Blog del escritor Andrés Casanova

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CUATRO MINICUENTOS EN ACCIÓN

Tengo varios libros inéditos, tantos, que a veces no recuerdo la cifra. Y no hablo por vanidad personal, sino porque mis dos grandes ocupaciones de oficio son escribir y leer. Ahora bien, de entre esos libros que tal vez no llegue a ver publicados en papel por diversas razones, el que he titulado Minicuentos en acción quizás resulte el más difícil de llevar a la imprenta. Razón fundamental: porque después del clásico “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” de Augusto Monterroso, no creo que pueda haber nada innovador en este género de cuentos. No obstante, me va saliendo lo que algunos consideran un género fácil, aunque a mí se me dan luego de varias horas o varios días de meditación, cuando ya me aparece el personaje principal, la trama y el argumento. Condensación de ideas que podría servir quizás para una novela, pero que si se le diera más extensión ya no tendría la belleza ni el poder sugerente de un chispazo narrativo. Simplemente, disfrútenlos como ficciones bienhechoras.

Corazón de acero

Solo con sus manos, Társilo Industrioso se propuso arreglar la desvencijada maleta con que él y su compañero de trabajo Parámetro Ragento debían recorrer los talleres para arreglar las maletas de los restantes mecánicos con las que éstos recorrían el taller para arreglar la maquinaria en desuso.

El último cuento de Adalid

En todos los cuentos que escribía Adalid González, nuestro escritor más importante, los personajes tenían un final predeterminado. Excepto en el último de ellos, en el Adalid moría sin sentido debajo de las ruedas de un camión de veinte toneladas.

El hombre aquel

Siempre llamó mi atención aquel hombre ya casi viejo, que se detenía en las esquinjas de nuestra ciudad y vendía de todo. Jabones, pasta dental, libretas escolares, medicamentos. Y también pollos, gansos, cerdos pequeños y llaveros de pata de conejo. Un día dejé de verlo y creí que la razón era porque nada encontraba para vender como resultado de la gran crisis que afectaba a nuestro país. Cuando le pregunté a mi padre, sólo me respondió: “Lo vieron vendiéndose en la feria como mono amaestrado”.

Desarraigo

Elina y Mario odian vivir en Puerto del Caribe, donde han nacido. Culpan a su aire fétido el  no haber logrado que un hijo procreado entre los espermatozoides de Mario y los óvulos de Elina llegue hasta el final del trayecto. Entonces deciden tomar un barco en la clandestinidad de la noche y fugarse a Marconnápolis, considerada la meca de la medicina. Allí los especialistas diagnostican de manera irrebatible que tanto Elina como Mario son estériles.

Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías

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