Si tu economía va en picada ¡debes hacer algo hoy!
Fernando Alexis Jiménez
Cuando hurgó sus bolsillos—primero con curiosidad y luego con desesperación–, Roberto descubrió que apenas tenía unas monedas, y luego se dirigió, febril, hacia el interior de su billetera en la que únicamente encontró los documentos de identidad y unas cuantas tarjetas de presentación. “Dios mío, otra vez me quedé sin dinero“, murmuró.
Llevaba varios meses en la misma situación. Un ciclo que parecía interminable. Su fuerza de voluntad se mantenía firme en un trayecto no mayor de doscientos metros: desde que salía del banco, después de cobrar su quincena, hasta que pasaba frente a la vitrina de un almacén, una librería, un restaurante o una venta de “saldos“. Obtenía cosas que no necesitaba, simplemente porque tenían un rótulo de colores que decía: “Rebajas“. Muchas veces se encontró echando la basura aquello que cuatro meses antes parecía novedoso y que descubrió, no tenía mucha utilidad en su hogar.
El común denominador era que, pasados dos días—a lo sumo– después de recibir su salario quincenal, se quedaba sin un peso y luego se veía asimismo frente al calendario de pared que fijó en su oficina, auscultando qué día era y deseando en lo más profundo de su ser, que llegaran el 15 o el 30.
“Jamás podré salir de esta crisis“, se repitió mientas sacaba, furtivamente, como si alguien estuviera mirándolo y estuviera a las puertas de asestarle un regaño, la tarjeta de crédito para realizar un avance de dinero y cubrir lo que le faltaba.
¿Qué plantea la ciencia?
Al referirse a los fenómenos de los compradores compulsivos, aún a costa de que su inclinación les lleve a endeudarse para después lamentarse por las decisiones erradas, los científicos aseguran que es un comportamiento con origen en las hormonas. Sicólogos de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra, descubrieron que muchas personas—especialmente mujeres—compran y compran, dando rienda suelta a un deseo que consideran irrefrenable, para después sentirse culpables de lo que hicieron.
Por ejemplo, las conclusiones del análisis realizado entre 443 mujeres con edades que oscilan de los 18 a 50 años para identificar sus hábitos de compras y que fueron presentadas en la conferencia de la Sociedad Sicológica Británica, revela que cerca del 65% admitieron haber gastado compulsivamente cuando atravesaban las últimas etapas de su ciclo menstrual. El 55% dijeron haber gastado alrededor de 40 dólares, y un número reducido aunque no menos significativo, reconocieron que dispararon sus adquisiciones y deudas en más de 350 dólares.
Los investigadores señalaron que el comportamiento se da diez días antes de la menstruación en las mujeres y durante el período. “Es algo hormonal—dijo la profesora Karen Pince, de la Universidad de Hertfordshire, en nota que publicó la BBC –. Durante el ciclo experimentamos aumentos repentinos y fluctuaciones en las hormonas que afectan la parte del cerebro vinculada a las emociones y al control inhibitorio“.
En el caso de los hombres la compulsión por comprar, aunque se endeuden hasta más no poder, se produce por vacíos internos e incluso complejos, que buscan llenar y superar a partir de la sensación de “tener“. A este hecho se suma la influencia de la sociedad de consumo que “valora” a alguien por el celular que usa, el traje que viste o el auto en el que se moviliza. De ahí que muchos caballeros parecen desplazarse en una pista sin fin en la carrera por endeudarse para ganar cierto estatus.
Mida las consecuencias de lo que hace
Un pasaje revelador acerca de los enormes perjuicios de endeudarse, lo hallamos en el segundo libro de Reyes, capítulo 4, cuando la viuda de un siervo de Dios quien se había endeudado pero falleció, acude a Eliseo en procura de ayuda. Una situación compleja. Estaban en peligro los hijos de aquella mujer a quienes los acreedores querían llevarse como prenda de pago.
