VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Archivo de Marzo, 2010

¡Tú puedes alcanzar la victoria!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Everardo. Simplemente Everardo. “Un nombre bastante extraño”, comentó el Notario Municipal cuando los padres llevaron al chico para ser registrado. Sin embargo no fue únicamente su nombre el que lo hizo diferente. Existen también dos características que rodean su existencia y que lo tornan único:

 

La primera, Everardo tiene una inteligencia excepcional. Aunque los sicólogos aún no se pongan de acuerdo respecto a qué significa “inteligencia excepcional”, Everardo fue el más aventajado de su generación, aún desde niño. A sus cuatro años leía y escribía con facilidad, y a los diez ya se había leído el primer tomo del libro “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra. Incluso se atrevió a hacer una serie de críticas curiosas respecto a la estructura literaria.

 

La segunda, Everardo perdió una pierna a sus dieciséis años. Era la época de las locuras juveniles y su afición a volar en una motocicleta, le llevó a estrellarse a más de noventa kilómetros contra un automóvil que cruzaba despacio las calles de Santiago de Cali.

 

Sólo en Dios hay victoria, cualquiera que sea la situación

Sólo en Dios hay victoria, cualquiera que sea la situación

Aquel momento difícil no se constituyó en obstáculo para este hombre que, a sus treinta y dos años, es uno de los pocos jugadores de balonmano, sin ayuda de prótesis. Dicho sea de paso, jamás le ha gustado usarla. “No me acostumbre jamás a utilizarla”, dijo al explicar las razones por las que sigue siendo manco.

 

 

 

Guardar el equilibrio fue su mayor problema. Pero aprendió. Todos alrededor estaban sorprendidos. Él simplemente lo intentaba una y otra vez, aunque caía. Se levantó y cayó en infinidad de ocasiones, tantas que perdió la cuenta.

 

La historia de Everardo Sánchez Mosquera, quien reside en el Distrito de Aguablanca, al oriente de la ciudad, sirve de marco para que hoy meditemos en las implicaciones que tiene “perseverar hasta la victoria”.

 

Dios nos fortalece para perseverar

 

¿Quiénes llegan hasta la meta? Sólo aquellos que perseveran, tal como lo explica el rey David, uno de los hombres legendarios en la historia de Israel quien conoció de cerca lo que significa la perseverancia. Él escribió: “Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!”(Salmo 60:12. Nueva Versión Internacional).

 

Distantes de Dios estaremos luchando en nuestras fuerzas; asidos de Él, podemos avanzar. Es como una operación matemática: algo exacto si se lleva a la práctica siguiendo los pasos indicados. Aquellos que dependen de sus propias capacidades y voluntad, generalmente desisten ante los primeros obstáculos. Quienes tienen conciencia de ser “vencedores”, perseveran.

 

Ahora, ¿cómo logramos dar pasos firmes en medio de los múltiples obstáculos que surgen cuando nos hemos fijado un propósito?. La respuesta está orientada a considerar tres elementos: el primero, dejar de lado toda sombra de duda; el segundo, dejar de lado toda sombra de desánimo, y el tercero, dejar de lado toda sombra de temor.

 

Un paso de fe

 

Cuando tenemos la certeza de que venceremos en Dios por encima de cualquier obstáculo, se producen en nosotros dos inclinaciones indeclinables: la primera, luchar cuanto sea necesario bajo el convencimiento de que llegar hasta el final de la meta implica estar preparados para enfrentar los problemas y las derrotas; la segunda, la certidumbre de que llegar hasta el final implica disponernos a seguir adelante.

 

Si volvemos sobre las páginas de la Biblia encontraremos que los hombres que jugaron un papel histórico, perseveraron hasta alcanzar la victoria. En la práctica, muchas veces a partir de los errores, aprendiendo que un fracaso no debe motivarnos a renunciar; que en cada fracaso Dios planta una semilla de éxito; que todo fracaso nos permite aprender una nueva lección; que los fracasos no siempre son culpa de los demás y, por último, que los deben quedar sepultados en el pasado.

