VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida y familia

Por Fernando Alexis Jiménez

Todos anhelamos que pase ese período crítico que experimenta nuestra sociedad cuando un alto porcentaje de matrimonios terminan en separación y el alto índice de delincuencia juvenil está ligado a un trasfondo de hogares disfuncionales, donde prevalecen los conflictos de pareja.

La pregunta es si resulta posible resolver el cúmulo de problemas que atentan contra la institución familiar. La respuesta es positiva: Sí es posible. Y se suma a esta afirmación otro elemento: La necesidad de volver a los orígenes, a las pautas que aprendemos en el Génesis y otros pasajes de las Escrituras inspirados por el Creador de la familia: Dios mismo.

Si usted pregunta a su alrededor—quizá a amigos y familiares—qué desean para sus vidas, le responderán sin duda en el siguiente orden: Estabilidad y prosperidad económica y, en segundo término, una relación familiar enriquecedora. Es apenas natural. Podemos tenerlo todo—lo material—pero si hay dificultades en la relación de familia, reinará el desgano.

La diferencia la determina en qué y en quién creemos como camino para salir de la crisis. Usted puede acudir a la infinidad de textos que hay en el mercado sobre relación de familia, pero si busca a Dios y camina en Su Palabra, podemos asegurarle que todo cambiará.

Guillermo D. Taylor, el autor centroamericano, señala que “No hay familia cristiana perfecta. Pero sí hay familias cristianas que perseveran en su crecimiento, valores e integralidad.” (Gillermo D. Taylor y Sergio E. Mijangos. “La familia auténticamente cristiana”. Editorial Portavoz. 1983. EE.UU. Pg. 18, 19)

Es necesario hacer un alto en el camino y revisar qué tipo de modelo ofrecemos como esposos y como padres. Recuerde que nuestros hijos tenderán a replicar en sus propios hogares los patrones de comportamiento que aprenden hoy.

Ahora, el paso que resulta infalible en el proceso de recobrar el curso que debe tener nuestra familia, es volvernos a Dios y darle el primer lugar en nuestras vidas y en la familia. A este aspecto se refiere la enseñanza que impartió el Señor al pueblo de Israel y a nosotros hoy: “¡Escucha, Israel! El Señor es nuestro Dios, solamente el Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego.” (Deuteronomio 6:4-6. NTV)

Vivir conforme a la voluntad de Dios, haciendo nuestros los principios que aprendemos en Su Palabra, nos lleva a asumir nuevos principios y valores que trae transformación y crecimiento permanente. Y esas pautas constituirán el fundamento para nuestros hijos y para las futuras generaciones.

Puedo asegurarle que no solo hay oportunidad para superar la crisis familiar—cualquiera sea la que estemos enfrentando—sino que además, es posible retomar el curso que debió tener desde un comienzo, como lo enseñan las Escrituras.

Dios es el camino. Es la única salida al laberinto pero, además, el fundamento para que todo vaya bien en todas las áreas de nuestra vida. Es la hora de tomar una decisión radical que nos lleve a la transformación con ayuda del Señor, avanzando en el camino hacia la armonía en la familia, la consolidación de buenas relaciones interpersonales y los cimientos para las nuevas generaciones.

Léanos diariamente en www.MensajerodelaPalabra.Com y www.BosquejosparaSermones.Com

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