Editorial Monografias.com

por Mora Torres

 

Divinas palabras

Para recordar el genio de Valle Inclán puse este título, pero también podría haber llamado a mi artículo “Las palabras y la felicidad” (para refrescar o conocer parte de la obra de Valle Inclán les sugiero recurrir a “Romance de lobos“, enviado por Carlos González).

Las palabras producen felicidad, salen de la sombra de nuestros pensamientos al sol de todos. Es la alegría de expresarnos, es el don inapreciable de la comunicación. Puedo recomendar muchos trabajos para este tema especial, por ejemplo: “La expresión de emociones en niños de 7 a 10 años de la escuela El Mirador de la ciudad de Popayan” y “Hacia un modelo integrado de la comunicación“.

Tal vez a la Biblia algo le faltó (lean una monografía cuyo tema puntual es el desarrollo histórico y literario de este libro sagrado: “La Biblia“. Quizá le faltó esta frase que escribió miles de años después Gabriel García Márquez: “El mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre y (…) había que señarlas con el dedo”. (”Gabriel García Márquez. Cien años de soledad“)

Pónganse en ese lugar de gente silenciosa, o que se expresaba con ruidos guturales y señalaba con el dedo una roca. Es un lugar no sólo triste para las detalladas mentalidades chismosas de las vecinas (”Los chismes y las personas chismosas“), sino también tristísimo para los narradores, poetas, psicoterapeutas (”La interpretación dentro del proceso terapéutico“), que no hubieran podido evolucionar por falta de tan útil herramienta como lo es el vocabulario. Y para que los amigos se encuentren, lloren y rían, y para que después del silencio los amantes dupliquen entre sí su placer relatándoselo (encontré un “Breve ensayo sobre el afecto, amor y amistad“).

Aunque a mi entender no ha sido contestada todavía la pregunta sobre qué fue primero, el pensamiento o el lenguaje, es posible esforzarnos en dar una respuesta personal. Una monografía adecuada para pensar a partir de lo que nos informa del tema es “Módulo lectura. Construcción del pensamiento“.

Lo que hay que enfatizar es que la educación artística de los niños no debe limitarse a música, pintura, danzas, con lo importantes y bellas que son estas artes. En el lenguaje mismo, que es la esencia de toda enseñanza, el arte entra como si se le abriera la puerta; las palabras desinhibidas aparecen en tropel, chocándose. Después, claro, hay que limarlas, matar algunas que sobran sin que nos tiemble la mano.

Pero después, primero hay que invitarlas.

La invitación a las palabras y al desarrollo del vocabulario nunca es mejor recibida que mediante la invitación a jugar y crear con ellas.

Para algunos artesanos las palabras son un barro muy fácil de trabajar y convertir en formas expresivas o exquisitas, decorativas o de urgencia.

Otros necesitan mayor entrenamiento.

Pero por algo que no sé muy bien cómo explicar, los niños son poetas, cuentistas, ensayistas científicos.

Del mismo modo que admiraba Picasso (en “Picasso y el cubismo” encontrarán datos sobre su vida y una magnífica foto del pintor) a los dibujantes de la primera infancia, yo admiro lo que hacen con las palabras casi todos los niños; algunas veces y como al pasar, sin cobrarnos derechos de autor, nos regalan un gran verso, una gran frase.

Parecería que los ojos, cuando son nuevos, no sólo por una razón fisiológica ven más, sino que al no tener obstáculos mentales ven “puro”: ven el color, la forma y la plasticidad de la palabra; rompen el molde como quien rompe un juguete y lo renuevan. “El cielo es un elástico para saltar”, me dijo sabiamente una niñita.

En la oficina de Monografías.com todos los días hacemos un recreo, y jugamos. Casi siempre, si miramos bien, nos encontramos jugando con las palabras.

Santiago cuenta en colores y escenifica pequeños sucesos ocurridos en el tren que lo trae de su casa.

Lisandro hace reflexiones originales y, a la vez, sensatas, sobre cualquier tema a tratar. Puesto a elegir una monografía, pondera “Crónicas de un viaje al ombligo del mundo“.

María Eugenia levanta la cabeza desde su computadora que constantemente la arrulla y aporta datos finales que redondean la conversación y la historia.

Sebastián pregunta, relaciona y finalmente (con toda coherencia matemática, porque entre otras cosas es contador y en ese papel les recomienda que lean “La Contabilidad. Conceptos y sistemas de relaciones del funcionamiento contable” se pliega a la luz bizarra de nuestro humor informal.

