VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Archivo de Febrero, 2013

Una búsqueda personal: ser feliz

Fernando Alexis Jiménez

Imagínense por un instante un pueblecito pequeño en el que todo resulta tan familiar, que aún sin despertar el día ya todos saben qué le ocurrió a los vecinos de enfrente y a los que residen dos casas más allá. Y por esa proximidad que ha eliminado diferencias culturales, económicas y raciales, pronto se enteran que el boticario trajo de la ciudad una urna en la que dice guardar la “piedra de la felicidad”.

Vendí todo lo que tenía y la compre-explica a los visitantes al tiempo que comparte su esperanza de que ahora sí terminen sus problemas.

Alguien se anima: “Yo quiero una” y otro más le sigue, y en cuestión de horas todos tienen su propia “piedra de la felicidad”. Es así como en menos de dos semanas no hay hogar donde no se exhiba una, y ansían que llegue el atardecer para sentarse en torno al altar que le han construido.

Es eficaz– comentan sin dejar de sonreír porque esa es la misma actitud que vieron en el notario, en el tendero y en el único médico del poblado.

Sin embargo un día cualquiera uno de los parroquianos comenta que la piedra no ha traído mayores cambios a su familia, salvo que para comprarla, vendió todas sus propiedades y ahora le toca redoblar esfuerzos para conseguir el sustento.

Ya no soy feliz-admite–. Creo que era más feliz cuando podía hacer las cosas que antes–,y  aleja de su rostro todo asomo de sonrisa porque está cansado de fingir lo que no siente.

Sus frases son corroboradas por otro, y otro más, y pronto –como en una romería– decenas de personas van camino del basurero a arrojar las piedras, las que antes de llegar la noche se convierten  en un montón y se erigen como el monumento a una insaciable búsqueda de la realización personal.

De regreso a la cotidianidad, alguien comparte:– Me dijeron que en un pueblo cercano encontraron la fórmula para la felicidad–. Y comienza de nuevo el ciclo casi con iguales características que experimentaron cuando renunciaron a todo lo que poseían para comprar la piedra…

Una búsqueda personal

Este breve relato que conservo desde cuando cursaba teología en el Seminario, me llevó a reflexionar en la incesante búsqueda de realización que acompaña a decenas de personas.

Ese afán tiene varios nombres. Para algunos es la “felicidad”, para otros “paz espiritual”, hay quienes le pusieron el rótulo de “buenas relaciones con Dios” y otros más “alcanzar metas en la vida”.

Cualquiera que sea la etiqueta, expresa la ansiedad que nos despierta ver transcurrir los días sin que nada extraño ocurra para despertar un día y descubrir, aterrorizados, que poco a poco nos hacemos viejos sin que hayamos hecho algo que valga la pena o que al menos deje huellas en los demás. Eso es tanto como transitar por la existencia sin “Pena ni gloria”.

Esta condición se refleja en la vívida descripción que hace Job cuando escribe:El minero ha puesto fin a las tinieblas: hurga en los rincones más apartados, busca piedras en la más densa oscuridad. Lejos de la gente cava túneles en lugares nunca hollados; lejos de la gente se balancea en el aire. De sus rocas se obtienen zafiros, y en el polvo se encuentra oro. Abre túneles en la roca, y sus ojos contemplan todos sus tesoros. Anda en busca de las fuentes de los ríos, y trae a la luz cosas ocultas.“(Job 28:3, 4, 6, 10, 11. Nueva Versión Internacional).

El protagonista del relato bíblico encarna a muchos de nosotros, ocupados tal vez en hallar algo que le otorgue sentido a la vida. Sin embargo tropezamos con una enorme desilusión al descubrir que aquello en que creíamos encontrar la fuente de la paz, la realización personal o lo que muchos denominan “felicidad”, no es más que un espejismo.

En mi vida he acompañado como espectador a decenas de condiscípulos que dijeron en algún momento: “Ahora sí encontré el camino que debo seguir”, y comenzaron el sendero para hallarlos, después de algún tiempo, dando vueltas en el mismo lugar, sin que hayan logrado nada extraordinario salvo que se esforzaron sin resultados.

