Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Entre la realidad y la escritura

Los escritores (La palabra, el escritor y la poesía) suelen ser confundidos por la gente con los propios personajes que crean.

Ellos mismos, a veces, se confunden (Verdad, verosimilitud y realidad en el Cervantes de Don Quijote).

Existen casos como el de Borges, de quien alguna vez se corrió la voz, en Europa especialmente, de que no existía, que se trataba de un seudónimo adoptado por un grupo de conocidos escribas para despistar a los lectores. Es asombroso, pero hasta lo leí en Monografias.com, aunque ahora trato de encontrar ese ensayo y en la cantidad existente referida al tema de nuestro gran escritor, no puedo hallarlo… (Ciudades y Tesoros Perdidos).

En ocasiones no es necesario ser escritor para confundirse con una historia que uno mismo se cuenta a sí mismo (Historias galantes). Tal es el caso de este cuento que les ofrezco hoy, el de una viejecita adorable, yo misma no sé si real o imaginada por mí, soñada o descripta rápidamente por la urgencia de toda escritura (La transmutación de la escritura).

Juzguen ustedes, con o sin piedad (Eutanasia).

Mejor dicho, tengan piedad por esa viejecita, no por mí, que no hago trajes de novia y apenas sé coser… (Historia del vestuario).

Blanca Yacente, Novias

De día aún se veía el cartel desteñido, que fuera sobrio y parisién: “Blanca Yacente, Novias” (Publicidad y mercadeo). De noche, si uno pasaba por la ventana de la casa, distinguía una figura afantasmada que, con escasa luz, cosía una enorme tela clara. Si uno se detenía un poco más, podía observar los rasgos del fantasma: no, no lo era, no era un fantasma; era una viejecita de ojos verdes, eléctricos (Tres flores blancas en el muladar).

Blanca Yacente cosía noche tras noche su vestido de novia (Fiestas de febrero).

Cuando era jovencita, Blanca juró no cambiarse jamás su nombre ni su apellido; sabía que eran un destino, tal vez una señal; y muchas veces se dijo que peor hubiera sido llamarse Rosa o Iris Violeta, así que cuando se casó nunca fue la señora de Flores o Blanca Flores, ni tan siquiera Blanca Yacente de Flores.

Un día una clienta le mostró un verso de un poeta conocido que decía “Blanca yacente entre las flores, etc.”. Pero eso fue hace mucho tiempo, ay, se había olvidado de esto, aunque, ¿qué fue que se lo recordó? ¡Ah, sí!

Dejó la aguja y miró hacia la ventana.

Ah, sí, esa historia que ella se narraba algunas veces a sí misma y que empezaba así:

“De día aún se veía el cartel… Blanca Yacente cosía… su vestido de novia”.

(¿Dónde había dejado?… Había estado explicándose la persistencia de su nombre.)

Cuando estuvo casada, ella se convirtió en una señora muy chic, muy elegante, que confeccionaba trajes de novia de altísima costura.

Tal vez era elegante para disimular dos cosas: que se sentía fea y que su marido explotaba un prostíbulo.

Pero ambas cosas podían suavizarse en la memoria. No era fea, sólo lo parecía detrás de sus gruesísimos anteojos, y, cuando se casó, ella no sabía que la fortuna de su marido provenía de otro tipo de carne, ya que él le había dicho que era patrón de un frigorífico.

Quizá muy, muy dentro suyo se alegró cuando supo la verdad; la profesión que más asco le daba era la de carnicero, exceptuando la de las pompas fúnebres.

Un poco antes de casarse, cuando soñaba con su noche de bodas, mil pesadillas atravesaban sus fantasías: él la tocaba con las manos sangrantes, él la besaba y de sus labios colgaba un trozo de morcilla, él le bebía los senos como quien prueba la ubre asada, él la penetraba como a una res que pendía de un gancho.

No fue así, sin embargo. Él fue un amante tan sensible y sabio que ella se atrevio a decirle que se veía que conocía mucho del amor -de hacer el amor, quería decir- y a preguntarle con cuántas mujeres lo venía haciendo diariamente.

Él le contestó:

-Lo hago con todas, casi todas, y con todas las de El Bosque Alegre.

Mencionar El Bosque Alegre en Buenos Aires en esos días cuando Blanca era joven era mencionar el nombre del prostíbulo más sórdido, y a la vez lujoso, de la ciudad, y sobre el que más historias se contaban.

Ella se excitó mucho y cuando terminaron por segunda vez le preguntó:

-¿Cómo lo hacen las mujeres de El Bosque?

Ya era la mañana.

Alfredo se vestía silencioso pensando la respuesta, pero de pronto dijo:

-No tengo un frigorífico; exploto El Bosque Alegre.

Ella se sintió rara, casi demasiado pura, casi agresivamente virginal:

_¿Y por qué me elegiste para casarte? -dijo, mordiendo un trozo de la funda en donde se había concentrado el perfume del pelo de él.

-Porque te amo y porque serás mi obra…

(No, ella no iba a olvidarse nunca de esto.)

