VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

¿Se le dificulta convivir con otras personas?

Fernando Alexis Jiménez

S

e preguntó: “¿Cómo soportar a los compañeros de la factoría?” La pregunta se la hizo una y mil veces de camino al trabajo. Los lunes, en particular, eran mortificantes. Ver a la secretaria con su preocupación desmedida por el arreglo personal y el maquillaje, al arquitecto de al lado corriendo para entregar el trabajo atrasado de la semana anterior, a la señora que hace el aseo que no tiene cuidado al limpiar el escritorio y desajusta las conexiones del computador.

“¿Qué hacer para aguantar un día más a la esposa”. Siempre las mismas preocupaciones: que si podría traer medicamentos de la farmacia de regreso a casa; que pagara en el banco las facturas por servicios públicos; que se pusiera al día en la cancelación de los impuestos de la casa; que era necesario reparar el grifo del lavaplatos; que no dejara tanto libro y revistas regados por ahí; que dejara de ver televisión en la noche para dedicarse más a los hijos… la lista era interminable.

“¿Qué hacer para soportarse a si mismo?”. En algunas ocasiones no quería ni siquiera mirarse al espejo. Levantarse de la cama cuando deseaba dormir una hora más, era un verdadero martirio. Razonaba que tenía muchos documentos por escribir, revisar y aprobar. Las jornadas le parecían demasiado largas y en ocasiones quiso dormirse para no despertar nunca más. Sin embargo el reloj despertador hacía tronar la alarma justo a las seis de la mañana.

Echó una mirada al calendario sobre el escritorio. Día seis. “¡El mes es demasiado largo!”, razonó mientras comenzaba a escribir un informe técnico… Le asaltaba la extraña sensación de que vivir se había convertido en un dolor de cabeza…

¿Por qué llegamos “al límite”?

Con frecuencia culpamos a los demás por el estado de ánimo en que nos encontramos: a nuestro cónyuge, a nuestra familia, la ciudad en que residimos, el salario que percibimos, la jornada de trabajo… y la lista prosigue hasta tornarse ilimitada. Sin embargo es importante que a la cadena de preguntas formulemos una más:¿El problema está en los demás o se encuentra en cada uno de nosotros? Es esencial que despejemos este interrogante.

Si hacemos una auto-evaluación para comprobar qué nos ocurre, es probable que concluyamos que no es ni el jefe, ni los compañeros de oficina, el cónyuge o la iglesia a la que asistimos, sino que hay en nosotros una visión distorsionada de la realidad que nos conduce a desencadenar tormentas en un vaso de agua.

Debemos ajustar los lentes; solo de esta manera apreciaremos todo en su verdadera dimensión. Permítanme ilustrar este hecho con un recuerdo que tengo de mi lejana infancia en el pueblo donde crecí. Los sábados cuando generalmente se realizaba el mercado, llegaban todo tipo de vendedores provenientes de otras poblaciones.

Vendían un ungüento que curaba todo, hasta la pobreza; un agua de colores que el comerciante anunciaba como esencial para que los negocios marcharan bien; revistas y periódicos viejos que para muchos de nosotros eran una novedad dado que teníamos poco contacto con la ciudad, y algo bien curioso: la más gigantesca colección de lentes que el interesado—es decir aquellos que iban perdiendo la visión—se colocaban una a una.

Con estos lentes veo borroso… con éstos las cosas lucen muy distantes… con estos no distingo bien las formas y detalles de los objetos… pero con estos… a ver… si, con estos veo bien…—solía repetir el parroquiano que se paraba junto al optómetra empírico que regaba en un mantel plástico la gama de monturas y cristales que traía de otros lares. Desde una perspectiva práctica, eso es lo que requerimos: una visión clara de cuanto que está ocurriendo y, en particular, de los factores que desatan choques en las relaciones interpersonales.

Una relación vertical y horizontal

Cuando nuestra relación con Dios marcha en un nivel óptimo, es decir, cuando tenemos una vida devocional estable, leemos la Palabra para aprender y aplicar nuevos principios de vida cristiana práctica y avanzamos –a pasos lentos pero sostenidos– en el crecimiento personal y espiritual, nuestra proximidad al Señor se refleja en el trato con los demás.

Ese esquema sencillo, en las líneas vertical: Dios-hombre y, horizontal: hombre-quienes le rodean, toma fundamento en unos versículos de especial significación que hallamos en la primera carta del apóstol Juan. “Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios.”(1 Juan 5:1, 2. Nueva Versión Internacional).

Profesar fe en Jesucristo debe testimoniarse de manera práctica. No es tanto decir mucho, acompañarnos siempre con la Biblia y asistir a la congregación. La esencia de todo es que tornemos real, en los pensamientos y acciones, aquello que profesamos.En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.”(Versículos 3, 4 a - NVI).

¿Cómo lograr óptimas relaciones interpersonales?

Hasta tanto pongamos en orden nuestra casa, es decir nuestro mundo interno, y que Dios tome el control de todas las áreas, tanto emocionales como espirituales en el ser, difícilmente habrá equilibrio. Avanzaremos en algunos aspectos pero cederemos o caeremos en otros.

¿Un ejemplo gráfico? El cristiano que es tranquilo, sosegado al actuar, asiste con puntualidad, pero cuando le dicen que es necesario apoyar a alguien porque su situación económica es calamitosa y no tiene para cubrir los gastos familiares, de inmediato protesta y amenaza con irse de la congregación. Está bien en algunos puntos, pero deficiente en otros.

Lograr ese punto de equilibrio o de flote, para utilizar un término de economía, es posible cuando involucramos al Señor Jesucristo. Es por fe, no con base en nuestras propias capacidades, piedad o inclinación a ser buenos. “Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”(1 Juan 5:3 b, 5).

¿Se da cuenta que el proceso de encontrar un punto de equilibrio que nos permita tener paz en aceptarnos, mantener una buena relación con Dios y adecuadas relaciones interpersonales, no es complicado? Por el contrario, advierte el apóstol Juan que es posible.

¿Cómo se inicia? Reconociendo que tal vez atravesamos una situación caótica porque quisimos manejar las cosas a nuestra manera. El proceso avanza cuando damos un nuevo y significativo paso: abrir el corazón al Señor Jesús para que aplique los cambios necesarios en nuestro ser. Tercero, aplicando con solidez, así no lo logremos inmediatamente, las pautas de vida cristiana práctica. Cuando hay cambio en nosotros, sin duda impactará a quienes nos rodean.

A propósito, no olvide recibir a Jesucristo como único y suficiente Salvador. Es más fácil de lo que uno cree. Basta disposición y decirle en oración, incluso allí frente a su computador, que le abre las puertas de su corazón y que desde hoy será su Señor.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@gmail.com o llamarme al (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez – Síganos en www.guerraespiritual.org

Twitter @oraciondepoder

Facebook http://facebook.com/fernandoalexis.jimenez

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