VIDA PLENA

Un camino para avanzar en el crecimiento personal y espiritual

 

Archivo de Enero, 2010

¿El estrés arruina su vida?

Fernando Alexis Jiménez

A Aleyda la mató la angustia. Eso fue lo que dijo su abuela, cuando fue a reconocerla en la morgue. Duro de relatar pero real. Dijo que llevaba varios días en un cesante ir y venir, doblegada por las preocupaciones.

De un lado estaba el trabajo. De otro las dificultades en el hogar. Y ni qué decir de las tareas represadas de la universidad. Llegó el momento en que no dio más.

Estaba tan ensimismada en el cúmulo de problemas al que hacía frente, que atravesó la avenida sin mirar a uno y otro lado. Una motocicleta que se desplazaba a toda velocidad, aprovechando la luz verde del semáforo, la arrolló.

Con sobrada razón su abuela dijo: –A Aleyda la mató la angustia–.

Comodidad versus preocupaciones

No deje que el estrés le robe la paz

No deje que el estrés le robe la paz

Resulta irónico pero, aunque hoy día la sociedad goza del privilegio de tener artefactos y vehículos que facilitan las cosas, los seres humanos nos encontramos inmersos en mayores preocupaciones. El medio que nos rodea ejerce tal presión, que muchos hombres y mujeres sucumben al estrés.

 

 

Conflictos familiares, presiones laborales, perder el empleo, atender a los enfermos, casarse, mudarse y hasta tener un hijo, son en criterio de la autora cristiana Branda Polk, factores que desencadenan reacciones contraproducentes para el cuerpo, el alma y el espíritu. Advierte que si no se controlan, pueden producir enfermedades que amenazan con tornarse crónicas.

¿Cómo superar el estrés?

La ciencia ofrece muchas alternativas, pero es importante que asumamos principios prácticos que nos ayudarán a enfrentar el estrés y a salir airosos, sin que se afecte nuestro sistema de vida. Sobre esta base es necesario:

1.- Depositar sus cargas y preocupaciones en Dios.

En tanto usted se empecine en cargar con los problemas, enfrentará las consecuencias de las preocupaciones. Para evitar que ocurra, es esencial que desarrolle confianza en el Señor. Recuerde que, como lo anotan las Escrituras, en Él hay un poder ilimitado y resuelve lo que para nosotros es imposible.

Si estamos descansando en el Creador, habrá paz en nuestro interior: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).

¿Ha aprendido a tener paz en el Padre celestial? Si no es así, medite en el hecho de que proseguir luchando en sus fuerzas será contraproducente.

2.- Encuentre espacios para la alegría

Con los problemas, usted y yo alejamos la alegría. La espantamos. Cedemos todo espacio a las preocupaciones y nos olvidamos del poder terapéutico de sonreír y buscar que cada instante tenga sentido, y podamos disfrutarlo.

El rey Salomón aconsejó: El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22).

¿Cuánto tiempo hace que no ríe? Algo más, ¿qué actitud asume cuando observa que alguien alrededor está alegre? ¿Les roba acaso la tranquilidad con la amargura que amenaza con gobernar su existencia? La vida hay que tomarla con alegría, piense en eso y aplique este principio a su vida cristiana.

3.- Su estado de ánimo es fácil de descubrir

Quizá ha visto a quienes se empecinan en amargarse y amargar a quienes están cerca. Basta mirarles para apreciar que hay una raíz profunda de resentimiento, rencor o tristeza que no les deja en paz.

No olvide nunca que nuestro estado de ánimo se refleja en el rostro, tal como lo describe el autor sagrado: “El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón el espíritu se abate” (Proverbios 15:13).

Si usted al mirarse al espejo o por consejo de alguien, descubre que tiene el ceño fruncido o que hay tristeza en sus ojos, es hora de que revise cómo anda su vida.

Si descubre que el estrés lo está acabando poco a poco, como el agua que socava los cimientos de una inmensa estructura, es importante que vaya a Dios en oración y le pida que trate con su ser. Él es quien obra sanidad en nuestro mundo interior, trayendo equilibrio y armonía en todos los órdenes.

4.- La vida es una sola, vívala bien

Los segundos que acaban de transcurrir mientras leía este artículo, jamás se repetirán. El tiempo es único e irrepetible. También su vida. Es una. No volverá a vivirla jamás. Cada día lo acerca a dos cosas: primera, la sabiduría, y la segunda, a estar en la presencia de Dios.

El rey Salomón describió esta verdad cuando dijo: “Todos los días del afligido son difíciles; mas el de corazón contento tiene un banquete continuo” (Proverbios 15:14).

No se empecine que atormentarse cada hora, cada minuto y cada segundo. Hay que vivir la vida plenamente, pero en Dios.

Decídase por una existencia que valga la pena, edificado en los principios bíblicos y renovando constantemente su mente. Solamente en el Señor podrá hacerlo. La psicología y la psiquiatría son importantes, pero más lo es que usted le permita al mejor médico del universo, Dios, que obre poderosamente en su cuerpo, alma y espíritu.

Le aconsejo rendirse a Él en oración. No dilate más ese momento.

¿Le falta algo?

Es probable que además de descubrir que llegó la hora de salirle al paso al estrés con la intervención divina, reconozca que hay un vacío en su vida. Llénelo con el Señor Jesús. Ábrale el corazón con esta sencilla oración: “Señor Jesús, gracias por perdonar mis pecados y morir en la cruz. Gracias por reconciliarme con el Padre. Entra en mi vida y haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.

Como no dudo que hizo esta oración, le recomiendo leer la Biblia cada día y comenzar a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que su existencia será transformada. Tomado de la mano del Señor Jesucristo, irá a la victoria cada día.

© Fernando Alexis Jiménez

 

 

 

VIDA NUEVA

No ponga límites a los milagros de Dios

Ps. Fernando Alexis Jiménez

No, no se formó para ser un alto ejecutivo de empresa, ni médico como soñaba su madre, y menos el arquitecto famoso y acaudalado que deseaba su padre que fuera. Por el contrario, desde muy pequeño se dio a la tarea de buscar a Dios.

 

No faltaba al servicio religioso, que seguía con sumo cuidado, ocultando en lo más profundo de su corazón la admiración que sentía por aquellos ministros. Incluso dejaba volar la imaginación en las noches calurosas y tachonadas de estrellas en el cielo limpio de su pueblo, con el tiempo en el que llegaría a ser profeta.

 

Y Dios le concedió ese privilegio. Ejerció. Lo hizo con altura, procurando honra y gloria a Su Creador. ¡Tenía en sus manos la oportunidad de servirle y no iba a desperdiciarla!

 

Una joven robó su corazón—la parte romántica de la historia–, y contrajo matrimonio.

 

Abra su vida al obrar milagroso de Dios

Abra su vida al obrar milagroso de Dios

Es un profeta, mujer, ¿qué futuro puede ofrecerte y a tus hijos mañana?—le insistían los familiares y amigos, tratando de disuadirla; pero el amor que le prodigaba a aquél hombre de Dios, pesó más que las mil recomendaciones. Luego vinieron los hijos; un acontecimiento maravilloso que llenó sus vidas de alegría.

 

 

Sin embargo y como diría mi abuelo Rogerio: “Nada es para siempre”. Murió el hombre, y con el deceso, las deudas que pesaban sobre sus hombros, en medio de la vida austera que llevó por años. Tristeza, dolor, desolación.

 

Ahora comprenderá lo complejo de la escena que relata la Biblia: La viuda de un miembro de la comunidad de los profetas le suplicó a Eliseo:—Mi esposo, su servidor, ha muerto, y usted sabe que él era fiel al Señor. Ahora resulta que el hombre con quien estamos endeudados ha venido para llevarse a mis dos hijos como esclavos. ”(2 Reyes 4:1, Nueva Versión Internacional)

 

¡Tremendo drama! Las deudas no daban tregua y se encontraba a las puertas de un embargo. Lo único que podrían tomar como prenda eran sus hijos, aquellos en los que la mujer se consolaba y tenía cifradas sus esperanzas.

 

¿Siendo cristiano ha enfrentado situaciones difíciles en materia de salud, a nivel económico, familiar o incluso ministerial que ameritan el que ocurran milagros? Si es así, entonces el estudio que tiene en sus manos es para usted. Lo invito para que juntos, Biblia en mano, estudiemos y aprendemos unos principios sencillos y prácticos que dinamizarán su vida personal y espiritual.

 

1. ¿Se cerraron todas las puertas? Recurra a Dios

 

Nuestro amado Padre celestial se especializa en modificar las circunstancias de tal manera que lo imposible se hace posible, es decir, que los milagros ocurren. No importa que las puertas se hayan cerrado y piense que llegó a un callejón sin salida. ¡Dios quiere manifestarse en su vida con poder! No importa cuán grande parezca el problema.

