Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Intimidades y retazos - Diario psicoanalítico

Encuentro un cuaderno que escribí con anotaciones para antes y después de una sesión con mi terapeuta (El proceso de la terapia) -apenas alcanzo a distinguir, en lo remoto (El viejo en la historia), con cuál de los muchos que tuve; pero sí, esta profesional se llamaba, espero que se siga llamando, Patricia; era el año en que yo cumplía los 45… (Las cartas estaban echadas).

Antes de transcribirlo transcribo algo que escribió Catherine Millot sobre Gide (La evolución del Francés), en apariencia el más compuesto y sociable de los escritores franceses y en realidad uno de los más misteriosos, el “apóstol de los homosexuales” (La Homosexualidad en la Ficción Argentina):

“El encuentro con Marc, en quien, por primera vez, convergían el amor y el deseo, y la crisis resultante en sus relaciones con Madeleine, tuvieron una repercusión decisiva en la vida de Gide y en su obra. En adelante, la escritura (La escritura) fue totalmente consagrada a la divulgación de su intimidad, al punto de arrasar la tradicional noción de vida íntima. (…) Muy pronto cada mínimo detalle de su existencia cotidiana se convirtió en el objeto potencial de una publicación. Sus amigos comenzaron a temer que lo que ellos decían fuera inmediatamente difundido. Él había entrado en una era nueva: la de la parresia, la manifestación inagotable de la verdad. En ese movimiento de exteriorización sin fin se abolían las oposiciones ordinarias entre el adentro y el afuera, lo público y lo privado. Gide se convirtió en totalmente éxtimo. Roger Martin du Gard (Literaturas), lo mismo que la mayoría de sus amigos, trató desesperadamente de disuadirlo de la publicación de Corydon“.

Si Gide, me digo, no hubiera sido tan íntimo, tan éxtimo, mejor, nos hubiéramos perdido quizá Corydon, quizá Los monederos falsos, o quizá todo Gide, que no podía escribir de otra manera.

El cuaderno mío

Al comenzar el cuaderno está escrito un poema que, ingenuamente, quiere revelar algo. Un poema que quiere describirme no en primera persona, persona que suelo utilizar en todos mis versos confidenciales, sino en otra persona que por ser tan célebre ya es una abstracción -supongo que esa fue mi idea…

Lo copio:

Detrás de la sonrisa de la Gioconda

No en el cuadro sino atrás

pero pasando por la puerta de la sonrisa,

atrás de la sonrisa de la Gioconda

hay una construcción de abismos y retablos con fuego

donde Leonardo abraza por fin a su amado sin pecar, sin violar

esa envoltura tan fina que se bifurca en lagos

en dos lugares de la carne;

atrás de las vírgenes y de los mantos

en los cuales un pliegue dibuja el buitre de la infancia,

también atrás de toda sonrisa:

en la profunda realidad.

Después de este poema, vienen intensos alaridos, es casi como la traducción a palabras de la famosa pintura El Grito, el nombre de cuyo autor, perdón amigos y perdón pintor genial, no recuerdo, “se me hizo una laguna”, casi un mar.

El Grito

26.4.98

Otra cuestión para el análisis: en el camino de lo que a veces deseo, y que me estimula actualmente a emprender el análisis, o sea, conocerme a mí misma ¡menuda tarea!, lo que más se interpone, además del acortamiento o estrechamiento de la realidad, es la sensación de que cubierta con varios velos de neblina, adentro de mí existe una mala persona. Por eso escribo sobre todavía no nacer:

Llego hasta el silencio solemne, celebrado, de todavía no nacer.

Están las tejedoras en celeste, las tejedoras en blanco, las tejedoras en el rosa más pálido.

Y son mi madre de ojos verdes; mi padre, que ahora tiene mis ojos.

Son un otoño y un invierno conversando de mí y el lujo de nacer en el día más frío para envolverme en pieles.

Me asomo desde acá y me envuelven en un tejido claro que parece surgir de una trama de placidez y de delicadeza que mi vida no tuvo.

28.4.98

Trataba hace dos días de poner en funcionamiento la máquina de imaginar. Entre paréntesis -y quizá lo estoy reiterando para tenerlo muy en cuenta- es la imaginación lo que me falla, lo que se detiene. Parálisis de imágenes. Como si las imágenes se detuvieran en su misma formación, no llegaran a ser. Sólo puedo imaginar, con reservas, sobre el papel, con la escritura.

