VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

¿Tiene sentido llamarse cristiano hoy?

Fernando Alexis Jiménez

Cuando la suave y fresca brisa que desciende los Farallones baña a Santiago de Cali, al final de la tarde, los pensamientos fluyen con mayor rapidez y tranquilidad, y con los interrogantes a los que –en apariencia—es difícil encontrar respuesta: ¿Por qué soy cristiano? y, ¿para qué me sirve profesar la fe en el Señor Jesús?

Alfonso Palacios tragó saliva mientras filtraba el cúmulo de preguntas que, mezcladas en el corazón como si se tratara de un remolino que jamás se detiene, buscaban encontrarle sentido a la existencia.

En casa, a pocas cuadras de la orilla del río junto al cual meditaba, lo esperaba su esposa y tres hijos de once, ocho y tres años, respectivamente. La casa era humilde, pero amplia. Constaba de dos habitaciones de ladrillo limpio, un salón grande que hacía las veces de cocina y comedor, y un patio inmenso. En esas pocas pertenencias reposaban veintitrés años de intenso trabajo por edificar, no solo una vivienda, sino también un hogar. Sin embargo razonaba, ¿de qué le había servido su convicción religiosa frente a las múltiples necesidades económicas que tocaban cada día a su puerta?

Rememoró a su esposa: menuda, trigueña, con unos ojos grandes, negros y con un destello de alegría que le robó el corazón y con quien compartía ya más de quince años de matrimonio. Algunas veces la atacaba la reuma, sobre todo cuando el frío de la noche era intenso en contraste con el calor del día. Era un amor, sin duda. Lo que le inquietaba era que discutía por todo. En ocasiones se le iba la mano y, sobretodo cuando no recibía provisión a tiempo, le gritaba. ¿En qué había ayudado a su relación el ir cada semana a la iglesia y formar parte de una congregación de creyentes?

Ahora, su relación consigo mismo. Había que admitirlo, era un caos. En ocasiones ni se podía soportar. Le aterraba la idea de mirarse al espejo en las mañanas. Frente a sus ojos veía a un hombre derrotado, con los ojos apagados y una incipiente barba que jamás desaparecía, por mucho que repasara la piel con la afeitadora. “¿Por qué sigo enfrentando los mismos problemas—razonaba—si es apenas previsible que ya hubiese avanzado en mi crecimiento espiritual? Debería ser otra persona…”

Buscó afanosamente en su Biblia, más por inercia que por cualquiera otra razón. Halló el versículo que tenía subrayado con colores azul y verde claro: “¿Qué provecho tiene el hombre de su trabajo con que se afana debajo del sol?”(Eclesiastés 1:3).

Alfonso se dejó caer sobre el césped. Sonrió con desgano y preguntó en voz alta, sin importar que alguno de los transeúntes lo escuchara: “Ser cristiano ¿Por qué? y, ¿para qué?”.

Preguntas… preguntas… y más preguntas…

Tal vez se ha formulado estos y otros interrogantes en múltiples ocasiones. Como cristiano ha experimentado frustración porque piensa que no crece mucho en el plano espiritual y menos como persona. “¿Podré lograrlo?” se repite incesantemente. Incluso ha cuestionado la existencia de Dios. “¿Por qué permite Dios mi sufrimiento?” se ha repetido.

Sus cuestionamientos son los mismos que por años han asaltado a hombres y mujeres en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, la única respuesta cuando nos encontramos en el mar de las indecisiones y la incertidumbre, está en volver la mirada a Jesucristo, confiar en Él y permitirle que sea quien aplique cambios a nuestra vida. Puedo asegurarle que su existencia jamás será la misma… A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como único Señor y Salvador? No dilate la decisión, hágalo hoy mismo.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a pastorfernandoalexis@hotmail.com

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705

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