Ahora ¿Qué sigue?

Leí hace pocos días la historia de un evangelista en China que tras dedicar sus esfuerzos a predicar, caer prisionero y fruto de las torturas quedar casi inválido, oraba a Dios en medio de su desesperación para reclamarle que lo había engañado. “Me prometiste una vida plena y mírame como estoy”, repetía en la soledad de su celda. ¿Cuándo vio la respuesta? El día en que dejó de hacer las cosas a su manera y se sometió a Dios. Fue en ese instante cuando abrió el corazón al mover del Señor. Y las cosas cambiaron.

Igual situación comparten millares de seres humanos que consideran resueltas sus dificultades una vez aceptan al Señor Jesucristo. Desean una transformación rápida, como si estuvieren preparando un café instantáneo y no sujetos a la realidad de que experimentan el proceso de transformación propio de una vida en la que -con ayuda de Dios-deben producirse cambios.

En su desconcierto son semejantes a quien expresa desolado: Pero, ¿dónde se halla la sabiduría? ¿Dónde habita la inteligencia? Nadie sabe lo que ella vale,  pues no se encuentra en este mundo. «Aquí no está», dice el océano; «Aquí tampoco», responde el mar. No se compra con el oro más fino, ni su precio se calcula en plata.“(vv. 12-15).

¿Por qué tropezamos con un enorme muro en nuestro propósito de cambio? Por dos razones elementales. La primera, aspiramos cambiar a fuerza de voluntad. Y segundo, queremos una transformación con nuestros métodos y no sometiéndonos al tratamiento de Dios, el cual no entendemos fácilmente pero resulta más eficaz que cualquier otro.

Dios nos muestra el camino

A Pablo lo encontré nuevamente el fin de semana en una iglesia en la que prediqué. Nos conocimos  hace un buen tiempo cuando él cursaba estudios en el Seminario católico de Santiago de Cali mientras que yo avanzaba mi formación en el Seminario evangélico.

Pensé encontrarte en una parroquia pero no aquí-le dije sin ocultar la sorpresa que me despertó verlo alabando a Dios y con una Biblia.

Yo también pensé que algún día sería párroco, pero cuando busqué a Dios con el corazón y no con las emociones, me cambió la ruta-respondió. Está próximo a recibir la ordenación pastoral en la Alianza Cristiana y Misionera.

Sus palabras me quedaron sonando: “… busqué a Dios con el corazón y no con las emociones …”. Igual con usted y conmigo. Si volvemos la mirada a Dios encontraremos un sendero diferente, el que nos lleva a la auténtica realización, al equilibrio personal, a encontrarle sentido a nuestra existencia. A este aspecto se refería el célebre pensador y matemático Blas Pascal al decir: “Es el corazón el que experimenta a Dios y no la razón”.

El texto que pudimos apreciar hoy en el capítulo 28 del libro de Job, dice que Dios Cuando él establecía la fuerza del viento y determinaba el volumen de las aguas, cuando dictaba el decreto para las lluvias y la ruta de las tormentas, miró entonces a la sabiduría y ponderó su valor; la puso a prueba y la confirmó. Y dijo a los mortales:«Temer al Señor: ¡eso es sabiduría! Apartarse del mal: ¡eso es discernimiento!»“(Versículos 25-28).

Observe que transcurrieron veintiocho versículos antes de hallar la verdadera fórmula hacia la plenitud del género humanoY dijo a los mortales: «Temer al Señor: ¡eso es sabiduría! Apartarse del mal: ¡eso es discernimiento!»“(Versículo 28).

Si está peregrinando en la búsqueda de un sentido para vivir, lo felicito. Sólo cuando despertamos a la realidad podemos admitir errores y coincidir en el hecho de que transitar el sendero equivocado no lleva más que a la frustración.

Pero sus días pueden ser diferentes. Basta que le abra las puertas al Señor Jesucristo y le permita que obre en su ser. El dijo:Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.“(Apocalipsis 3:20).

Nuestra sincera recomendación es que le abra las puertas de su corazón a Jesucristo. Puedo asegurarle que transformará todo su ser. Sólo Él puede hacerlo y hoy es el día oportuno para que tome esa decisión.

No dudo que experimentará transformaciones en su existencia. Si le asalta alguna inquietud, escríbame ahora mismo a webestudiosbiblicos@gmail.com o llámenos al (0057)317-4913705

©  Fernando Alexis Jiménez

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VIDA NUEVA

Una imagen equivocada de Dios

Fernando Alexis Jiménez

Desde niño le enseñaron que Dios era un anciano de cabello blanco, ceño fruncido y una inmensa túnica blanca que cubría sus pies. Iba de un lado para otro, pensativo, a la caza de quienes cometían algún error. Como se sentía ofendido, inmediatamente les enviaba un castigo. No se iba por las ramas.

Esa imagen la conservó hasta la adolescencia, cuando entró al colegio bíblico y se tornó más vívida cuando ingresó al Seminario Teológico para prepararse como pastor. Jamás podrá olvidar el día de la graduación. Lucía un traje oscuro, estaba bien afeitado y peinado y su mirada reflejaba la convicción del “No puedes hacer esto o decir aquello porque el Creador se ofende”.

Desde el púlpito predicaba tal como le habían instruido en la infancia. “Dios castiga el pecado”, gritaba a los parroquianos del pueblo, en las jornadas de predicación callejera. Tenía el anhelo de que se convirtieran a Cristo. Pero no fue así. Las pocas personas que asistían al templo, progresivamente desertaron.

Oró a Dios al respecto. “¿Qué debo pensar, Señor?¿Acaso soy yo o tal vez mis mensajes?!Dime qué camino tomar!”, le decía.

Y sintió un vivo deseo de volver a las Escrituras. Las leyó con avidez. Incluso, con más detenimiento que cuando estaba en el Seminario. Sus mensajes fueron diferentes desde entonces. Sentía como si un velo se hubiese caído de sus ojos. Podía ver las cosas con una perspectiva diferente.

Los bosquejos de Dios

Hace algún tiempo la BBC de Londres publicó una imagen de lo que, según un grupo de investigadores, sería una aproximación al rostro del Señor Jesús. Por supuesto, muy distinto del hombre blanco, de ojos azules, nariz perfilada y cabello ondulado y rubio. Diametralmente opuesta a ese imaginario.

¿Por qué esa investigación chocó tanto con millares de personas? Porque lo presentaba como un hombre de baja estatura, ojos negros brillantes, cabello ensortijado y trigueño; incluso, lo hacía lucir como algo robusto. “No es el mismo Jesús del que me han enseñado”, repetían las personas.

Es probable que eso mismo ocurra con la imagen que le han ofrecido desde la niñez respecto a Dios. Permítame decirle que sólo le han pintado bosquejos. El real es muy diferente. Es un Padre celestial que nos ama y desea lo mejor para nosotros.

Dios ama, no condena sin motivo

La imagen que nos vendieron a muchos de nosotros, fue la de un Dios castigador e inmisericorde y aunque no nos lo proponíamos, era una concepción errada que incluso nos impedía orar adecuadamente. Este ha sido el principal  para que muchas personas cierren las puertas al Creador. Se sienten tan indignas de que entre a sus corazones, que prefieren seguir como hasta ahora.

Es cierto, Dios castiga el pecado cuando alguien persiste en seguir cometiéndolo y desecha el arrepentirse y cambiar. Pero nos ama y a pesar de múltiples fallas, siempre está con los brazos abiertos, presto a recibirnos. Es un Dios de amor.

El amado Señor Jesús dijo a sus seguidores, y también a nosotros hoy: Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en el Hijo de Dios no será condenado. Pero el que no cree ya ha sido condenado, por no haber creído en el hijo único de Dios.”(Juan 2:17, 18. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

El Padre celestial nos ofrece siempre una nueva oportunidad, por su infinito amor. Tenemos la posibilidad de ser transformados, si le abrimos el corazón; Él entrará y tornará renovada nuestra existencia…