 

Es probable que diga: “Eso esta bien para los héroes de los registros bíblicos y, ¿qué hay de mi?”. ¡Usted también puede lograrlo!. Basta que revise de nuevo el texto: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”(Filipenses 4:13).

 

El apóstol Pablo, ejemplo de perseverancia

 

Para que se forme una idea clara de que sí podrá sobreponerse a cualquier obstáculo que salga al paso en su camino hacia la victoria, permítame recordar al apóstol Pablo. Era un hombre con las mismas debilidades, incertidumbres y hasta emociones encontradas que tenemos usted y yo.

 

Él debió predicar el Evangelio de Cristo en medio de gran oposición tal como lo leemos en las Escrituras: “En Iconio, Pablo y Bernabé entraron, como de costumbre, en la sinagoga judía y hablaron de tal manera que creyó una multitud de judíos y de griegos. Pero los judíos incrédulos incitaron a los gentiles y les amargaron el ánimo contra los hermanos. En todo caso Pablo y Bernabé pasaron allí bastante tiempo, hablando valientemente en el nombre del Señor, quien confirmaba el mensaje de su gracia, haciendo señales y prodigios por medio de ellos.”(Hechos 14:1-3. Nueva Versión Internacional).

 

Si el poder de Dios estaba con ellos, ¿qué importaban los ataques? Pablo perseveraba. Sabía que, asido de la mano de Aquél que todo lo puede, era invencible.

 

Las Escrituras advierten que cada día los problemas eran mayores y, pese a ello, Pablo y Bernabé redoblaban su esfuerzo evangelístico: “La gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban de parte de los judíos, y otros de parte de los apóstoles. Hubo un complot tanto de los gentiles como de los judíos, apoyados por sus dirigentes, para maltratarlos y apedrearlos. Al darse cuenta de esto, los apóstoles huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores”(Hechos 14:4-6. Nueva Versión Internacional).

 

¿Imagina cuál pudo haber sido la reacción nuestra al recibir atentados contra la integridad física? Es fácil intuir que tal vez habríamos salido huyendo. Si no comparte mi opinión, recuerde cuál es su actitud cuando alguien rechaza cualquier suyo por compartirle el Evangelio de Jesucristo; o quizá cuando hicieron mofa por su costumbre de llevar un ejemplar de la Biblia donde quiera que vaya.

La fuerza de Dios

¿En dónde radicaba la perseverancia del apóstol Pablo? Responder esta pregunta no es fácil pero sí se reduce a unas pocas palabras: el perseveró gracias a que su fortaleza provenía de Dios. Él veía en la oposición y en las persecuciones, una enorme oportunidad para identificarse con los sufrimientos del Señor Jesucristo.

 

Es interesante que volvamos al texto bíblico objeto de estudio. Allí leemos: “En eso llegaron a Antioquia y de Iconio unos judíos que hicieron cambiar de parecer a la multitud. Apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, creyendo que estaba muerto. Pero cuando lo rodearon los discípulos, él se levantó y volvió a entrar en la ciudad…”(versículos 19 y 20).

 

La disposición de Pablo de seguir adelante era permanente. No fluctuaba. Incluso cuando estuvo a punto de perder la vida ya que “…volvió a entrar a la ciudad…”

 

¿Está dispuesto a renunciar a sus metas, sueños y esperanza? Espero con el corazón que no, ya que usted nació para vencer no para ceder a la derrota. Recuerde que la diferencia entre un fracaso y el ser un fracasado estriba en nuestra actitud. Dios es quien nos otorga el poder para perseverar…

 

© Fernando Alexis Jiménez – Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

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VIDA NUEVA

¿Desea resolver problemas en su matrimonio?

Fernando Alexis Jiménez

El lugar donde reside Raúl no es propiamente halagador. Por el contrario, revela descuido y hacinamiento. El cuarto de pocos metros luce desordenado. Hay ropa por todas partes, libros, revistas, un vaso de agua que derramó el contenido, dos recibos por cancelar y un álbum viejo. Allí guarda las fotografías de lo que fue su familia.

Yo los amo, de verdad—me dijo mientras revisábamos su vida matrimonial–, pero no soportaba tantos enfrentamientos. No entendía a mi esposa, y ella no me entiende tampoco. Se que la amo, pero no se cómo volver a comenzar—enfatizó.

En dos ocasiones intentaron regresar. Pero fue peor que antes. Terminaban en enfrentamientos que despertaban angustia entre los vecinos, que llevaban platos a volar por entre los cristales de las ventanas y que una vez concluyó con la imagen patética de Raúl en el umbral de la puerta mientras su cónyuge le arrojaba toda su ropa, desde dentro.

Nunca más quiero saber de ti ¿Me escuchaste? Nunca más…—vociferaba la mujer al tiempo que cerraba con furia el portal, que vibró con el golpe.

Los problemas del matrimonio se pueden resolver con ayuda de Dios

Los problemas del matrimonio se pueden resolver con ayuda de Dios

Y allí estábamos los dos, conversando, tomando café tinto y revisando qué pudo ocurrir. No es el primer caso, y sin duda, tampoco será el último.

 

 

¿A quién recurría en sus conflictos?

La pregunta obvia:–Raúl, y en los conflictos ¿A quién recurrías?—

Me miró con la expresión de quien no sabe responder. –A nadie, yo resuelvo mis problemas solos. Y lo primero que hacía era tratar de resolver las diferencias momentos después de las discusiones, pero era peor–, dijo.

Muchas personas al igual que este fotógrafo de profesión, obran así. Confían en sus propias capacidades y terminan enredados en un laberinto sin salida. Como no tenía nada que perder, aceptó que revisáramos un Salmo de la Biblia. Es el 127.

Hace tiempo que no leo la Biblia—confesó. De buena gana leyó conmigo los primeros dos versículos del texto: Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SEÑOR no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues El da a su amado aun mientras duerme.” (versículos 1 y 2. La Biblia de Las Américas).

¿Te das cuenta?—le pregunté. Leyó de nuevo el pasaje, sus ojos se abrieron como si acabara de descubrir un tesoro enterrado en mitad de una avenida poblada de gente.

–¡Claro! Eso es lo que me pasó. Jamás llevé a Dios mis problemas. Es más, nunca se los presenté en oración. Pensé que el Señor estaba muy ocupado para prestar atención a esas tonterías—razonó Raúl mientras releía el texto.

Coincidíamos en dos elementos de suma importancia: el primero, que a Dios sí le importa nuestro hogar y cualquier incidente –por mínimo que parezca– debemos llevarlo a su presencia en oración. Nadie más que El nos puede otorgar la sabiduría necesaria para expresar las palabras apropiadas en el momento indicado.

El segundo aspecto, es que Jesucristo debe reinar en nuestro hogar. De lo contrario, serán nuestros propios sentimientos—la mayor parte de las veces equivocados o sujetos a variaciones de todo género—y no hallaremos una solución fácil cuando nos encontremos en medio del laberinto.

El hogar cuenta también por los hijos

Cuando se produce una ruptura al interior de la familia, los hijos son los quienes llevan la peor parte. Son un tesoro muy preciado para Dios quien inspiró al salmista para que escribiera: “He aquí, don del SEÑOR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba; no serán avergonzados cuando hablen con sus enemigos en la puerta.” (versículos 3 y 4. La Biblia de Las Américas).

¿Pensaste en tus hijos?—le pregunté, conociendo de antemano la respuesta. Ni usted ni yo lo hacemos cuando discutimos con el cónyuge. Es más, mantenemos disputas delante de ellos.

No, sabes bien que no. No razonaba. Simplemente daba rienda suelta a mi ira—admitió Raúl. Acto seguido revisamos cada uno de los enfrentamientos en los que estuvieron presentes los chicos. También algo interesante: muchas discusiones pudieron evitarse si tan solo uno de los dos hubiera guardado silencio en el momento oportuno. –Realmente uno sigue y sigue y pareciera que nunca se detendrá—compartió al razonar que fue posible calmarse antes de hablar.

Después de esta y muchas otras conversaciones que mantuvimos, acordamos orar delante del Señor en procura del restablecimiento de ese hogar. No fue fácil. Habían bastantes heridas en los dos. Sin embargo, poco a poco lo están logrando. Lo entendí ayer cuando terminó el servicio religioso y evaluamos que, involucrando a Dios, sí es posible que las cosas funcionen.

Un hogar a nuestra manera, en nuestras fuerzas, está destinado al fracaso. Con la ayuda de Dios, saldrá adelante…

No olvide un principio de vida cristiana práctica: el Señor Jesucristo es quien debe reinar en su matrimonio… El nos concede la sabiduría necesaria para saber pensar y actuar… Revise su vida, es probable que usted mismo esté necesitando a Dios en su hogar… Nunca es tarde para empezar… Hoy puede ser el día…

Siempre podemos comenzar de nuevo

El que no pudiera recorrer muchas calles de ciudad de Panamá le mortificó tanto que un día cualquiera, sumido en la soledad de su cuarto, pensó en quitarse la vida, pero el llanto de un niño—dos cuartos más allá del lugar en el que rentaba habitación–, le hizo reflexionar que la vida tenía sentido y que valía la pena vivirla, así fuera con problemas.

La decisión inmediata fue reemprender el camino y regresar al barrio en el que, doce años antes, sembró el terror entre sus víctimas. Además de robarlas, les propinaba duras golpizas y en dos ocasiones, dejo medio muertos a quienes infortunadamente transitaron el lugar, pasadas las seis de la tarde.

Pidió perdón a los familiares. Unos le rechazaron, otros cerraron las puertas frente a sus narices y hubo quien intentó agredirle. A todos les explicaba que había cambiado y les pedía una nueva oportunidad.

Anselmo Franco Viladés es hoy predicador evangélico. Proclama a los cuatro vientos que hay salida al laberinto. Presenta a Jesucristo como la respuesta a los problemas del hombre moderno. Se ha constituido en un quijote sin fronteras que habla a todos cuantos le brindan un espacio.

¿Cómo se produjo su cambio? El día que reconoció su error, se dispuso a comenzar una nueva vida y dio los primeros pasos pidiendo perdón a Dios y las fuerzas suficientes para salir airoso en su propósito.

Usted también puede

Cambiar es posible con la ayuda de nuestro amado Dios. El no nos rechaza, por el contrario, nos abre las puertas a una nueva existencia tal como lo describe en antiguo patriarca de Israel: “Sométete a Dios; ponte en paz con él, y volverá a ti la prosperidad. Acepta la enseñanza que mana de su boca; ¡grábate sus palabras en el corazón! Si te vuelves al Todopoderoso y alejas de tu casa la maldad, serás del todo restaurado…” (Job 22:21-23).

Es probable que esté cansado de actuar y vivir como hasta ahora. Ha intentado una transformación en su existencia, pero ha fracasado. Siente no podrá hacerlo. Sin embargo hay una nueva oportunidad. La ofrece el Señor Jesucristo. El murió por nuestros pecados para darnos el perdón. Tenemos frente a nosotros una nueva oportunidad. Acéptela en su corazón y comience de nuevo hoy…

Quizá le falta algo…

Es probable que sienta que todavía algo falta en su vida. Ese vacío sólo puede llenarlo nuestro amado Señor Jesucristo. El murió y resucitó para darnos vida.

El cambio que tanto anhela comienza aceptándolo en su corazón como el único y suficiente Salvador. Dígale: “Señor Jesucristo, reconozco que he pecado. Gracias por perdonar todos mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Te acepto en mi corazón. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.

Si tomó esta decisión, lo felicito. Es el mejor paso que puede haber dado en su existencia. Ahora le comparto tres sugerencias. La primera, que asuma el hábito de buscar a Dios cada día en oración; la segunda, que estudie y aprenda de Su palabra mediante la lectura de la Biblia, y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme.

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¿Cómo evitar la monotonía matrimonial?

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Lo dijo con sinceridad. Midiendo cada término como si rebuscara las palabras en el fondo de un extraño y a la vez prodigioso baúl en donde cada una cobrara un significado especial al cruzar el umbral de sus labios. Como si se tratara de un escritor travieso y juguetón perdido en un jardín infinito de frases, sin puntos ni comas, que se pierde en el horizonte.

 

Amo a mi esposa, y no quiero perderla. Si tan solo me diera una nueva oportunidad, la aprovecharía al máximo. No perdería ni un solo minuto sin estar a su lado.—dijo con esa extraña mezcla de tristeza y amargura que nace en lo más profundo del corazón de quienes han perdido toda luz de esperanza.

 

La amo… La amo..—repitió con vehemencia–; pero ella no quiere saber nada de mi…

 

Dos semanas atrás su esposa se había ido de casa.  Un lunes, aprovechando que él se encontraba en la estación de gasolina donde trabajaba, “Me cansé de nuestra relación. Fueron casi treinta años de monotonía a tu lado y no soporto más, No tenemos hijos pequeños; ya se crecieron, son hechos y derechos, y definieron su vida. Ahora quiero vivir”, decía la carta que dejó sobre la mesita de noche, en la alcoba que fuera de los dos, ancha y fría. Él no sabía a ciencia cierta cuál era su paradero.

 

Es hora de examinar cómo anda nuestro matrimonio

Es hora de examinar cómo anda nuestro matrimonio

Desde que estaba solo, no podía dormir, y si lograba conciliar el sueño, despertaba con desasosiego para comprobar que Raquel no estaba a su lado, como hasta ahora lo había estado, por mucho tiempo.

 

 

 

El aburrimiento en el hogar

 

Uno de los peores enemigos del matrimonio es la monotonía. Toma fuerza con el paso del tiempo. Primero como un brote que asoma perezoso—y que generalmente no percibimos a tiempo—para convertirse en un árbol frondoso que destruye todo a su paso.

 

¿Ha experimentado este fenómeno que golpea tantos hogares y ha destruido tantas parejas? Si es así, es hora de ponerse alerta. No permita que siga extendiendo sus tentáculos porque luego puede ser muy tarde. Hoy es una buena ocasión para comenzar a hacer algo. ¡No todo está perdido!

 

Hace varios años aconsejé a Claudia y James. Estaban a las puertas del divorcio y consideraban inútil todo esfuerzo. A mi recomendación de que le dieran el primer lugar en el matrimonio al Señor Jesucristo, abrieron sus ojos como si acabaran de escuchar un despropósito. “No servirá de nada”, dijeron los dos. Él se encogió de hombros  tan solo para llevarle la contraria a ella; sin embargo comprobaron que Dios es real.

 

Si Jesucristo reina en el matrimonio…

 

Recuerdo una ceremonia de matrimonio que me pidieron oficiar para dos líderes muy amados de la congregación. La ocasión fue propicia para referirles sobre un pasaje, sobre el cual dicté también una conferencia en una reciente cena de matrimonios.

 

Se encuentra en el Salmo 127, versículo 1: Si el SEÑOR no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles. Si el SEÑOR no cuida la ciudad, en vano hacen guarda los vigilantes”(Nueva versión Internacional)

 

Las estrategias humanas ejercen influencia pero no transformación y mantienen vivo el amor al interior de la pareja. No desestimo la consejería ni las terapias, por el contrario, valoro su aporte.  No obstante quien  puede ayudar a salvar su matrimonio, si usted le otorga el primer lugar en su existencia al Señor Jesucristo.