Hace pocos días empezamos con los problemas de lógica formulados (lógicamente) a través de la palabra. Ahí descubrimos que en el idioma también existe una especie de ciencia que hace que los vocablos se acomoden de determinado modo para dar con la solución (”¡vaya descubrimiento! -dirá un estudiante de Letra-. “Casi tan nuevo como el de Colón”), y que si no están rigurosamente colocados de esa manera “científica” no hay solución para muchos problemas.

El inicio de una frase, de una pregunta, así y no de otro modo, es fundamental para llegar a la respuesta en la mayoría de los casos.

Los griegos lo sabían.

Lo mismo que en adivinanzas, retruécanos y chascarrillos.

Cuando recordamos “frases de la abuela” (sitio casero, para uso nuestro, creado por Lisandro), nuestra memoria debe esforzarse para encontrar las palabras precisas en esa sabia compilación, si no pierde todo efecto y gracia. Refranes antiguos modificados o modernizados por la mala memoria no nos sirven, no son de utilidad.

El recreo terminó. Ahora escribo este post y los saludo.

Hoy saludo especialmente a Ángel e Ibrahim, queridos colaboradores, y a la enigmática Camila, a quien le regalo una lectura: “Senderos del amor en el Quijote de 1615“.

Ella sabe por qué le recomiendo tan alta literatura, y ustedes pueden saberlo con sólo leer su ultimo comentario.

Pero mis buenos deseos no se discriminan, son para todos los que están leyendo, y para los que se olvidaron de venir.

Mora Torres

Editorial

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Comentarios

6 respuestas a “Divinas palabras”
  1. Gregorio Rojas dice:

    Qué fue primero, el pensamiento o el lenguaje

    A veces sin quererlo logramos suspender nuestros pensamientos (o para quien lo prefiera, nuestra alma) lo cierto es que después de lastrarnos de todo formalismo logramos un grado de sublimidad, en la que, tal vez, en ese momento logramos contactar la divinidad que recubre nuestro yo interior. Y luego, como un mágico efecto, logramos concebir una idea especial que llena nuestro espíritu, al principio, y luego nuestro ego intelectual. Por poco que aportemos al desarrollo de la cultura humana pensamos que hay algo de especial en esto. Es aquí cuando nuestros pensamientos son tan abstractos que es imposible asociar, la más mínima porción de ellos, con palabra alguna, mucho menos con algo considerado por nosotros inteligible.
    Toda vez que surge este fenómeno intentamos formalizar el hecho, con el método más conocido por nosotros, y, muy a posteriores, asociamos el mismo con palabras que puedan comunicar a nuestros semejantes lo que internamente nosotros logramos visualizar. Estoy completamente convencido que los fenómenos cerebrales no dependen del entorno en que el poseedor del mismo este sumergido. El cerebro puede dar respuesta ante cualquier escenario conocido o extraño. El que el entorno moldee al cerebro como consecuencia de las respuestas que él prepara para el entorno, no supedita este hecho a que el entorno sea quien, en realidad, este moldeando al cerebro.
    El cerebro ejecuta rutinas computacionales, que mucho antes de que la informática las haya “patentado” han tomado lugar en nuestra cotidianidad. Por ejemplo la selección de la moda (como estadístico básico) en una serie de precios acumulados a través del tiempo de un producto que deseamos adquirir en el mercado.
    De estos hechos me apoyo, aunque sean insuficientes para demostrar algo tan complejo, para ponerme del lado de los que piensan que primero fue (y seguirá siendo) el pensamiento que el lenguaje.
    Valga este espacio para celebrar con júbilo esas Divinas Palabras.

  2. hilda velez dice:

    Respecto a este tema de las palabras y su poder puedo decir que…
    Tengo la costumbre de saludar cada mañana con amor y alegría. Hay días, los menos, en que la boca no quiere pronunciar el saludo ni la mano escribirlo. Pero es bueno para el alma dejar que el afecto inunde las palabras, aún cuando otras emociones manden a la contención y pretendan silenciarnos. Ellas, esas emociones, tienen vocación de enredo. Nos tapan la luz y silencian el paisaje, nos dejan la piel ardiendo como piara, pero no para el amor, sino para la guerra. Vale el esfuerzo de modificarlas con el lenguaje. Un lenguaje que, armado con las palabras del amor, las tome de las riendas, las someta y las coloque donde no obstruyan la felicidad. Eso ayudará a ponernos al resguardo de sus vientos y a empujarnos nosotros mismos: por lo que somos, lo que fuimos, lo que seremos. No dejemos que esas emociones dañinas y traicioneras nos arrebaten la esperanza. Quitémosle el poder de convertirnos en mar sin horizonte, en vela sin pabilo. No somos nosotros de esas velas recientes que se consumen en ocho horas y de ellas no queda rastro. Fuimos conformados con la mejor cera, la que se derrite con el calor intenso, pero que no se consume; al enfriarse recupera su consistencia y ofrece la oportunidad de reconfigurarse, de volver a ser esencialmente, vela. Podemos recogernos, calentarnos y darnos forma. Y allí, con pabilo erguido y bien sostenido encendernos y perdurar.
    Hilda Velez

