Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

El hilo de vidrio, y Seferis

Ya he dicho en ese mismo espacio que sin las palabras (La semántica del reggaetón) el mundo se empobrecería de una manera trágica (Evolución del yo social) -siento ahora la distancia entre el murmullo del mundo y el vocablo que elijo. Hablo como un ciego perdido en un bosque de signos tanteando las palabras para encontrar alguna que lo explique (La semiología: ojos para leer el libro del mundo).

Uno, mejor dicho una, tiene definiciones varias, aprendidas en miles de años, pero esas definiciones rodaron, se gastaron y terminaron oxidando los objetos del pasado que las rodeaban y que eran nuestra única base, nuestra única tierra firme (La Investigación Histórica).

Llegamos a lo más alto de nuestra edad con esas definiciones de ocasión, esas frases hechas que nunca desciframos del todo porque no nos pertenecen (La convivencia y el conflicto).

Debemos enterrar las antiguas partituras y, quizás, hasta elegir otro instrumento (Fundamentos teóricos de la comunicación).

Nunca más el temor, aquel temor, temor de no volver de la belleza de decir, como si hubiéramos violado a la belleza. Como si letras desesperantemente vírgenes nos esperaran en otro alfabeto, en otra casa de citas, en otro parque de la juventud (Belleza).

Ahora la hermosura es para más allá de la vida y, como dije antes, yo sólo recostada en mi caja de muerta puedo hablar.

Pero existen otros modos de encarar la verdad, y para los ateos y para los creyentes son ambos: el sueño y la oración. Yo pido en sueños que los ladrones que hay en los espejos me devuelvan la niña cuyos ojos ven más allá de la esperanza.

El durísimo Seferis

No tenía más de quince años cuando conocí a este griego que acababa de ganar el Nobel. Recuerdo con exactitud quién me regaló el libro -recuerdo mucho a esa persona que ya murió y de quien apenas explicaré con su nombre aquel regalo: Edelweis Serra. Alguno sabrá oír.

Entre los monumentos y los pájaros en vuelo que encontré al abrir El Zorzal, este poema estaba incluido, y no lo quiero pasar por alto:

El naufragio de “El Zorzal”

“Este tallo que antaño me refrescaba la frente

cuando el mediodía inflamaba las venas

en manos extranjeras habrá de florecer ahora.

Tómalo, yo te lo ofrendo:

es un tallo de limonero.”

Yo escuché esa voz

así que miraba hacia el mar a fin de divisar

un navío que se hundió hace muchos años.

Se llamaba “El Zorzal” y es sólo un derrelicto: los mástiles

rotos, ondulaban de través, en el fondo, como tentáculos

o como recuerdos de sueños apuntando hacia el casco,

sombrío hocico de un cetáceo reventado,

desmayado en el agua. Planeaba allí gran calma.

Y otras voces, poco a poco y alternativamente,

sucedieron a aquélla; murmullos menudos y sedientos

provenientes de la otra cara del sol, de su cara oscura;

ansiosas por beber una gota de sangre.

Esas voces me eran familiares, pero yo no alcanzaba a individualizarlas.

Luego se oyó la voz del anciano. Y ésa sí la escuché

como cayendo en el corazón del día

tranquilo, casi inmóvil:

“Y si me condenáis a beber la cicuta, os daré las gracias;

vuestra justicia será la mía. ¿Adónde podría ir

errando por extraños países como canto rodado?

Prefiero la muerte:

Dios solamente sabe cuál es el mejor destino…”

Mis enigmas

De pronto di vuelta la página del poema que transcribí, y me detuve en uno que era en verdad, para mí, impenetrable, y tal vez más, una pared que no podría mover en mucho tiempo, una muralla china de silencio para mis oídos, tan jóvenes que no le encontraban la vuelta o el regreso. Podría decirse que yo no tenía entrenamiento poético para ese poema…

Lo recordaré, en partes, para que ustedes lo puedan disfrutar:

La luz

Así que pasen los años

el número de los jueces que te condena aumentará. (¿Quién iba a condenarme, qué jueces, a lo sumo me retorcerían con fruición mis gordas mejillas.)

Así que pasen los años y tú discurras cada vez con menos voz (¿cómo iba a agotarse mi estridente voz que convocaba a jugar y a divertirse a todos los chicos de mi barrio?)

mirarás al sol con ojos diferentes:

sabrás que los que se quedaron te engañaron,

sabrás el delirio de la carne, la bella danza

que concluye en la desnudez.

Como en la noche, al volver un recodo de la gran carretera desierta,

ves de pronto brillar los ojos de un animal

que, en un santiamén, desaparecen, así sentirás tus propios ojos,

así mirarás al sol; luego te perderás en las tinieblas…

(…)

Y héte ahí,

en una vasta casa con múltiples ventanas abiertas,

corriendo de cuarto en cuarto, sin atinar por dónde comenzar a mirar,

porque los pinos y las montañas reflejadas y también el gorjeo de los pájaros

habrán de desaparecer

y el mar se vaciará como vidrio molido, hacia el Norte, hacia el Sur,

y tus ojos también se vaciarán de la luz del día

así como enmudecen, repentinamente y juntas, las cigarras. (1946)

Y de este modo, a mis 15 años…

Después de mucho examinar La luz tratando de encontrarle un sentido, escribí un largo poema de larguísimo título: “Poema para el hijo que voy a tener alguna vez o que no voy a tener nunca”.

Del cual sólo recuerdo el primer verso alicaído: “Hijo, estoy unido a ti por el hilo de vidrio del tiempo…”.

Y claro que tuve hijos, la clásica “parejita”, un varón y una niña.

Pero tal vez el poema, como está en masculino, sea para mi hijo, para Ignacio, que además fue el primero.

Y algo raro: todavía me siento unida a Ignacio por el hilo de vidrio. Él vive en Tailandia y no lo veo hace mucho tiempo, pero sí, hay un hilo con él, más allá de cualquier desencuentro, vuelta, freno o máscara de la vida.

Quizá todo lo que cuento es tan antiguo que hasta Ignacio -que nació tan joven, ¿o estoy plagiando a César Vallejo?- entendería inmediatamente el poema de Seferis antes que el mío.

Sea como sea, al de Seferis se los dedico a todos mis amigos, en especial a los mayores de cuarenta, y a los que tienen quince como mi nieta Antonia y no lo entenderán, porque hablan de novios, de rock y de tecnología -aunque Antonia habla también de Cortázar (El otro idiota).

Besos

Mora

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Comentarios

4 respuestas a “El hilo de vidrio, y Seferis”
  1. Jose Itriago dice:


    La semana pasada se cumplió un siglo del nacimiento del gran Julio Cortázar.

    Creo que la visión que tengo de las palabras y de su transcendencia es el fruto de leerlo. Descubrirlo (estando aun en la universidad) fue un giro importante. Siempre me había aferrado a tratar de expresarme correctamente (hijo de abogado) pero una palabra, por ejemplo “casa” terminaba en la imagen de una construcción o quizás del hogar mío o de algún otro. Con Cortázar aprendí que “casa” puede significar todo, desde yo mismo, analizado desde afuera, hasta la unión de manos cálidas llenas de sueños y deseos.

    Hay que rendirle un tributo especial, erigir un Cronopio gigantesco que sirva para que entendamos el lenguaje como la joya que es y nos deslicemos en sus significados para encontrar el que nos vaya bien.

    Incluyo un poema, no necesariamente el mejor. Simplemente uno que me gusta (Cortázar era todo poesía, hasta en su Último Round, pero se le recuerda más como novelista, aun cuando no sigue ninguna de las pautas convencionales de esa disciplina). Además, me parece que va bien con el tema de esta semana de nuestra amada Mora.

    ESTA TERNURA

    Esta ternura y estas manos libres,
    ¿a quién darlas bajo el viento? Tanto arroz
    para la zorra, y en medio del llamado
    la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
    Hicimos pan tan blanco
    para bocas ya muertas que aceptaban
    solamente una luna de colmillo, el té
    frío de la vela la alba.
    Tocamos instrumentos para la ciega cólera
    de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
    con los presentes ordenados en una mesa inútil,
    y fue preciso beber la sidra caliente
    en la vergüenza de la medianoche.
    Entonces, ¿nadie quiere esto,
    nadie?

  2. Liz Karina Gaona Vera dice:

    Me encanto leer esta monografia..

  3. Joise Morillo dice:

    Saludos Mora, aparte de vos, JPII con Fides et Ratio, es la inspiración de lo siguiente:

    Yo, mis penas e ilusiones o, ¡sueños!

    Yo mismo, perorando mi ceguera
    en un mundo salvado de definiciones rodadas
    divagando entre el murmullo del mundo y,
    oraciones profesadas.

    Regodeando conocimientos milenarios,
    por la palabra, en tierra de firme confianza
    acabando nuestro pretérito mundo
    empero de, no perdida esperanza.

    Que importa, la pertenencia del proverbio
    si he logrado con instrumentos, descifrar belleza
    eran viejos, nuevos, sin diapasón de oro,
    no fue la fusa ni la corchea; la que ha guiado tal certeza.

    Tampoco es Dios, con su bondad y su verdad
    quien ha robado mi belleza, él no es el ladrón
    soy yo, conjugando con la perfección del mundo,
    de mi cuerpo, no obstante la niña en mí; es mi única razón.

    Yerro seria, ahogarse en el desierto
    que mis palabras no se oyeran
    que mi libertad fuera la de un muerto
    y mis penas, sueños e ilusiones en otros recayeran.

    Os ama
    Joise

  4. Carlos Borda Blacutt dice:

    Mora:
    Es un libro precioso ” El hilo de Vidrio y Seferis”
    Agradecido de hacerme llegar estos volúmenes
    con espíritu de literatura y fuerza castellana
    Carlos



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