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VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 
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Mirando desde la cima hacia la lejanía…

(Basado en Colosenses 1:12-18) – Fernando Alexis Jiménez

 

 

 

 

Las llamas comenzaron a cobrar fuerza en toda la zona boscosa y él pronto se vio envuelto por el incendio. Corrió. Lo hizo con fuerza. Buscaba llegar a la cima. Alrededor no veía sino humo. Pensó que llegando a la cumbre podría librarse de una situación asfixiante como la que enfrentaba.

Veinte minutos después de iniciar el ascenso, llegó al pico. Desde allí pudo tener un panorama mucho más claro respecto a qué estaba ocurriendo. Se dio cuenta que descendiendo por una cañada, bien podría desplazarse por un área qCon la ayuda de Dios podemos confiar en un panorama prometedor para el mañanaue no estaba encendida.

Desde la cima todo era más claro. No veía solo un sector sino el conjunto de terreno. Todo era más claro.

Algo similar nos ocurre cuando vamos a las páginas de la Biblia con el claro propósito de aprender lo que Dios nos revela en ellas.

Hoy, al revisar el capítulo 1 de Colosenses en los versículos del 12 al 18, descubrimos principios que nos ayudan a tener una comprensión mucho más amplia del obrar de Creador y de Jesús el Señor en medio nuestro.

Hijos de Dios

La zona más deprimida de Santiago de Cali, en donde se consume droga, queda muy cerca del centro de la ciudad capitalina. Fue por muchos años el lugar donde vivía. Robaba o mendigaba—dependiendo de la ocasión—e iba a refugiarse en aquél lugar. Fue allí donde Eliécer Bedoya conoció a Jesucristo. Alguien le habló del Evangelio. Aquella fue una experiencia transformadora. Después de haber sido mendigo, tuvo de parte de Dios—por su infinita misericordia—el don precioso de ser hijo.

El apóstol Pablo describe esta condición especial de todos cuantos creemos en Jesús el Señor y llegamos a ser hijos, de la siguiente manera: “…con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos” (Colonsenses 1:12).

En primera instancia describe cuál ha sido la concepción de Dios para nosotros: que tengamos gozo. Y la segunda, una actitud de gratitud para con el Creador por todas sus bendiciones, y también, porque en Cristo nos ha trazado un presente aquí, y un mañana en la eternidad.

Ahora no somos ajenos al pueblo escogido de Dios. Por el contrario, formamos parte de ése pueblo, naturalaza que describe el apóstol Pablo: “En él (Cristo) asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas…” (Efesios 1:11. Cf. Efesios 3:11).

Libertados de toda atadura

Por años José Vicente experimentó una profunda depresión, que emergía cuando menos lo esperaba e incluso, en circunstancias en las que normalmente debió manifestar alegría. Su vida cambió cuando recibió a Jesucristo como su Señor y Salvador. Fue como si pesadas cadenas cayeran al suelo y que, ataduras de vieja data, se rompieran.

Igual ocurrió con todos nosotros. No hay razón para permanecer en ligaduras, propiciadas por Satanás, a menos que estemos abriéndole puertas. Somos libres porque Jesús nos libertó: “…el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, trasladándonos al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1:13, 14).

¿Sigue enfermo? ¿Hay ruina en su economía? ¿Le han diagnosticado una enfermedad que se transmite como herencia genética? Hoy es el día para cortar con todo eso. Hágalo en el nombre poderoso de Jesucristo. Reclame esa libertad a la que Él lo llamó.

Y Dios se hizo hombre

Resulta curioso observar que todas las culturas han tratado de representar a sus dioses. Es la forma que han tenido, a lo largo de la historia, para sentir más próximas a sus realidades, aquellas divinidades a las que adoran. No obstante, lo que fabrican no deja de ser más que ídolos, ajenos a las deidades demoníacas a las que profesan fe.

Sin embargo con el Dios real y poderoso en el que hemos creído, se hizo hombre en el amado Señor Jesús. Las Escrituras declaran que “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de la creación” (Colosenses 1:15).

Obró así por amor a usted y a mí. A pesar de nuestra condición de pecadores, volvió su mirada misericordiosa hacia nuestra condición y nos redimió. El propio apóstol Pablo señala que “…el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse…” (Filipenses 2:6. Cf. Juan 1:1; 2 Corintios 44).

Al verlo a Él, sus discípulos estaban viendo a Dios. Igual nosotros, cuando tenemos una experiencia personal con el Redentor, dado que la Escritura precisa diciendo: “…el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4 b).

Cuando experimentamos debilidades, podemos confiar en Él porque conoce todos los momentos difíciles por los que atravesamos. No es ajeno a nuestro dolor. Por el contrario, está presto a ayudarnos. Basta que clamemos a Él en procura de su ayuda.

La eterna existencia de Cristo

Durante los siglos segundo y tercero uno de los motivos de mayor discusión, que dio incluso lugar a la celebración de Concilios, fue el tema relacionado con la naturaleza de Cristo. Había quienes no reconocían a Jesús como Dios y quienes aseguraban que Él había sido creado por el Padre.

La Biblia nos muestra su existencia eterna. Comienza a describirlo al aludir al proceso de la creación. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3; Cf. Colosenses 1:16).

En el Hijo de Dios, por el Hijo de Dios y para el Hijo de Dios fue creado todo cuanto apreciamos en la tierra y en los cielos, es decir, en las dimensiones material y espiritual. También el evangelista anota: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:17). Jesucristo no fue creado, pero sí engendrado por la obra del Espíritu Santo, y tiene la misma naturaleza del Padre.

El apóstol Pablo indica también, en el versículo 18 del primer capítulo de la carta a los Colosenses, que el amado Señor Jesús es la cabeza de la iglesia universal, de la que formamos parte usted y yo (Cf. Efesios 1:22, 23). Recibe la preeminencia y reúne en sí mismo toda la plenitud.

Unas ideas con la que concluimos se relacionan con nuestra condición: somos hijos de Dios por la obra redentora de Cristo; Él nos hizo libres del poder de las tinieblas y ahora estamos en Su reino, y por último, por Él y para Él fueron creadas todas las cosas, y gracias a Él, existen. En definitiva, el Redentor en el que hemos creído, tiene un poder ilimitado.

© Fernando Alexis Jiménez . (0057)317-4913705
 

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Comentarios

Una respuesta a “Mirando desde la cima hacia la lejanía…”
  1. al Noreb dice:

    ? Podria ser que Dios creo a Jesus primero y luego por medio de EL creo todo lo demas?
    Los seres humanos tambien fuimos creados a la imagen de Dios



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