VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

¿Qué derecho teníamos a recibir perdón?

Fernando Alexis Jiménez

La cara de sorpresa que mostró el agente policial no podía describirse. Aquél joven estaba frente a su escritorio confesando que llevaba varias semanas con unas valiosas obras de arte robadas de casa de un millonario de la ciudad.

Lo hice porque no tenía para consumir drogas. Pero estoy arrepentido. Ni siquiera me atreví a ofrecer los cuadros y antigüedades a nadie. Aquí están…–explicó.

El alto oficial hizo dos llamadas, luego lo condujo a la celda. No había transcurrido un día cuando José fue llamado por un guarda. “Puede irse—le dijo–. El propietario retiró los cargos y habló a su favor“.Dios te perdonó; Perdónate tu mismo y a los demás...

No podía creerlo. ¡Merecía varios años de cárcel! Cuando preguntó la rezón, el comandante le explicó que tras conocer de su arrepentimiento, el dueño de las pinturas y los valiosos objetos, había decidido darle una nueva oportunidad.

Ya Dios nos perdonó, ¿Por qué no te perdonas tú?

He aquí una ilustración práctica de lo que Dios hizo con usted y conmigo. Nos perdonó. Todas nuestras maldades ameritaban que estuviéramos en condenación. Sin embargo no fue así. Sin que lo mereciéramos, nos perdonó.

El amado Señor Jesús murió en la cruz. Su sacrificio hizo posible este milagro, que nos abre las puertas a una nueva vida. El apóstol Pablo explicó a los cristianos de Colosas en el primer siglo y a nosotros hoy: … ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo” (Colosenses 2:13-16, Nueva Versión Internacional).

Con frecuencia vienen a nuestra mente pensamientos que nos acusan sobre el pasado. “¿Cómo pretendes cambiar si fuiste esto o aquello…?”. E inmediatamente, como en una película underground, se traslapan imágenes del pasado, de cuanto hicimos mal. Pero es ahí cuando debemos recordar que por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, usted y yo fuimos perdonados. No importa cuánta maldad obramos. ¡Fuimos perdonados!¡Dios lo hizo por misericordia!

Hay quienes atribuyen esa sensación de acusación permanente, a razones sicológicas. Los cristianos sabemos que es una estrategia de Satanás para impedir nuestro crecimiento personal y espiritual. Por eso, cada vez que nos amedrenta con ideas falsas, acusándonos de un ayer de pecado, le recordamos que tales pecados fueron perdonados y limpiados por su preciosa sangre en el monte del Gólgota.

Dios ya nos perdonó nuestros pecados. Ahora quien debe perdonarse es usted mismo. Es un principio clave y fundamental para avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela.

¿Ya recibió a Jesucristo en el corazón?

La mejor decisión de todo ser humano es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Es el comienzo de una nueva vida. Basta con decirle: “Señor Jesús,  gracias por perdonar mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una existencia renovada y de éxito. Te abro el corazón y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora tengo tres invitaciones para usted:

1.- Aprendida principios conducentes hacia el éxito y el crecimiento personal y espiritual, leyendo como mínimo un capítulo de la Biblia cada día.

2.- Ore a Dios. Orar es hablar con Dios. Es volar a nuevas dimensiones de poder, el poder que proviene de nuestro Supremo Hacedor, el que todo lo puede.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, por favor no deje de escribirme ahora mismo:

© Fernando Alexis Jiménez – Email fernandoalexis@aol.com

Contacto: (0057)317-4913704

VIDA NUEVA

El gran reto: transformar el mundo

Fernando Alexis Jiménez

Jerusalén era un hervidero de personas. El sol quemaba los rostros de los transeúntes que, sin pedir permiso, se abrían paso. El río humano iba y venía. No tenía una dirección determinada. Sobre los costados, en las casas de barro y madera, se amontonaban los vendedores. Ofrecían la variada gama de productos. Generalmente eran comidas para el viaje. Decenas de parroquianos regresarían esa misma tarde, después de los servicios de adoración a Dios, a sus respectivas provincias.

El hombre abordó el carruaje. No prestó atención a un comerciante que le ofrecía telas a muy buen precio. “ Estoy afanado ”, se limitó a decirle mientras le apartaba con cortesía. “ Vamos ”, ordenó a quienes guiaban el ostentoso vehículo de tracción animal. Le restaba un largo viaje, de varios días, hasta llegar a su destino final: Etiopía, en África. Allí servía a la reina de Candace.