Bien, retomo: trataba hace dos días de imaginar, mirando las cartas con que hago solitarios, la baraja española. Trataba de ser una vidente y vi:

1º Me esforcé por encontrar los elementos esenciales agua tierra aire y fuego. Calculé que las espadas, azules, eran el agua, y por lo tanto el tiempo. Que las copas, rojas, eran el fuego, y no me decidía si eran la destrucción o la alegría, por ser también el vino y no tan solo el fuego. Que el basto por ser sólido y tal vez por ser verde y grueso, era la tierra. Al llegar al oro fue cuando no supe. No pude asociar el oro con el único elemento que quedaba, el aire, ni por el color amarillo ni por el significado material. Pensé en cambiar, en asociar el oro con el fuego, esto por simple asociación astrológica con mi signo, Leo. Leo cuyo regente es el Sol, su elemento el fuego, su metal el oro, su color el rojo o el amarillo.

Entonces el oro de la baraja era el fuego. Pero qué hacer con copas… Es un vino rojo, es alegría. Los otros dos restantes no me ofrecían dudas, menos que menos las espadas. Veía las espadas como el tiempo; el tiempo que es la sustancia cambiante de Heráclito, el río; el río, el agua; las espadas son siempre azules en la baraja. Las olas, pensé, las espadas del agua. También el basto era tan de la tierra.

La duda continuaba entre el oro y la copa; entre el fuego y el aire.

Asociación alquímica para que el oro fuera el aire, el cielo, lo elevado, la aspiración a lo alto, era que el oro era la piedra filosofal, aquello que querían lograr los alquimistas y a partir de lo cual todo era posible; en los verdaderos alquimistas, a pesar del acto material de búsqueda del oro transformando sustancias menos nobles, la concreción, la piedra, era nacer a la vida espiritual. Aunque, ¿por qué el aire tiene que ser más espiritual, más elevado y sutil que el fuego? todavía no encontré la respuesta, pero es aquí donde puedo pescar la detención de las imágenes que intento crear. Algo que dice: no va más, detengar el juego ya que no es más que un juego. Y eso en cualquier momento. Porque lo que en el fondo de mí subyace es que la misma vida no es más que un juego, ¿y qué más podría ser?

5.5.98

Con mi analista llegamos a un lugar que no pensé que aún sobrevivía, y todavía no se lo he dicho. No sé, cuando hable, cómo lo diré, ahora lo digo así:

Violación

El violador me ató los brazos y las piernas -yo estaba vestida- y con una navaja me sacó jirón a jirón la ropa y tomó de alguna herida sangre que bebió gota a gota, no era mucha. Después se fue por un momento y regresó desnudo y con una hielera de plata en la mano.  Sólo dijo: “Hace mucho calor, te va a gustar”. Tomó un puñado de hielo picado y lo introdujo en mí. Mi sexo se encendió con el hielo y comencé a esperar con ansiedad. Pasó un instante su lengua por el hielo candente y la llevó después hacia mi vientre, a los costados, en las axilas, en los brazos donde lamió mi sal, y se alejó. Se acurrucó a unos metros de donde estaba yo sobre el piso de mármol con la cabeza baja y finalmente salió de la pieza y lo escuché lavarse y el ruido de la puerta cuando se iba para siempre.

Envío

Lo único que me diferencia con Gide en esta última entrada es que él solía ser el violador de niños en sus escritos, no el violado.

Por momentos quise copiar de mi diario psicoanalítico incidentes en los que yo fui la protagonista más perversa, pero no me animé. Fue por respeto a ustedes. De cualquier modo el no saber cómo contar a mi analista una violación que ocurrió en la realidad habla de las dificultades que tienen los niños abusados para hacerlo con padres y maestros, y puede resultar esclarecedor.

Otra cosa: no seguí con la cuarta parte del novelón por entregas porque estaba aburriendo a todo el mundo, me pareció. Gracias Joise porque le diste un fin!

Abrazos

Mora

Monografias

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Comentarios

5 respuestas a “Intimidades y retazos - Diario psicoanalítico”
  1. Jose Itriago dice:


    Un rumor que uno escucha, las voces van bajando, cada vez más, hasta que empiezas a oír ese silencio que atormenta. Lo sabes, claro, pero no el calendario, si es de semanas, de meses, de años. Apenas ayer supiste que Fredy se fue. Y parecía imposible que él, repartiendo ánimos, estaba antes que tú en la cola. Pasó primero. Duele, tanto que no se describe, más fácil es pintarlo, aunque aquí no se pinte. Pero también Gilberto, que parecía un león… y dejo de contar.

    Tomo una piedra áspera, de las que usamos en la construcción. Esta más grande que las usuales. No está calibrada y eso la hace diferente. Por una parte, inútil, no sirve para lo que la quieres, por la otra única, al menos en ese grupo. Siempre hay una piedra que se cree diferente pero todas vienen de las mismas rocas o del mismo río o de cualquier orilla de mar.