El siervo de Dios le mandó traer vasijas y con un poco de aceite se llenaron. Sólo cesó cuando terminaron las vasijas. “La mujer fue y se lo contó al hombre de Dios, quien le mandó: «Ahora ve a vender el aceite, y paga tus deudas. Con el dinero que te sobre, podrán vivir tú y tus hijos.»”(2 Reyes 4:7, Nueva Versión Internacional)
Endeudarnos, sin necesidad, acarrea consecuencias. Es algo que deberíamos pensar cuando sacamos la tarjeta de crédito. No es aconsejable gastar y gastar. Es una fuerza superior, que trata de gobernar nuestra siquis, y que vencemos no en nuestras fuerzas sino en las de Dios.
Otra consideración que le invito a atesorar en su corazón: no sea “manos rotas“, es decir, de aquellos que gastan y gastan sin pensar en el mañana. Quien obra de esta manera, temprano o tarde terminará en problemas. La Biblia nos sugiere dos cosas: evaluar en qué invertimos cada peso y, comprometernos a pagar las deudas que asumimos: “Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan; otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria.”(Proverbios 11:24, Nueva Versión Internacional)
¡No se deje arrastrar por los deseos del corazón, que al fin y al cabo son engañosos, cuando se trata de comprar! Pero algo más, un tercer principio que debe valorar enormemente: no salga de fiador por nadie. No es algo caprichoso, Dios mismo lo recomendó a Su pueblo: “No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas…”( Proverbios 22:26, Nueva Versión Internacional)
Quien se pone en la brecha por los demás, aún siendo irresponsable con sus propios compromisos, terminará con serios problemas. Lo mejor, hoy y siempre, es someter a Dios todos nuestros proyectos, entre ellos por supuesto, el de las compras.
Nuestra responsabilidad: el punto de equilibrio
Confieso que conozco poco de temas financieros. Recuerde que estudie periodismo y, de otra parte, la carrera profesional de teología. Nada de números. Pero a raíz del manejo económico en la iglesia y tras consultar una y otra vez a la Contadora de la congregación, me insistía en algo que ya no es algo nuevo en mi presupuesto mental: el punto de equilibrio. Ese estado en el que los gastos están acompasados con lo que entra. No excederse a uno u otro margen.
Igual debe ocurrir con nuestras finanzas personales. No debemos endeudarnos sin necesidad. Vivir con lo que tenemos y si Dios da más, a Él la gloria, aprender a administrar bien cada peso. Las deudas no son aconsejables, como escribió el apóstol Pablo: “No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley. “(Romanos 13:8, Nueva Versión Internacional)
Lo aconsejable en todos los casos, es invertir con el dinero que tenemos sin acudir a las deudas. Dios es nuestro proveedor y nos abrirá las puertas cuando queramos comprar algo. Las Escrituras enseñan que si somos fieles, Él colmará los deseos de nuestro corazón (Salmo 37:4)
Es necesario romper el ciclo
Las deudas son una atadura. Al menos aquellas en las que nos vemos inmersos, no tanto porque requiramos comprar algo, sino por ese afán, casi de avaricia, de tener más y más. Un ejemplo es la situación de bonanza que se produjo hace pocos años en los Estados Unidos y que llevó a disparar las líneas de crédito. Todos compraron de todo. Ahora, en medio de la recesión que azota el mundo, se encuentran al borde del desespero.
Precisamente hace pocos días escuchaba de personas, otrora adineradas, que abandonaban sus propiedades en diferentes ciudades y dejaban los yates a la deriva porque no tenían cómo pagar su mantenimiento.
El primer y más grande paso para salir de las deudas es entender que constituyen una atadura. Dios es nuestro proveedor. Él lo dijo muy claro a través del rey Salomón: “La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse.” (Proverbios 10:22, Nueva Versión Internacional) Nos transmite una enseñanza sumamente valiosa: Si queremos algo, el Señor mismo nos lo dará, pero a su tiempo, y no nos traerá tristeza.