 

¿Qué ocurrió en el drama de la viuda? —¿Y qué puedo hacer por ti? —le preguntó Eliseo—. Dime, ¿qué tienes en casa? —Su servidora no tiene nada en casa —le respondió—, excepto un poco de aceite.”(2 Reyes 4:2, NVI).

 

Aun cuando creamos que el camino termino, siempre hay una salida en el Señor. Para Él todo es posible, y lo poco nuestro es muchísimo en sus manos. Ese es el Dios de poder y de gloria en el que hemos creído.

 

2. Crea sin cuestionar

 

Uno de nuestros mayores impedimentos para que se produzcan milagros, es justamente la incredulidad. Cada vez que aplicamos lógica a lo que Dios nos pide, levantamos enormes barreras al mover del Señor en nuestra existencia.

 

¿A qué viene todo este preámbulo? A las instrucciones que le impartió Eliseo a la viuda: Eliseo le ordenó:—Sal y pide a tus vecinos que te presten sus vasijas; consigue todas las que puedas. Luego entra en la casa con tus hijos y cierra la puerta. Echa aceite en todas las vasijas y, a medida que las llenes, ponlas aparte.”(2 Reyes 4:3, 4, NVI)

 

¿Qué pretendía hacer Dios?¿Acaso con un poco de aceite se iba a resolver el problema de las deudas?  Y, ¿cómo podría multiplicarse un poco de aceite? Era ilógico.

 

Ahora, con la mano en el corazón: ese mismo razonamiento que pudo hacer la viuda, es el mismo—guardadas las proporciones—que nos asalta cuando necesitamos un milagro. Le aplicamos al asunto un ingrediente altamente negativo: la racionalización. Olvidamos que Dios no se mueve en la lógica que nos asiste a usted y a mi, y que además rompe todos los esquemas. Su poder es ilimitado.

 

3. Fe es actuar

 

La fe está íntimamente ligada al dar pasos concretos, es decir, a obrar. Actuar. Dejar de lado el proceso de racionalización, conforme nos arrastra a hacerlo nuestra mente finita. Es necesario abrirle paso a creer. Aunque parece simple, es un proceso bastante complejo.

 

En seguida la mujer dejó a Eliseo y se fue. Luego se encerró con sus hijos y empezó a llenar las vasijas que ellos le pasaban.  Cuando ya todas estuvieron llenas, ella le pidió a uno de sus hijos que le pasara otra más, y él respondió: «Ya no hay.» En ese momento se acabó el aceite.”(2 Reyes 4:5, 6, NVI)

 

Cuando ponemos algún manto de duda, se levanta una enorme barrera a la ocurrencia de los milagros. Los hechos portentosos se ven impedidos, no por el Señor sino por la incredulidad que dejamos anidar en el corazón.

 

4. No ponga límites al obrar de Dios

 

Los límites al obrar de Dios no los pone Él sino cada uno de nosotros. ¿Qué hubiese ocurrido si la provisión de vasijas hubiese sido mayor? Sin duda el fluir del aceite habría sido infinito.

 

A través de algo tan elemental, el amado Padre obró un milagro para la viuda y sus hijos: La mujer fue y se lo contó al hombre de Dios, quien le mandó: «Ahora ve a vender el aceite, y paga tus deudas. Con el dinero que te sobre, podrán vivir tú y tus hijos.»”(2 Reyes 4:7, NVI)

 

Tal vez usted enfrenta una situación difícil. Necesita un milagro, ahora, hoy mismo. Todo cuanto ha intentado resultó en fracaso. Es posible que considere que no hay para usted ninguna oportunidad…

 

¿Qué hacer? Reconozca con sinceridad que llegó al límite de sus fuerzas y vuelva su mirada a Dios. Él es especialista en milagros. Clame a Él. Persevere. No se de por vencido. El Señor transformará las circunstancias, cualesquiera que fueran, y verá hechos portentosos y maravillas en su existencia, representados en provisión económica, sanidad física y emocional, y modificación en situaciones difíciles que parecían imposibles de resolver… ¡Hoy es el día para su milagro!

 

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en llamarme a (0057)317-4913705 o escribirme a fernandoalexis@aol.es

 

© Fernando Alexis Jiménez – (0057)317-4913705

MILAGROS

Un futuro de éxito se construye desde hoy

Fernando Alexis Jiménez

Nació con todas las condiciones para ser un perdedor: hijo de madre separada y soltera aún, viviendo en una zona marginal de México, enfrentando toda suerte de necesidades, sin posibilidades de recibir formación académica, rodeado de maleantes y con discapacidad motriz.