    Una vez quise pensar piedra, sentir los tiempos en un plano secundario, estar allí simplemente, en un siempre casi igual. Alguien dirá que las piedras no piensan, aunque realmente no lo saben, no pueden saberlo. Las más insignificantes matas del camino pueden pensar y los animales también. Pero se definió que las piedras no piensan mientras quiero pensar piedra.

    Ella, la piedra que somos, no sabe si es filosofal. Quizás en eso consista la filosofía, en esperar los siglos necesarios para que todo vaya tomando su lugar, sin intervenir, sin cambiar el curso de nada sino ser más bien parte de ese curso. No sabe si contiene oro o coltan o cualquier material mágico. Está allí, siempre contemplando a su manera todo un paisaje que cambia. A veces crecen árboles y monte que la van cubriendo, para darle una bienvenida de nacimiento en la tierra misma que hace ella y entonces, mansa, se deja abrazar y fundir en una caricia sin términos finales.

    Los rumores se extinguieron hace rato. Sacan fuerza para enfrentar a la piedra y hablarle de demoliciones, de fragmentaciones. A los árboles los podan y es necesario, pero les duele y de nada vale que les digan que es por su bien.

    Mas los árboles que serán podados, quisieran ser como las rocas marinas, siempre desnudas en lucha constante contra la fuerza del viento y del agua. Gana el mar, es verdad, pero es cosa de siglos. Cada round puede ser de dos o tres siglos y todavía veremos el bosquejo de lo que fue. Hasta que las demuelen.

    Una vez, en medio de un gran bosque, tan cerrado que no se veía horizonte alguno, me perdí. Caminando encontré una vía de agua y después un claro musical que filtraba la luz, casi verticalmente Me desprendí de todo, hasta de mi mismo, pero el temor me volvió a ganar y seguí buscando el camino. En realidad perdí el momento las ramas, el agua helada, pisar las hojas del piso con mis pies desnudos, pero encontré un camino y llegué. Estaba muy cerca. En un bosque cerrado uno se pierde con pocos pasos que dé sin fijarse hacia dónde. Pero también ocurre que hay grandes bosques que no tienen árboles, quizás otras cosas que se hacen árboles. Recuerdos, deseos, un cuerpo, otro cuerpo, que no cejan nunca. Quizás Edvard Munch sintió la necesidad de gritar, perdido en su bosque.

    Las grandes piedras no necesitan caminos.

  2. isabel salcedo dice:

    Mora y José,me calaron el Alma..los dos!

  3. Joise Morillo dice:

    Querida y amantísima Mora.

    Si algo deteriora la conducta humana es dispensar lo llamado tiempo a actividades que lindan con lo inexorable -por lo menos hasta ahora- situaciones de lo absurdo como el faquir de la atracción del circo: “Un artista del Hambre” en apéndice de Metamorfosis de Kafka.

    Igualmente tratar de emular al creador, perdonadme, gente que trata mediante formulas y procesos creadores de metales como oro y diamante -leed “En la búsqueda de lo absoluto” de Honorato de Balzac- en laboratorios, rayan en lo desconsiderado consigo mismo y con los otros, pero, o sin embargo, actualmente en el espacio mas allá de nada se están formando nebulosas donde las presiones y temperaturas son tales que la combinación de los contentivos del espacio dan origen a oro y diamante. ¡La obra de Dios! Crean, quieran o no.

    Absurdo demasiado absurdo, empero el avance de la ciencia, derivado de la utilizacion de los recursos del universo ¿por qué no? Darán a la postre tales resultados buscado con pasión, para ese entonces su utilización será 1000% diferente a la utilización de nuestros tiempos.

    ¿Diamantes artificiales? si hay, “artificiales” oro habrá, sin dudas, “artificial”

    Os ama
    Joise

  4. fabi risso dice:

    Querida Mora
    Sobre tu poema : Detrás de la sonrisa de la Gioconda, hermoso y puntual, siempre creí yo, que éste enigmático personaje, famosa dupla con su autor Leonardo, guarda cierta complicidad en esa sonrisa que tiene millones de interpretaciones

  5. fabi risso dice:

    ALMA Y PAISAJE
    Debajo de los árboles, ninguna
    pena que inquiete el pensamiento mío.
    Encima de los árboles, la luna;
    debajo de los árboles, el río.

    Abro mi corazón… Leo y confío
    en la gloria, en el bien, en la foruna.
    Habla de amor, al discurrir, el río;
    habla de amor, al esplender, la luna.

    Quietud y soledad… Nada importuna
    la comunión del pensamiento mío
    con el bien y la gloria y la fortuna…

    Bajo el paisaje trémulo y sombrío
    sueña un hilo de oro de la luna
    sobre el silencio diáfano del río.

    Andrés Mata( Venezolano )



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