Se vio con una bata roja transparente que tenía olor a sexo, con el pelo teñido de amarillo, con la risa salaz; se levantó desnuda y verdaderamente blanca de la cama y lo tomó del cuello. Él le sonrió desde el espejo:

-Serás mi obra más limpia, más perfecta. Serás un dechado de virtudes para todos, serás la señora más distinguida de la ciudad, y nos divertiremos en la cama como nadie lo ha hecho, y nadie sabrá nuestro secreto: exploto un frigorífico, es verdad, eso es lo que debes creer durante el día…

(Se pinchó un dedo con la aguja. Pasó una sombra detrás del cristal. Era posible que verdaderamente alguien hubiera estado observándola.)

-…eso es lo que debes creer durante el día.

-¿Pero qué voy a hacer durante el día?

-Seguirás con tus trajes de novia; te pondré ayudantes, oficiales costureras, tendrás una gran casa de modas para novias.

Ella dijo:

-Se llamará Blanca Yacente, Novias.

Y él y ella cumplieron.

No quería acordarse de las noches, o mejor dicho de las madrugadas, cuando él volvía y a ella empezaban a caérsele todas las máscaras del cuerpo; la de señora fina, la de patrona exigente de sus costureritas, la de amable y serena confidente de sus jóvenes novias.

Alfredo llegaba, se desnudaba y se sentaban juntos en la cama mientras él le narraba las hazañas del día. Ella lo miraba a la cara y le miraba de cuando en cuando la entrepierna, observando el progreso del relato. Sus ojos brillaban a medida que la anécdota tomaba color, tomaba forma, y esos ojos que brillaban eran los que habían espiado el paraíso aquella tarde, por ejemplo cuando la más hermosa de las putas había fornicado con dos hombres, uno arriba, otro abajo; y Blanca, que lo escuchaba desde detrás de los anteojos, veía crecer desmesuradamente su sexo como un animalito olvidado, hasta que él decía:

-Bueno, ahora hay que vestirlo como a una novia -y sacaba de un sobre pequeño aquel redondel blanco.

“Es por esa manía del vestido de novia que yo no quedo embarazada”, pensaba Blanca, pero no lo decía. Sólo se sacaba los anteojos y entonces sí sabía que si bien ella no percibía más que objetos difusos, él admiraba su profunda, verde y eléctrica mirada un segundo, sólo un segundo antes de extender la mano para apagar la luz y cabalgar en sombras, entre gemidos y palabras partidas.

Después, ya no volvían a encender la luz y se dormían abrazados.

Él, seguramente, ponía mucho cuidado al separarla de sus brazos cuando se levantaba, porque era el primero que lo hacía, y no la despertaba. Blanca calculaba que Alfredo dormía sólo tres o cuatro horas, pero también sospechaba que se tomaba algunas siestas en El Bosque, aunque jamás se atrevió a preguntárselo. Eran dos territorios claramente separados la casa para novias y El Bosque.

Ella jamás se enteró de otras cosas del prostíbulo que las que él le contaba en su sesión de amor y sexo, relatos que, más que nada, eran para favorecer, bendecir, mantener, ese amor tan extraño. Blanca no se quejaba de no verlo más que en las horas del trasnoche, ni de no salir juntos, comer juntos, o jugar a las cartas.

Él por su parte no le preguntaba qué hacía durante el día o los domingo o los sábados. Si iba al cine, a misa o a encontrarse con amigas o amantes. Nada le preguntaba, y parecía tener la seguridad de que en efecto se había convertido en “una señora distinguida”, tan distinguida como él la había diseñado, y esto le bastaba.

Así pudieron mantener la pasión como si fueran dos amantes furtivos y, con el tiempo, ella se convenció de que no tener hijos era otra ventaja a este respecto y no los deseó más.

Pero, con el tiempo también, se fue convenciendo, en su soledad -había que decirlo, era una pura y simple soledad aquélla-, de dos o tres cosas fundamentales.

La principal tenía que ver con el estado civil, con el matrimonio por iglesia y Estado, con el traje de novia.

(Giró la tela. Faltaban algunas puntadas en las mangas, otra alforza en el ruedo; sí, esta noche lo terminaría. Le pareció que no era idea suya solamente eso de que la estaban observando y miró la ventana.)

Ella podía concebir cualquier unión, cualquier unión verdaderamente, siempre que estuviera bendecida.

No le hubiera importado vestir a una giganta que iba a casarse con un liliputiense ni a una novia obesa de cien años, ni a una niña de diez. El amor podía ser de cualquier forma; no reconocía edad ni peso ni tamaño ni raza, pero tenía que ser formalizado. El matrimonio era en sí un altar, el traje de novia simbolizaba la pureza y, después de sacárselo, todo le estaba permitido a una, pero antes jamás.

En realidad fue deshojando las ideas, fue despojándolas de banalidades, a medida que pasaban los años. El registro civil y aun la ceremonia de la iglesia ya no eran importantes. Cualquier unión quedaba perfectamente bendecida con el traje de novia.

