Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Relato redoblado

Fueron tan cálidos, tan apretados los saludos que ustedes dejaron en mi blog, que empecé a sentir nostalgia de las cartas antiguas (Inmigración a la Argentina: Cartas).

De las cartas-cartas.

Esas que venían en un sobre donde estaba escrito mi nombre y que yo abría con tanta ansiedad que a veces rompía el papel y tenía que reconstruirlo, armarlo como un rompecabezas de los niños (Juegos tradicionales para fortalecer la identidad cultural de los niños).

Entonces me acordé de las viejas cartas que había escrito en mis aún más viejos cuadernos, con intención de pasarlas en “hojas de avión” y enviárselas a mis amigos, y no lo había hecho. Tenía un tesoro, una mina de oro de cartas viejas por enviar (La danza de la muerte).

Me pareció una buena idea mostrárselas a ustedes, con las debidas correcciones protectoras de la identidad del destinatario y aclaraciones de códigos secretos (Fernando Pessoa: corazón de nadie. A su propio encuentro). Lo bello de esas cartas es que levantan antiguas casas donde yo ya no vivo; resucitan a mis amigos y parientes más queridos, porque todavía no habían muerto cuando las escribí, y estaban presentes, frescos, vivos en cada letra (Relación entre el pasado y el presente).

Sin embargo, sucedió que no me atreví a dejar tanto de mi alma en exposición, sobre el papel virtual que iba a enviarles y que no sólo les llega a ustedes, queridos míos.

Sucedió que empecé a avergonzarme de dejar ver tantas cosas de mí, casi como Eva cuando se percató de que estaba desnuda en el Paraíso. Pero no comí la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, ojalá hubiera tenido esa oportunidad…

Sencillamente, buscando cartas en mis cuadernos encontré una curiosa novela corta o cuento largo, que me llamó la atención porque yo había olvidado ese escrito (El olvido está lleno de memoria).

Se trataba de alguien que había leído por primera vez en su vida una novela, y que se había fascinado tanto que, o bien se estaba transformando en la protagonista de la novela que había comprado por casualidad, o le vivía la vida al personaje, o se la había llevado a vivir con ella en su casa, de manera invisible, para planear juntas una fuga -¡con esa mujer hecha de letras de imprenta!

Como es algo larga la narración -es una novela corta hasta para nouvelle y larga para cuento, aunque para mí son otros los instrumentos para medir esas cuestiones-, transcribiré la primera parte, y luego posiblemente la segunda, y si tengo algún éxito de taquilla, con la tercera, en un futuro miércoles.

Me encanta el folletín (La telenovela se tiñe de colores), las remotas narraciones por entregas que solían salir en el periódico antes de que todos naciéramos, costumbre que puede transplantarse a un blog. ¿Qué les parece si hacemos todos un esfuerzo por resucitar el folletín? ¿Y qué les parece José I., Joise, Celestino, Fabi, Agustín, Patricia, Júdith, José María? ¿Lo intentarían? Cada comentario sería un fragmento de relato… ¡Manos a la obra!

Acá les mando el comienzo de mi

Relato redoblado

Debí esperar un poco para abrir el libro. Sin costumbre de lectura más que la Biblia, aunque sí ganas, desde lejos, esa tarde había entrado en una librería por primera vez. Venía una música suave; las personas no hablaban, no parecía haber dueños ni vendedores. Los libros estaban apilados sobre las mesas, con carteles: “Ofertas: dos pesos, tres pesos, cinco pesos”. Yo había pensado que los libros eran inalcanzables.

El solo ruido de abrir el libro, con ser tan mínimo, me sonó fuerte, capaz de despertarlo a él, que no debía saber que yo tenía la luz encendida. Pero me dije que eran cosas mías, por el gran silencio de la noche. Él dormía bastante lejos, porque yo me acababa de trasladar al cuartito que estaba junto a la cocina. Minúsculo, con un baño pequeñísimo también, me alegraba tener cuarto y baño propios; “los de servicio”, decía él.

Convinimos dormir en habitaciones separadas un tiempo, yo deseaba que fuera para siempre.

Pensé que la pasaría mejor todavía, ya que estaba a partir de un confite por la alegría de no dormir con él, con esa novela entre las manos por las noches, por eso la compré, y además el título me parecía interesante, El canario de Estefanía o tigre encerrado, como de un drama, pero que él no se enterara por la luz. Se enteraría sólo si venía a ver, porque entre el cuartito mío y su dormitorio estaban la cocina y el living, no podía verse ninguna raya de luz.

No sabía si me gustaría leer esas cosas aunque me gustara el título. Él no me permitía leer el diario ni libros más allá de mi Biblia, y yo podría haber perdido la costumbre; en mi pueblo leía algunas revistas y hasta libros de lectura que le habían quedado de la escuela a mi tía, nunca más había leído nada más que la Biblia, que me parecía un poco mi pueblo, la gente de mi pueblo, desde que llegué aquí; él tampoco tenía televisor.

La tía Estercita era maestra de escuela en el pueblo y le encantaba leer y escribir versos, y hacía entre nosotras, con mis primas y mi hermana, concursos de composiciones. Ella primero nos hablaba de la belleza de las flores, del canto de los pájaros, de la transparencia de los ríos, para que después escribiéramos. Nunca me gané ninguno de los concursos que ella organizaba porque no me gustaba poner tantas veces juntas hermoso y delicado y bello y cristalino, pero sí me gustaba cuando la tía Estercita, en lugar de hablar de la naturaleza, nos contaba cuentos de terror o cosas que habían pasado en el pueblo que daban miedo. También me gustaba que nos leyera la Biblia; un día me la regaló y yo la seguí leyendo hasta ahora, me la traje cuando hui del pueblo. Por la tarde, después de hacer las cosas, me sentaba a leer la Biblia: eso era lo único que él me permitía, ya me sabía de memoria las carpas y las arenas, las familias de esas gentes y el cantar del rey.

Escuché un ruido, apagué la luz.

No era nadie, me pareció, o los vecinos, o gente que andaba lejos, por la calle, distanciados. Sí se escuchaban sonidos sedosos que formaban parte del gran silencio que ya dije.

Menos le gustaría que yo leyera una novela,  no solamente el gasto de la luz. Eso era lo primero, que no leyera, más que el gasto. O las dos cosas, porque él era mezquino, pero especialment quería como mujer una dócil sumisa que no aprendiera en ningún libro nada, ni diversiones ni filosofía, él decía que era boñiga, para las mujeres, la filosofía. Y yo le contestaba que de todos modos aprendía filosofía en mi Biblia. El reiteraba que era lo único permitido en ese aspecto.

Miraba la rosa en el vaso que puse en el cuartito y le preguntaba, como si la rosa fuera la médica del pueblo que siempre contestaba sobre amores, sobre enfermedades o cuestiones de dinero. No me contestaba la rosa pero me parecía que las palabras venían de ella a mi interior como consejos. Y escuchaba. Decía “no”. Lo decía como una madre, una curandera, alguien mayor, y ya entendía que tenía que cumplirlo yo misma, cumplir el sí o el no. Al lado estaba el reloj despertador que era el que decía “no” con la palabra que yo le ponía para que dijera repiqueteándome en la cabeza: “no”. La rosa estaba allí en el vaso, y yo en el cuarto, me vi presa en un vaso de agua. Si me encogía me ahogaba, si trataba de salir me marchitaba donde estaba la sequía. Él era el carcelero dándome agua, porque si no me moría como la rosa. Las cosas de mi cuartito eran mis únicos compañeros, y me veía aparecer entre ellas, podía verme bien allí como si mirara a otra persona o estuviera soñando conmigo misma. Veía mi propia figura caminar por el escaso lugar, de aquí para allá, tigre encerrado o canario de Estefanía. En jaulas. Aunque ni al canario ni al tigre de Estefanía los conocía porque aún no había abierto el libro, lo tenía entre mis manos todavía cerrado. (Continuará.)

