VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

No desaproveche una segunda oportunidad

Fernando Alexis Jiménez

E

staba en la mafia. No fue algo esporádico, sino de tiempo atrás. Sus amigos decían que “de mucho tiempo atrás”. Desde muy joven le gustó el dinero y, cuando se dio cuenta que vendiendo drogas, lo podía conseguir, no desaprovechó la oportunidad. Comerciaba con crac, heroína y cocaína y, de paso, consumía. Pasaba noches enteras abrazado a una jeringa. Perdió el conocimiento infinidad de veces.

 

Por eso, el que ahora estuviera de rodillas ante un gánster por consumirse buena parte de las ganancias, y con una pistola automática apuntándole a la frente, no era extraño.

 

Rolando cerró los ojos. Sabía que eran sus últimos segundos. El jefe de la red de expendedores lo increpaba y él limitaba a pedirle ayuda a Dios. Por su mente pasaban las escenas de lo malo, pero también, de sus padres. Él un comerciante de abarrotes, ella una ama de casa tranquila y en cierta medida, sumisa. Nadie podrá imaginar jamás lo eterno que le parecieron esos segundos. Finalmente se atrevió a musitar:

Por favor, perdóneme…– Ni él mismo se explicaría, tiempo después, de dónde sacó fuerzas para decirlo—Le prometo que no volverá a ocurrir–.

 

El hombre lo miró con desprecio. Razonó que no valía la pena gastar balas en aquél drogadicto. “Vete; pero vete bien lejos que no quiero volver a verte jamás”, le increpó.

 

 

Dios nos ofrece siempre una nueva oportunidad…

 

Y ahí estaba Rolando, corriendo, desesperado, como si se tratara de un sueño. En casa, esa noche, por primera vez, se dispuso a escuchar consejos de su madre. Y recibió a Cristo. Lo hizo con ansias y lo único que le pidió fue que le ayudara a salir del mundo de las drogas. ¡Jamás volvería a hacerlo! Quería aprovechar al máximo esa segunda oportunidad… Se la debía a Dios, porque creyó que estaba –ese día—a las puertas de ir a la eternidad.

 

Aproveche una nueva oportunidad

 

Todos tenemos una nueva oportunidad. Es cierto, hemos fallado; sin embargo podemos reemprender el camino, tomados de la mano de Jesucristo. Si hemos errado, Él nos comprende y está dispuesto a ayudarnos en el proceso de levantarnos y seguir adelante en el proceso de crecimiento.

 

En alguna oportunidad, una mujer fue sorprendida en adulterio. Todos querían condenarla. ¡Había pecado! El amado Salvador reclamó que, quien no hubiese cometido pecado, fuera el primero en arrojar una piedra contra ella. Relata el Evangelio que la mujer quedó sola con Jesús. Poco a poco se fueron aquellos que iban a apedrearla.

 

La escena fue conmovedora: “Entonces él se incorporó y le preguntó—Mujer, ¿dónde están?  ¿Ya nadie te condena? —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. ”(Juan 8:10, 11, Nueva Versión Internacional)

 

Una respuesta contundente, pero a la vez, esperanzadora. La instrucción del Señor Jesús fue clara y puntual: “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar”.

Cierta persona que me escribió desde el Paraguay, me consultaba sobre el dilema de perdonar o no a su esposa, en cuyo teléfono celular había descubierto un mensaje de texto que corroboraba su infidelidad. Mi recomendación fue hablar del asunto con ella y, con ayuda de Dios, encontrar una salida.

Cuando buscamos a Dios, Él nos concede la victoria para vencer sobre el desánimo, la tentación o cualquier emoción negativa…

 

La mujer reconoció su error y le pidió una nueva oportunidad. Perdonarla no fue fácil, pero su hogar marcha hoy como él lo quiso siempre. Su compromiso fue el de no recabarle en el error, y el de ella, guardarle fidelidad. Piénselo: operó una segunda oportunidad, que es la que Dios nos concede siempre, y nos permite reemprender el camino, construyendo desde hoy nuestro mañana.

 

Ser creyente, un camino a la victoria

 

Hay dos perspectivas para mirar la vida cristiana: la primera, como una existencia aburrida, plagada de “No digas”, “No hagas”, “No toques”. O aquella que descubrí y comparto con usted: un maravilloso camino de aprendizaje en el que no avanzamos solos sino con ayuda de Dios.

 

El escritor y conferencista cristiano, Lucas Leys, señala apropiadamente que “Aunque algunos se molesten, tengo que decir que no conozco a nadie que le haya entregado su vida a Cristo porque en una discusión lo convencieron de que la Biblia dice la verdad… Lo que hace que sea poderoso lo que enseña la Biblia es primeramente nuestra relación con Dios, y sin esa relación, sin el testimonio que esa relación produce, queda invalidado a los ojos de los demás lo que podamos decir sobre lo que enseñan las Escrituras. Nuestro testimonio de vida es siempre nuestro mejor argumento, y si es el estilo de vida propuesto en la Biblia, no tardaremos en tener el fruto del Espíritu Santo, lo cual automáticamente nos hará una persona más atractiva para los demás, quienes querrán escuchar lo que tenemos que compartir”( Lucas Leys. 101 preguntas difíciles, 101 respuestas directas. Editorial Vida. EE.UU. 2011. Pg. 18)

 

Se transformados y testimoniar del cambio, es posible cuando hay disposición en nuestro corazón. Una vez reconocemos nuestro error y concluimos que en nuestras fuerzas no es posible cambiar, dejamos que el amado Jesús, nuestro Señor, opere la transformación que anhelamos: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3:20, Nueva Versión Internacional)

 

Cuando damos ese paso esencial, se produce una modificación entre el presente y el pasado. Ya no seremos los mismos. Todos los pecados y errores del ayer quedan borrados, y se abren ante nuestros ojos los capítulos el blanco de la nueva vida que está por escribirse como lo describe magistralmente el apóstol Pablo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”(2 Corintios 5.17, Nueva Versión Internacional)

 

No podemos permitir que el ayer nos atormente, y doblegarnos bajo el desánimo por lo que hicimos antes. Hay una nueva oportunidad en Dios, y debemos aprovecharla al máximo.

 

A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo como Señor y Salvador? No deje pasar esta oportunidad. Hoy es el día para que tome esa decisión. Ábrale las puertas de su corazón. Puedo asegurarle que no se arrepentirá. Dios tiene para usted, planes maravillosos.

 

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@gmail.com o llamarme al (0057) 317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

No olvide visitar www.guerraespiritual.org y nuestro Blog. Aquí siempre hay algo nuevo…

 

 

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