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VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 
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Archivo de Julio, 2010

No se deje agobiar por la soledad

Fernando Alexis Jiménez

A Oscar Mauricio Sarria lo mató la soledad. Se quitó la vida en una fría habitación en la periferia de Caracas, Venezuela. Lo hizo sin pensarlo dos veces, convencido de que era la única salida del laberinto. Dejó una carta escrita con rapidez y letra pequeña. En ella se consideraba un perdedor. Decía que no había convencido a su esposa de regresar a su lado, que todas las solicitudes de empleo las habían devuelto, y que cada nuevo propósito de cambiar terminaba en derrota. “No vale la pena seguir adelante”, concluía.

 

Sus vecinos de cuarto no sospecharon nada, excepto la inquietud que les despertaba verlo todo el día encerrado. De su reclusorio voluntario sólo emergía en las mañanas para comprar pan y café. Jamás se refería a sus problemas, aunque alguna vez comentó que llevaba tres meses divorciado. “Esta soledad me va a matar”, repetía con frecuencia.

Con ayuda de Dios podemos superar la soledad

Con ayuda de Dios podemos superar la soledad

 

 

 

No encontró una mano amiga en medio de la crisis. Lo abandonaron a su suerte. Así lo encontraron quienes comenzaron a sospechar que algo extraño ocurría después que pasaron cuatro días sin que saliera a la calle. Cuando forzaron la puerta lo hallaron desvanecido en un sillón, con un reflejo de desolación en su rostro que ni siquiera pudieron borrarle antes del sepelio. Se llevó consigo maletas llenas de tristeza y desesperanza en su viaje a la eternidad.

 

Oscar Mauricio es una de las tantas víctimas de un mal que agobia al hombre de hoy: la soledad. Aun cuando habitamos ciudades enormes con millares de personas, el trajín del día a día absorbe a cada quien y les lleva a aislarse cuantos le rodean.

 

Deje de lado esa soledad

 

Cuando vengan a su vida períodos depresivos, lo más aconsejable es salir del mutismo y la soledad en los que con frecuencia nos encerramos y abrirnos paso a la vida. Las tormentas no son para siempre y no hay problema tan grande que no tenga solución.

 

Cuando se despedía de sus discípulos, el Señor Jesús hizo una promesa extraordinaria que trasciende hasta hoy. El les dijo: “…les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”(Mateo 28:20 b. Nueva Versión Internacional).

 

Si alguna vez siente que llegó a una encrucijada, que nadie escucha sus ruegos ni se compadece de su angustia y desesperación, recuerde que el Señor Jesús le acompaña. No está solo. Nunca lo estará. Vuelva su mirada a Cristo… El jamás lo abandonará…

 

Recibió a Cristo en su corazón

 

El paso más grande para avanzar hacia el perdón, radica en recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas. Puede hacerlo ahora mismo, con solo decirle: “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado. Gracias por perdonarme y permitirme perdonar, mediante la fuerza de tu Espíritu Santo. Hoy te recibo en mi corazón como su único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Inscríbeme en el Libro de la Vida. Amén”

 

Si hizo esta oración, lo felicito. Su existencia será renovada. Comienza hoy un nuevo capítulo en su existencia. Ahora tengo tres recomendaciones:

 

1. Lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.

2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios. Nos permite tener intimidad con Él.

3. Comience a congregarse en una iglesia cristiana.

 

Si tiene alguna inquietud, por favor, no deje de escribirme ahora mismo a pastorfernandoalexis@hotmail.com o llamarme al (0057)317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

 

 

 

Les invitamos a leer los nuevos títulos de Estudios Bíblicos que acabo de subir a la Internet. Para leerlos, basta hacer clic en cada uno de ellos.

1.- ¿Qué encierran las maldiciones? Cuando maldecimos, se abren puertas al mundo de las tinieblas. Una tremenda realidad que le invitamos a conocer, con fundamento bíblico, en este Estudio que le ayudará a cuidar lo que dice y bajo qué estado de ánimo lo hace.

2.- Los tres círculos de la protección de Dios. ¿Sabía usted que de acuerdo con la Biblia Dios tiene tres círculos de protección alrededor nuestro? Guarda nuestra vida, nuestra familia y nuestras propiedades. Le invito para que lea el contenido de este Sermón que le ayudará en su crecimiento personal y espiritual.

3.- Decisiones que determinan su éxito o fracaso. ¿Qué decisiones toma a diario?¿De qué manera influyen en una vida victoriosa o de derrota?¿Cómo tomar decisiones apropiadas? No puede dejar de leer este Estudio Bíblico que despejará muchos de sus interrogantes.

