Con un toque de romanticismo cansado, revestido de nostalgias incontables, con algo de vergüenza, te llevaré mi rosa, una rosa. Temo que me consideres irremediablemente perdido para cualquier cosa. Pero ésta va sin espinas, la sola y pura rosa blanca. Dejé de lado el estereotipo de una rosa roja, que creo me sugeriste, más bien para minimizar ese acto de entrega de todo en tan poco. La ves, sé que la ves con claridad y sin embargo me cantas aquel bolero “Flores negras” y canturreas:

    flores negras del destino
    nos apartan sin piedad
    Pero el día vendrá, en que serás, para mi nomas,

    No te sigo. Entonces sí que me verías despectivamente y hasta con derecho de hacerlo. Claro que no serás mía ni seré tuyo. Así no, te diré. No me sirve. Propiedades nos sobran y no sabemos dónde guardarlas. Te estoy dando una rosa blanca para que sientas o creas, como mejor salga o más te convenza, que a veces en mí también hay algo de pureza, pero te la daré sin dejar de seguir el curso de las gotas que al caer dibujan tu cuerpo selva, selva donde perderse entre murmullos que arrancan de muy adentro, quién sabe de dónde y quisiera estar en esos murmullos de selva, de salvajismo. Pero no, me dices. Ya no hay ni selvas. Son explanadas, llanos tuyos quizás, que te adelantan hasta donde me puedas otear mis intenciones, que mezclo con recuerdos y aunque no me sirvan para gran cosa, me agradan porque me van esculpiendo y a veces se quiere ser puro cuerpo. Esto es el invierno y no habrá más primaveras. Se acabaron. Son fatigosas. Uno se cansa de chocar contra las imágenes. Primero con la de uno mismo y luego con las demás. Mejor el invierno. Todo premonición, todo recuerdo. Las caricias escondidas que rebuscan entre sábanas que ya no hay un olor a amor que no existe. La bella dama que entre descuidos enseñaba, atizando el fuego, tomo sus muletas y realizó una mudanza a tierras afortunadamente inaccesibles.

    Pero yo sigo las gotas que se pierden entre tus oscuridades de selva, se desdibuja. Descubro por fin en una sonrisa que se asoma en tu mirada perdida, el transparente lenguaje del amor.

  3. Joise Morillo dice:

    Hola de nuevo, Querida

    ¡He aquí mi presente!

    Observe vuestras piezas blancas contra las negras de otros
    refulgiendo, no importa día o noche
    para comprender esa rosa con fuego de vosotros
    de miradas, perfumes y matices en derroche.

    El, Julián impoluto y prodigo, sin codicia ni resentimiento
    se olvida de mí y Fourier
    ¡No hay fantasma; que disfrute el momento!

    Mientras dubitativa y quiromántica
    espero la noche y no viene estrellada
    ¡Ahora entiendo! Como mágica y romántica,
    no hay conocimiento, no hay nada.

    He ocultado al mundo
    no obstante, regado mi planta
    más, la verdad es el amor profundo
    cual cubierto de hojas al amigo encanta.

    No amiga no he de salvaros
    menos del veneno Boticario
    quiero disfrutéis vuestros infiernos y,
    haceros, Emma, un santuario.

    Empero, he de ser como el, por no olvidar
    la transparencia de ángel de esos ojos
    antes que a nadie a mi padre he de adorar
    aunque de herencia solo tenga suyos despojos.

    Otrora y diferente, la vi y ella no a mi
    en el tren que raudo transitaba
    después, le dije, alhaja seria para vos
    al ofrendarte camelias que potaba.

    En ajenas escalas y, Oleos en perenne morada
    con paisajes de tintas ignotas sin lenguaje
    y aderezando mi vida acallada
    tal que, ciudadana de Babel regodee mi personaje.

    Con esta corta prosa y dialecto aprendido
    de muda señalación no importando el ambiente
    mi morada, tal que ave, he tejido
    ¿Resultado? Mi lenguaje y mi Sofía son mi presente.

    Os ama
    Joise

  4. Mora Torres dice:

    Gracias por tu presente, Joise! ¡Qué bello!



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