Envío

Mil cariños, los quiero a muchos muy especialmente.

José María: los reyes me trajeron los saludos de todos estos amigos y el tuyo, ¿qué regalo mejor?

Los espero, con novelas y cuentos que me cuenten…

Mora

Monografias

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Comentarios

7 respuestas a “Relato redoblado”
  1. adulto mayor dice:

    En algunas oportunidades he discrepado con usted, pero dice un dicho “al cesar lo que es del cesar”
    Por encima de sus creencias y de las mias muy respetuosas por cierto, tiene un magnifico don y yo lo reconozco

  2. Carlos Borda Blacutt dice:

    Que impresionante es leer un artículo que fue escrito con el corazón y que relata un sinfín de cotidianidades, con impresionante atractivo que somete al lector a buscar en él todo lo que su gracia fue puesta y que admiramos con su relato. Gracias Mora por transmitir el trabajo de Sergio Rafael que es digno de ser destacado.

  3. Joise Morillo dice:

    Saludos cordiales, pulcra y bienaventurada querida Mora

    Considerando esto

    Sucedió que empecé a avergonzarme de dejar ver tantas cosas de mí, casi como Eva cuando se percató de que estaba desnuda en el Paraíso. Pero no comí la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal, ojalá hubiera tenido esa oportunidad…

    Para vos y nuestros co-bloguers tomo de la biblia lo siguiente: no le explicaré, pues dejaré que vuestra sabiduría saque sus propias conclusiones.

    Eclesiastes

    (…) No hables demasiado rápido, no te precipites en tu decisión cuando te comprometes delante de Dios, porque Dios está en el Cielo; tú, en la tierra: no te comprometas demasiado; 2 Si estás muy preocupado, te pones a soñar y prometes demasiado, dirás lo que no conviene 3 Si has hecho una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, pues Dios no ama a los tontos: 5 Si algo has prometido, hazlo.

    ¿todo eso, para qué?

    Hay otro mal que he visto bajo el sol y que aplasta al hombre. 2 Alguien recibió de Dios fortuna, riqueza y honores: nada faltó de todo lo que pudo desear. Pero Dios no le concede disfrutar de ello, y es otro el que lo aprovecha. Esta es otra cosa muy mala y que no se puede justificar. 3 Supongamos que un hombre tuviera un centenar de hijos y viviera largos años, pero durante todo ese tiempo no encontrara la felicidad y no tuviera después sepultura —en ese caso digo que un recién nacido fallecido es más feliz que él—.

    4 Ese niño vino para nada, sólo para regresar a la negrura, y hasta su mismo nombre permanecerá en la oscuridad. 5 No vio ni conoció el sol, pero descansó; en cambio el otro, no. 6 Ese hombre ¡pudo haber vivido dos mil años, pero ¿de qué le serviría si no conoció la felicidad? Bien se puede decir que todo va al mismo lugar.

    7 Todo el trabajo del hombre es por su boca, pero esto no basta para llenar su alma.

    8 ¿En qué aventaja el sabio al tonto? ¿En qué sale ganando el pobre cuando sabe comportarse jn la vida?

    9 Más vale creer en lo que se ve que dejarse levar por sus deseos: pues allí también no se re-lene nada y se corre tras el viento.

    10 Todo lo que existe ya ha recibido su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede discutir con Alguien más poderoso que él.

    11 ¿Muchas palabras? Habrá mucho de vacío: ¿qué se habrá ganado?

    12¿Quién sabe cómo debería vivir el hombre durante sus días contados y frágiles que pasan como sombra? ¿Quién le revelará al hombre lo 3je pasará bajo el sol después de él?

