VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

El papel protagónico de la mujer como Discípulas del Reino

“¿Se puede servir a Dios siendo mujer?”. La pregunta tomó por sorpresa a los presentes. Era la primera vez que la amable señora, entrada en años, asistía a las reuniones del grupo de oración. “Es que iba a una iglesia en la que ninguna mujer podía enseñar ni servir”, explicó. Esa era la razón de haber pasado casi cuatro años sentada en la silla cada vez que iba al servicio.

¿Realmente debe ser así? Sin duda que no. Dios espera que todos y todas sirvamos en la proclamación de las Buenas Nuevas de Salvación, haciendo discípulos.

Cuando Jesús estaba en la cruz, sufriendo el martirio, se acercaron varias mujeres que le habían acompañado en el ministerio, como relata el evangelista Mateo: “Muchas mujeres que habían llegado desde Galilea con Jesús para cuidar de él, miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María (la madre de Santiago y José), y la madre de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.”(Mateo 27:55, 56. NTV)

Observe que no solo acompañaron en todo el momento al Maestro sino que además estuvieron hasta el último instante. Caminaron junto a Él, siguieron sus huellas, hasta las últimas consecuencias. ¿Qué deducimos a primera vista? Que manifestaron compromiso y perseverancia, que son dos distintivos de quienes caminan con el amado Salvador.

No hay en toda la Escritura ningún versículo que avale la subutilización de la mujer a nivel ministerial. Por el contrario, es claro que cuando el Señor mandó que hiciéramos discípulos, incluía a las mujeres que son parte fundamental en la extensión del Reino de Dios.

Hay que enfatizar en este aspecto. Si bien es cierto encontramos en los registros Escriturales que el llamamiento relevante a ser discípulos se hizo a hombres, eso no minimiza ni puede desconocer que las mujeres asumieron una labor de suma importancia acompañando la proclamación de las Buenas Nuevas de Salvación. La razón es sencilla: El llamado a ser discípulos es para todos. Nada excluye a la mujer, y por el contrario son ellas una fuerza multiplicadora del mensaje en todas las congregaciones. Ese hecho lleva a prestarles particular atención y brindarles apoyo para su formación y organización con el propósito de que una vez terminen las primeras fases de discipulado, avancen a otros niveles al tiempo que forman otras discípulas.

Un encuentro y relación con Jesús, esenciales en el discipulado

Si queremos ser discípulos eficaces del Señor Jesús, es esencial que desarrollemos una relación estrecha con Él. Es un proceso progresivo—porque igual hay procesos que son regresivos—y dinámico que nos lleva a todos—hombres y mujeres—a dar nuevos pasos hacia niveles de crecimiento espiritual, personal y familiar. ¡Ser discípulo o discípula vale la pena! Hay transformación en todo nuestro ser y en el entorno en el que nos desenvolvemos.

El autor y conferencista cristiano, Bertram L. Melbourne, explica: “Para ser discípulo necesitamos conocer a Jesús personalmente. Debemos tener una relación estrecha con él. Esto sólo puede suceder si pasamos tiempo con él. En nuestras vidas ocupadas, con tantas cosas importantes que se disputan nuestro tiempo, cuán fácil es enredarse con las cosas, aun buenas e importantes, y permitir que se diluya nuestra relación con Dios.”(Bertram L. Melbourne. “El Discipulado”. APIA Editores. 2007. EE.UU. Pg.- 43)

Cuando pasamos tiempo con el Señor, en oración, desarrollamos intimidad con Él. Eso es esencial, porque nos asegura que podremos dar pasos sólidos en nuestro caminar hacia el crecimiento cristiano.

Esa relación de proximidad al Maestro la evidenciaron en sus vidas las mujeres que acompañaron el ministerio terrenal de Jesús, como lo relata Lucas: “Poco después, Jesús comenzó un recorrido por las ciudades y aldeas cercanas, predicando y anunciando la Buena Noticia acerca del reino de Dios. Llevó consigo a sus doce discípulos, junto con algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaban María Magdalena, de quien él había expulsado siete demonios; Juana, la esposa de Chuza, administrador de Herodes; Susana; y muchas otras que contribuían con sus propios recursos al sostén de Jesús y sus discípulos.”(Lucas 8:1-3. NTV)

No era en un solo lugar sino en muchos espacios en los cuales estas siervas iban tras las huellas del Salvador. Todas provenían de trasfondos diferentes. Algunas de ellas fueron liberadas de ataduras espirituales, otras sanadas de enfermedades y muchas escucharon de Jesús estando en las altas esferas gubernamentales como ocurrió con Juana, la esposa del funcionario que administraba los bienes de Herodes.

No sólo servían con su esfuerzo sino que, además, aportaban de sus propios recursos para dar solidez financiera a las actividades ministeriales de Jesús. Compromiso y perseverancia nuevamente en acción.

Como recibieron la experiencia transformadora de Jesús, estas mujeres no se quedaron con su propia vivencia sino que se dieron a la tarea de compartirla.

Las mujeres, discípulas comprometidas con el Reino

¿Recuerda la historia de la mujer samaritana? La relata Juan en el capítulo 4. Le invito a leer el pasaje Escritural. Ese encuentro de la mujer con Jesús marcó un antes y un después en su historia. No obstante, una vez ella fue impactada por las enseñanzas del Maestro, no se quedó quieta. Se sumó a la tarea de extender el Reino.

En la Palabra leemos que: Muchos samaritanos de esa aldea creyeron en Jesús, porque la mujer había dicho: «¡Él me dijo todo lo que hice en mi vida!». Cuando salieron a verlo, le rogaron que se quedara en la aldea. Así que Jesús se quedó dos días, tiempo suficiente para que muchos más escucharan su mensaje y creyeran. Luego le dijeron a la mujer: «Ahora creemos, no solo por lo que tú nos dijiste, sino porque lo hemos oído en persona. Ahora sabemos que él es realmente el Salvador del mundo».”(Juan 4:39-42. NTV)

No callar, proclamar, alcanzar otras almas para la Salvación. ¿Se da cuenta? Una sola mujer impactada por Jesús de Nazareth, trajo transformación a toda una comunidad con el mensaje que les compartió. ¿Reviste entonces importancia el discipulado de la mujer? No hay duda que sí, y ocupa un papel preponderante en la predicación del Evangelio, formando otras discípulas.

Nuestro sincero deseo es que asumamos el compromiso de seguir a Jesús paso a paso y que, una vez vayamos alcanzando cierto grado de madurez, asumamos el rol de ser discipuladores y discipuladoras. Es el único y mejor método para la extensión del Reino de Dios en medio de nosotros. Fue además, la estrategia que compartió el Señor Jesús antes de ascender. Y en ese orden de ideas, fortalecer los procesos de discipulados y permanecer en ellos, representa para todos nosotros un factor de crecimiento y victoria espiritual, personal y familiar que constituye uno de los anhelos de todo ser humano.

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