4.- La infidelidad, una epidemia de nuestro tiempo. ¿Cómo afecta la infidelidad en la relación matrimonial?¿De dónde surge?¿Cómo superar sus devastadoras consecuencias? El Estudio Bíblico que podrá leer haciendo clic en el título, le ayudará a enfrentar un peligro que se cierne sobre la vida de toda persona comprometida en matrimonio.

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Decisiones que determinan su éxito o fracaso

Con la ayuda de Dios podemos tomar decisiones acertadas

Con la ayuda de Dios podemos tomar decisiones acertadas

Fernando Alexis Jiménez

Salió airado con su esposa. Había tenido una discusión comenzando la mañana. No esperaba que fuera así. Todo por una trivialidad: lo caliente que estaba el café en el desayuno. “¿No pudiste siquiera ponerlo a enfriar? Por si acaso, digo.”

 

Esas pocas palabras, diez para ser más exactos, desencadenaron una tremenda discusión. Jamás imaginó que pasaría. Y Ricardo, presa de la ira, tomó una maleta, empacó sus pertenencias y ahí estaba, en el carro, sin rumbo fijo. Estaba arrepentido. Su decisión había sido totalmente equivocada…

 

En otro lugar, distante de allí, Raúl se tomaba la cabeza entre las manos, con lágrimas de rabia surcando su rostro. En medio de un rapto de ira tras discutir con su jefe inmediato, había decidido renunciar. El hombre—también dominado por la rabia—recibió la carta y le dijo: “Listo. Te vas de la empresa. Pasa por la oficina de administración a recibir tu liquidación”. Ahora enfrentaba la dolorosa situación de tener que buscar un nuevo empleo.

 

Decisiones. ¿Ha pensado en cuantos errores hemos incurrido por tomar malas decisiones? Decidir juega un papel importante en nuestra existencia.

 

Las decisiones son determinantes

 

Nuestras decisiones determinan la victoria o el fracaso. Es un principio que aplica a nuestra vida personal como espiritual.

 

Recuerdo la historia de una joven con cuatro meses de embarazo. Estaba arrepentida de su situación. “No puedo hacer nada porque abortar sería ir contra los principios que he aprendido desde niña”, explicó.

 

Cursaba tercer semestre de ingeniería civil en la universidad. De lo que se arrepentía Marcela era de la decisión que tomó al ceder a un deseo—natural—pero de la carne al fin, y que concluyó con una noche de pasión y el hijo que venía en camino.

 

Si tan solo hubiese pensado antes de actuar—se lamentó–, ahora no estaría en esta situación”.

 

Alrededor de la cruz de Cristo nuestro amado Salvador, hay cuatro escenas que comparto con usted, porque arrojan principios que son esenciales en la meta de seguir el camino apropiado al decidir algo. En todo momento, y es el primer consejo que le doy, es clave que usted pida la dirección a Dios (Cf. Salmo 37:5)

 

1. La decisión de arrepentirse y emprender el cambio

 

El problema no está en fallar porque todos los seres humanos de una u otra manera erramos. El meollo del asunto está en no arrepentirnos y seguir por el mismo sendero de equivocación.

 

Veamos el primer caso, el del impulsivo apóstol Pedro. Siguió al Señor Jesús en el camino al juicio. “Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio, y una criada se le acercó. —Tú también estabas con Jesús de Galilea —le dijo. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: —No sé de qué estás hablando. Luego salió a la puerta, donde otra criada lo vio y dijo a los que estaban allí: —Éste estaba con Jesús de Nazaret. Él lo volvió a negar, jurándoles: — ¡A ese hombre ni lo conozco!   Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allí y le dijeron:   —Seguro que eres uno de ellos; se te nota por tu acento. Y comenzó a echarse maldiciones, y les juró: — ¡A ese hombre ni lo conozco! En ese instante cantó un gallo. Entonces Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.»”(Mateo 26:69-75 a. Nueva Versión Internacional)

 

La primera decisión, fue desacertada. Negó a su maestro. Muy similar a lo que pudo ocurrirnos alguna vez o quizá en el momento en que está leyendo este mensaje. Ha fallado. Pero a algo malo, puede seguir algo positivo, si se arrepiente, reconoce su error y se decide por el cambio.

 

Después de errar, Pedro se arrepintió. Identificó que había cometido un error al traicionar a Su Señor, y reorientó su camino. La Biblia nos indica que Pedro: “Y saliendo de allí, lloró amargamente.”(Mateo 26:75 b. Nueva Versión Internacional)

 

¿Ha fallado? Si reconoce su caída, cualquiera que sea, debe añadir algo más: arrepentirse y cambiar. Sólo cuando damos estos dos pasos, todo comienza a ser diferente, con ayuda de Dios.