    Sentencias de sabiduría

    1 una buena reputación vale más que un buen perfume: el día de la muerte pasa pues antes que el del nacimiento.

    2 Anda a la casa que está de duelo más que a & que está de fiesta: verás el fin de todo hombre, t al que vive le da para pensar. 3 Más vale el pesar que la risa: la tristeza en el rostro promete un mejor corazón. 4 La casa en duelo da para pensar i los sabios, los tontos no piensan más que en la casa alegre.
    5 Más vale escuchar la reprensión de un sabio que la canción de los tontos; 6 la risa del tonto es como el crepitar de zarzas que arden bajo la marmita. Esta es una cosa desconcertante: 7 la corrupción pervierte incluso al sabio; los regalos ahogan la conciencia.

    8 Terminar una obra vale más que comenzarla: lo que cuenta es la perseverancia, y no la pretensión.
    9 No dejes que tu espíritu ceda a la cólera: la cólera se siente a gusto en el tonto.

    10 No digas: «¿Cómo serían los tiempos antiguos? Ciertamente mejores que los de ahora.» Pues no es la sabiduría la que te hace formular esa pregunta.

    11 La sabiduría es útil para el que tiene tierras: ¡cuánto más para los que ven el sol! 12 La sabiduría es una protección como lo es el dinero; pero la ventaja del saber es que la sabiduría da la vida a los que la poseen.

    13 Contempla la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él ha curvado? u En los días felices disfruta de la felicidad, y en el día de la desgracia, abre los ojos: Dios los ha dispuesto a ambos de tal manera que nadie pueda saber cuál será su fin.

    15 He visto de todo en esta vida tan decepcionante: hay justos que perecen a pesar de su justicia, y malos que prolongan sus días, a pesar de su maldad.

    16 No seas justo en exceso, ni te hagas el sabio más de lo necesario: podrías demolerte. ” No seas malvado en demasía ni te comportes como un insensato: podrías morir antes de tiempo.

    18 Es bueno tomar un partido sin descartar la posibilidad del otro: el que teme a Dios sacará provecho del uno y de lo otro.

    19 La sabiduría hace al sabio más poderoso que los diez jefes de su ciudad.

    20 No hay en la tierra ningún hombre lo bastante justo como para hacer el bien sin nunca pecar. 2I No hagas pues caso a todo lo que se cuenta: así no oirás a tu servidor hablar mal de ti. 22 Tú mismo lo sabes muy bien, has hablado con frecuencia mal de los otros.

    23 Todo eso lo he experimentado: es cuestión de sabiduría. Me había dicho: «Quiero ser sabio.» ¡Pero estaba tan lejos de mí!24 Está más allá de todo lo que existe.

    25 Cuando me dediqué a saber, a profundizar, a buscar la sabiduría y el por qué de las cosas, reconocí que la maldad es una tontería y una locura.

    ¡¿No veis un sesgo platónico en las ultimas sentencias, versos, parrafos?!

    Os ama
    Joise

  4. Jose Itriago dice:


    Todos los días le cambio el agua a la flor y en cuanto empieza a marchitarse, le pongo cualquiera del jardín. No creo que lo note. Para ella es solo una flor que le sirve para languidecer. No es un adorno que le da luz al cuarto.

    Hace años, cuando me decidí por ella, lo hice porque era bella y joven. Me dije que tendría mujer para muchos años, para todos los que me quedaban, con sus manos largas, sus pechos pequeños pero altivos y un toque de voluntad que demostraba su buena salud; buenas caderas y piel sin manchas. Detrás de su mirada de miedo, acorralada e incapaz de entender lo que le pasaba, pude adivinar su necesidad de sumisión. Estaba dispuesta a acatar cualquier disposición que le sacara de la confusión que estaba viviendo.