Cuando desparramó esta teoría por el barrio desató un poquito de escándalo -aquello que Alfredo menos soportaba en el mundo-, pero surtió efecto, malo o bueno, ¿quién podría decirlo?

Acudieron lesbianas embozadas en su papel de madre e hija para hacerse vestidos, parejas de homosexuales hombres y hasta una señora madura, soltera y solitaria, con su perro ovejero. Ella les diseñó a todos trajes delicados, acordes con su físico y su amante, y les cobró muy poco porque le pareció que era una obra que el cielo iba a agradecerle con creces.

Así, muy lentamente, fue degradándose el negocio. Ya no venían jovencitas ricas ni viudas millonarias a punto de rehacer su vida.

Las castas costureras y probadoras, oficialas y cortadoras la abandonaron, y ella se quedó sola con sus recuerdos antiguos de tules de ilusión y velos y largas colas de tafetán y ramitos que llevar en la mano y en el pelo; dibujando, cortando, probando y aprobando o desaprobando a los dejados de la mano de Dios, a alguna mendiga en vías de felicidad, a alguna prostituta quizá del mismo Bosque. Blanca nunca lo supo con certeza, pero le pareció reconocer a una llamada Melaní cuando trajeron a Alfredo muerto del burdel y lo dejaron sobre la mesa de costura.

(Era seguro que habían rasguñado el cristal, e incluso dado tres golpecitos, pero cuando ella levantó la mirada de la tela y se fijó en la ventana, ya no se veía nada. El traje que estaba cosiendo fue terminado durante la otra noche, y no era una mortaja, como podría sospecharse. Tampoco era un vestido para nadie, sino sólo el final del cuento, por lo que debía empezar a coser otra prenda que le permitiera imaginar una historia mejor, si era posible. Claro que nunca había sido hábil con la costura, y el vestido de novia le había llevado media vida. Ahora, ya muy vieja, quizá comenzaría con ropa de bebé.)

Envío

¡Hola, qué felicidad verte reaparecer, María Celeste! Cuéntanos algo coloreado con tus hermosos arco iris… (Aunque reapariciones de mis mejores amigos hay dos como la tuya, fascinantes.)

Y a todos, ¿qué más que las Gracias de siempre, hoy tipiadas con mayúsculas, y mis miles y miles de -ya fastidiosos- besos?

Editorial

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Comentarios

16 respuestas a “Entre la realidad y la escritura”
  1. alfredo valderrama dice:

    Salud estimada Mora Torres, gracias por el cuento (no es gratuito que se haya mencionado a Borges, pues me recordó a su hombre soñado). Me gustaría saber si para usted es problemático que mis aprendices (hombres y mujeres jóvenes) de cuentería teatral, lo conocieran e intentaran contarlo oralmente como ejercicio (escénico-literario); le prometo que si se presentan ante el público mencionaremos su nombre como autora, pero no le puedo hablar de dinero, puesto que la cuentería que practicamos no es profesional. Obedeceré su deseo ,si es si o si es no, gracias de todas maneras por los momentos de placer que pasé mientras leía. Valfreidous.

  2. heidy Custodio dice:

    Muy Bueno Gracias.

  3. carolina bareño dice:

    La verdad, lo que se dice en este texto, es muy cierto; muchas veces cuando nos cansamos de la realidad, o cuando se nos presenta, cualquier oportunidad para que nuestra imaginacion vuele, nos sucede lo mismo que le pasa a la protagonista de este cuento, es mas, personalmente me ha pasado, muchas veces; pero mas que todo cuando leo libros. en fin, solo queria agradecerte por este cuanto tan bueno y espero que nunca te canses de hacernos viajar a otros mundo a traves de tu imaginacion…..

  4. EVANGELINA LUNA REVOREDO LUNA REVOREDO dice:

    MORITA TORRES ERES GENIAL CON LA NARRATIVA:” POETA,ESCRITOR,REALIDAD O FANTASÍA”. LA VERDAD QUE ME HA PASADO LO MISMO QUE A TÍ, MI HERMANO MENOR ME DICE QUE A VECES LLEVO MI IMAGINACION A LA REALIDAD Y ENTONCES SE DESDIBUJA MI PERSONALIDAD Y VUELVO A PENSAR COMO LA MODISTA DE TRAJES DE NOVIA DE TU OBRA ,QUE DEBO SEPARAR LA REALIDAD DE MIS ESCRITOS,PERO NO SE PUEDE MUCHAS VECES, PORQUE DE LA EXPERIENCIA QUE VIVIMOS NACEN NUESTRAS OBRAS,CREO QUE NADIE ENTENDERÁ AL ESCRITOR/A,POETA,POETIZA Y EN FIN ¡QUE MAS DÁ ! SEGUIREMOS COSIENDO NOVELAS,CUENTOS,ENHEBRANDO ARGUMENTOS,DIALOGOS Y RETOMAREMOS EL HILO TODOS LOS DIAS DE NUESTRA VIDA MIENTRAS TENGAMOS INSPIRACIÓN.
    EVANGELINA LUNA REVOREDO
    PERIODISTA Y ESCRITORA PARA ARGENTINA
    LIMA-PERU