 

La preocupación de Rodolfo por salvar su relación con Rocío terminaba en frustración cada vez, hasta que ella un día le dijo con franqueza: “No quiero volver a hablar contigo. No perdamos más tiempo”, le dijo con rabia en su voz.

 

Solo entonces comprobó aquello sobre lo cual escribió el rey David: “En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer pan de fatigas, porque Dios concede sueño a sus amados”(Salmo 127:2, Nueva Versión Internacional)

 

¿A quién perjudicamos?

 

Cuando el matrimonio  está en crisis, los principales perjudicados  son nuestros hijos. No es justo, pero ocurre y las secuelas de una separación les marcan a ellos para siempre.

 

La Biblia es muy clara al señalar que ellos representan un tesoro para nuestras vidas y merecen el cuidado que podamos prodigarles.  De ahí que la separación no es el camino más aconsejable: “Los hijos son una herencia del SEÑOR; sus frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud. Dichosos los que llenan su aljaba con esa clase de flechas. Cuando litiguen con ellos en los tribunales”(Salmo 127:3-5, Nueva Versión Internacional)

 

El poder de la oración en el matrimonio

 

Soy un convencido de que la oración desencadena el poder de Dios. Lo libera a favor nuestro. Es  algo real y maravilloso. Por eso insisto en recomendarle que si el matrimonio suyo se encuentra en crisis, se vuelva a Dios en oración, con perseverancia.

 

La Biblia nos enseña: “Por eso los fieles te invocarán en momentos de angustia;  caudalosas  aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán”(Salmo 32:6, Nueva Versión Internacional)

 

Tratar de salvar el matrimonio en sus fuerzas le llevará al límite del desgaste, como escribe el rey David: “No se salva el rey por sus muchos soldados, ni por su mucha fuerza se libra el valiente. Esperamos confiados en el SEÑOR; Él es nuestro socorro y nuestro escudero”(Salmo 33:17, 20. Nueva Versión Internacional)

 

Tenga presente siempre que Dios es quien transforma los corazones. Usted y yo no podemos hacerlo, pero el Señor sí porque modifica la forma de pensar y de actuar de los seres humanos., especialmente entre quienes abren su corazón a Jesucristo.  Por supuesto, debe ser un proceso de doble vía: si espero el cambio de mi cónyuge, yo también  debo cambiar.

 

Unos consejos finales

 

En mi agenda, la que cargo a mano porque antes que un computador portátil o cualquier otro elemento de ese tipo, todos mis artículos y estudios los escribo a mano, tengo un apunte que comparto con usted a propósito de evitar la monotonía en el hogar. Es el producto de un estudio que desarrolló una firma británica que trabaja concertando citas para futuras matrimonios.

 

Relacionan lo que llaman siete consejos claves:

 

1.- Compartir un hobbie juntos, desde el mismo noviazgo y hasta la concreción del matrimonio, que les mantenga ligados el tiempo libre.

2.- Que tengan un noviazgo largo con el tiempo suficiente para conocerse el uno a otro.

3.- Esperar por lo menos dos años antes de traer el primer hijo a la vida. Es un período de conocimiento mutuo y madurez.

4.- Prodigarse los dos, por lo menos tres abrazos por día.

5.- Decirse un TE AMO al menos una vez cada veinticuatro horas.

6.- Pasar mínimo tres noches abrazados por cada mes.

7.- Planear al menos dos fines de semana juntos, alejados de hijos y compromisos laborales.

 

Pero recuerde que por encima de todo consejo, el más importante es que le de cabida al Señor Jesucristo en el matrimonio. Cuando Él reina en la familia, y no tomamos ninguna decisión sin antes consultársela a Él en oración, tenemos asegurada la victoria.

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057) 317-4913705

Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

 

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