VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Archivo de Junio, 2011

Falta de perdón: puerta abierta al mundo

Falta de perdón: puerta abierta al mundo

de las tinieblas

Sólo la fuerza liberadora que proviene de Dios, nos permite vencer la tremenda atadura que desencadenan el odio y el rencor…

 

Fernando Alexis Jiménez

¿Cuándo me sanaré?”, preguntó la mujer por la que estábamos orando. Mi esposa y yo llevábamos una semana en ese mismo trajín. Apenas regresaba de la oficina, iba directamente hasta donde esta amable señora que padecía unos dolores insoportables y un progresivo deterioro de sus articulaciones.

 

Dos semanas antes un médico se había dado por vencido y, tras mandarle unos medicamentos para paliar el dolor, se limitó a recomendarle que tuviera “paciencia”.

 

Por eso estábamos clamando. Ella era consciente de que la única salida era buscar a Dios.

 

Al principio no encontraba respuesta a tal pregunta. Luego, en oración y mientras buscaba la respuesta divina, tuve la respuesta. Por esa razón cuando tuve un nuevo contacto con ella le dije:

 

–¿Usted guarda rencor por alguien?—le pregunte.

 

Lo pensó unos instantes y aseguró: –Realmente no creo… aunque ahora que lo pienso detenidamente, sí, detesto a mi yerno. Siempre he pensado que se robó a mi hija y ahora le da mala vida. No puedo perdonarlo–.

 

Hablamos y cuando fue consciente de que a menos que perdonara, no vendría la sanidad, aceptó perdonar.

 

Seguimos orando por ella cada noche hasta el día que nos anunció con alborozo:

 

Ahora si me siento muy bien—y movió sus brazos, mostrando que iba en franca mejoría y hacia su sanidad plena.

Con ayuda de Dios podemos perdonar...

Con ayuda de Dios podemos perdonar...

 

 

 

Hoy es una persona diferente. Asiste a la congregación. Está totalmente renovada. El perdón fue en ella el secreto para emprender recobrar su estado de salud.

 

Perjuicios por la falta de perdón

 

Con frecuencia ignoramos los enormes daños y mal que provoca la falta de persona en un ser humano. Además de estancar el proceso de crecimiento espiritual, sentir algo contra alguien roba la paz y produce incluso enfermedades.

 

Y algo de suma importancia, va en contravía de los postulados bíblicos para una vida cristiana práctica. ¿La razón? El perdón es un principio para una existencia renovada y creciente.

 

En cierta ocasión al dialogar con sus discípulos, el Señor Jesús les instó al perdón. “Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: –Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?  –No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces–le contestó Jesús–.”(Mateo 18:21, 22).

 

Nosotros somos quienes ponemos límites a perdonar, y yendo más allá, colocamos un rótulo imaginario a quienes nos rodean. Tal rótulo dice: “A este perdono”, “A este no perdono”. Si vamos con ese razonamiento ante el Señor Jesús, nos encontraríamos con la misma respuesta que le dio a Pedro: El perdón no puede ser determinado número de veces sino por siempre.

 

Una puerta al mundo de las tinieblas

 

Quien no perdona, anida resentimiento y odio en su corazón. Es una puerta abierta al mundo de las tinieblas. A partir del momento en el que usted considera que no puede perdonar o que no quiere hacerlo, quien tiene derecho legal para afectar u oprimir su vida, es Satanás. Él es quien gana ventaja.

 

Conozco infinidad de personas que experimentan estancamiento en su vida personal y espiritual, porque se negaron y persisten en su disposición de no perdonar. Cuando deciden perdonar, con ayuda de Dios, su existencia comienza un proceso de renovación sin precedentes.

 

La falta de perdón pone tropiezo a nuestras oraciones

 

“¿Por qué nuestras oraciones no reciben respuesta divina?”, se preguntan las personas con frecuencia. Desconocen un principio que trazó el Señor Jesús para los creyentes: “Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.”(Marcos 11:25).

 

Si nos atenemos a esta pauta, es necesario que nos pongamos a cuenta con las personas que nos rodean: padres, hermanos, cónyuge, amigos, con absolutamente todos.

 

El perdón al prójimo libera el perdón de Dios

 

En el evangelio leemos un principio que no podemos desconocer: “Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.”(Mateo 18:35).