 

Pero Antonio Iguarán Santamaría no estaba dispuesto de dejarse vencer. En cuanto se levantaban obstáculos, más énfasis daba a su propósito de sobreponerse. Incluso un domingo, al caer la tarde y cuando no tenían más que café y un taco de frijoles como único alimento del día, al recibir el mensaje desalentador de “Jamás podrás llegar arriba; resígnate a lo que vivimos”, de su madre, se fijó la meta de salir adelante.

 

Fuiste concebido por Dios para tener éxito

Fuiste concebido por Dios para tener éxito

No me dejaré vencer por las dificultades–, se repetía cada vez que enfrentaba situaciones complicadas.

 

 

 

Cuando tenía trece años, comenzó a cursar su formación primaria; pese a sus dificultades para caminar, y vendiendo dulces a la salida de los teatros, financió su secundaria y posteriormente, se recibió como profesional. Tenacidad, convicción, fe en un Dios de poder que abre puertas que nadie cierra.

 

Hoy tiene un bufete de abogados a cargo. Vive en una zona privilegiada de México y coincide en un hecho: el éxito se construye desde hoy. Con ayuda de Dios no hay límites y absolutamente nada resulta imposible…

 

Planificar la vida para el éxito

 

“¿Planificar la vida?”. La pregunta la hizo un joven en medio de una conferencia que dicté sobre cómo construir desde hoy el mañana, con ayuda de Dios. Sobra decir que el auditorio estaba abarrotado. Sin duda, el tema despertaba interés. Y este muchacho no era la excepción, de ahí su pregunta.

 

La respuesta enfática: “Sí, la vida debe planificarse. Lo que ocurra en un futuro, depende en un alto porcentaje de las decisiones que adoptemos hoy”. Es un proceso. No es producto de un abrir y cerrar de ojos.

 

La Biblia registra una parábola del Señor Jesús encontramos una excelente ilustración para este tema. “Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor  a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. »Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? Si echa los cimientos y no puede terminarla, todos los que la vean comenzarán a burlarse de él, y dirán: “Este hombre ya no pudo terminar lo que comenzó a construir.”(Lucas 14:25-30, Nueva Versión Internacional)

 

Es necesario mirarnos en el tiempo. Determinar lo que somos ahora, con fallas y desaciertos, y lo que podemos llegar a ser en los ámbitos personal, espiritual y familiar, con ayuda de Dios.

 

Sobre esa base, es necesario hacer un inventario juicio de cómo estamos ahora, determinar con honestidad los cambios que se deben aplicar, y avanzar en ese sendero ayudados por el amado Salvador. Nos mantenemos unidos a Él en oración y mediante la meditación y aplicación de Su Palabra, la Biblia. Piénselo: necesitamos planificar hoy, lo que seremos mañana. Es imperativo e ineludible, si queremos dar pasos firmes hacia el éxito.

 

La dinámica acierto-error

 

En el largo tránsito hacia la construcción de un futuro de éxito, enfrentaremos generalmente la dinámica de acierto-error. ¿En qué consiste? En que la dura batalla que libra nuestra naturaleza carnal, querrá llevarnos de nuevo al viejo camino, poniendo tropiezos a nuestro cambio y crecimiento en las dimensiones personal y espiritual.

 

Frente a esta situación, es fundamental: primero, mantenernos asidos de la mano del Señor Jesucristo quien nos fortalece para vencer en momentos en que nos encontramos bajo una poderosa tentación, y segundo, para levantarnos si se produce una caída.

 

La Biblia relata que una mujer sorprendida en adulterio, fue llevada ante el Señor Jesús. Procuraban lapidarla, con la anuencia del amado Salvador. Es un pasaje maravilloso que manifiesta la misericordia de Dios, y de qué manera, no hay nadie justo porque todos fallamos, de una u otra manera. Como los acusadores de la mujer insistieran  “… Jesús se incorporó y les dijo: —Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo.  Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí.”(Juan 8:6-9, Nueva Versión Internacional)

 

¿Ha fallado? Sin duda. Yo también. No soy lo súper espiritual que pudiera creer. Al igual que usted, cometo errores. En palabras coloquiales, usted y yo nos identificamos en algo: “Somos cristianos en construcción”.

 

Una nueva oportunidad

 

Todos tenemos una nueva oportunidad. Es cierto, hemos fallado; sin embargo podemos reemprender el camino, tomados de la mano de Jesucristo. Si hemos errado, Él nos comprende y está dispuesto a ayudarnos en el proceso de levantarnos y seguir adelante en el proceso de crecimiento. Relata el Evangelio que la mujer quedó sola con Jesús. Se fueron aquellos que iban a apedrearla.

