VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

¿Realmente podemos confiar en Dios en medio de las crisis?

Por Fernando Alexis Jiménez

El día que lo despidieron del empleo, Roberto sintió que el mundo entero se hundía bajo sus pies. En cuestión de segundos pensó en su esposa, en los hijos, en sus obligaciones con las cuotas pendientes de la hipoteca, y en el cúmulo de asuntos pendientes. “Debe ser una equivocación”, murmuró. Revisó de nuevo el destinatario del mensaje y corroboró que, en efecto, era para él.

Llegar a casa fue una verdadera odisea. No quería ver el rostro de su esposa, y en la mente daba vueltas sobre la forma como se lo diría. Incluso, a pocos metros de la puerta, contó cada paso que le parecieron, en su conjunto, una eternidad. Por fin enfrentó la realidad.

Laura lo miró con actitud comprensiva. “Ahora debemos confiar en Dios”, le dijo. No hubo reproches ni voces de desaliento; por el contrario, la notó más afable que nunca.

Esa noche Roberto no pudo conciliar el sueño. Primero estuvo en la sala, a oscuras, mirando la ciudad a través de la ventana; luego encendió el televisor pero no pudo concentrarse en ninguna película, por último se dirigió al cuarto y dio vueltas en la cama desde la madrugada hasta el clarear del día. ¿Qué voy a hacer? Se preguntaba.

Su esposa lo animó de nuevo, en el desayuno, Luego sus hijos le repitieron las mismas palabras. A quien le costaba trabajo entenderlo, era a él. ¡Dios no lo abandonaría a su suerte!

A media mañana leyó la Biblia. Se enfocó en los salmos. En particular un pasaje le llamó poderosamente la atención. Lo había leído muchas veces, pero en aquella ocasión cobró sentido. Pareciera que las palabras salían de las páginas y le hablaban al corazón:

“El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan.”(Salmo 23:1-4. NTV)

Cuando tuvo una comprensión de todo cuanto implicaba aquél texto, fue a la cocina, besó a su esposa y se dispuso a buscar trabajo. “Si Dios está con nosotros, pronto hallaré empleo.”, le dijo con optimismo.

Una semana después estaba en otro lugar trabajando, en mejores condiciones y con posibilidades de ascender. Reconoció que confiar en Dios encierra un poder transformador. No es sólo la actitud sino la disposición y a estos dos elementos, sumarle uno tercero: la acción. ¡Y Dios responde!

Dios jamás nos deja solos. Él nos acompaña en los momentos de crisis y nos lleva siempre a nuevos niveles, hacia la victoria, cualquiera sea la circunstancia adversa que enfrentemos.

Si aún no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Ábrale su corazón a Jesucristo. Él traerá cambios profundos a su vida y producirá un impacto positivo y transformador en su familia.

© Fernando Alexis Jiménez es Director del Portal cristiano www.MensajerodelaPalabra.Com

Sin categoría

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom