VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Rompa las cadenas de la mentira que lo llenan de problemas

Fernando Alexis Jiménez

N

i Jorge mismo se explica por qué mintió. Ese día salió con unos amigos a celebrar el cumpleaños de un compañero, en un restaurante cercano. El tipo de celebraciones que van más allá de lo previsto. Pronto el tiempo se había ido volando. Miró el reloj. Cerca de las once de la noche. Y aun cuando condujo con rapidez a casa, llegó cerca de la media noche.

 –¿Dónde andabas, amor?—preguntó ella, amorosa, sin ninguna prevención.

Me quedé procesando unos informes—la mentira, razonó Jorge, pero creyó lo más conveniente decirla antes que confesarle que había estado con sus amigos.

Otra vez mintiendo—reclamó ella, comenzando a alterarse–. No estabas trabajando porque llamé a la oficina y el guarda de seguridad me dijo que saliste pasadas las cinco de la tarde. Y Natalia, mi prima, te vio con algunas personas en un restaurante del sur de la ciudad. ¡Y había mujeres!

 Ese fue el comienzo de un problema que se prolongó por varios meses y que trajo mucho dolor a la vida de Jorge.

 Aun cuando quiso explicarle la verdadera razón de la tardanza, y que estaba en la celebración de un cumpleaños, todo fue inútil. Bien tarde comprendió el problema en el que estaba inmerso.

 ¿Le ha ocurrido alguna vez que por encubrir algo incómodo o de lo que tal vez no quería hablar, dijo una mentira y terminó enredado en problemas? Lo más seguro es que sí. Todos los seres humanos arrastramos la inclinación a mentir, y en nuestras fuerzas no nos sobreponemos a esa atadura sino con ayuda de Dios.

 Descubriendo las mentiras

 Toda mentira termina quedando al descubierto. Temprano o tarde. Es una realidad que no podemos desconocer.

 La profesora de informática en la norteamericana Universidad de Columbia, Julia Hirschberg, trabaja hoy en un sistema para identificar las mentiras que se dicen durante una conversación o un discurso. Se trata de  un programa de computador que analiza discursos a partir de cambios en el tono, de vacilaciones, repeticiones, risas nerviosas, como indicios de mentiras o de verdades a medias. (Anita Patil, autora. New York Times. 11 de enero de 2012. Página 23)

 La búsqueda de identificar verdades y mentiras, no tiene límites. En la India un juez condenó a un reo con base en los datos de un tomógrafo que, al medir las reacciones del acusado, detectó sus engaños. Se trata, por cierto, de una versión sofisticada de los conocidos detectores de mentiras en uso.

 Hay otro artefacto, el BEOS –sigla que designa otro detector–, el cual registra las oscilaciones eléctricas del cerebro y produce imágenes que revelan las ansiedades del mentiroso y fue utilizado  cuando se escuchaba a una mujer que hablaba de la muerte de su novio. El juez encontró allí la prueba de la mentira y culpabilidad de la mujer.

 El director del Portal y Revista Vida Nueva, Javier Darío Restrepo, escribió que: “Este avance triunfante de la mentira frente a la minusvalidez de la verdad le está costando caro a la humanidad porque derrumba los muros de confianza en que se apoyaban las relaciones entre naciones, instituciones y personas. La confianza se ha convertido en moneda de baja circulación desde que la mentira se hizo moneda corriente y con fuerte respaldo… Para eliminar estas semillas de desconfianza se necesitará algo más que la tecnología. Porque la raíz de la mentira, instrumento del mal, está en el corazón del hombre. Allí debe comenzar la cacería, porque es el lugar donde nacen el espíritu de verdad, lo mismo que el de mentira.” (Edición Vida Nueva. Editorial. Febrero 25 de 2012)

 Es imperativo por encima de cualquier cosa, que recobremos el valor de la verdad y, con ayuda del Señor Jesús, podamos dejar de lado el gobierno de la mentira sobre nuestro ser.

 Cambiar esquemas de pensamiento

 La mentira queda grabada en lo más profundo del ser humano. Es necesario cambiar nuestros esquemas de pensamiento como paso para dejar de lado su semilla en nuestras vidas (Romanos 12:2). Recuerde que sólo Cristo Jesús puede darnos la fuerza para vencer ya que por años, quizá décadas, encontramos en la mentira un comportamiento que considerábamos válido y aceptable.

 La sociedad en la que nos desenvolvemos legitima las mentiras, de ahí que nuestro cerebro haya procesado la información de que no hay nada malo en encubrir la verdad. Este es el aspecto al que se refiere el rey David cuando escribió: “Falsedad habla cada uno a su prójimo; hablan con labios lisonjeros y con doblez de corazón. Corte el Señor todo labio lisonjero, la lengua que habla con exageración”.(Salmo 12:2, 3)

 Esa práctica lo que hace es levantar una enorme barrera en nuestras relaciones interpersonales. Genera desconfianza entre quienes nos desenvolvemos. No creen y, además, pueden pensar que cuanto les decimos está rodeado de engaño. ¿Comprende la importancia de aplicar correctivos?

 Hay personas a la que ni siquiera sus propios padres les creen lo que dicen; es más, ellos mismos, quienes pronuncian esas frases, tampoco creen lo que expresan sus labios.

 Un comportamiento así, nos distancia de Dios, como señalan las Escrituras: “Seis cosas hay que odia el Señor, y siete son abominación para El: ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, un corazón que maquina planes perversos, pies que corren rápidamente hacia el mal, un testigo falso que dice mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos”(Proverbios 6:16-19).

 Un joven universitario con el que hablé esta semana me decía presa de la desesperación: “No se qué hacer. Toda mi vida es una mentira”. Progresivamente, como lo relató, se iba desmoronando el castillo de engaños que había levantado a su alrededor.

 Salir de la tremenda atadura de la mentira no será fácil en nuestras fuerzas, pero sí con el poder del Señor. Él nos fortalece y ayuda en cada paso de manera que podamos materializar el consejo del apóstol Pablo: Así que dejen de decir mentiras. Digamos siempre la verdad a todos porque nosotros somos miembros de un mismo cuerpo. ”(Efesios 4:25. Nueva Traducción Viviente)

 Sólo el poder transformador de Cristo en nuestras vidas opera el cambio que anhelamos. ¡Usted puede lograrlo, se lo aseguro.

 Pero hablando de Jesús el Señor, ¿ya lo recibió en su corazón como su único y suficiente Salvador? No deje pasar esta oportunidad. Es la mejor decisión que jamás haya podido hacer. Es el principio de ese proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto necesita.

 Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@gmail.com o llamarnos al (0057)317-4913705

 © Fernando Alexis Jiménez

 

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