 

La escena fue conmovedora: “Entonces él se incorporó y le preguntó—Mujer, ¿dónde están?  ¿Ya nadie te condena? —Nadie, Señor. —Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. ”(Juan 8:10, 11, Nueva Versión Internacional)

 

Una respuesta contundente, pero a la vez, esperanzadora. La instrucción del Señor Jesús fue clara y puntual: “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar”.

 

Cierta persona que me escribió desde el Paraguay, me consultaba sobre el dilema de perdonar o no a su esposa, en cuyo teléfono celular había descubierto un mensaje de texto que corroboraba su infidelidad. Mi recomendación fue hablar del asunto con ella y, con ayuda de Dios, encontrar una salida.

 

La mujer reconoció su error y le pidió una nueva oportunidad. Perdonarla no fue fácil, pero su hogar marcha hoy como él lo quiso siempre. Su compromiso fue el de no recabarle en el error, y el de ella, guardarle fidelidad. Piénselo: operó una segunda oportunidad, que es la que Dios nos concede siempre, y nos permite reemprender el camino, construyendo desde hoy nuestro mañana.

 

El cristianismo: camino al éxito

 

Hay dos perspectivas para mirar la vida cristiana: la primera, como una existencia aburrida, plagada de “No digas”, “No hagas”, “No toques”. O aquella que descubrí y comparto con usted: un maravilloso camino de aprendizaje en el que no avanzamos solos sino con ayuda de Dios.

 

Es posible cuando hay disposición personal para el cambio. Una vez reconocemos nuestro error y concluimos que en nuestras fuerzas no es posible cambiar, dejamos que el amado Jesús, nuestro Señor, opere la transformación que anhelamos: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.”(Apocalipsis 3:20, Nueva Versión Internacional)

 

Cuando damos ese paso esencial, se produce una modificación entre el presente y el pasado. Ya no seremos los mismos. Todos los pecados y errores del ayer quedan borrados, y se abren ante nuestros ojos los capítulos el blanco de la nueva vida que está por escribirse como lo describe magistralmente el apóstol Pablo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!”(2 Corintios 5.17, Nueva Versión Internacional)

 

No podemos permitir que el ayer nos atormente, y doblegarnos bajo el desánimo por lo que hicimos antes. Hay una nueva oportunidad en Dios, y debemos aprovecharla al máximo.

 

Liderazgo para transformar el mundo

 

Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los nuevos parámetros de vida que enseña La Biblia, sentamos las bases para un liderazgo eficaz que transforma el mundo. Ejercemos influencia en los demás. Nuestros pensamientos renovados, se manifiestan con hechos (Cf. Romanos 12:2)

 

Testimoniamos de una nueva con nuestras acciones, que impactan e influencian entre quienes nos rodean: “Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. »No todo el que me dice: “Señor, Señor” , entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”(Mateo 7:19-21, Nueva Versión Internacional)

 

Un liderazgo efectivo, camino al éxito, es aquél que ejerce influencia entre los demás, y sienta bases para el cambio y crecimiento. Cuando alguien me pregunta cómo defino éxito, mi respuesta—tal como se la compartí a un líder del Pacífico colombiano, en el hermoso puerto de Buenaventura, es esta: “Éxito es la plena realización de los dones y talentos de Dios en nuestra vida”.

 

La razón es sencilla. La posición social, el nivel académico o la disponibilidad económica de alguien, no determina que sea exitoso. Conozco personas con mucho dinero, pero con matrimonios desechos; también profesionales con varios títulos de post grado, que protagonizan escándalos y tratan mal a su familia…

 

El valor de los sueños, metas y proyectos

 

Recuerdo a un hombre a quien conocí en la tradicional Plaza de Caycedo, en mi amada Santiago de Cali. Una tarde cálida bañada con la brisa proveniente de las montañas. Las palmeras se mecían plácidas y estaba contento disfrutando esos momentos únicos e irrepetibles.

 

Este año tengo los planes para salir del desempleo, y hasta de la pobreza…–me abordó.

 

Acto seguido me hizo una vívida descripción de todas las iniciativas que se disponía a desarrollar. Unas fantasiosas, otras, aterrizadas y viables. Lo escuché de buena gana y antes de despedirme, lo animé a echar adelante con

 

Meses después lo encontré en el mismo lugar. La misma historia, casi con idénticos detalles. “¿Y qué haz hecho para materializar tus sueños?”, le pregunté a lo que me dijo: “Realmente poco, pero pronto voy a poner manos a la obra”.

 

Muy similar a lo que ocurre con millares de personas en todo el mundo. Sueñan mucho, pero ejecutan poco. El cristiano, camino al éxito; aquél que construye desde hoy su mañana, debe ser diligente. Por eso, además de tener claro lo que se va a hacer, es imperativo dejarlo en manos de Dios: Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará.”(Salmo 37:5, Nueva Versión Internacional

 

Dios no pone los límites, los límites los ponemos usted y yo. Recuerde que el Señor Jesús enseñó: “Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.”(Juan 14:12-14, Nueva Versión Internacional)

 

Observe cuidadosamente que dice “todas las cosas”. Siempre y cuando esté en la voluntad de Dios para nuestra realización, no hay impedimentos ni límites. Todo es posible, incluyendo por supuesto su crecimiento personal y espiritual, y los altos niveles de realización que siempre ha soñado.

 

Tenga presente que debemos darle el valor que se merecen nuestros sueños, metas y proyectos, y someterlos a nuestro amado Padre celestial. Él abrirá puertas que nadie jamás puede cerrar.

 

Siempre adelante

 

Aquellos que construyen desde hoy su mañana, con ayuda de Dios, comprenden que el mundo evoluciona y nosotros –como creyentes—debemos evolucionar también, es decir, cambiar y crecer. Al respecto el apóstol Pablo escribió: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. ”(Romanos 12.2, Nueva Versión Internacional)

 

Es necesario estar preparados para los cambios y aprovechar las oportunidades que Dios nos ofrece. En esa línea de pensamiento, hay tres cosas que debemos tener presentes: la primera, que sólo quien sueña en Dios, llega lejos; la segunda, que es importante identificar dónde estamos fallando y cuáles son nuestros debilidades en procura de corregirlas, y la tercera, reconocer cuáles son nuestras fortalezas y potencializarlas.

 

Sin duda habrá pensado un poco en el curso de su vida. Probablemente ha descubierto que atraviesa un período de desierto o estancamiento. ¡Es hora de hacer una auto evaluación juiciosa! Recuerde que desde hoy estamos construyendo nuestro mañana. Y en Dios es posible llegar muy lejos.

 

No hay razón para que siga igual, estático, sabiendo que fuera hay un mundo de oportunidades que le esperan y que, en el Señor, su mañana es de victoria. ¡Tome la decisión! Hoy es el día para reemprender el camino de victoria u orientarse hacia él, si no lo había hecho antes.

 

Puedo asegurarle que, tomado de la mano del Señor Jesucristo, su existencia jamás volverá a ser la misma. Basta que se decida en este momento.

 

Si tiene alguna inquietud no dude en escribirme ahora mismo a fernandoalexis@aol.es  o bien, puede comunicarse al teléfono (0057)317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

 

VIDA NUEVA

Hombres y mujeres que marcan la diferencia

Fernando Alexis Jiménez

Si algo le hacía brillar los ojos con la misma avidez de un gato en plena faena de casa en una noche oscura, era ver correr sangre. Algo que le atraía poderosamente y le llevaba a sentirse dueño de la vida, como un dios. Felipe se ufanaba junto con sus amigos, reunidos en la misma esquina de barrio de siempre, desde las seis de la tarde hasta que el frío lo obligaba a irse a casa. “Lo obligue a estar de rodillas. Me suplicaba, que su esposa, que sus hijos, que no los dejara huérfanos. Y yo, nada. Te mueres. Y el disparo. Y verlo caer. No lo imaginan. Y mañana, compren el periódico para que lo vean“, relataba, enfatizando los pormenores.

¿De una cárcel? Decía que era el refugio de los cobardes. “El día que me toque a mí, me muero. Primero bajo tres metros de tierra antes que encerrado en una jaula“, decía con ese temor que nunca ocultó al encierro.

Las armas lo apasionaban. Cambiaba de modelo y de marca, como de celular. Cada peso que se agenciaba cometiendo crímenes y atracos lo destinaba a las drogas. Un círculo vicioso que jamás terminaba. Una espiral sin fondo. Un agujero en el infinito. Levantarse de mañana, cometer sus pillerías, drogarse y preso de la euforia, proclamar entre sus conocidos las acciones delincuenciales para luego dormir, en esa sucesión interminable de imágenes de pesadilla.

Tú puedes marcar la diferencia

Tú puedes marcar la diferencia

 

 

Lo capturaron un sábado, cuando caía la tarde y se aprestaba a pasar una noche de parranda, acompañado de una joven que había conocido en un restaurante. Antes de salir de su habitación practicó varios pases de baile, especialmente de merengue, el que más le gustaba. Dos agentes lo retuvieron. No tuvo tiempo de decir nada. Cayó al suelo. Vociferaba, y en menos de lo que podía imaginar, estaba en una celda, estrecha, húmeda, con inscripciones, números de teléfono y nombres por todo lado.

Ese penal sería su casa por más de siete años, de los veinticinco a los que le condenaron por sus innumerables crímenes. El cambio, sin embargo, llegó seis meses después de estar encerrado. Le visitó una mujer que le habló de Jesucristo y terminó haciendo la oración de fe, más por el desespero y el ánimo de que ella se fuera, que por el deseo sincero de cambiar de vida. Pero esas sencillas palabras, marcaron una transformación en su vida. No podía consumir cocaína como antes, no le hacía efecto y se negó, pese a la insistencia de dos compañeros de celda, a seguir vendiendo alucinógenos. Una fuerza que no podía explicar, se lo impedía.

Incluso comenzó a leer la Biblia. Ahora no dependía de sus esfuerzos sino de Dios. Y cuando menos lo pensó, estaba orando. Buscando a ese mismo Señor Jesús que tantas veces rechazó.

Por más de cinco años, estando aún bajo condena, marcó una diferencia entre sus compañeros. Con hechos demostró que el medio ambiente no es finalmente el que moldea el comportamiento de una persona. Que cada quien puede definir si actúe conforme a los parámetros del mundo. Fuera de la cárcel, sigue predicando, con ahínco, dispuesto a no perder un solo segundo, conciente que cada minuto vale oro.

Productos iguales, rótulos diferentes

Cuando voy de compras con mi esposa Lucero, comparamos sinnúmero de productos que tienen la misma composición física y química, que generan iguales efectos, pero que son presentados con diferente rótulo. El precio depende de la empresa—nacional o extranjera—que los produce. Es más, muchas veces anuncian adiciones y componentes que potencializan el artículo para mayor beneficio de los usuarios. Sin embargo cuando se prueban, se corrobora que no se ha modificado nada.

¿Le suena familiar? Sin duda que sí. Yendo un poco más allá, entramos que una dinámica similar ocurre con decenas de hombres y mujeres en todo el mundo. En su afán de cambiar y experimentar crecimiento en las esferas personal y espiritual, recurren a toda suerte de corrientes seudo-religiosas o filosóficas.

Asisten entusiasmados a cursos de superación, dicen “Maravilloso. Una experiencia jamás imaginada. ¡Mi vida jamás será la misma!“. Acompañan sus afirmaciones con sonrisas confiadas como en los comerciales de dentífrico de la televisión. Pasado un tiempo, descubren que nada ha cambiado y siguen siendo las mismas personas, con las mismas expectativas de siempre. Productos iguales con rótulos diferentes.

Llamados a marcar la diferencia

Ningún ser humano está llamado a quedarse en un nivel estático; por el contrario, un principio dinámico se fundamenta en el hecho de que hombres y mujeres—indistintamente de su condición social, cultural o económica—están llamados a crecer, a evolucionar. Avanzar a nuevas alturas.

El Señor Jesús lo enseñó en términos prácticos: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa.” (Mateo 5:14, 15. Nueva Versión Internacional)

Sal y luz del mundo. Dos componentes que transforman. Y eso es justamente lo que usted y yo debemos ser, agentes de cambio donde quiera que nos encontremos.

Más que dejarnos influenciar por el entorno, debemos asumir un papel activo y protagónico: influir en el mundo que nos rodea.

Es un proceso que está fundamentado en dos pilares: pensar y actuar de manera diferente que el común de la gente, tomando como punto de referencia el momento en que nos decidamos por el cambio. Este principio lo resaltó el Maestro cuando dijo: “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.” (Mateo 5:16, Nueva Versión Internacional)

El segundo es que si nuestras actitudes no son distintas que otrora, no ha habido cambio y por ende, no estamos marcando la diferencia. Somos productos iguales con distinto rótulo.

¿Qué influye en su vida?

Todo alrededor nuestro ejerce una poderosa influencia en nuestro ser si se lo permitimos. Si nos alimentamos de la maldad del mundo, cultivaremos maldad en el corazón, y por supuesto, obraremos maldad. Fe ahí la necesidad de poner un filtro a la información que recibimos y procesamos en la mente.

El axioma es sencillo: obramos de acuerdo con lo que pensamos, y pensamos de acuerdo a la información que anidamos en el corazón. El rey David lo expresó de manera práctica cuando escribió: “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores…” (Salmo 1:1 a, Nueva Versión Internacional)

Una sociedad como la nuestra, gobernada por el pecado, legitima lo pecaminoso. Le parece normal. Esa realidad determina el que desarrollamos dos elementos claves en nuestra existencia: el sentido de justicia y el principio de la rectitud. El primero nos ayuda a poner en una balanza todo cuanto concebimos u obramos, y el segundo, nos permite caminar en consonancia con lo que Dios espera de nosotros.

En conjunto, los dos nos ayudan a no movernos en la dirección que el resto de las personas en camino al caos personal y social. En otras palabras, es comenzar a marcar la diferencia. Dejar de ser productos iguales con rótulos diferentes.

Dime con quien andas… y…”

Además de los regaños por mi hiperactividad, a mi abuela Mélida le debo buena parte de las enseñanzas que han resultado valiosas en mi cotidianidad. Una de ellas es un refrán muy popular en Latinoamérica: “Dime con quién andas y te diré quién eres“.

El rey David lo expresó en otros términos que tienen profundo significado: “…ni cultiva la amistad de los blasfemos…” (Salmo 1:1 b)

Las amistades hay que evaluarlas cuidadosamente. Si alguien me insta e incluso, genera condiciones propicias para que usted y yo obremos maldad, no lo podemos considerar una amistad apropiada y verdadera. Es el tipo de personas a quienes—sin cortar de plano la posibilidad de hablar—debemos distanciar. Aunque parezca demasiado radical, es la actitud que ayuda en estos casos.

Tomemos el caso de Jorge Alberto, un hombre convertido a Jesucristo pasados los cuarenta años. Su esposa llevaba mucho tiempo orando por él. Sumamente difícil: era borracho, mujeriego, con ínfulas de ateo y un complejo de superioridad que le acompañaba como una sombra, sin dejarlo actuar equilibradamente. Cuando volvió la mirada a Dios, experimentó un cambio altamente positivo.

Justo cuando iba avanzando en el crecimiento personal y espiritual, sus amigos de otrora lo invitaron –una y otra vez—a irse de farra. Él los oía de buena gana. Pese a ello, los frecuentaba. Finalmente cedió a la tentación y volvió a ser el mismo bebedor de antes. ¡Pudo evitarse una caída espiritual si solo se hubiera apartado a tiempo de quienes, llamándose sus amigos, le presionaban a volver atrás de su andar cristiano. Recuerde: debemos marcar la diferencia.

Asuma nuevos principios de vida

Hace pocos días el computador portátil de casa se echó a perder por un virus. Se perdieron muchas fotografías, apuntes deshilvanados para artículos y escritos futuros. Lo curioso del asunto es que el técnico de sistemas me miró con una amplia sonrisa y dijo: “Nada de qué preocuparse. Es más , el aparato tiene memoria suficiente para incorporarle nuevos programas que le serán sumamente útiles“.

Ese incidente viene a mi mente cuando veo este principio en la Escritura: “… sino que en la *ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella…” (Salmo 1:2). Es esencial incorporar nuevas pautas de pensamiento a nuestra vida, las cuales—fundamentadas en la Biblia—producirán cambios en nuestro ser. Tendremos una afectación positiva. Pensaremos y actuaremos diferente. Base para el crecimiento personal y espiritual.

Cuando se opera una transformación en nuestro ser, se producen dos cosas: la primera, mejora nuestra intimidad con Dios y las relaciones interpersonales, y la segunda, vienen a nuestra vida bendiciones de lo alto: “Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!” (Salmo 1:3)

Todos los seres humanos podemos cambiar, no en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Con la ayuda del Señor Jesucristo podemos lograrlo. Él nos acompaña durante todo el proceso. Nos guía y fortalece a cada uno. Pero el paso inicial es recibirlo en nuestro corazón, abrir las puertas a una existencia renovada. Tomados de Su mano, podemos ser hombres y mujeres que marquen la diferencia.

¿Tomó la decisión?

La decisión más importante de todo ser humano es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Hacerlo es muy sencillo. Incluso ahora mismo, allí donde se encuentra. Dígale: “Señor Jesucristo, te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Gracias por morir en la cruz por mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”.

Tengo tres sugerencias para usted. La primera, hable cada día con Dios. Eso es orar. Desarrollar intimidad con nuestro Padre celestial. La segunda, lea la Biblia en donde aprenderá principios dinámicos tomados de la Biblia que le ayudarán en su crecimiento personal y espiritual, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Hoy ha comenzado una nueva vida!

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705 
Email personal:
pastorfernandoalexis@hotmail.com

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