 

2. La decisión de renunciar a todo y darse por vencido

 

Una joven esposa, Verónica, me escribió desde República Dominicana. Había decidido separarse de su marido. “No lo soporto más. He intentado todo, pero nada resulta.”, decía. ¿Sabe cuál fue mi respuesta? No renuncie. Siga dando la batalla, pero no en sus fuerzas sino en oración, para recibir el poder de lo alto.

 

Con frecuencia y ante situaciones de crisis, optamos por echar todo por la borda. No razonamos, simplemente nos dejamos arrastrar por las emociones. ¿A qué conduce esta inclinación? Al fracaso.

 

Le invito para que me acompañe a ver a Judas. Acaba de reconocer su error por entregar al Señor Jesús. Está arrepentido. Y lo vemos ante el concilio de ancianos en Jerusalén. Su rostro está desencajado. Sufre. Sus ojos revelan angustia: “Muy de mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de condenar a muerte a Jesús. Lo ataron, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el gobernador. Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos.—He pecado —les dijo— porque he entregado sangre inocente.—¿Y eso a nosotros qué nos importa? —respondieron—. ¡Allá tú!. ”(Mateo 27:1-4. Nueva Versión Internacional)

 

La decisión de arrepentirse fue apropiada, oportuna, la mejor. Sin embargo acompañó su primer paso, con uno segundo que lo condujo a la perdición: “Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó.”(Mateo 27:5. Nueva Versión Internacional)

 

Las circunstancias no pueden gobernarnos. Si estamos en medio de la crisis, quizá presos de la desesperación, es fundamental que doblemos rodilla en oración delante de nuestro amado Padre celestial. Los cristianos no renuncian porque comprenden que renunciar es la palabra preferida de los fracasados, y recuérdelo: usted y yo fuimos concebidos para vencer.

 

3. La decisión de reconocer el error y aceptar el perdón de Dios

 

Pienso en Ana Milena. Una mujer dinámica, entusiasta, con muchas ideas. Pese a ello entra en constantes depresiones. ¿La razón? No habían transcurrido dos años después de su matrimonio, cuando cayó en adulterio. Tenía entonces veintiséis años y creyó que era la forma de vengarse de su marido, que caía en constantes aventuras fuera del hogar. Pasados treinta y dos años, a pesar de ser una cristiana fiel y consagrada a su hogar, no se había perdonado.

 

Lo invito nuevamente a la escena del Señor Jesús en la cruz. Dos hombres están junto a él sufriendo el martirio. Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: — ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!”(Lucas 23:39. Nueva Versión Internacional)

 

Una decisión errada, sin duda. Tuvo la oportunidad de haber alcanzado la eternidad con Dios, pero la desechó. Se dejó arrastrar por las emociones, la incredulidad y –en cierta medida—por la autosuficiencia.

 

No obstante, el otro reo actuó diferente: Pero el otro criminal lo reprendió: — ¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; éste, en cambio, no ha hecho nada malo.   Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús. .”(Lucas 23.40-43. Nueva Versión Internacional)

 

No importa cuán malo haya sido este hombre: reconoció su error, pidió perdón a Dios mismo quien en Jesús estaba compartiendo el sufrimiento por los pecados de la humanidad, y aseguró la eternidad en Él. Recibir perdón de Dios y perdonarnos a nosotros mismos. Dos pasos fundamentales que acompañan la mentalidad de un triunfador.

 

4. La decisión de rendirse a la voluntad de Dios

 

Cambiar en nuestras fuerzas no es posible, pero sí con el poder de Dios. Lo peor que podemos hacer es resistirnos al obrar de Dios. Aceptarlo, por el contrario, es un cimiento para el éxito y la realización personal y espiritual.

 

Han transcurrido algunos meses desde la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús.  Y vemos a Saulo de Tarso—posteriormente conocido como Pablo—camino de una ciudad cercana para proseguir la persecución contra los cristianos: “Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres. En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: — Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ” (Hechos 9:1-4. Nueva Versión Internacional)

 

¿Está cansado de una vida de fracaso que cada vez se torna más caótica? No siga luchando contra Dios. Él tiene para usted y para mi, mis planes maravillosos. Resta que nos rindamos a Él y le permitamos obrar poderosamente en nuestro ser.

 

La mejor determinación en toda la vida de Saulo (Pablo) fue permitirle a Dios que obrara en todo su ser: “— ¿Quién eres, Señor? —preguntó. —Yo soy Jesús, a quien tú persigues —le contestó la voz—. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.”(Hechos 9:5, 6. Nueva Versión Internacional)

 

Puedo asegurarle que su vida puede ser diferente, si tan solo le da una oportunidad a Dios. Él espera a la puerta y le llama, como dice el libro de Apocalipsis: Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3.20)

 

No puede dejar pasar la oportunidad de recibir hoy a Jesucristo en su corazón.

 

Decídase hoy por el Señor Jesús

 

La mejor decisión de todo ser humano que se apresta a librar la lucha contra Satanás es recibir a Jesucristo en el corazón. Es muy fácil. Basta que le diga: “Señor Jesús, te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Gracias por morir en la cruz por mis pecados, perdonarme y abrirme las puertas a una nueva vida. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

Si hizo esta oración, tengo tres recomendaciones para usted:

 

1. lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.

2. Ore cada día. Orar es hablar con Dios. Desarrollar intimidad con el Señor. Y quien está de la mano de Dios, mantiene a raya a Satanás.

3. Comience a congregarse. Lo más apropiado es reunirse con otros creyentes.

 

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo a pastorfernandoalexis@hotmail.com o bien, llamando al (0057)317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

 

 

 

Deseo invitarle para que haga click en alguno de los títulos de los siguientes Estudios Bíblicos que le interese, aunque le digo: todos los artículos son muy buenos…

1. Preparémonos para la batalla. ¿De qué manera un cristiano se prepara para enfrentar exitosamente los ataques del mundo de las tinieblas? Hay varios principios que nos enseñan las Escrituras y que le invitamos a leer en el siguiente Estudio Bíblico que no puede dejar de leer…

2. ¿Qué hay detrás de las maldiciones? Muchísimas personas incurren en el error de decir lo primero que se viene a su cabeza. Desconocen que están atando sus vidas y las de quienes les rodean con lo que dicen. ¿Qué hacer entonces?¿Cómo romper las cadenas de la maldición? Le invitamos a leer el siguiente Estudio Bíblico…

3. ¿Cuándo una enfermedad es producto del deterioro físico y cuándo por atadura demoníaca? Hay sustento bíblico que será útil en su vida y ministerio. Los cristianos estamos llamados a romper toda atadura y declarar sanidad en nuestra existencia…

4. Venza a Satanás en su mente y en su cuerpo. Un Bosquejo de Sermón que resultará altamente edificador en su vida. Con fundamentos bíblicos, un Estudio que sirve igual para su ministerio que para su crecimiento espiritual. No deje de leerlo ahora mismo…

 

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¿Qué batalla se libra en los mundos físico y espiritual?

Fernando Alexis Jiménez

 

Lo que menos esperaron encontrar las autoridades en aquél ducto de aguas lluvias, era una capilla en la que jóvenes estudiantes dedicaban noches enteras a adorar a Satanás. Un recinto oscuro, apenas visible por la tenue luz de velas que tenían calaveras por candelabros, y que resaltaban paredes pobladas de símbolos esotéricos.

 

“Santo Dios” se atrevió a decir el oficial a cargo, sin dar crédito a los restos de alcohol, marihuana y objetos cortopunzantes que formaban parte de sus rituales, los que utilizaban con desenfreno en insólitas prácticas para alabar al príncipe de las tinieblas.

 

El oficial Eliécer Santos relataría después a la prensa, que no podía concebir que en pleno siglo veintiuno ocurrieran hechos de este género. “Pensé que eran sólo novelas de terror o de misterio, pero no que se dieran en nuestro tiempo” , explicó.

 

El operativo realizado en La Paulina de Montes de Oca, Costa Rica, puso en evidencia una creciente adoración de lo oculto por parte de una juventud rebelde, que encuentra en el satanismo una forma de expresar su inconformidad con los principios y reglas impuestos por la sociedad.

Fuimos llamados a vencer por encima de cualquier ataque... En Cristo somos ganadores

Fuimos llamados a vencer por encima de cualquier ataque... En Cristo somos ganadores

 

 

 

Asedio creciente del ocultismo

 

Hoy día muchos niegan la existencia de un mundo oculto. Consideran que se trata de mera superstición en un siglo en el que los avances científicos sorprenden cada vez por su ingeniosidad. Y mientras cierran los ojos a la realidad, se abren a corrientes filosóficas y de pensamiento que encierran mucha maldad. Sutilmente la perversidad está tomando fuerza en nuestra sociedad.

 

Sin embargo los cristianos debemos permanecer alerta. Tenemos claro que “… no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”(Efesios 6:12).

 

¿Cómo hacerle frente? Con oración y una estrecha relación con el Señor Jesucristo. La Biblia dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”(Santiago 4:7). Recuerde: Con el poder de Dios ¡Tenemos asegurada la victoria!