  5. EVANGELINA LUNA REVOREDO LUNA REVOREDO dice:

    FELICITACIONES POR EDITORIAL MONOGRAFIAS.COM MORITA TORRES,ME AGRADA ESCRIBIR PARA TI PORQUE ME DESBORDA DE SATISFACCIÓN SABER QUE ENCUENTRO EN TUS ESCRITOS MUCHA EXPERIENCIA,DESPARPAJO,REALIDAD VIVIDA O IMAGINADA,¡EN FIN! ME GUSTA COMO CONDUCES TU ESPACIO EN LA WEB,COMO NACISTE Y NACÍ CON EL LAPICERO Y EL PAPEL EN LA MANO NOS ES ¡MARAVILLOSO COMPARTIR !
    ATTE
    EVANGELINA LUNA REVOREDO
    JOURNALIST INTERNATIONAL
    LIMA-PERU

  6. Joise Morillo dice:

    Querida Mora, hoy con vuestra entrega me inspiro en Schopenhauer , quien igual que Kant, concibe lo sublime como lo bello, ”aun cuando lo sublime lo produce Dios, al crear la naturaleza”. Ea pues, ilustre anfitriona, como vuestra sesión metafísica, en la elección de abdicar a lo individual, profesáis la belleza del espíritu con sesgo asceta (antes que dogmatica), por cuanto, vuestra: Blanca Yacente, cree encontrar nirvana, dentro la esfera de la creación , en función de la felicidad de otros (as) mediante el método del matrimonio, no obstante esclava del deseo y la carne, desbarata sus convicciones espirituales en tanto que se solapa detrás de una profunda omisión respecto a su propio entorno peculiar.

    Luego, queriendo entregarse definitivamente a la estética, promoviéndose de carácter universal, simplemente cae en lo mundano y vulgar, sin depreciar lo procaz de su clientela. Esta es su nueva etapa de insatisfacción y desdén. Ella hubiera querido ser la diseñadora de la corte imperial, pero simplemente se convirtió en la costurera de las cortesanas, que se entienda: ¡no suelo denigrar las preferencias profesionales! A no ser las de índole criminal, las cuales me repugnan, detesto y combato.

    Al final, el descubrir su error más precario, haber pasado su vida sin pena ni gloria, y sin el acicate de haberse convertido en mujer madre, le sugiere emprender una nueva fuente de entretenimiento “vestir bebes”. Una verdadera pobreza de espíritu, sin embargo sana y fuerte, quizás por el mismo método anti conceptivo –y/o profiláctico- que su marido, audaz, promiscuo y proxeneta le planteo ¡Continua viviendo!

    Os ama

    Joise - Kao_joi_lin

  7. Blanca Estela Saavedra Donoso dice:

    Cuando supongo estas sola,
    yo quisiera llamarte,
    quisiera saber mas de ti,
    cuando presiento que necesitas un abrazo,
    yo estoy queriendo encontrarte,
    decirte que la espera termino,
    supongo que cuando yo me siento solo,
    tu estas queriendo saber donde estoy…

    Blanca Yacente…
    Ella necesita admirar a su hombre, sea éste el esposo o simplemente su pareja de compañía, para que se sienta representada socialmente. Esto no significa que ella necesita a un hombre que le dé identidad ante la sociedad, se refiere a que ella se sienta orgullosa de su pareja ante su familia, ante su grupo social. Y finalmente los beneficios emocionales. “Todo el bienestar” que se deriva para la mujer cuando ella tiene satisfecha esta larga lista de expectativas: sexo, compañía, solidaridad, apoyo, beneficios económicos, reproducción, hijos, familia, hogar, representatividad.

    Se dice que la soledad por lo general se viste de mujer y es muy raro ver un hombre en este aspecto, pero sí los hay, especialmente cuando se trata de enfrentar las metas no realizadas. Por las noches los hombres llenan las barras de los bares, y ahogan sus penas y soledades en alcohol y tabaco. Sin embargo, si hablamos de incomprensión, abuso físico y sicológico; en esta área la mujer es experta, se especializa en materia de sufrimientos, y los más difíciles de asimilar son precisamente las viejas heridas sentimentales, la falta de perdón que tal vez pasó por el corazón de Blanca Y..

    En torno a la mujer que se piensa sola por no tener a un hombre a su lado -cuenta la historia- que vive sumida en una completa frustración y desesperación al no tener sexo. Y que, por esa razón la mujer tiende a sufrir, tiene mal carácter, son explosivas, etc. Una mujer fuerte emocionalmente y segura de sí misma no necesita del vínculo amoroso o sexual de alguien para ser feliz y realizarse. Los vínculos afectivos, no amorosos, sí son necesarios. Te los puede dar la familia o los amigos y te ayudan a sobrellevar mejor la vida. Creo que toda edad tiene sus etapas, tanto para el hombre como para la mujer. La necesidad sexual definitivamente tiene su cúspide en edades muy definidas. La “necesidad de cariño, sin embargo, está presente siempre”.