Mientras avanzaban por el camino y poco a poco la ciudad iba quedando atrás, abrió un rollo de las Escrituras. Era el libro de Isaías. Dentro sentía el deseo de saber más acerca del Dios del que había escuchado muchas maravillas. En su corazón palpitaba el anhelo de encontrarle sentido a la vida.

Iba tan ensimismado, que no se percató del hombre que se acercaba corriendo. Le dijo: “Pero, ¿entiendes lo que lees?. Él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él…”(Hechos 8:29-31).

Con esta sencilla descripción comienza uno de los pasajes más apasionantes del Nuevo Testamento, en el que de manera sencilla y práctica, aprendemos principios de suma importancia para adelantar la evangelización de quienes no conocen al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador.

Sea un instrumento en las manos de Dios

El éxito en el proceso de evangelización no lo representan las grandes campañas que se anuncian por radio, televisión y prensa y que cada día toman más elementos del mercadeo secular para cautivar personas. No dudo que los anuncios despiertan interés y es probable que una u otra persona vaya al lugar de reuniones.

Pero pasamos por algo un hecho esencial: quien desea proclamar el evangelio de Jesucristo debe convertirse en un instrumento útil en las manos de Dios. ¿De qué manera? Permitiendo que el Supremo Hacedor transforme su existencia. Como un hábil escultor, Él formará en nosotros el carácter que desea para que podamos servirle en su obra.

Felipe, más conocido como el evangelista y quien fue el hombre que llevó al eunuco etíope a los pies de Cristo, es un ejemplo claro de quien se deja tratar por Dios. Observemos algunas características: 

Intima relación con Dios

Las personas que son utilizadas por el Dueño de la obra, son aquellas que están dispuestas a ser tratadas por Él para servirle conforme a Su voluntad. “Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”(Hechos 8:26).

¿Cómo pudo identificar la voz del Creador? Por una razón sencilla: había aprendido a conocer Su voz en íntima relación con Él mediante la oración y la meditación en su Palabra.

Hay quienes obran movidos por la emoción y creen haber escuchado el mandato divino, se mueven y comprueban—para su desilusión—que era producto de su imaginación o quizá de su deseo de hacer las cosas. No habían escuchado al Creador.

Obediencia a Dios

Las Escrituras nos indican que apenas recibió las instrucciones, “Entonces él se levantó y fue”(Hechos 8:27 a). Felipe no discutió las órdenes ni las puso bajo la lupa del racionalismo. Obedeció. Sabía que Dios es perfecto en cuanto hace y que, si caminamos en Su voluntad, todo saldrá bien.

El fundamento, las Escrituras

Algo interesante en la evangelización que emprendió Felipe y que arroja luces a nuestro desenvolvimiento hoy, es que su fundamento eran las propias Escrituras y no la mera palabrería.

Tras leer el texto, “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto: de si mismo, o de algún otro. Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”(Hechos 8: 34, 35).

Hace pocos días me invitaron a una campaña evangelística. No era yo quien iba a predicar, sino un pastor invitado. Puse atención al mensaje, sin embargo no escuché sino gritería. No había mensaje de fondo. El amado hermano quizá pensó que impresionando a la gente con gestos y vociferación, lograría el objetivo de evangelizar a quienes no tenían a Cristo en su corazón. La esencia al compartir las Buenas Nuevas de Jesucristo son las Escrituras.

Evangelizar, no presionar

Es de suma importancia que comprendamos que si nos movemos bajo el poder del Espíritu Santo, usted y yo somos simplemente instrumentos. Él hace lo demás. Presionar despierta aversión al Evangelio. Quien presiona no obra en las fuerzas de Dios sino en las suyas propias.

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué imíde que yo sea bautizado?(Hechos 8:36).

Observe que Felipe no ejerció coacción sobre él. Simplemente le compartió la Palabra de vida, y el Señor se manifestó llevando al convencimiento del eunuco etíope.

El centro del Evangelio es Jesucristo

¿Quién es evangelista? Quien predica a Jesucristo. No es quien se para frente a una cámara de televisión a proclamar el “ evangelio de la prosperidad ” o cómo llegar a ser “ super-ungido ”, sino quien se centra en Jesucristo. Las otras cosas vienen por añadidura: progreso físico, económico y espiritual.

Lamentablemente muchos predicadores son producto de una campaña publicitaria, bien que la hagan otros en su favor o que las propicien ellos mismos. Pocos son los que emergen como fruto de su entera consagración a Dios.

“Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendierton ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”(Hechos 8:37, 38).

Estas sencillas pautas son válidas y aplicables en nuestro contexto. Usted puede tornarlas realidad en su trato con las personas que no han tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo.

Recuerde que, si depende de Dios, Él hará la obra… Decídase, comience ahora a ganar almas para Cristo el Señor…

® Fernando Alexis Jiménez

Contacto (0057)317-4913705

Email fernandoalexis@aol.es

Sin categoría

¿Estás detrás de la honra y la fama?

Fernando Alexis Jiménez

Lanzó un fuerte grito. La mujer estaba en lo alto de un edificio comercial. Un vendedor de luces miró y pensó que estaba loca. Un transeúnte se detuvo, apreció la escena por unos segundos, se encogió de hombros y siguió su camino. Otros más hicieron lo mismo.

Préstenme atención—prosiguió a grito herido–. Voy a saltar al vacío“.

Un guarda de tránsito corrió al lugar. Tomó el radio y pidió refuerzos. “Hay una mujer que amenaza con tirarse de un quinto piso. Vengan rápido“, instó.

Los agentes llegaron cinco minutos después. Aunque intentaron disuadirla, resultó inútil. Ella no quería entrar en razón. Argumentaba que llevaba tres meses sin pagar la renta y que el propietario de la casa de inquilinato amenazaba con botarla a la calle junto con sus cuatro hijos pequeños.

Se requirió más que paciencia. Un sicólogo al servicio de la institución policial pasó cuarenta minutos tratando de convencerla. “Baje, podemos dialogar el asunto”, le repetía en tono conciliador.

Finalmente los curiosos decidieron hacer una colecta. Reunieron el dinero necesario para saldar la deuda de la eventual suicida. Ya a salvo murmuró entre sollozos: “Disponerme a morir fue la única alternativa para llamar la atención; de lo contrario, a nadie le hubiese importado mi situación“.

Dios es quien otorga la honra

Abundan en nuestro tiempo sinnúmero de personas que hacen cosas inverosímiles para alcanzar la fama y el reconocimiento humano. Es un fenómeno que se puede apreciar en todos los ámbitos. Sin embargo, sólo reciben miramiento aquellos que se lo merecen. Obedece, esencialmente, a los méritos. Aquellos que se preocupan por mejorar, por alcanzar altos niveles de excelencia en lo que hacen, sin duda saldrán del conjunto, para se únicos e irrepetibles,

En la igual ocurre igual. Nuestros esfuerzos por sobresalir a como de lugar, siempre se verán confrontados por una realidad: quien otorga la honra es Dios mismo, a quien servimos.

Este principio lo ilustra una llamativa escena que se produjo con algunos discípulos del Señor Jesucristo: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre” (Mateo 20:20-23).

Tal vez nadie sepa qué hace usted en la iglesia. Es más: no se han percatado de su andar con Dios ni tampoco, del enorme esfuerzo y la determinación que acompañan su propósito de cambio. Incluso, lo más probable es que no se hayan dado cuenta de su espíritu de servicio. ¡No se desanime! Dios sí sabe lo que hay en su corazón y, en el momento oportuno, lo exaltará. Simplemente siga adelante, sin desmayar, siendo fiel a Él. Nuestro amado Padre le retribuirá todos sus esfuerzos en Su tiempo perfecto.

¿Ya recibió a Jesucristo en su corazón?

Sí, hoy es el día para tomar la mejor decisión de su vida: Recibir a Jesucristo en su corazón. Es sencillo. Dígale, allí donde se encuentra: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz, perdonar mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, le felicito. Ahora tengo tres recomendaciones para usted, en esta nueva vida que comienza.

1.- Aprenda en la Biblia principios dinámicos que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual. Léala cada día.

2.- Hable con Dios cada día. Orar es hablar con Dios, como nuestro Padre pero también como nuestro Amigo.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. Su vida experimentará una dinámica extraordinaria de crecimiento.

Si tiene alguna duda. Escríbame a fernandoalexis@aol.es y mi teléfono está a su disposición (0057)317-4913705

Fernando Alexis Jiménez

 

 

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