Hay tres recomendaciones que comparto con usted: La primera, saque primero el dinero de sus gastos fijos y sólo deje la cantidad, aunque sea mínima, de lo que puede invertir en “aquello que lo tienta“. Guárdela en un sitio especial. Será su baúl de gastos innecesarios. La segunda, trate de evitar esos sitios en los que siente que invariablemente sabe que gastará en lo que no necesita, y la tercera, si se enamoró de algún objeto y piensa que “debe tenerlo”, dese al menos dos o tres días antes de oficializar la compra. Puedo asegurarle que “la fiebre” pasará y terminará no adquiriendo aquello que consideraba muy necesario.
Pero, en medio de todo, siempre vuelva su mirada al Señor Jesucristo y pídale la fortaleza necesaria para vencer. Recuerde que lo ideal es que todo cuando compremos, sea en dinero contante y sonante, sin acudir a créditos. ¡Con ayuda de Dios podrá lograrlo!
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¿Cómo perjudica la televisión a nuestros hijos?
Fernando Alexis Jiménez
La noticia sorprendió a la ciudad entera. El niño, que iba a cumplir apenas cinco años, había saltado del cuarto piso de un edificio de apartamentos en Sao Pablo, Brasil. Milagrosamente no murió, pero sufrió múltiples fracturas.
Cuando se acercaron en procura de prestarle ayuda, lo encontramos vestido con un traje del Hombre Araña, el mismo con el que sus padres le habían llevado a pedir dulces en la última celebración de Hallowen. “Soy Spiderman”, solía repetir en los juegos con sus amiguitos.
Rose Oliveira, la madre, dijo entre sollozos a un reportero que jamás imaginó el enorme perjuicio que traería ese programa de televisión a su pequeño. “Jamás pensé que esta tragedia fuera a ocurrir”.
Si bien es cierto el incidente no pasó a mayores y el niño hoy juega de nuevo en un parque cercano, los Oliveira descubrieron y aprendieron en su realidad vivencial familiar, el grado de influencia que ejercen los programas televisivos en los infantes.
Terribles consecuencias de la televisión
Una reciente investigación realizada por científicos estadounidenses y que difundió la agencia Reuters, revela que los niños menores de tres años se ven seriamente afectados cuando pasan entre una y tres horas ante el televisor. Concluyeron que comienzan a experimentar un comportamiento agresivo, se tornan desobedientes, gritan en exceso y muestran una marcada inclinación a golpear a otros niños. Se encuestó a 3.1280 mujeres de 20 ciudades norteamericanas, que tuvieron hijos entre 1998 y el 2000.
Raúl Huessman, de la Universidad de Michigan, fue enfático en asegurar que: “Los padres no pueden permitir que los niños se extasíen con películas violentas”, a lo que la sicóloga Nelly Manganello, anotó: “Los padres deberían ser más cuidadosos y conscientes acerca del uso de la televisión”. Lo sorprendente, de acuerdo con los investigadores y en lo que concuerda la Academia Norteamericana de Siquiatría, es que los pequeños se ven afectados así no estén frente a la pantalla y que reciben influencia con solo que el aparato esté encendido y oigan los mensajes al fondo, en la distancia.
Recomiendan que los niños menores de dos años no vean la tele y que los mayorcitos, no pasen más de una hora apreciando programas, por el grado de vulnerabilidad que presentan, expuestos al contenido que difunden los programas, así sea de dibujos animados.
Ahora, otro estudio reciente publicado por el Seattle Children’s Hospital Research Institute revela que por cada hora de televisión violenta que consume un niño menor de 5 años, su agresividad aumenta tres veces más adelante.
La investigación se realizó en Estados Unidos con niños de entre 2 y 5 años. Durante 40 años se investigo a 184 varones y 146 niñas, que tipos de programas eran vistos por ellos y cual fue su comportamiento posterior. Señala que los menores que están expuestos a la influencia televisiva se inclinan a un comportamiento agresivo y de desobediencia durante su infancia y adolescencia.
La conclusión más relevante de este estudio afirma que por cada hora de televisión violenta los niños triplican sus posibilidades de desarrollar conductas violentas, lo cual es realmente preocupante.