 

Si aspiramos el perdón divino –¡y bastante que lo pedimos cuando reincidimos en tantos errores que prometimos no cometer de nuevo!– es necesario que primero, perdonemos. No olvide que el perdón forma parte de la naturaleza divina: “Pero en ti se halla perdón, y por eso debes ser temido.”(Salmo 130:4).

 

Es probable que, al hacer un examen cuidadoso de su existencia, descubra que su mayor tropiezo es la falta de perdón. Reconoce que le ha traído problemas y en ocasiones, ha robado su tranquilidad. Una pregunta que cabe aquí: ¿Piensa seguir experimentando esa situación o ya se decidió por el perdón como fuerza liberadora para su vida?

 

Ahora, es probable que diga: “No puedo perdonar. Apenas lo intento, vienen a mi mente los múltiples males que me ha provocado aquella persona por quien siento rencor”. Si es así, vuelva su mirada al Señor Jesucristo. Con su divina ayuda es posible perdonar…

 

Paso para ser liberados

 

Infinidad de personas a quienes he tratado, bajo situación de posesión o influencia demoníaca, han podido romper las ataduras sólo al término de un proceso de auto evaluación que les llevó a reconocer que guardaban rencor contra alguien.

 

Cuando se decidieron a perdonar, el proceso de liberación espiritual fue mucho más fácil. Insisto, perdonamos no en nuestras propias fuerzas sino en las que provienen de Dios. ¡El quiere que seamos libres! La decisión de perdonar es sólo suya.

 

Tengo una pregunta final: ¿Ya aceptó a Jesucristo como su único y suficiente Salvador? Es muy fácil. Basta que le repita esta sencilla oración pero en sus propias palabras: “Señor Jesucristo, reconozco que mi vida de pecado me ha mantenido distanciado de ti. Admito que no está bien y que he experimentado las consecuencias. Yo te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Te agradezco que hayas perdonado mis pecados en la cruz y por tu sacrificio redentor me hayas abierto las puertas a una nueva vida. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

Si hizo esta sencilla oración, lo felicito. Ahora su vida será diferente. Resta que le haga tres sugerencias. La primera que haga de la oración un principio de vida. Orar es hablar con nuestro amado Dios. La segunda, que inicie la lectura de porciones de las Escrituras. En ellas aprenderá principios sencillos de vida cristiana práctica. La tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Animo! Su vida desde hoy será diferente…

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057) 317-4913705

Email pastor fernandoalexis@hotmail.com

 

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Piense diferente, viva diferente

Piense diferente, viva diferente

 

Emprender el proceso de cambio, parte de abrirle las puertas de nuestro ser a Dios para que Él derribe las fortalezas de maldad establecidas por el mundo de las tinieblas en la mente…

 

Fernando Alexis Jiménez

Desesperación. Soledad. Desolación. Liliana sentía que todo convergía en el mismo punto: una crisis personal que no podía explicar. Incluso, creía que sus reacciones explosivas que derivaban en ira descontrolada e irracional, tenían origen en factores genéticos. Esa era su excusa. Sin embargo, tiempo después reconoció que no era así.

 

La tranquilidad de su habitación, un atardecer de domingo cuando todos fuera iban de paseo, veían una película o simplemente caminaban en un parque, le sirvió para reflexionar.

 

Una compañera de trabajo le habló de control que ejerce el mundo de las tinieblas sobre las personas.  Una locura”, pensó al comienzo. En la quietud de la estancia, concluyó que anhelaba cambiar su forma de ser pero siempre terminaba en fracaso.

 

Lo había intentado infinidad de veces; tantas, que perdió la cuenta. “No vale la pena intentarlo de nuevo”, solía repetir.

 

Su lucha tenaz persistió hasta el día que se rindió a Cristo y le permitió que gobernara su ser, comenzando por la mente. Siguiendo el consejo de una amiga, abrió su mente a nuevos pensamientos, de Dios. Las fortalezas de maldad, producto de muchos años de pecaminosidad, se fueron desmoronando.