Es probable que usted sea consciente de la urgencia de luchar contra la maldad. Pero siente que falta algo. Es un soldado sin armas enfrentando una dura batalla. ¿Qué necesita? Sin duda a Jesucristo en su corazón. Es fácil. Basta con hacer una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesucristo, te pido que entres en mi corazón. Gracias por perdonar mis pecados en la cruz. Obra en mi ser y haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.Si tomó esta decisión, que es trascendental para su vida, no dude en escribirme ahora mismo.

 

Si tiene alguna inquietud, no dude en llamarnos al (0057)317-4913705 o al email pastorfernandoalexis@hotmail.com

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Cuando caemos en adulterio, ¿de quién es la culpa?

En una sociedad permisiva como la nuestra, Satanás despliega la tentación, pero quien decide caer o no en adulterio, es cada uno de nosotros. El diablo tienta, pero usted decide. Sólo dependiendo del poder de Jesucristo podemos vencer…

Fernando Alexis Jiménez

Comenzó con un correo electrónico. Uno solo. Después de haber abierto su página personal en un servicio de la Internet. “Me pareció muy atractivo. Coincidencialmente vivimos en la misma ciudad. Quisiera que nos encontráramos, para tomarnos algo. Marién“.

El joven miró el correo, pensó unos instantes y lo cerró. Definitivamente no le interesaba. Estaba casado, desde hacía dos años. Es más: tenía una hermosa bebecita. No le quería fallar, ni a Dios, ni a su esposa y menos, al ministerio que desempeñaba en la congregación, como parte del coro.

Eran apenas las ocho y cuarenta minutos de la mañana. Los empleados comenzaban a llegar a las oficinas administrativas de la compañía aérea en la que se desenvolvía. El pensamiento le asaltó de nuevo: ¿Qué tendría de malo si leía el email nuevamente? La tentación fue mayor que sus fuerzas. Al menos así lo rememoraría tiempo después. Y respondió: “Agradezco sus palabras. Soy casado. Pero insisto: le agradezco“.

Con ayuda de Dios, podemos encontrar salida a la infidelidad...

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A partir de ese primer acercamiento, los mensajes electrónicos fueron y vinieron en una sucesión que parecía interminable, a toda hora, varias semanas, por un tiempo que le pareció excesivo. En una de las cartas la joven le remitió su fotografía. Era linda. Y se dejó atrapar por la red.

Francisco y Catalina se encontraron por primera vez un viernes en la tarde. Él salió temprano del trabajo, con un pretexto cualquiera. Ella no asistió a las dos últimas clases de la universidad. El encuentro le pareció a los dos maravilloso. No hablaron de amor, sino de trivialidades: cine, deportes, música… Quedaron en encontrarse de nuevo.

Los días se le hicieron eternos al joven. Por un lado, quería encontrase de nuevo con la estudiante, por la que no podía negar su atracción. Pero por otra parte le asaltaba la sensación de culpa. Fallarle a su cónyuge, ministrar en los cultos y de paso, arrodillarse a orar, le resultaban un motivo recurrente para que la conciencia lo torturara.

Cayeron en infidelidad y conforme pasaba el tiempo, se iban comprometiendo más. La relación de Francisco terminó en divorcio. Ya no está en el ministerio…

A Lina María sus primeras incursiones en el adulterio, tuvieron lugar cuando trabajaba en una compañía de construcción. Era secretaria. Además de bonita, eficiente. La rodeaba un hogar feliz. Su esposo, comprensivo; sus hijos, amorosos. “Un cuento de hadas“, como le dijera su hermana Lucía.

Aunque su decisión contrariaba al jefe, apenas el reloj marcada las cinco de la tarde, apagaba el computador, guardaba todo y salía rumbo a casa. Era un gozo descubrir, asomándose por la ventana, los ojos curiosos de sus hijos que la esperaban con ansiedad.

Pero su historia tuvo un giro inesperado. Justo cuando estaban haciendo cierre de mes, ajustando la nómica. Le tocó trabajar hasta pasadas las ocho de la noche con un ingeniero. “No te angusties, te llevo a casa“, le dijo para tranquilizarla.

En medio de balances, comprobaciones matemáticas y corroboraciones de los documentos de identidad de los empleados, no perdía oportunidad para decirle algo bonito, halagador. “Recuerde que soy casada“, se defendía ella. El asedio continuó. Ella decidió aquella vez irse en taxi. Pero le seguían rondando la serie de comentarios galantes.

Al día siguiente ni siquiera cruzó mirada con él. Le rehuía. No obstante, él fue insistente. Incluso, en los días siguientes, le trajo chocolates que discretamente le colocó en el escritorio.