En cuanto a las niñas, la realidad es diferente, ellas no desarrollaron comportamientos violentos.
¿Cuánto tiempo dedicas a sus hijos?
El tiempo que pasamos con nuestros hijos y la forma como nos comunicamos con ellos, son de suma importancia. Es al interactuar con ellos como les impartimos valores y principios que les ayudarán a crecer y formarse con cimientos sólidos.
Esta pauta orientada a edificar familias de éxito, con hijos criados sanamente, no es algo nuevo difundido por la ciencia y reafirmado por la sicología. Por el contrario, es muy antigua y la compartió el rey Salomón cuando enseñó a los padres: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”(Proverbios 22:6).
Observe que aquello que sembramos en nuestros hijos, desde la más tierna infancia, quedará en su corazón por siempre. Aun cuando pase el tiempo, tendrán presente tales recomendaciones. Serán como guardas alrededor, mostrándoles—en Dios—el sendero correcto.
Ahora, probablemente me dirá usted: “¿Mi pareja y yo trabajamos?”. Ese es un fenómeno muy propio de nuestro tiempo, que si bien es cierto ha sido alimentado por situaciones tan complejas como la crisis económica, no debe llevarnos a dejar de aprovechar hasta el más mínimo instante que podemos tener con nuestra progenie.
Desde que unimos nuestra vida, mi amada esposa Lucero y yo acordamos que ella se quedara a cargo de nuestros hijos. No fue algo arbitrario sino por el contrario, una decisión que aceptó y de la que jamás nos hemos arrepentido porque pudimos ejercer influencia en nuestros tres hijos con principios fuertes.
Etapa influenciable
Los padres se desentienden de sus hijos y para “quitárselos de encima”, les prenden el televisor en algún canal de juegos animados o de películas. Los pequeños se han acostumbrado a convivir con la violencia, escenas de sensualidad, gritos, miradas cargadas de odio, adulterio, egoísmo, alcohol, orgullo y—puedo asegurárselo—la lista es interminable. Lo grave es que por su tierna edad, los infantes son influenciables y toda la información que “absorben” a través de la tele, termina afectando su forma presente y futura de pensar y actuar. No se puede olvidar que nuestros pequeños están iniciando su formación y que todo lo que vean, escuchen, y viven, pesará sobre ellos.
Piense por un instante en que el hecho mismo de observar violencia, puede provocar en los niños comportamientos cargados de temor e inseguridad. Incluso, además de la agresividad en su conducta, pueden incluir demostraciones de impulsividad.
Es hora de que nos preguntemos qué espacio le hemos abierto en nuestro hogar a la televisión, y reconocer que tanto programa en pantalla, les torna menos creativos; conviven menos con la familia y sus amiguitos; se tornan perezosos para leer y se reduce su rendimiento escolar. Además se aumenta la inclinación a que coman demasiado.
Siembre en sus hijos sanos principios
Como padres, debemos aplicar principios bíblicos en nuestra vida. Vivenciarlos. Es la mejor manera de que se repliquen en nuestro hogar. Recuerde que la mejor enseñanza es la que impartimos con el ejemplo.
Así lo instruyó Dios a su pueblo escogido y que se extiende a nosotros hoy: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”(Deuteronomio 6:6-10)
Observe cuidadosamente que la recomendación del Señor es que sembremos esas pautas en nuestros hijos. Es una tarea que debemos emprender desde cuando ellos se encuentran en la tierna infancia.
Las pautas bíblicas que experimentamos en la práctica y que compartimos con los pequeños, les permitirán salir airosos en toda circunstancia de la vida, tal como enseñan las Escrituras: “Te guiarán cuando andes; cuando duermas te guardarán; hablarán contigo cuando despiertes. Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. ” (Deuteronomio 6:22-24)
Hay una serie de recomendaciones valiosas sobre el tema del tiempo que pasan nuestros hijos frente al televisor: Conozca en detalle el tipo de programación del canal que ven sus hijos con frecuencia; interésese en la temática que manejan los espacios televisivos; controle el tiempo que ellos pasan frente a la pantalla; vigile la nutrición de ellos, especialmente qué tipo de alimentos consumen cuando están absortos en una película o un programa; evalúe si su rendimiento escolar se ha visto afectado por el tiempo que están como televidentes y asegúrese de que duerman lo suficiente.
