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VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Archivo de Diciembre, 2010

¿De qué sirve la buena fama?

Fernando Alexis Jiménez

Por muchos años  la cafetería ubicada sobre un costado del único parque de Vijes, el pueblo donde transcurrió mi ya lejana adolescencia, fue el sitio de obligada reunión de los personajes de mayor reconocimiento. Mi bisabuelo Angelino Barco era uno de ellos. Bajo de estatura, mirada afable, sonrisa comprensiva y camisas invariablemente blancas y almidonadas, de manga larga,  que le hacían lucir como lo que fue hasta su muerte: el Notario Municipal.

 

Delante suyo se hacían todos los negocios, muchos de ellos solamente de palabra. La honorabilidad en mi pueblo era supremamente valiosa. Si alguien prometía algo, lo cumplía.

 

Usted y yo construimos un buen nombre, que testimonia ante la sociedad, quiénes somos

Usted y yo construimos un buen nombre, que testimonia ante la sociedad, quiénes somos

Un ejemplo lo ofrece alguien que le prometió a su enamorada que, al salir al balcón, encontraría los vestigios de la primavera, y para atender su anuncio regó pétalos de rosa por toda la calle –ancha y sin pavimento—que conducía hasta su casa.

 

 

 

 

Otro más le prometió a su señora madre que velaría por ella hasta la muerte, y aunque trataron de hacerle entrar en razón, aún después de muerta iba todas las tardes al cementerio a cuidar que no hubiese salido ni siquiera una brizna de mala hierba sobre su tumba.

 

Fue a Angelino Barco a quien se le escuchó repetir mil veces: “Hay que honrar la palabra empeñada”.

 

Un valor que se ha perdido

 

Conforme nuestra sociedad evoluciona, se han deteriorado costumbres y están siendo socavados los principios y valores.

 

La Biblia dice: Vale más la buena fama que el buen perfume”(Eclesiastés 7:1. Versión Popular.

 

Refiere que reviste particular importancia tener reconocimiento como alguien honorable, y tal honorabilidad comienza con el cumplimiento de aquello que prometemos.

 

Pequeños incidentes roban la buena fama

 

Hay quienes, por pequeñeces, echan por la borda lo bueno que hacen. Pueden haber manifestado honorabilidad en cuanto piensan, hablan y hacen; sin embargo no miden las consecuencias y, pequeños incidentes, roban su buena fama.

 

Recuerdo el incidente ocurrido con un directivo empresarial. Un hombre que tuvo bajo su cuidado el manejo de millones de pesos; sin embargo cuando la junta directiva decidió desvincularlo del cargo, no dudó un instante en llevarse elementos de oficina en su portafolio.

 

¡Toda una carrera de honradez empañada por sustraerse bolígrafos, lápices, ganchos y una calculadora!.

 

Recupere su buen nombre

 

En Latinoamérica “buen nombre” es sinónimo de fama de honradez, rectitud y transparencia. Quizá ha perdido ese “buen nombre” por obrar sin pensar detenidamente lo que hacía. Una mentira al descubierto, un robo así parezca insignificante, incumplir aquello que prometió… Hay muchas maneras de faltar a la integridad…

 

Reconozca que el más perjudicado es usted. Los demás no tienen credibilidad en sus acciones.

 

Hoy es el día para comenzar de nuevo. Es volver a andar por el sendero del bien que tal vez hayamos descuidado. Es recobrar lo perdido.

 

El poder para cambiar, incluso en aspectos en apariencia triviales, proviene de Dios. Al someternos a Él, opera la transformación que tanto ha anhelado y que ha sido difícil de alcanzar en nuestras fuerzas. ¡Hoy es el día para comenzar de nuevo!.

 

¿Ya dio pasos firmes hacia el cambio?

 

Es probable que en su camino hacia el cambio haya encontrado tropiezos. Ocurre porque depende de sus fuerzas y de las fuerzas que provienen de Aquél que todo lo puede. ¿Cómo lograrlo? Dando pasos concretos. El primero y más importante es recibir al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador.

 

¿Cómo recibirlo en nuestro corazón? Con una oración sencilla. Dígale: “Señor Jesús, reconozco que he pecado. Gracias por perdonar todos mis pecados mediante tu sacrificio en la cruz. Anhelo cambiar. Solo tú puedes ayudarme. Te recibo como mi Salvador. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.

 

¡Felicitaciones! Ha tomado la mejor decisión de su vida. Cristo Jesús transformará su ser. Ahora tengo tres recomendaciones: la primera, haga de la oración un principio de vida diaria. Orar es hablar con Dios; la segunda, aprenda en las Escrituras principios prácticos que traerán cambio a su existencia, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida jamás será igual!

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705

Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

 

El deseo del Equipo de Trabajo de la RED DE INTERCESION Y GUERRA ESPIRITUAL “DERRIBANDO FORTALEZAS” es que el 2011 constituya un año lleno de bendiciones. Seguiremos, como hasta ahora y gracias a ustedes, constituyéndonos en el único Site de Internet especializado en el tema de Oración y Guerra Espiritual.

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Director

(00579317-4913705

Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

Escúchenos en www.triunfandostereo.org

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¡Alerta! Satanistas infiltran las iglesias cristianas

¡Al descubierto la estrategia del mundo de las tinieblas en el final de los tiempos para causar daño a los creyentes!

 

Fernando Alexis Jiménez

En su oficina, Satanás limpió sus anteojos. Le ardían los ojos. Los tenía enrojecidos. Llevaba varios días presidiendo un Consejo Extraordinario con todo su séquito demoníaco para articular estrategias que le permitieran causar fuertes golpes a los cristianos. “No encuentro una estrategia eficaz, práctica y sencilla”, dijo a sus inmediatos colaboradores, que como él, sentían con preocupación que pasaban las horas sin hallar una salida al callejón en que se encontraban.

 

En el tablero, con múltiples señales de haber borrado una y otra vez los apuntes con marcadores de colores, se encontraban propuestas, algunas demasiado desgastadas: traer desánimo a los creyentes, acusarles con sus pecados del ayer, experimentar la sensación de que sus oraciones no recibían respuesta de Dios y la convicción de que no era necesario congregarse en ninguna iglesia para crecer en lo personal y espiritual.

 

Borren eso, ya nada sirve—dijo don Sata, visiblemente malhumorado–. Hay que encontrar nuevas tácticas…–.

 

Con ayuda de Dios estamos llamados a evaluar qué tipo de líderes tenemos en las iglesias

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Desata a quien tienes en la prisión del rencor

Fernando Alexis Jiménez

Cada vez que surgía una dificultad, Rebeca sacaba el As debajo de la manga. Lo miraba con furia y gritaba: “¿Qué vienes a decirme si tú cometiste adulterio?¿Ya te olvidas cuánto me hiciste sufrir, y de paso a nuestros hijos? Eras un borracho y te gastabas todo el dinero en bebida y mujeres”

Su marido la miraba, primero con molestia pero luego, en pocos instantes, le embargaba la tristeza y prefería callar. Pensaba que no valía la pena intentarlo de nuevo. Incluso cierto día, después de salir furibundo y azotar la puerta al salir, dejó que el pensamiento de divorciarse atravesara su mente.

En otra confrontación, se atrevió a decirle:

Rebeca, cuando decidimos reemprender nuestra vida de pareja, dijiste que me perdonabas. ¿Por qué entonces vuelves con lo mismo?

La situación persistió. Las discusiones se encendían por cualquier nimiedad. Y la escena era la misma. Ella le gritaba, incluso a oídos de todos los vecinos que se asomaban por las hendijas de las ventanas para no perder detalle: “

¿Qué vienes a decirme si tú cometiste adulterio?¿Ya te olvidas cuánto me hiciste sufrir, y de paso a nuestros hijos? Eras un borracho y te gastabas todo el dinero en bebida y mujeres”

Un día él no soportó más. Decidió irse. Hasta allá lo fue a buscar Rebeca: “Perdóname”, le dijo con el rostro bañado en lágrimas. “No, ya otra vez hablamos del mismo asunto y cada vez aprovechabas para recordarme mi pasado”, argumentó el marido. Prefirió seguir solo porque su mujer, tal como lo argumentó ante un Juez de Familia, jamás se daría a la tarea de perdonarlo.

El poder de atar y desatar

Cuando guardamos rencor contra alguien, fruto de la falta de perdón, nos encontramos en una fría, húmeda y oscura celda que nos daña y de paso, atamos a quien se convierte en el blanco de nuestro rencor. Perdonar, entonces, es desatarle y de paso, librarnos de una pesada carga.

El Señor Jesús enseñó que tenemos el privilegio y la potestad de atar y desatar.»Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. ”(Mateo 18:18, Nueva Versión Internacional)

Nuestras decisiones en el mundo físico, afectan el mundo espiritual. Se producen dos cosas.

1.- Nos liberamos de la cárcel del rencor, el odio y el resentimiento.

2.- Damos libertad a quien por mucho tiempo teníamos atado con ese sentimiento destructivo.

Las llaves para alcanzar la libertad tienen un solo rótulo: Perdonar.

Es una Ley Universal. Concebida por Dios mismo y que opera en Su Reino. Acatarla nos abre las puertas al éxito. Es esencial.

Tenga presente que perdonar es cancelar una deuda. Si no perdonamos, impedimos el obrar de Dios en nuestra existencia. Las oraciones son estorbadas y levantamos alrededor una tremenda barrera para que opere exitosamente en nuestra existencia.

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913605

Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

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