Y su actitud inicial de rechazo, fue cambiando casi sin darse cuenta. Cuando menos lo pensó Lina María, estaba comprometida en una cita con aquél profesional de la constructora, y después de un aperitivo, en un restaurante elegante de la ciudad, vino un toque de manos, con sutileza, que minutos después dio lugar a un beso furtivo.

Cayó en adulterio. Algo doloroso, para ella y para su esposo, cuando le descubrió unos mensajes de texto que le hizo llegar el amante al teléfono celular.

El matrimonio continuo por diez meses más antes que definitivamente se fuera a pique, como una embarcación rota en altamar. La disposición de perdón que inicialmente manifestó el cónyuge fue reemplazada posteriormente por la desconfianza y la sensación de que en cualquier momento lo traicionaría de nuevo.

Una perspectiva desde la Biblia

De acuerdo con la concepción bíblica, el adulterio es la relación sexual voluntaria entre una persona casada y otra del sexo opuesto que no es su cónyuge. Aquí es importante anotar que en criterio del pueblo israelita, fundamentados en la Ley, el matrimonio debía tener la más elevada condición moral, lo que incluía por supuesto, la relación con los hijos. En este principio de vida estaban por encima de las naciones circundantes. No en vano el guardarse del adulterio es el séptimo mandamiento divino proclamado desde el Monte Sinaí (Éxodo 20:14; Deuteronomio 5:17. Cf. Mateo 19:18; Romanos 13.9; Santiago 2:11).

Sobre esta base, en aquellos tiempos y hasta poco después de que el Señor Jesús desarrollara su ministerio terrenal, quienes incurrían en esta conducta eran penados con la lapidación, como leemos en la Palabra: “Si fuere sorprendido alguno acostado con una mujer casada con marido, ambos morirán, el hombre que se acostó con la mujer, y la mujer también; así quitarás el mal de Israel”(Deuteronomio 22:22). La situación era tan delicada que si había sospecha de adulterio, la mujer debía ser sometida a juicio (Números 5:11-31).

El adulterio acarrea maldición al ser humano. Hay dos factores que inciden en este pecado: el primero, la tentación que viene por dos causas: la primera, el escenario que crea Satanás para llevarnos a caer espiritualmente, y la segunda, que nos dejemos arrastrar por la naturaleza humana de pecado.

Ahora, un segundo factor es que dependemos más de nuestras fuerzas que de Dios y, sin duda, en nuestra condición humana caída lo más probable es fallar.

Aunque los cristianos no estamos sujetos a la Ley, no podemos incurrir en el adulterio. El Señor Jesús lo dejó muy claro cuando enseñó: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio; pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en el corazón”(Mateo 5:27, 28).

Observe que incluso el deseo, ya es adulterio delante de nuestro Dios. Este principio nos llama a tener cuidado con la “segunda mirada”. ¿La conoce? Es la actitud de quien inicialmente se siente atraído por la belleza de una mujer o lo apuesto de un hombre, pero en cuestión de milésimas de segundos—invadido o invadida por la tentación o el deseo—vuelve a mirar y ya lo hace con otro propósito.

¿Podemos escapar?

¿Es posible evitar el adulterio? A la pregunta de si es posible evitar caer en adulterio, la respuesta absolutamente que sí. Recuerde que la decisión de caer en pecado o no, tras enfrentar la tentación, es nuestra y nada más que nuestra.

En la Biblia leemos que cada quien decide si deja que tome fuerza la tentación: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”(Santiago 1:13-15).

Esta Palabra es contundente porque nos hace responsables, a usted y a mi, del pecado en el que podamos incurrir.

Lo más común para quien cae en pecado de inmoralidad, es justificarse en por lo menos tres excusas: 1.-Es culpa de la otra persona, que me tentó“. 2.-Todos lo hacen, ¿por qué entonces me cuestionan a mi?” 3.- “Realmente no pude resistir la tentación“. 4.-Fue solo un error“. 5.-¿Qué me exigen a mi? Al fin y al cabo nadie es perfecto“. 6.-El diablo me obligó a hacerlo“.7.-Me presionaron y por eso caí en pecado“. 8.- Yo no sabía que aquello era malo“. 9.- Es que Dios me estaba tentando“.

Lo que no podemos desconocer es que Satanás ha desplegado en todo el mundo lo que llamo una epidemia: el adulterio. Resulta curioso y a la vez prende las luces de alarma, que en la mayoría de los países abunden hoteles, moteles y residencias que son lugares a los cuales acuden furtivamente las parejas—sin su cónyuge—a materializar un terrible pecado que arrastra maldición y desencadena consecuencias nefastas para nosotros y los demás.

 

Es hora de arrepentirse

El Evangelio de Juan nos presenta una escena de la que debemos tomar nota porque ilustra un caso de adulterio. Lo hallamos en el capítulo 8, desde el versículo 1 hasta el 11, en donde se nos relata la historia de una mujer que traída ante el Señor Jesús por los escribas y fariseos. ¿La razón? Había sido sorprendida teniendo una relación sexual con un hombre que no era su marido.

Frente al juzgamiento que aquellos religiosos realizaron acerca del comportamiento de aquella persona, y que tal vez es la misma actitud que asumimos muchos de nosotros desconociendo cuál es nuestra situación moral, Jesús “…se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7).

Es importante revisar nuestra vida. Es probable que estemos acariciando el pecado del adulterio y que lo justifiquemos bajo un barniz sutil diciendo que “…en las cosas del corazón no manda nadie”. O tal vez hayamos confundido los sentimientos y creamos que estamos enamorados de alguien distinto de nuestro cónyuge. ¡Mucho cuidado! Es imperativo que vayamos a la presencia de Dios en oración. Solamente Él puede fortalecernos cuando enfrentamos la tentación.

Resulta significativo que al marcharse cada uno de los acusadores, quedaron únicamente el Maestro y la mujer adúltera. “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?¿Ninguno te condenó?. Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te contenido; vete, y no peques más” (Juan 8:10-12).

Si reconoce que está en adulterio, tenga claro que si confiesa su pecado delante del Señor, Él le perdona y ofrece una nueva oportunidad. Pero, y permítame enfatizar en ese pero, es imperativo que renuncie a ese comportamiento inmoral. Se requiere que corte de raíz esa atadura. El Hijo de Dios lo fortalecerá si se lo pide.

Si se congrega en una iglesia, vaya donde su pastor, infórmele lo ocurrido y él le guiará en el proceso de restauración. Recuerde que no está bien que siga ministrando en el altar si hay pecado de inmoralidad en su vida.

En caso de no ser una persona comprometida con una congregación, igual: arrepiéntase delante de Dios y emprenda ese proceso de cambio. En lo posible, comience a asistir al grupo de creyentes más cercano. Recuerde que solo en oración y dependiendo de Jesucristo, podemos alcanzar la victoria.

Y a usted que no ha reconocido que algo anda mal, permítame hacerle una pregunta: ¿Vale la pena arriesgar su matrimonio e incluso su futuro por una relación que sin duda es pasajera y traerá dolor a su vida y a la de sus seres queridos? ¡Renuncie hoy al adulterio! Es por su propio bien.

 ©  Fernando Alexis Jiménez – Email pastorfernandoalexis@hotmail.com  

Contacto (0057)317-4913705

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¿Quién gobierna sus pensamientos para que esté bajo angustia?

Fernando Alexis Jiménez

Las imágenes se tornaron recurrentes. Emergían con la rapidez de un destello de luz en una noche oscura. Eran secuencias mezcladas, como en una película sin forma, de aquellas que viajan del pasado al futuro y del futuro al presente, sin dar tiempo a procesar las escenas. En todos los pensamientos abundaban inclinaciones a la perversión.

 

Joaquín estaba desesperado. No concebía que como cristiano estuviera enfrentando una situación así. En su mente se libraba una tremenda batalla. De un lado estaba su convicción de creyente, comprometido con asumir fidelidad a Cristo, pero de otra parte, emergía esa naturaleza carnal, inclinada a todo lo prohibido.

 

Dios mío, ayúdame por favor…–repetía con angustia en medio de la desesperación que le despertaba el sentirse atrapado en una red de la que no podía escapar.

 

Las preocupaciones no están en el plan de Dios para nuestras vidas...

Las preocupaciones no están en el plan de Dios para nuestras vidas...

Y aunque su llamado al Señor en procura de fortaleza, nacía en lo más profundo de su corazón, experimentaba la frustración de ver como sus pensamientos eran nuevamente dominados por la lascivia, y ese deseo—por momentos irrefrenable—de llevar a la práctica todo lo que concebía.

 

 

Y ahí estaba, pasadas las diez de la noche. Acababa de llegar de un culto que le pareció maravilloso, en el que el Espíritu de Dios se había movido poderosamente, y él, conectándose  a una página de pornografía, aprovechando que sus padres se habían acostado.