Y por último, un principio de victoria para edificar una familia de éxito: sea el mejor amigo de sus hijos. Déles confianza. No que encuentren en usted al ogro, que impone leyes e imparte castigo, sino el amigo, alguien con quien pueden dialogar sobre sus inquietudes, temores y expectativas. Recuerde que en este proceso avanzamos, pero dándole el primer lugar a nuestro amado Señor Jesucristo. Que Él sea el Rey de su vida, de su familia, de sus hijos…
Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es o si lo prefiere, me puede contactar en (0057)317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
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Oración que derriba fortalezas de maldad
Fernando Alexis Jiménez
La tranquilidad de La Primavera, un barrio del occidente de la ciudad, se rompió el día en que un grupo de jóvenes comenzó a reunirse en la casa de la esquina. Llegaban furtivamente, tocaban a la puerta quedamente, mirando a todos lados, como quien no quiere ser descubierto. Cuando semi abrían el portón, pasaban dinero y recibían a cambio paquetes muy pequeños, que vecinos del lugar identificaban como estupefacientes. Luego se sentaban a consumir marihuana y otras sustancias.
–Santo Dios, definitivamente estamos a las puertas del fin del mundo–, se lamentaba doña Gilma, una venerable anciana, escandalizada por el desagradable espectáculo.
–Este lugar era tan distinto cuando no estaban esos hombres aquí vendiendo drogas–, se quejó Antonio, el dueño de la tienda más concurrida.
Rebeca y Javier compartían la misma realidad; sin embargo no murmuraban. Guardaban silencio cuando alguien venia a comentarle del asunto.
Un día alguien los abordó para pedir su firma. Estaban levantando un memorial a las autoridades para pedir la intervención en procura de erradicar ese foco de drogadicción. Ellos se negaron a hacerlo.
–Ustedes son insensibles. Pareciera que no les importa lo que está ocurriendo aquí–, riñó uno de los promotores de la iniciativa.
–Nosotros damos la batalla no en los estrados judiciales sino de rodillas, en oración–, explicó Javier–. Como cristianos evangélicos creemos en el poder ilimitado de orar delante del Señor–.
Les compartieron sobre algunos versículos que sustentaban la importancia de orar para reclamar territorios para Dios. Los promotores de las firmas se alejaron acusándoles de fanáticos religiosos.
La joven pareja de cristianos siguió en clamor, y pidieron respaldo de la iglesia. No pasó un mes antes que se produjeran dos cosas: de un lado, la mudanza de los dueños de aquél antro, y de otra parte, el retiro de los jóvenes drogadictos de la cuadra.
¡Se granó la batalla por el territorio! Satanás se dio a la huida cuando le resistieron en oración.
¿Territorio en poder de Satanás?
Aunque muchas personas se resistan a admitirlo, Satanás tiene dominio de amplios territorios, tal como lo encontramos en el pasaje en el que nuestro amado Señor Jesús es tentado por el adversario: “Otra vez lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares”(Mateo 4,8, 9)
Hay dos formas principales—aunque por supuesto no son todas—por medio de las cuales el diablo adquiere poder legal para dominar en un territorio. La primera, por el pecado del hombre, y la segunda, cuando las autoridades entregan y consagran una nación, una provincia, una ciudad o un territorio específico a las fuerzas del mal. Puede que lo hagan por ignorancia, pero igual, hay un terrible impacto desde la dimensión espiritual sobre la dimensión física, trayendo robo, muerte, disensión y ruina, entre otras consecuencias.
