VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Orar en familia hasta que las circunstancias cambien

Por Fernando Alexis Jiménez

Alguien me preguntó al término de una conferencia: “¿Cuánto tiempo debo orar?”. Y mi respuesta fue la misma que comparto con usted: “Lo que más pueda”. En la Biografía que hacen de Luis Palau, el afamado evangelista enfatiza que no se puede concebir a un siervo de Jesucristo y más con compromiso ministerial, que no pase mucho tiempo en intimidad con Aquél que lo llamó.

Cito nuevamente al apóstol Pablo cuando escribe a los creyentes de Éfeso:Desde que me enteré de su profunda fe en el Señor Jesús y del amor que tienen por el pueblo de Dios en todas partes, no he dejado de dar gracias a Dios por ustedes. Los recuerdo constantemente en mis oracionesy le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual  y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios. ”(Efesios 1:15-17. NTV)

Este varón de Dios no dejaba de interceder, de clamar, de elevar peticiones al Señor y de dar gracias. No había razón para no hacerlo.  Varios pasajes bíblicos confirman esa consagración a pasar tiempo en la Presencia de Aquél que nos creó (Cf. Romanos 1:9; Colosenses 1:9, 1 Tesalonicenses 3:8-10; 2 Timoteo 1:3) Igual nosotros, si tenemos conciencia que hemos sido llamados a un ministerio grande, y le recuerdo, no un ministerio de mayor relevancia en el Reino que el de la oración.

Reuber Archer Torrey, quien marcó generaciones enteras, asegura que: “El ministerio de la intercesión es un ministerio poderoso y lleno de gloria, y todos podemos participar en él… Pero, por supuesto, para mantener ese espíritu de oración constante, debemos dedicarle tiempo, mucho tiempo, cuando nos aislamos en un lugar secreto a solas con Dios solo para orar.”(R.A. Torrey. “Cómo orar-Secretos de la oración para un buscador sincero”. Editorial Peniel. Buenos Aires. 2006. Pg. 15)

Nuestro amado Salvador Jesucristo nos dio un ejemplo. Era el primero en estar en pie, para irse a buscar al Padre en oración, e incluso cuando terminaba la jornada, por muy cansado que estuviera.

Hay dos textos en los que se pone en evidencia la disciplina de nuestro Salvador en cuanto a la oración: A la mañana siguiente, antes del amanecer, Jesús se levantó y fue a un lugar aislado para orar.”(Marcos 1:35. NTV), y también: “Cierto día, poco tiempo después, Jesús subió a un monte a orar y oró a Dios toda la noche.”(Lucas 6.12. NTV)

En el Antiguo Pacto no hubiésemos podido ir ante Su Trono, pero ahora sí, por la gracia que se deriva de la obra redentora de nuestro amado Redentor (Cf. Hebreos 4:16; Juan 16:24)

Todo proceso para llegar a su feliz culminación cumple unas metas. Y desarrollar intimidad con Dios forma parte de una dinámica de crecimiento personal y espiritual, que no es solamente para unos cuantos sino para todos aquellos que disponen su corazón.

Jamás olvide que el Señor Jesús enseñó: “Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta. ”(Mateo 7:7, 8. NTV)

Haga un alto en el camino: ¿Cómo anda su vida de oración?¿Está descuidando la búsqueda de Dios? Hoy es el día para tomar una decisión. Desarrollar intimidad con el Señor parte de la disposición de corazón. Él sabe cómo hacerlo… y nos ayuda en el proceso.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirnos ahora mismo.

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