    La verdad es que tampoco me emocionaba mucho eso de una compañía permanente y con frecuencia agradecía esa independencia que me envidiaban todos los compañeros aparejados, aturdidos de tantas explicaciones y excusas para cualquier respiro de su cuerpo y de su mente. Yo no tengo que explicar nada y por mi forma de ser, la soledad no me molesta. Antes al contrario, con frecuencia la disfruto. Pero llevaba algún tiempo dándole vuelta a la idea de que tarde o temprano necesitaría compañía, amarrar una compañera para después, para cuando el cuerpo flaqueara y entonces sí, la soledad tomara consistencia de mal.

    Y la encontré como perdida. Estaba en la parte alta de un tobogán y era cosa de semanas para que empezara a caer. Yo fui su salida honorable. Eso ella aun no lo entiende. Sigue entre lo que fue y lo que es y por eso está dejando que la tristeza le arruine su suerte.

    Inicialmente, su rechazo lo asocié a timidez, falta de madurez y entonces decidí darle todo el tiempo que necesitara. Fui aprendiendo sus rutinas y la dejé por su natural. Pero sin ningún resultado. Además, para mi decepción, después de haber preñado tanta mujer en los campos de Dios, ésta, la mía, no retoña. Más de una vez pensé en mandarla a sus tierras, pero ya eché las cartas con ella y así cualquier retruque es maloso. Es seca y mala cama, pero molesta y gasta poco.

    Ahora cogió la idea de irse al cuarto del servicio. Pensé que el animal tira al monte, pero no le dije nada, la dejé hacer. Siempre la dejo hacer. Total, es igual, no acompaña nada. Ni siquiera me razonó para qué quería irse al cuarto de servicio y lo peor, ni siquiera notó que tampoco le pedí razones. ¿Cuándo se ha visto en una pareja avenida que el marido esté en el cuarto principal y la mujer en el de servicio? Así que asumió su papel por ella misma. Si le tengo ganas, que cada vez son menos, pues la llamo que se venga a mi cama y después que regrese a su cuartico a leer novelas de mala muerte que la distraen. De todas maneras nunca me acostumbré a sus ruidos en la noche y ahora se ve como de mejor semblante y hasta he notado que cocina con mejor sazón.

  5. Joise Morillo dice:

    Hola

    Querido José, saludos igual mora, interesante vuestro postulado, considerando tratar la etica biblica y vuestro cuento romantico. Os invito a que analiceis la epistola y el pensamiento tanto biblico como historico. Acerca de la mujer.

    De nuevo Ecleciastés:

    7:25 Me volví y fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error.

    7:26 Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso.

    Del blog Ko Joi Lin el siguiente Link:

    http://blogs.monografias.com/kao-joi-lin/2013/03/08/la-mujer-%C2%A1para-mi-y-su-detraccion-por-siceron-en-carta-a-atico/

    Isaias:

    3:1 Porque he aquí que el Señor Jehová de los ejércitos quita de Jerusalén y de Judá al sustentador y al fuerte, todo sustento de pan y todo socorro de agua;
    3:2 el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano;
    3:3 el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador.
    3:4 Y les pondré jóvenes por príncipes, y muchachos serán sus señores.
    3:5 Y el pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble.
    3:6 Cuando alguno tomare de la mano a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes vestido, tú serás nuestro príncipe, y toma en tus manos esta ruina;
    3:7 él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo.
    3:8 Pues arruinada está Jerusalén, y Judá ha caído; porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad.
    3:9 La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí.
    3:10 Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos.
    3:11 ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado.
    3:12 Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos.

    Os ama

    Joise

  6. fabi risso dice:

    Mora
    Me dejó con cierto ímpetu el continuará…,del Relato redoblado, lo espero.

  7. fabi risso dice:

    Carta corta 1
    Con el abrazo como una jirafa candente de Dalí en primavera apasionada catalana, y el corazón a lo Gaudí abandonado con otro sol en el pasado
    Te recuerdo Amor



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