 

Fue Dios y nadie más que Dios, quien produjo el cambio que por años había deseado. Pensar diferente, lo llevó a actuar diferente. Ahí fue cuando descubrió que una vida plena sí era posible…

 

Fortalezas espirituales de maldad en la mente

 

Com ayuda de Dios emprendemos una existencia renovada

Com ayuda de Dios emprendemos una existencia renovada

Un error que se comete con frecuencia, es creer que al convertirnos a Cristo, automáticamente se produce una transformación de nuestra mente. Equívoco. Lo que sí ocurre es que emprendemos una nueva vida, pero es necesario emprender el proceso de transformación en nuestra forma de pensar para que se modifique nuestra forma de actuar. Es un proceso (Cf. 2 Corintios 5:17)

 

 

 

Dios es quien hace la obra, que comienza derribando las fortalezas mentales que estableció Satanás en la persona que no tenía a Cristo en su corazón. ¿De qué manera lo hacía? Cegando la mente de hombres y mujeres para que no conocieran ni recibieran conscientemente la Salvación de Cristo, como enseñó el apóstol Pablo a los creyentes de Corintio en el primer siglo, y que aplica a nosotros hoy: “Si la Buena Noticia que predicamos está escondida detrás de un velo, sólo está oculta de la gente que se pierde. Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Somos incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acera de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios.”(2 Corintios 4:3, 4. Nueva Traducción Viviente Cf- 2 Corintios 11:3)

 

Al no filtrarse los pensamientos, paso esencial para recobrar el dominio de nuestro ser (Cf. Filipenses 4:8), nuestro enemigo espiritual generó engaño, temor, rechazo, preocupaciones irracionales e infundadas, ansiedad, negativismo y olvido. Igualmente una pasividad que resulta peligrosa, porque se acepta todo sin evaluarlo. Incluso, se asumen sin cuestionamiento los recuerdos traumáticos del pesado, aun cuando desencadenen dolor y resentimiento.

 

¿Qué hacer? Rendir nuestra mente a Dios, saliendo al paso de los engaños que desata el mundo de las tinieblas (Cf. 2 Corintios 11:3)

 

Si permitimos que persistan las ataduras, Satanás será el que gobierne nuestra forma de pensar y de actuar. Es como vivir conscientemente junto a un animal muy peligroso… Este principio lo ilustra un incidente ocurrido en Hanoi, capital de Vietnam. Las autoridades se llevaron una gran sorpresa cuando al requisar a los pasajeros del tren, descubrieron debajo de un asiento, que algunas bolsas de lona se movían como si tuvieran vida propia. Al revisarlas encontraron varias serpientes cobra.

 

Uno de los funcionarios de la empresa ferroviaria, Pham Quynh, explicó que las víboras iban con destino a un restaurante típico. “Los pasajeros sabían del peligro, pero sin embargo lo aceptaban”, explicó-

 

Igual quienes saben que están bajo las redes de Satanás y sus huestes, que gobiernan sus pensamientos, y no hacen nada para impedirlo aun cuando saben que Cristo les hace libres.

 

Permítale gobernar a Dios

 

Dios rompe toda atadura. Derriba las fortalezas mentales. Nos permite retomar el control. Si nuestro amoroso Padre celestial gobierna nuestra mente, todo nuestro ser estará en armonía y podremos emprender exitosamente el proceso de transformación y crecimiento personal y espiritual como enseñó el profeta Isaías: “¡Tú guardarás en completa paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos! Confíen siempre en el SEÑOR, porque el SEÑOR Dios es la Roca Eterna.”(Isaías 26:3, 4. Nueva Traducción Viviente)

 

Un acercamiento sincero a Dios, reconociendo que no es en nuestras fuerzas sino en las de Él que podemos cambiar, nos permitirá dar pasos firmes en esa dirección. Cuando luchamos confiando en nuestra capacidad, irremediablemente terminaremos en fracaso, En cambio, si vamos a nuestro Padre, tenemos asegurada la victoria: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que ha hecho, Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.(Filipenses 4:6, 7. Nueva Traducción Viviente)

 

Téngalo presente: Dios transforma, no nosotros. Lo que sí podemos hacer usted y yo, es disponernos para el cambio. Determinar iniciar el proceso. Si dependemos del Señor, Él hará el resto.

 

No obstante, la decisión es nuestra y nada más que nuestra. Dios nos ofrece una nueva oportunidad siempre, pero no nos obliga, como lo explicó al pueblo de Israel en el desierto—en el umbral de entrar a la tierra prometida—y como nos instruye ahora: “¡Ahora escucha! En este día, te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre la prosperidad y la calamidad…Hoy te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre las bendiciones y las maldiciones. Ahora pongo al cielo y a la tierra como testigos de las decisiones que tomes. ¡Ay, si eligieras la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir!”(Deuteronomio 30: 15, 19. Nueva Traducción Viviente)

 

Esta es la oportunidad de emprender una nueva vida. Está disponible para usted. Si le permitimos que gobierne nuestra mente, seremos impactados y transformados a plenitud.

 

Recobre su mente y emprenda el cambio

 

El hombre estaba sentado en la delegación policial, El interrogatorio llevaba más de cuatro horas. Los investigadores estaban exhaustos y a las puertas de la desesperación.

 

No sé por qué lo maté; simplemente, mi mente quedó en blanco. Luego me doy cuenta: le quité la vida a mi mejor amigo”, argumentaba.

 

El mundo de las tinieblas gobernaba sus pensamientos, por eso, perdía el dominio propio.

 

Sólo cuando Cristo gobierna nuestra mente, recobramos el control de todo nuestro ser. Es entonces cuando podemos emprender el proceso de transformación y crecimiento personal y espiritual, como instruyó el rey Salomón: “Una persona sin control propio es como una ciudad con las murallas destruidas.”(Proverbios 25:28. Nueva Traducción Viviente)

 

 

Recuerde: cambiar nuestros pensamientos incidirá en nuestra forma de actuar; de ahí la importancia de que Dios gobierne todo nuestro ser.

 

 

El apóstol Pablo fue enfático al explica que “…todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡Una nueva vida ha comenzado!”(2 Corintios 5:17, Nueva Traducción Viviente)

 

El crecimiento espiritual y la renovación de la mente deben ir de la mano (Cf. Efesios 4:22-24) Experimentamos libertad en Cristo, cuando Dios gobierna nuestro ser, incluidos los pensamientos, y de esta manera se afecta positivamente la voluntad a través de la cual tomamos decisiones.

 

No olvidemos que la mente refleja lo que pensamos; la voluntad materializa lo que queremos y las emociones ponen de manifiesto lo que sentimos. La lucha, entonces, debe ser permanente y perseverar, porque nuestro enemigo, Satanás, querrá que experimentemos estancamiento o revés en nuestra determinación de pensar diferente para obrar diferente (Cf. 1 Pedro 5:8)

 

Usted puede cambiar. Experimentar esa transformación que anheló por años. Con ayuda de Dios, podemos lograrlo (Cf. Filipenses 4:13); sin embargo, es necesario que renovemos nuestra forma de pensar para que nuestras actuaciones estén en consonancia con nuestra nueva naturaleza de cristianos. Una nueva criatura…

 

¿Tomó la mejor decisión de su vida?

 

La mejor decisión que toda persona puede tomar, es rendirse a Cristo, Abrirle las puertas de su corazón. Es sencillo, basta que le diga en oración allí donde se encuentra; “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado y que hasta hoy, mi vida ha sido un fracaso porque la mente del viejo hombre me dominaba. Gracias por morir por mis pecados en la cruz y abrirme las puertas a una existencia renovada. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

Puedo asegurarle que su vida jamás será la misma. Aceptar a Cristo es la mejor decisión. Ahora tengo tres recomendaciones para usted: la primera, que ore diariamente. Orar es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios para el crecimiento y la transformación personal y espiritual, y por último: comience a congregarse en una Iglesia cristiana. Otras personas que comparten su fe en Jesucristo, le ayudarán en el proceso de cambio.

 

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@hotmail.com o llamando al (0057) 317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

 

Síganos en www.guerraespiritual.org y también, escúchenos en www.triunfandostereo.org de Lunes a Viernes a las 4:00 pm, hora de Colombia; 2:00 pm, hora de Los Ángeles; 5:00 pm, hora de Nueva York; 6:00 pm, hora de Buenos Aires; 9:00 pm, hora de Londres y 10:00 pm, hora de Madrid.

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