Blog del escritor Andrés Casanova

Blog en Monografias.com

 

EL CANSANCIO DE TORCER LAS VERDADES

Para unos, la verdad absoluta no existe, para otros, la verdad absoluta quizás exista pero no le es dado a los hombres conocerla; hay quienes sostienen que la única verdad es Dios. No es en ese sentido doctrinal que transcurre mi cuento que ahora les brindo para su disfrute, es algo más simple: es la confianza que debe brindarle el padre al hijo pequeño para que cuando crezca, no deje de ser el mismo héroe imperfecto que siempre fue. Claro está que las ficciones pueden traspolarse a otros contextos, pero esto ya depende del lector, no del escritor.

PADRE E HIJO

El niño comenzó a hablar con frases entrecortadas cuando aún no había cumplido el primer año, y pa lo mismo podía significar pan que papá. El padre sonreía mientras lo miraba crecer, como si quisiera ocultar en el amor pasadas tristezas. Juntos vagaban por el campo, recogían piedras livianas y las lanzaban al espacio con la pretensión de alcanzar las estrellas. Paso a paso, el niño aprendió a diferenciar pan de papá: lo primero suplía cada mañana los ayunos, lo segundo significaban sonrisas tibias y confianza plena, aunque también solía ser enojo cuando el niño aprendió los colores de las hojas y decía azul para fastidiar, no para joder, entiéndase: los niños no pronuncian las palabras con emoción por considerarlas ofensivas, sino porque les son musicales a sus oídos aún no entrenados en las veleidades de los mayores.

Aquí comenzó la frontera y el destino ulterior de padre e hijo. Este quería a aquel con lentitud viendo un gigante en su estatura; el padre se permitía a veces castigos excesivos.

Siendo un adolescente, el hijo escapó al bosque y de regreso trajo en sus manos un pajarillo.

-¿Por qué lo mataste? -preguntó el padre, fiero, a sabiendas de que su ira acorralaba al muchacho; no quería la verdad de su hijo: solo quería su propia verdad.

-No está muerto -contestó el niño, ajeno a la mentira.

Como prueba de la certeza de sus palabras rozó con un dedo al pajarillo y este despertó viéndose libre.

-¡Lo mataste! -repitió con obstinación el padre, iracundo, a pesar de que el pajarillo aleteaba alrededor de los árboles.

-¡Lo mataste! -volvió a decir el padre y mientras azotaba al niño, gritaba: “¡No me desmientas!”.

El padre ya es un viejo. El hijo acaba de regresar del cementerio, sin la mujer amada que ha muerto de parto. Lloroso está por dentro aunque no se atreve a confesárselo al padre.

-¿Por qué la mataste? -pregunta el anciano. Ya su voz no puede ser iracunda; solo derrama el cansancio de una vida.

-Porque ya no me amaba -responde el hijo, hastiado de torcer las verdades.

Fragmentos de mis novelas, cuentos breves y poesías

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom