VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

¿Qué derecho teníamos a recibir perdón?

Fernando Alexis Jiménez

La cara de sorpresa que mostró el agente policial no podía describirse. Aquél joven estaba frente a su escritorio confesando que llevaba varias semanas con unas valiosas obras de arte robadas de casa de un millonario de la ciudad.

Lo hice porque no tenía para consumir drogas. Pero estoy arrepentido. Ni siquiera me atreví a ofrecer los cuadros y antigüedades a nadie. Aquí están…–explicó.

El alto oficial hizo dos llamadas, luego lo condujo a la celda. No había transcurrido un día cuando José fue llamado por un guarda. “Puede irse—le dijo–. El propietario retiró los cargos y habló a su favor“.Dios te perdonó; Perdónate tu mismo y a los demás...

No podía creerlo. ¡Merecía varios años de cárcel! Cuando preguntó la rezón, el comandante le explicó que tras conocer de su arrepentimiento, el dueño de las pinturas y los valiosos objetos, había decidido darle una nueva oportunidad.

Ya Dios nos perdonó, ¿Por qué no te perdonas tú?

He aquí una ilustración práctica de lo que Dios hizo con usted y conmigo. Nos perdonó. Todas nuestras maldades ameritaban que estuviéramos en condenación. Sin embargo no fue así. Sin que lo mereciéramos, nos perdonó.

El amado Señor Jesús murió en la cruz. Su sacrificio hizo posible este milagro, que nos abre las puertas a una nueva vida. El apóstol Pablo explicó a los cristianos de Colosas en el primer siglo y a nosotros hoy: … ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo” (Colosenses 2:13-16, Nueva Versión Internacional).

Con frecuencia vienen a nuestra mente pensamientos que nos acusan sobre el pasado. “¿Cómo pretendes cambiar si fuiste esto o aquello…?”. E inmediatamente, como en una película underground, se traslapan imágenes del pasado, de cuanto hicimos mal. Pero es ahí cuando debemos recordar que por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, usted y yo fuimos perdonados. No importa cuánta maldad obramos. ¡Fuimos perdonados!¡Dios lo hizo por misericordia!

Hay quienes atribuyen esa sensación de acusación permanente, a razones sicológicas. Los cristianos sabemos que es una estrategia de Satanás para impedir nuestro crecimiento personal y espiritual. Por eso, cada vez que nos amedrenta con ideas falsas, acusándonos de un ayer de pecado, le recordamos que tales pecados fueron perdonados y limpiados por su preciosa sangre en el monte del Gólgota.

Dios ya nos perdonó nuestros pecados. Ahora quien debe perdonarse es usted mismo. Es un principio clave y fundamental para avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela.

¿Ya recibió a Jesucristo en el corazón?

La mejor decisión de todo ser humano es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Es el comienzo de una nueva vida. Basta con decirle: “Señor Jesús,  gracias por perdonar mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una existencia renovada y de éxito. Te abro el corazón y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora tengo tres invitaciones para usted:

1.- Aprendida principios conducentes hacia el éxito y el crecimiento personal y espiritual, leyendo como mínimo un capítulo de la Biblia cada día.

2.- Ore a Dios. Orar es hablar con Dios. Es volar a nuevas dimensiones de poder, el poder que proviene de nuestro Supremo Hacedor, el que todo lo puede.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, por favor no deje de escribirme ahora mismo:

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VIDA NUEVA

El gran reto: transformar el mundo

Fernando Alexis Jiménez

Jerusalén era un hervidero de personas. El sol quemaba los rostros de los transeúntes que, sin pedir permiso, se abrían paso. El río humano iba y venía. No tenía una dirección determinada. Sobre los costados, en las casas de barro y madera, se amontonaban los vendedores. Ofrecían la variada gama de productos. Generalmente eran comidas para el viaje. Decenas de parroquianos regresarían esa misma tarde, después de los servicios de adoración a Dios, a sus respectivas provincias.

El hombre abordó el carruaje. No prestó atención a un comerciante que le ofrecía telas a muy buen precio. “ Estoy afanado ”, se limitó a decirle mientras le apartaba con cortesía. “ Vamos ”, ordenó a quienes guiaban el ostentoso vehículo de tracción animal. Le restaba un largo viaje, de varios días, hasta llegar a su destino final: Etiopía, en África. Allí servía a la reina de Candace.

Mientras avanzaban por el camino y poco a poco la ciudad iba quedando atrás, abrió un rollo de las Escrituras. Era el libro de Isaías. Dentro sentía el deseo de saber más acerca del Dios del que había escuchado muchas maravillas. En su corazón palpitaba el anhelo de encontrarle sentido a la vida.

Iba tan ensimismado, que no se percató del hombre que se acercaba corriendo. Le dijo: “Pero, ¿entiendes lo que lees?. Él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él…”(Hechos 8:29-31).

Con esta sencilla descripción comienza uno de los pasajes más apasionantes del Nuevo Testamento, en el que de manera sencilla y práctica, aprendemos principios de suma importancia para adelantar la evangelización de quienes no conocen al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador.

Sea un instrumento en las manos de Dios

El éxito en el proceso de evangelización no lo representan las grandes campañas que se anuncian por radio, televisión y prensa y que cada día toman más elementos del mercadeo secular para cautivar personas. No dudo que los anuncios despiertan interés y es probable que una u otra persona vaya al lugar de reuniones.

Pero pasamos por algo un hecho esencial: quien desea proclamar el evangelio de Jesucristo debe convertirse en un instrumento útil en las manos de Dios. ¿De qué manera? Permitiendo que el Supremo Hacedor transforme su existencia. Como un hábil escultor, Él formará en nosotros el carácter que desea para que podamos servirle en su obra.

Felipe, más conocido como el evangelista y quien fue el hombre que llevó al eunuco etíope a los pies de Cristo, es un ejemplo claro de quien se deja tratar por Dios. Observemos algunas características: 

Intima relación con Dios

Las personas que son utilizadas por el Dueño de la obra, son aquellas que están dispuestas a ser tratadas por Él para servirle conforme a Su voluntad. “Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”(Hechos 8:26).

¿Cómo pudo identificar la voz del Creador? Por una razón sencilla: había aprendido a conocer Su voz en íntima relación con Él mediante la oración y la meditación en su Palabra.

Hay quienes obran movidos por la emoción y creen haber escuchado el mandato divino, se mueven y comprueban—para su desilusión—que era producto de su imaginación o quizá de su deseo de hacer las cosas. No habían escuchado al Creador.

Obediencia a Dios

Las Escrituras nos indican que apenas recibió las instrucciones, “Entonces él se levantó y fue”(Hechos 8:27 a). Felipe no discutió las órdenes ni las puso bajo la lupa del racionalismo. Obedeció. Sabía que Dios es perfecto en cuanto hace y que, si caminamos en Su voluntad, todo saldrá bien.

El fundamento, las Escrituras

Algo interesante en la evangelización que emprendió Felipe y que arroja luces a nuestro desenvolvimiento hoy, es que su fundamento eran las propias Escrituras y no la mera palabrería.

Tras leer el texto, “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto: de si mismo, o de algún otro. Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”(Hechos 8: 34, 35).

Hace pocos días me invitaron a una campaña evangelística. No era yo quien iba a predicar, sino un pastor invitado. Puse atención al mensaje, sin embargo no escuché sino gritería. No había mensaje de fondo. El amado hermano quizá pensó que impresionando a la gente con gestos y vociferación, lograría el objetivo de evangelizar a quienes no tenían a Cristo en su corazón. La esencia al compartir las Buenas Nuevas de Jesucristo son las Escrituras.

Evangelizar, no presionar

Es de suma importancia que comprendamos que si nos movemos bajo el poder del Espíritu Santo, usted y yo somos simplemente instrumentos. Él hace lo demás. Presionar despierta aversión al Evangelio. Quien presiona no obra en las fuerzas de Dios sino en las suyas propias.

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué imíde que yo sea bautizado?(Hechos 8:36).

Observe que Felipe no ejerció coacción sobre él. Simplemente le compartió la Palabra de vida, y el Señor se manifestó llevando al convencimiento del eunuco etíope.

El centro del Evangelio es Jesucristo

¿Quién es evangelista? Quien predica a Jesucristo. No es quien se para frente a una cámara de televisión a proclamar el “ evangelio de la prosperidad ” o cómo llegar a ser “ super-ungido ”, sino quien se centra en Jesucristo. Las otras cosas vienen por añadidura: progreso físico, económico y espiritual.

Lamentablemente muchos predicadores son producto de una campaña publicitaria, bien que la hagan otros en su favor o que las propicien ellos mismos. Pocos son los que emergen como fruto de su entera consagración a Dios.

“Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendierton ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”(Hechos 8:37, 38).

Estas sencillas pautas son válidas y aplicables en nuestro contexto. Usted puede tornarlas realidad en su trato con las personas que no han tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo.

Recuerde que, si depende de Dios, Él hará la obra… Decídase, comience ahora a ganar almas para Cristo el Señor…

® Fernando Alexis Jiménez

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Renovación de la mente

 

Nuestros pensamientos determinan nuestras acciones

 

Fernando Alexis Jiménez

 

Definitivamente nací para el fracaso”, me dijo en cierta ocasión quien se desempeña hoy como Jefe de Auditorías en una empresa importante de la ciudad.

 

En aquél momento atravesaba por un difícil momento. Una semana antes lo habían despedido de una entidad bancaria, después de casi veinte años prestando sus servicios. Tenía problemas en casa, y para adicionar: su edad se había convertido en un aparente impedimento para conseguir nuevamente trabajo.

 

Su vida cambio, ¿Cómo? Cuando comenzó a aprender los principios maravillosos, que conducen al éxito, y que se encuentran en la Palabra de Dios, la Biblia.

 

Cambia tu forma de pensar, y cambiará tu forma de actuar

Cambia tu forma de pensar, y cambiará tu forma de actuar

En un comienzo no creía que aplicaran a su existencia. Pero comprobó que estaba equivocado. Las pautas bíblicas no solo encajaban en su existencia sino que, además, le ayudaban a mejorar y experimentar crecimiento en su vida personal y espiritual.

 

 

 

Un pensamiento negativo que se traducía en acciones derrotistas, conducentes inevitablemente hacia el fracaso.

 

Mauricio, un estudiante de secundaria, se vio enfrentado a una situación similar cuando comenzó a cursar la carrera de Ingeniería Industrial. Venía de emprender otra carrera profesional, una disciplina académica totalmente distinta.

 

Las asignaturas de matemáticas me van a partir el alma”, musitó en la primera clase. Pero conforme avanzó el tiempo, ahora en su condición de hombre dispuesto a vencer con ayuda de Dios, comprobó que no solo era posible sacar adelante las materias, con muy buenas notas, sino que los números no se podían convertir en un impedimento para salir adelante.

 

Obramos… lo que pensamos

 

Usted y yo somos el fruto de lo que pensamos. No es un principio de la Nueva Era, así es que ni se equivoque, ni se escandalice y menos, se ilusione, por si acaso está inclinado por las doctrinas orientales. “Nuestros pensamientos determinan nuestras acciones”, es un principio del Reino de Dios. Tal como pensamos, así actuamos.

 

El profeta Isaías sin que hubiese cursado profundos estudios acerca de la conducta humana, compartió un principio que ha acogido la sicología moderna, y es que todo aquello que alimenta nuestra mente, una vez procesado, se refleja en acciones de maldad o de benignidad Que abandone el malvado su *camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de él recibirá misericordia.”(Isaías 59:7)

 

Probablemente me dirá: Soy lo suficientemente responsable para saber lo que hago. De acuerdo. Sin embargo, no siempre es así.

 

Las personas somos profundamente emocionales. Operamos influenciados por nuestros sentimientos y dejarnos arrastrar por esa corriente emotiva puede llevarnos a buenos resultados o a la derrota, como advierte el libro de Libros, la Biblia: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”(Jeremías 17.9)

 

Observe que la mayor inclinación, cuando nos dejamos mover por las “corazonadas”, es a cometer errores. ¿Por qué motivo? Porque hasta tanto nos movamos bajo los mismos paradigmas que nos han influenciado y dominado por años, en los que priman pautas de pensamiento de la sociedad que nos rodea, difícilmente se producirán cambios en nuestras acciones.

 

Pensamientos de maldad

 

Es necesario recabar en la profunda influencia que ejerce en nuestro ser el medio que nos rodea.

 

Un autor de la antigüedad testimonio esta situación cuando escribió: “Los pensamientos humanos son aguas profundas; el que es inteligente los capta fácilmente”(Proverbios 20:5, Nueva Versión Internacional)

 

Sin Dios morando en nuestro corazón, es apenas natural que nos movamos alrededor de aquello que consideramos que consideramos correcto. Por ejemplo, alguien que ha crecido en medio de una sociedad permeada por la violencia, considerará la venganza como algo natural, apenas previsible. Es más, lo concebirá como algo natural.

 

Un canal de televisión colombiano transmitió un documental sobre los pandilleros. Lo sorprendente y a la vez preocupante, es que niños y adolescentes ansiaban crecer para ser como uno de los líderes de aquellos grupos delincuenciales. Les profesaban admiración.

 

Lo que decimos, revela lo que pensamos

 

¿Le ha ocurrido alguna vez que expresó lo primero que vino a su mente? Lo más probable es que quienes le rodean, le hayan hecho bromas diciéndole: “Lo traicionó el inconciente”.  Sin duda es así. Cuanto pensamos, temprano o tarde emerge como un volcán en erupción.

 

El ser más grande de todos los tiempos, el amado Hijo de Dios, Jesucristo, dejó claro este principio cuando enseñó: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.”(Mateo 12.34)

 

Puso de manifiesto que toda persona obedece a lo bueno o lo mayo que haya permitido anidar en su mente. Con frecuencia desestimamos la importancia de ser cuidadosos con la información que procesamos en la parte más profunda de cada quien y que la Biblia llama corazón.

 

Por esa razón el amado Salvador instruyó que “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.”(Lucas 6.45)

 

Es común que expresemos, no aquello que queremos callar, sino lo que sentimos verdaderamente. No olvide que lo que hay dentro nuestro, aflora. El Señor Jesús lo ilustró de la siguiente manera. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos”(Mateo 7:16-18)

 

Es hora del cambiar. Piénselo. Y algo más: es posible renovar sus pensamientos, y reorientar sus acciones. Usted será el primer beneficiario, pero también su amada familia y las personas que le rodean.

 

Reordene su forma de pensar

 

Es interesante que al coincidir que si nuestros pensamientos determinan nuestras acciones, entendamos que el primero que tiene conciencia de la importancia de los pensamientos y que sean los mejores, es Dios mismo.

 

Hace siglos testimonio este principio del Reino cuando dijo a Su pueblo a través del profeta Isaías: «Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!”(Isaías 55.8,9, Nueva Versión Internacional)

 

Dios tiene los mejores planes para su vida y para la mía. Lo interesante, que no deja llamar poderosamente nuestra atención, es que todo parte de los pensamientos.

 

Una pregunta que sin duda se estará formulando: ¿Cómo cambiar mis actitudes? Pues bien, de acuerdo con la Ley ineludible del Reino de Dios: “Nuestros pensamientos determinan nuestras acciones”, si comienza a renovar sus pensamientos, se producirá una transformación en cuanto hace.

 

El apóstol Pablo lo dejó bien claro cuando recomendó a los cristianos del primer siglo: No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”(Romanos 12:2, Nueva Versión Internacional)

 

Por supuesto, la sociedad que nos rodea presionará para que obremos en consonancia con lo que consideran “bueno”, “aceptable” o “excelente”. Usted sabe que un mundo plagado de maldad no se extraña si usted obra con malicia. Lo extraño es que obre conforme debe hacerlo, con justicia. Y aun cuando obrar bien luzca extraño para los demás, y lo convierta en blanco de críticas y burlas, debe seguir haciéndolo.

 

Cambiar, entonces, parte de modificar nuestros patrones de pensamiento, acogiendo la propia recomendación del apóstol Pablo cuando escribe: Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.”(Filipenses 4.8, Nueva Versión Internacional)

 

Sin duda, reemplazar pensamientos de maldad por pensamientos de bien, influirá directa y positivamente en lo que hacemos. Tome hoy la decisión: con ayuda de Dios cambie su forma de pensar y de hecho, cambiará su forma de actuar.

 

Fernando Alexis Jiménez – Email fernandoalexis@aol.es

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¿Estás detrás de la honra y la fama?

Fernando Alexis Jiménez

Lanzó un fuerte grito. La mujer estaba en lo alto de un edificio comercial. Un vendedor de luces miró y pensó que estaba loca. Un transeúnte se detuvo, apreció la escena por unos segundos, se encogió de hombros y siguió su camino. Otros más hicieron lo mismo.