    Hay un tema un tanto indiscreto de mujeres que se pasan solas y que no se dan cuenta que viven encerradas en sus obligaciones que poco pueden disfrutar de la vida, de salir una noche y dar rienda suelta a su alegría, que muchas veces la esconden encerrándose en una coraza en donde nadie puede entrar. Y, cuántas veces en la soledad siente esos deseos de compartir ese juego amoroso como un sentido de pertenencia fisiológica Toda persona necesita pasar por las fases biológicas que habitualmente se presentan a las diferentes edades, para lograr su realización plena. Tanto el hombre como la mujer requieren compañía, sea esta permanente, prolongada o transitoria, con una o distintas parejas. Debido a las diferencias hormonales, es posible que la privación afectiva y/o sexual tenga una traducción psicológica diferente según el género. Por ejemplo, el varón en soledad tiende a sufrir depresión y consumo de alcohol mientras que la mujer muestra irritabilidad fácil, amargura e insatisfacción con lo cotidiano. Por tanto, cariño y sexo son importantes para ambos. Es también probable que la mujer requiera más de cariño y el hombre más de sexo pero sin que esta presunción pueda ser generalizada.

    El cariño es algo que el ser humano necesita como alimento de cada día, para crecer como persona. Casi siempre se confunde sexo con cariño o con vínculo afectivo y hasta a sustituir el cariño con sexo queriendo cubrir un vacío. Qué triste que una mujer se sienta tan sola como para querer llenar su vacío espiritual y su necesidad de cariño con sexo. El sexo por el sexo no llena, y al final te quedas aun más vacía que antes a menos de que estés totalmente consciente de que es solo eso: sexo y no lo confundas con algo más. Es válido tener sexo por el solo hecho de obtener placer, solo que las mujeres cuando se sienten solas confunden sexo con cariño
    Por otro lado, están las que tienen a un hombre a su lado e igualmente tienen miedo a la soledad, y por esa razón llegan a soportar escenarios incómodos y difíciles. Hay muchas historias tristes de mujeres que aguantan frases como: “yo nunca te he querido”. Palabras hirientes que van quedando en el corazón sin poder olvidarse. Mujeres que soportan despertar junto a alguien que ya no ama, que le ha hecho daño, que le ha engañado, la ha golpeado, que no la respeta. En este sentido hay mujeres en que el factor económico las hace ceder, igualmente están las profesionales de éxito, que la dependencia emocional las hace sucumbir ante esta condición de desamparo. El sexo y el afecto son necesidades naturales del ser
    Cuando la mujer se siente sola a pesar de estar acompañada, esa es la peor de todas las soledades, la del vacío existencial, suspendida entre el cielo y el infierno, sin nada ni nadie a su alrededor de dónde sujetarse. Es como estar muerta en vida, y tener que seguir viviendo.

  8. Joise Morillo dice:

    ¡Querer aprendiendo!

    Quiero escribir mi nombre
    Bajo una piedra, y que vos
    Algún día, descubráis que existo
    Al moverla, poner vuestros dedos
    Sobre su estructura solida
    Mientras, después, sin saber
    Encontrareis, lo pérfido, el desprecio
    De la soledad que se patenta
    En la omisión del mezquino

    Quiero que sepáis amar
    Algo que no se resista a la cordura
    A la importancia de pertenecer
    A quien sufre, olvidado, aun queriendo
    Aun amando, desinteresado
    Con las ganas en los hombros
    Implorando un te amo, corto
    Profundo, como las cosas que no acaban

    Quiero deshacer, lo que hay de tiempo
    Lo que no es, lo que recorren las miradas
    Entre los espacios y el momento
    Que acaecen, y vos ausente
    Serpentina, tibia y sedienta
    Acariciáis el alma, con esa mirada
    Seductora, con esa húmeda cosa tuya
    Que de gozo, en veces me atormenta

    Os ama.

    Joise Kao_joi_lin

  9. lorena redon dice:

    Bueno Mora, la verdad, es que después de haber leído comentarios tan buenos me he quedado sin palabras… Lo único que puedo decirte es que me pareces más que buena!!! que esta historia es EXCELENTEEEEEE!!!!!!!!!! Me hizo esremecer y emocionar hasta las lágrimas! GRACIAS POR ESCRIBIR ASÍ!!!!!!!! Lorena, de San Luis, Argentina. Cariños!! Y sigue deleitándonos!!!!!!!!!

  10. Ever Rosa dice:

    Mora: soy de Honduras, he leido varios de sus comentarios poesias, entre ellos palabrs obsenas ente las azucenas, la poesia y la muerte , y entre la realidad y la escritura. Todos me parecen buenisimos pero ente la realidad y la escritura ,pienso! en el escritor que escribe, el escritor que sueña y escribe lo soñado “esta buenisimo” si deleitandome con tan linda escritura. felicitaciones.

    Ever Rosa
    Tegucigalpa Honduras C A

    Donde todavia en pleno siglo 21 vivimos un golpe de estado que ha sido nefasto para nuetro pais.