  3. Ángel dice:

    Cuando escribo y trato de profundizar en lo que deseo trasmitir, me faltan algunas voces que logren dar a mi escrito el significado completo de lo que estoy pensando. No quiero decir con este supuesto que nuestra lengua española, argentina, mexicana, venezolana y etc. esté falta de expresiones, pues quienes nos ocupamos de espigarla, encontramos día a día significados y equivalencia sinónimas afortunadas. Sin embargo el resultado de lo que leemos va más allá, por que si recordamos que el lector complementa lo que percibe con lo que entiende; el resultado de esto, es que el lugar donde trascurre el relato que nos describen, el color del cielo, la complexión de los personajes y en ocasiones hasta la intensidad de sus miradas, corren pro cuenta de quien lee. Si mi ideal femenino es una mujer delgada y sinuosa, las protagonistas que estén destinadas a enamorar al leyente masculino, no serán como las imagina el autor, sino que las vestiré con mis agrados y haré de ellas un fetiche que me satisfaga. Don Ramón de Valle Inclán, menciona en varias de sus obras a “La compaña” ese grupo de dolientes fantasmales que recorre por la noche el lar gallego llenando a sus habitantes de temores. A pesar de su descripción, mi imaginación la sustituye por un desfile indígena de plañideras a sueldo, que solían acompañar las procesiones hacía el cementerio. Lo hago, por que en 1953 en la población de “El Tule”, en Oaxaca al sur de México, donde se encuentra el árbol llamado del Tule, un ahuehuete milenario de 50 metros de circunferencia que da nombre al lugar; pude presenciar lo que tal vez solo se encuentra ya en crónicas de tiempos idos en los que la imagen de los dolientes parcos y apesadumbrados, se complementaba para la opinión pública por estas mujeres profesionales de la queja exagerada y teatral. Como comento, esta imagen quedó grabada con muchos detalles y me impresionó de por vida. Así resulta que la palabra escrita cobra al leerse distinto significado y pierde la intención que el autor del relato quiso darle.
    Saludos
    Ángel

  4. Nerudaoruga dice:

    “…En el principio era el Verbo”.
    Escribió Johan Wolfgang Goethe mientras le daba forma a su “Fausto”. Y no lo hizo para dramatizar sobre algún dogma religioso… quería demostrar “algo”, pero no pudo hacerlo… Fausto no supo cómo iniciar aquello.
    Me pasa lo mismo hoy. Quisiera llenar folios enteros de logorrea verbal… pero no puedo. Sin embargo no puedo mantenerme quieto; mis dedos escriben y escriben solo por la necesidad de complacer los requerimientos de la inquieta mente que los domina.
    Es cierto… las palabras dan felicidad. Es mágico poder grabar las palabras que inundan nuestras ocurrencias (pero no en un reproductor digital), ver a través de los ojos que nuestra mano escribe las letras que dan forma a la idea que las inunda; es como precenciar un nacimiento… no sé. Tendrías que ver nacer “algo” (o a alguien), tendrías que escribir tus propias realidades, quizá tus propias fantasías, pero escribirlas, parirlas, es mágico.
    Gracias a que puedo escribir, muedo mover la mente (quizá la imaginación) de quien me lee.
    “…En el inicio fué el Verbo”
    Es cierto, aquél libro no pudo iniciarse de mejor manera, ni con mejores palabras.
    Si en el inicio fué el Verbo… ¿qué será en el final?.

  5. lotus dice:

    Me gusto el artículo.

  6. BIBIS dice:

    Hola a todos, es grato leer artículos que hacen a la importancia de la palabra, pues yo estoy absolutamente deacuerdo con ellos. Me alegran dichos elogios a la palabra, especialmente porque en mi trabajo de grado eso será lo que impulse, la discursiva como medio para conectarnos con los otros y crear mundos que nos protejan las dificultades que nos deja la guerra….
    Exquisitas gracias y saludos a la niñita que mensionaron en el artículo… me dejo pensando que sí, el cielo es un elástico para saltar.



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