Préstenme atención—prosiguió a grito herido–. Voy a saltar al vacío“.

Un guarda de tránsito corrió al lugar. Tomó el radio y pidió refuerzos. “Hay una mujer que amenaza con tirarse de un quinto piso. Vengan rápido“, instó.

Los agentes llegaron cinco minutos después. Aunque intentaron disuadirla, resultó inútil. Ella no quería entrar en razón. Argumentaba que llevaba tres meses sin pagar la renta y que el propietario de la casa de inquilinato amenazaba con botarla a la calle junto con sus cuatro hijos pequeños.

Se requirió más que paciencia. Un sicólogo al servicio de la institución policial pasó cuarenta minutos tratando de convencerla. “Baje, podemos dialogar el asunto”, le repetía en tono conciliador.

Finalmente los curiosos decidieron hacer una colecta. Reunieron el dinero necesario para saldar la deuda de la eventual suicida. Ya a salvo murmuró entre sollozos: “Disponerme a morir fue la única alternativa para llamar la atención; de lo contrario, a nadie le hubiese importado mi situación“.

Dios es quien otorga la honra

Abundan en nuestro tiempo sinnúmero de personas que hacen cosas inverosímiles para alcanzar la fama y el reconocimiento humano. Es un fenómeno que se puede apreciar en todos los ámbitos. Sin embargo, sólo reciben miramiento aquellos que se lo merecen. Obedece, esencialmente, a los méritos. Aquellos que se preocupan por mejorar, por alcanzar altos niveles de excelencia en lo que hacen, sin duda saldrán del conjunto, para se únicos e irrepetibles,

En la igual ocurre igual. Nuestros esfuerzos por sobresalir a como de lugar, siempre se verán confrontados por una realidad: quien otorga la honra es Dios mismo, a quien servimos.

Este principio lo ilustra una llamativa escena que se produjo con algunos discípulos del Señor Jesucristo: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre” (Mateo 20:20-23).

Tal vez nadie sepa qué hace usted en la iglesia. Es más: no se han percatado de su andar con Dios ni tampoco, del enorme esfuerzo y la determinación que acompañan su propósito de cambio. Incluso, lo más probable es que no se hayan dado cuenta de su espíritu de servicio. ¡No se desanime! Dios sí sabe lo que hay en su corazón y, en el momento oportuno, lo exaltará. Simplemente siga adelante, sin desmayar, siendo fiel a Él. Nuestro amado Padre le retribuirá todos sus esfuerzos en Su tiempo perfecto.

¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón?

Sí, hoy es el día para tomar la mejor decisión de su vida: Recibir a Jesucristo en su corazón. Es sencillo. Dígale, allí donde se encuentra: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz, perdonar mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora tengo tres recomendaciones para usted, en esta nueva vida que comienza.

1.- Aprenda en la Biblia principios dinámicos que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual. Léala cada día.

2.- Hable con Dios cada día. Orar es hablar con Dios, como nuestro Padre pero también como nuestro Amigo.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. Su vida experimentará una dinámica extraordinaria de crecimiento.

Si tiene alguna duda. Escríbame a fernandoalexis@aol.es y mi teléfono está a su disposición (0057)317-4913705

Fernando Alexis Jiménez

 

 

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¡Un mundo maravilloso se avecina!

Fernando Alexis Jiménez

Llegaron primero en una avanzada de alistamiento. El amplio muro de contención construido sobre las márgenes del río, estaba poblado de matorrales. “Aquí podemos construir nuestras viviendas“, dijo uno. A su decisión siguieron las voces de aprobación de otros colonos y pronto eran familias enteras las que estaban levantando sus ranchos de madera, zinc y plástico.

Cuando habían invadido todo el terreno, uno de los líderes escribió con gruesas letras verdes en una tabla de madera: “Villa Esperanza“.

No habían transcurrido dos semanas y ya las autoridades estaban procurando el desalojo. Se convirtió en una batalla campal. Y aunque les destruyeron sus precarias construcciones, apenas se fue la fuerza policial, volvieron a edificar.

En invierno se produjo un nuevo llamado. “Es peligroso que estén en el río. Una avenida torrencial puede acabar con todo y con todos” No obstante siguieron obstinados. Uno comentó: “Esas son invenciones de las autoridades para que nos vayamos, pero no les vamos a dar gusto.” Siguieron ahí.

Dios te dio vida para ser feliz

Dios te dio vida para ser feliz

 

Fuertes aguaceros incrementaron el nivel del río y, en el sector de las casuchas, se produjo el desbordamiento. Pérdidas humanas y materiales. Una verdadera tragedia. No quisieron escuchar las reiteradas advertencias…

El mundo avanza hacia una crisis sin precedentes

La historia ilustra una realidad a la que el mundo deliberadamente quiere ser ajeno: la inminencia del regreso del Señor Jesús por su pueblo.

La crisis familiar, económica, social y política que azota la humanidad nos advierten que estamos a las puertas del caos.

¿Se ha dado cuenta, por ejemplo, de que se están creando las condiciones para clonar seres humanos? ¿Ha tomado conciencia del enorme peligro que encierra la aprobación del matrimonio de homosexuales en Europa? ¿Ha meditado en el surgimiento de enfermedades que no tienen cura? ¿Comprende las consecuencias que traerá la corrupción que permeabiliza todos los estamentos, públicos y privados?

Es probable que usted califique los planteamientos que eleva el pueblo evangélico de apocalípticos. Sin embargo no podemos desconocer una realidad. El mundo se encamina al abismo a menos que se rinda el primer lugar a Jesucristo.

Como es evidente que no será así, porque millares de personas o no creen en Cristo o definitivamente no quieren escucharle, es necesario tener en cuenta al apóstol cuando escribe: “…pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.” (2 Pedro 3:7).

La actitud rebelde del género humano acarrea juicio. Es una realidad latente así haya quienes quieran desconocerla.

Debemos permanecer alerta

Cuando Pedro escribió: “Puesto que todas estas cosas han de ser desechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!” (2 Pedro 3:11, 12), es probable que nadie entendiera su mensaje.

En una época de armas de destrucción masiva, no es ilógico pensar que una explosión o conjunto de detonaciones nucleares pueden deshacer lo que vemos alrededor. ¿Está distante de ser una realidad? Por supuesto que no.

La recomendación del apóstol es que, ante la proximidad de un evento de alcance mundial, el cristiano debe vivir en rectitud delante de Dios. Estar preparado para ir a la presencia de Aquél que nos creó y tener conciencia limpia al dar cuenta de sus hechos.

Un mundo maravilloso se avecina

¿Debemos albergar temor? En absoluto. Sabemos que el juicio de Dios sobre aquellos que rechazaron a su amado Hijo Jesús y el sacrificio redentor en la cruz, no nos alcanzará. ¿Por qué? Porque si Cristo mora en nuestro corazón y es Señor de nuestro ser, estará con Él por la eternidad.

La promesa que leemos en las Escrituras es la siguiente: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevas y tierra nueva, en los cuales morará la justicia.” (2 Pedro 3:13).

Hace pocos días leía de cristianos que han sido arrestados, torturados y encarcelados en países musulmanes. En África muchos creyentes han sido muertos por no renunciar a su fe en Jesucristo. En países latinoamericanos ser cristiano es sinónimo de enfrentar persecuciones, burlas y críticas.

Pese a ello, guardamos esperanza. Sabemos que nuestro mañana es de esperanza en “cielos nuevos y tierra nueva“. ¿Ha pensado en el mundo maravilloso que nos espera?

Caminando con Dios

El mundo busca engañarnos. Satanás ha desplegado una estrategia sin precedentes que busca desviarnos del camino correcto, en el que nos movemos tomados de la mano del Señor Jesús. Por ese motivo debemos estar atentos y no permitir que nada ni nadie nos aparten de Dios.

El apóstol Pedro al abordar el asunto aconsejó: “Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.” (2 Pedro 3:14, 17).

Sabemos que el regreso del Señor Jesús está a las puertas, por tal motivo debemos seguir firmes, en rectitud delante de Su presencia. Es imperativo que no demos lugar al diablo, dispuesto a empañar el testimonio cristiano. Firmes y adelante, son dos conceptos que debemos interiorizar y dar pasos en el sendero de la vida de fe, a la espera del amado Hijo de Dios.

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VIDA NUEVA
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