  11. Wilfredo Bohórquez dice:

    Estimada Mora:
    Con el aprecio de cada entrega le hago llegar una nota que me parece responde a su inquietud respecto de Don Jorge Luis. Disfrútela… A propósito, no he podido encobtrar la continuación o el final a la nota sobre Sade que ofreció concluir.
    Fraternalmente
    Wilfredo Bohorquez

    JUEVES 27 DE MARZO DE 2008
    ¿Y si Borges no hubiera existido?

    Hace tiempo que quería escribir sobre un bulo que circula sobre Jorge Luis Borges. Cuando comencé a rastrear la historia, me di cuenta de que ya estaba contada. No somos nada originales, ya se sabe. En fin, se trata de un artículo que publicó la revista argentina de ultraderecha Cabildo, en 1981. En él se decía que Borges no existió, sino que tres escritores coetáneos habían contratado a un actor llamado Aquiles Scatamacchia para que interpretara la impostura. Desde aquí mi agradecimiento a la revista Lamujerdemivida.com que me ha cedido el artículo de Laura Kopouchian, que yo siempre he querido firmar.
    Año 4 - Número 41
    Lamujerdemivida.com

    ¿EXISTIÓ ALGUNA VEZ JORGE LUIS BORGES?
    Por Laura Kopouchian

    A comienzos de los años ‘80, intelectuales y medios europeos comenzaron a divulgar una noticia increíble: que Jorge Luis Borges no existía, era un invento (una broma, más bien) de otros tres escritores argentinos, interpretado por un actor italiano. La trama secreta de esa historia tiene su origen en una publicación de la ultraderecha, la revista cabildo. Detalles nunca revelados hasta ahora.

    1981. Diario italiano Il Messaggero: una gran foto de Borges, y debajo un titular: “El inexistente”. El autor de la nota era nada menos que el escritor Leonardo Sciascia. La noticia, con fuente en el suplemento literario del semanario francés L’Express, refería que Jorge Luis Borges había sido una invención de un grupo de escritores, entre quienes estaban Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Marechal y Manuel Mujica Láinez. Para darle vida a esta especie de obra colectiva habían recurrido a los oficios de un actor de segunda línea llamado Aquiles Scatamacchia (”¡Qué nombre de comedia del arte!”, exclama Sciascia).

    Escribía Sciascia: “En cierto sentido –en un sentido propiamente borgeano– Borges se la buscó. Su instar al olvido, a la inexistencia, al deseo de ser olvidado, al no querer ser ya Borges, de alguna manera y con los aires que soplan en el periodismo, no podía sino generar la noticia de que Borges no existe”. Según el escritor italiano esta noticia es “una invención que está en el orden de sus propias invenciones”, una fabricación que podría haber tenido como autor a Borges mismo.
    Un error de la ilustre publicación francesa contribuyó involuntariamente a la “inexistencia” del argentino, ya que lo rebautizaba “José Luis Borges”.

    Sciascia no fue el único escritor italiano que se ocupó del tema. Antonio Tabucchi opinó al respecto: “La información era tan borgeana que se volvía divertida, incluso pensé en seguida que detrás de ese rumor no podía estar otro que el propio Borges”. Tabucchi recuerda que Borges irónicamente declaraba ser una invención de Roger Caillois, el escritor y traductor que lo descubrió y lo hizo popular en Francia. En una entrevista, Borges agregaba: “En Francia, en Sudamérica y en Buenos Aires también. Nadie me conocía antes”.

    Criaturas creadas
    Borges mismo no fue ajeno a la invención de escritores apócrifos. De su fantasía surgieron Herbert Quain, Pierre Menard, Honorio Bustos Domecq, Benito Suárez Lynch; creadores de ficción y personajes ficticios a la vez. El “Examen de la obra de Herbert Quain” es una reseña imaginaria de la imaginaria obra del irlandés; Menard, un poeta francés de comienzos del siglo XX que intentaba escribir el Quijote; Domecq fue una creación conjunta de Borges y Bioy Casares –bautizado así a partir de los apellidos de sus respectivos bisabuelos– autor de relatos policiales humorísticos, así como el menos conocido Benito Suárez Lynch. En un paroxismo de lo ilusorio, cancelados ya totalmente los límites entre lo real y lo ficticio, Domecq llegó a tener su propia biógrafa, Adelma Badoglio, quien contaba que el escritor había nacido en Pujato, Santa Fe, y se había dedicado a la docencia.

    José Saramago se unió también a este juego virtual. En El año de la muerte de Ricardo Reis, Ricardo regresa a Portugal tras la muerte del poeta Fernando Pessoa. En la biblioteca del trasatlántico en el que viajaba desde América encontró un libro de Herbert Quain, The God of the Labyrinth. Se sintió atraído por su título y quiso conocer de qué dios y de qué laberinto se trataba, pero descubrió “una simple novela policíaca, una vulgar historia de asesinato e investigación”. Saramago declaró en una entrevista que, como en su novela él no había aclarado que ésta era una referencia a Borges, seguramente unos cuantos críticos literarios en Portugal estarían tratando de dilucidar quién era este nuevo autor y buscando desesperadamente las obras de Herbert Quain.