A propósito, ¿le recibió en su corazón? Hoy es el día para que tome esa decisión. Ábrale las puertas de su vida al Señor Jesús. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. De la mano del Señor Jesús emprendemos el maravilloso proceso de crecimiento personal y espiritual.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a webestudiosbiblicos@gmail.com o llamarme al (0057) 317-4913705

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Orar es para valientes, no es asunto de cobardes

Fernando Alexis Jiménez

P

erdió la capacidad de ver y una pierna cuando prestaba servicio militar. En un abrir y cerrar de ojos, las hermosas imágenes que le encantaban se convirtieron en una cortina oscura que jamás le ha robado el entusiasmo y los deseos de seguir adelante, en victoria, aunque los demás digan que es imposible. Reinaldo Torres se convirtió en un ejemplo de supervivencia en Colombia.

Esa disposición de avanzar hasta la meta fue la que le llevó a abrirse paso entre las más de 50.000 personas que participaron en la maratón de Nueva York y a ser uno de los primeros en enlistarse en el primer equipo de alpinistas con discapacidad en el mundo.

Perseverancia, la palabra que se constituyo en su distintivo. Después de varios meses de entrenamiento en el gimnasio y simulacros cerca de Bogotá, Reinaldo llegó a la cima del Ritacuba blanco, el pico más alto de la Sierra Nevada del Cocuy, con 5.330 metros sobre el nivel del mar.

Aunque no pudo disfrutar del paisaje como el resto de sus compañeros, sintió la inmensidad de la montaña y se dio cuenta de que ese era apenas el comienzo de muchas aventuras.

NatGeo  lo llevó al volcán Cotopaxi, en Ecuador, pero las malas condiciones meteorológicas les impidieron “hacer cumbre” a 5.897 metros.


El joven de 30 años ya tiene claro que su próxima parada es el monte Kilimanjaro, en África, pues el objetivo de Huella es conquistar las siete cumbres más altas de cada continente…

La perseverancia, el distintivo de los triunfadores

La perseverancia es una característica en la vida de este joven invidente que ha subido hasta las cumbres, pero también, es la impronta de quienes logran metas… ¿Y en el ámbito espiritual? La perseverancia es la marca indeleble de los hombres y mujeres que persisten hasta que lo imposible se hace posible. Por eso insisto: la oración no es asunto de cobardes sino de valientes, los que siguen adelante hasta que el entorno a su alrededor se transforma y los milagros ocurren…

Ante varios de sus discípulos y sin duda decenas de personas que no perdían detalle a sus palabras, el Señor Jesús resaltó la especial significación que tiene la perseverancia si deseamos movernos en la dimensión sobrenatural de Dios: Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. ”(Lucas 11:9. Nueva Traducción Viviente)

Seguir pidiendo es eso: no dar vuelta atrás, avanzar, persistir, llegar al final. Como el competidor que, a pesar de sus limitaciones físicas y lo adverso de las circunstancias, se decidió llegar a la cima. Disposición, fe, perseverancia. No hay otra opción.

Dios responde con poder a nuestras oraciones pero, sin duda, espera que seamos perseverantes.

Quien persevera, alcanza

Nuestro amado Salvador Jesucristo enseñó que aquél que persevera, alcanza. Una oración persistente derriba los obstáculos: Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.”(Lucas 11:10. Nueva Traducción Viviente)

¿Desea que ocurran los milagros? Persevere. ¿Anhela que cambien las circunstancias que enfrenta hoy? Persevere. ¿Desea que Dios imprima cambios en la vida de alguien? Persevera. ¿Desea crecimiento personal y espiritual? Persevere. Si todo lo regamos con oración y, perseveramos, tenemos asegurada la victoria.

Llegan a la meta quienes perseveran y más cuando nos movemos en la dimensión espiritual, como enseñó el Señor Jesús: Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos.”(Lucas 18:1. Nueva Traducción Viviente)

Puedo asegurarle que, si dispone su corazón para persistir sobre aquello que ha pedido a Dios en oración, verá los resultados. ¡Hoy es el día para remprender el clamor hasta que el milagro ocurra!

Y si todavía no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día oportuno para que le abra las puertas de su corazón. Le aseguro que no se arrepentirá.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a webestudiosbiblicos@gmail.com o llamarnos al (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

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