 

Aunque sabía que buscar aquellas imágenes plagadas de maldad eran las que le mantenían atado, consideraba que le resultaba muy difícil renunciar a tales prácticas. Su mente estaba gobernada por imágenes de perversión…

 

Lo que pensamos, hacemos…

 

Hasta tanto aceptemos el hecho de que lo que pensamos está íntimamente ligado con nuestro comportamiento, estaremos amarrados a la maldad. Si permitimos que nuestros ojos vean toda la maldad que vende Websites de la Internet, revistas, películas o incluso relatos, estaremos dando vueltas como en un círculo vicioso, levantándonos y cayendo.

 

Hay un principio dinámico en la Biblia que debemos grabar en lo más profundo de nuestro ser y traerlo a colación cada vez que percibamos, directa o indirectamente cualquier información: “Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él…”(Proverbios 23:7)

 

El Señor Jesucristo advirtió sobre la necesidad de cuidar nuestro corazón, que en términos prácticos, es esa parte donde procesamientos y guardamos toda la información que posteriormente dejamos emerger con palabras y acciones: Él dijo que “…del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre”: (Mateo 15:19-20)

 

El evangelista Marcos describe la advertencia del amado Maestro en los siguientes términos: Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” (Marcos 7:21-23)

 

Se trata de algo muy valioso para nuestra vida. A partir de las Escrituras aprendemos que nadie más que nosotros puede determinar qué información aceptamos que se filtre a nuestra mente. Y también, somos nosotros y nadie más que nosotros quienes reaccionamos a esos estímulos. Querámoslo o no, actuamos movidos en gran parte por lo que pensamos, y el propio Jesús sabe lo que anida nuestro corazón–.(Lucas 5:22)

 

¿Qué pensamientos anidamos?

 

Caer en pecado, producto de acariciar pensamientos de maldad, es trágico. Es una historia cuyo final podemos fácilmente preveer, tal como nos enseña la Biblia:

“Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.” (Lucas 2:35)

 

Así como solemos evaluar nuestras acciones—al menos es lo más elemental en el comportamiento de quien quiere mejorar y crecer cada día más en las dimensiones personal y espiritual—es esencial que examinemos cuáles son los pensamientos que anidamos.

 

Obramos en proporción a lo que pensamos, de ahí que el rey David razonara sobre la necesidad de poner un freno a cuanto guardaba en su mente, información que se reflejaba en cuanto hacía y decía. Él escribió: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmo 19:14).

 

Trasládese imaginariamente a su casa. ¿La cuidad, verdad? Ahora, ¿quiénes entran en su hogar?¿Acaso ladrones o quienes buscan desencadenar mal para su existencia o quizá la de su familia? En absoluto. Estoy convencido que usted es cuidado de quienes franquean la puerta de su residencia. En consecuencia, así debe ser todo lo que procesa nuestro cerebro. Permitirle la entrada solo a lo que reflejará acciones sanas. La pornografía contamina y, como consecuencia, desata maldad. Igual con palabras vulgares o tal vez hechos de violencia que se asientan en nuestro corazón e íntimamente pueden llevarnos a concebir como natural un tipo de reacción agresiva.

 

Si somos cuna de estímulos a lo sensual, degradante y mundano, no podemos esperar que nuestra espiritualidad alcance nuevos niveles y que crezca como lo espera Dios de nosotros. Recuerde siempre que “Los pensamientos de los justos son rectitud; mas los consejos de los impíos, engaño.”(Proverbios 12:5) y también que “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman.” (Proverbios 15:22)

 

Cierto autor que leí recientemente hacía una afirmación que comparto con usted dado que encierra un mensaje valioso: “Nuestra vida se transformará en la medida en que contemplemos lo bueno, y al meditar en la perfección de quien es nuestro divino modelo: El Señor Jesucristo”.

 

Reprograme su mente

 

No, no le estoy hablando de Nueva Era ni de filosofías humanistas. Le estoy compartiendo un principio comprobado por la sicología moderna, que no riñe en absoluto con los principios bíblicos: es posible reprogramar nuestra mente.

 

En la medida que procesamos nuevos patrones de pensamientos, se produce una transformación significativa en nuestra forma de actuar. En criterio de los neurólogos, se trazan nuevas “autopistas neuronales”.

 

Siglos atrás, el apóstol Pablo dejó sentada esta verdad que hoy la ciencia corrobora. Él recomendó a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

 

¿Quién nos ayuda en este proceso? Dios. Él nos fortalece y ayuda a alimentar nuestra mente con pensamientos sanos (ver Salmo 10:4; 94:11; 139:23; Proverbios 16.3; 19:21).

 

Jamás olvide que un cristiano comprometido, mide cuidadosamente lo que piensa. Es un principio de vida. El paso esencial para su crecimiento personal y espiritual. Y usted, ¿en qué está pensando?

Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705

 

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