    También el escritor alemán Gerhard Kopf proclama No existe Borges desde el título de su novela publicada en 1993. El narrador de la historia es un profesor en viaje a un congreso en Malasia para defender su hipótesis de que Don Quijote no había sido escrito por Cervantes sino por William Shakespeare. En el avión conoce a un pasajero argentino que le dice que Borges es una invención, “historias, nada más que historias”. La novela describe una serie de encuentros oníricos con el escritor en un oscuro corredor de hotel.

    Alguien tiene que decir la verdad
    Tal el lema de la revista Cabildo. ¿Qué tiene que ver la publicación nacionalista con Borges? Es que fue precisamente en sus páginas donde se publicó por primera vez la noticia de la inexistencia del escritor, que reprodujo L’Express y luego fue retomada por Sciascia, que cita a “la revista argentina de derecha (”extrema”, según L’Express) Cabildo”.

    El actual director de la publicación, Antonio Caponnetto, no sólo recuerda la polémica surgida en 1981 sino que sigue indignado contra quienes no supieron comprender la “broma genial” urdida por el autor de la nota, Aníbal D’Angelo Rodríguez. “Con una mezcla de memez y villanía pocas veces vista, un grupo de incapacitados para el sentido del humor nos acusó de falsarios por sostener la inexistencia de Borges”, declara el director. En rigor de Verdad –a tono con el lema de la publicación– parece obvia la intención jocosa de lo escrito por D’Angelo, aunque algo fuera de lugar en una revista cuya ideología no se caracteriza precisamente por su sentido del humor. Pero los franceses, y no sólo ellos, se lo tomaron en serio, la broma se transformó en noticia y tuvo eco internacional.

    La nota de Cabildo se titula “Borges no existe” y relata que a mediados de la década del ‘20 Leopoldo Marechal escribió un artículo que no quiso firmar, y entonces se inventó un seudónimo: Jorge Luis Borges. Luego, como diversión, creó un pasado y una personalidad para este personaje. Más adelante se unieron a él Bioy, Mujica Láinez y otros, y “pasó lo mismo que con Frankenstein: el monstruo tomó vida propia y sobrepasó a sus creadores”.

    La intención eutrapélica (sic Caponnetto) aparece come evidente, por ejemplo, cuando el periodista presenta al actor que los escritores decidieron contratar para personificar a Borges: “Se encontró el candidato ideal. Se llamaba Aquiles R. Scatamacchia. Se lo vistió adecuadamente, se le dieron dos o tres lecciones sobre urbanismo elemental (el Scatamacchia pre-borgeano mondaba con techito) y se lo lanzó a la vida pública”. El hecho de que el actor fuese casi ciego facilitaría la simulación, ya que permitiría explicar que “Borges” no reconociera a personas que tendría que haber conocido.

    Las críticas recibidas desde Francia, donde se preguntaban por las intenciones ocultas de la “noticia” publicada por Cabildo, apagaron el espíritu jocoso de los periodistas argentinos, que decidieron responder a las acusaciones. Dice Caponnetto: “Como un periodista imbécil de L’Express insistía en hacer gala de su incapacidad para el goce de la auténtica ironía y del género ficto, e insistía en llamarnos mentirosos, le remitimos una carta abierta poniéndolo en su lugar”. En ella la revista se queja de que la Francia de Miterrand sólo se acuerde de Argentina para criticarla, y de que la dictadura argentina, seducida por el presidente francés, hubiese permitido una apertura a los partidos de izquierda.

    La polémica continuó por varios números, y la revista prometía: “Lea en el próximo número además de la continuación del apasionante ‘caso Borges’ una nueva encuesta: ¿Existe realmente Martínez de Hoz?”.

    La única verdad es la irrealidad
    Quizá sea un lugar común decir que a Borges le hubiera resultado divertida toda la historia. Él hizo repetidas referencias, tanto en entrevistas como en su obra, a la inexistencia de su identidad personal. En palabras de Tabucchi: “Ésta no es sólo una actitud existencial llena de ironía, sino el tema central de su obra narrativa”.

    En una conferencia brindada en los ochenta en el Hospital de Niños, una espectadora le hizo una pregunta acerca de Dios, y Borges respondió: “Señorita, en este momento yo no tengo la seguridad de mi propia existencia, imagínese si puedo hablar de la existencia de Dios”. En otras oportunidades manifestó que no era realmente un escritor sino un impostor o un chapucero, y que temía el día en que todos se dieran cuenta de ello. También hizo declaraciones que admiten diversas interpretaciones, como “El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”.

    Tabucchi concluye su ensayo diciendo: “Yo creo que Borges quiere decir (…) que el escritor es, ante todo, un personaje que él mismo ha creado. Si queremos sumarnos a su paradoja y aceptar jugar su juego, podemos decir que Borges, personaje de alguien llamado como él, no existió jamás”.
    En fin, que ésta es la historia del Borges que no existió. En la Red reaparecen más artículos sobre los mismos artículos del artículo original. Es como si la impostura se hiciera verosímil, de tanto pronunciarla. Seguiré buscando más información sobre la inexistencia de Borges.
    PUBLICADO POR DAVID GONZÁLEZ T. A LAS 11:07 5 COMENTARIOS
    ETIQUETAS: CREACIÓN LITERARIA, CUENTO, ESCRITORES

  12. VANESA OLIVARES dice:

    Estimada señora Mora, es un cuento bellísimo, de verdad me ha transportado a la realidad de Blanca, me parece excelente la manera de contarlo. Confieso que me identifico con su personaje porque a mí me pasa exactamente lo mismo que a su costurera de cuento. Yo me la paso soñando despierta, a veces sueño cosas hermosas, a veces no lo son tanto pero me emociona el hecho de poder soñar y soñar. Dicen en mi pueblo “soñar no cuesta nada”. Saludos afectuosos para usted y espero con ansias la próxima entrega.

  13. Joise Morillo dice:

    Perdonadme voy a agregar un poquitin mas acerca de Borges

    Ernesto Sábato intuyéndolo como: ¡un gran Poeta!, le llamo: arbitrario, genial, tierno, relojero, débil, grande, triunfante, arriesgado, temeroso, fracasado, magnifico, infeliz, limitado, infantil e inmortal, en fin todo lo que las obras sugieren, que de algún modo identifican al autor, he ahí el genio creador, de quien, desembarazado de la farsa, se transfunde en sus personajes despojándose de su propia existencia, para competir con la crítica de quienes tienen la oportunidad de disfrutar la literatura que se crea.

    Henríquez Ureña, con su crítica poli tamizada, declara: quien pretenda una lista de la mejor literatura de Argentina conocida en el extranjero debe encabezar la lista con Jorge Luis Borges.

    Peinado a lo Gardel y nacido en 1900 despliega su genio –filosófico literario- en lo que la ciencia cinematográfica llama: ciencia ficción, empero de una estética genuina, estructurada precediendo a otros como a Gabo, de un realismo mágico sin parangón, su inexistencia se basa precisamente en despojarse de su lastre corporal para concebirse -identidad nacional- universalmente mediante su espíritu literario, por ello, lo alegórico de la inexistencia, no de su paisanismo con el zorzal criollo por cuanto se declaraba criollo argentino totalmente, sino, en vez, por su genio filosófico que afirma que cada obra y su gentilicio no deja de ser propia de donde nació como país, empero a la vista del artista y de quienes conciben el arte propiamente dicho “es universal” de modo que ser argentino, italiano o ingles solo sería una máscara.

    Borges si existió, pero deshizo la conciencia de lo material –por el mismo llamado mascara- para convertirse en solo espíritu literario, aun estando vivo, se convirtió en el icono de la “conciencia literaria escrupulosa” (Amado Alonso).

    Os ama

    Joise Ko_joi_lin

  14. mariela gonzalez dice:

    Sra. Torres mi admiración y respeto por la calidad de escrito que hay en su espacio de la web. Felicidades por Editorial Monografías que hace posible que me deleite en la lectura.
    Mariela González
    Panamá

  15. Jose Itriago dice:

    Me parecen excelentes estos últimos relatos y la digresión hacia Borges muy documentada y para mi novedosa.

    Blanca Yacente, El Bosque, el traje de novias, la inclusión del frigorífico son geniales. Me hubiera gustado visitar El Bosque y allí reconocer el amor de Blanca Yacente, orgulloso en el ejercicio de su papel de proxeneta, llevando el negocio con pericia que incluía la prueba de todas y cada una de las materias primas que ingresaban. Me las imagino a las buenas prostitutas al final, nerviosas, expectantes ante el veredicto de su experimentado controlador de calidad, quizás corrigiendo donde poner un pié, que agarrar con la mano libre, que decir y con qué tono.

    Al final de la tarde, el regreso a su casa y contra todo pronóstico, otra vez a lo suyo, esta vez quizás viviéndolo, quizás con algo de ternura, pero también hasta la extenuación.

    Es difícil imaginarse que en su mente no se establecieran patrones de comparación y quizás con Yacente podía experimentar lo que después enseñaría como maestro. Quizás Yacente era su laboratorio, lo cual le daría coherencia a muchas cosas.

    Y venirse a morir así de pronto, en plena labor. Qué desastre para la pobre Melaní sentir morirse a alguien dentro de ella y no de amor por ella, sino amor por la perfección y el control de la calidad de El Bosqu. La pobre Melaní se habrá tenido que retirar del negocio por una temporada, hasta recuperarse del todo, más aun cuando ella abrigaba cierta esperanza de sustituir a la tal yacente, que en su opinión -ciertamente poco documentada- era como huevo sin sal.

  16. fabiola landa dice:

    ES MUY HERMOSA LA HISTORIA LA VERDAD ME IDENTIFICO UN POCO CON ELLA .
    GRACIAS AL ESPACIO QUE NOS PERMITE DISFRUTAR UN POCO DE ESTOS FABULOSOS RELATOS.
    FABIOLA LANDA
    CAMPECHE



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