Para graficar la enseñanza, comparto con usted algunos ejemplos. Cuando Colombia se encontraba en el fragor de una confrontación internacional que se conoció como la guerra de los mil días. El 18 de octubre de 1899 altos representantes del gobierno propusieron consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús, de todos los estudiosos de la guerra espiritual conocido como un demonio. La ceremonia oficial de entrega del territorio vallecaucano se produjo el 22 de julio de 1902. Nadie desconoce, en el mundo, qué situación vive el país. ¡De nada sirvió tal ceremonia que no fuera para demonizar una nación en la que hoy priman el narcotráfico, la guerrilla y la violencia!.
Japón que es politeísta, donde se adoran toda suerte de deidades, ha experimentado ciclos –altibajos, diría yo—de prosperidad, ruina y estancamiento para reiniciar esa montaña rusa con graves efectos socio-económicos. ¡Los demonios tienen dominio de territorios amplios en la nación del sol naciente!.
Haití es otro vivo ejemplo de la demonización de un territorio. La historia reciente nos muestra de qué manera. En 1990 y rompiendo una larga trayectoria dictatorial, llegó al poder el sacerdote católico Jean Bertrand Aristide. Un año después, el 14 de agosto de 1991, pidió a un reconocido brujo celebrar una ceremonia vudú, entregando el país a deidades, en procura de un fortalecimiento social, político y económico. Fue todo un acontecimiento.
El 29 de septiembre de 1992, fruto de tal ritual, Aristide fue depuesto; volvieron los militares al poder y se cayó nuevamente en una profunda espiral de crisis. ¡Satanás pasó cuenta de cobro! Se han desencadenado fenómenos como la violencia, la muerte y la propagación de la promiscuidad sexual.
Finalizando el mes de octubre de 2009, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Dasilva aseguró en rueda de prensa que ni aún Cristo, haciendo una alianza estratégica con Judas, podría sacar el país de la crisis económica, social y de violencia por la que se encuentran atravesando. Y todos sabemos la razón: la propagación idolátrica que prevalece entre los brasileños, así como la marcada profundización de prácticas promiscuas que honran al adversario espiritual.
Cuando el diablo tiene dominio de un territorio, pone un velo sobre quienes lo habitan para que no reciban la Salvación de Jesucristo, tal como lo explicó el apóstol Pablo a los creyentes de Corintio en el primer siglo, y a nosotros hoy: “Pero si nuestro evangelio aún está encubierto, entre los que se pierden está encubierto, en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es imagen de Dios”(2 Corintios 4:3, 4)
Una ilustración práctica la encontramos en los múltiples tropiezos que puso Satanás a los propósitos de Evangelización del apóstol Pablo y sus inmediatos colaboradores, en la ciudad de Éfeso. La metropoli, reconocida por ser centro de comercio pero también de idolatría e inmoralidad, se levantó a una cuando comenzaron a predicar, tal como lo relata el libro de Hechos, capítulo 19.. Como es natural, el diablo no quería perder esa fortaleza de maldad. Como recordará, fortaleza, tal como lo aprendemos en Efesios 6.12, es un lugar donde hay principados—que ejercen poder—y potestades—ejércitos demoníacos que obran desde el mundo espiritual, impactando el mundo físico–.
Llamados a conquistar el territorio
En nuestra cultura occidente siempre esperamos que los fenómenos que ocurren alrededor, tengan una explicación racional y científica. Los que no reúne estos dos requisitos, los desechamos o desestimamos.
Usted y yo en nuestra condición de soldados del Señor Jesús, estamos llamados a retomar los territorios en los que domina. La batalla no será fácil pero de antemano tenemos asegurada la victoria en Cristo: “Mira que te he puesto en este día sobre naciones, y sobre reinos, para arrancar, para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar”(Jeremías 1:10)
Tome nota de un hecho contundente: desde ya tenemos asegurada la victoria en Jesucristo (Cf. 1 Juan 4:4). No se puede concebir a un cristiano cómodamente sentado en las cuatro paredes del templo, mientras que alrededor el mundo se pierde sin la Salvación, fruto de los obstáculos que pone Satanás. Él no quiere perder el dominio en un área geográfica específica, porque bien sabe que no le corresponde sino a los hijos de Dios.
¡Es hora de recuperar el territorio perdido! La tarea no le corresponde a ningún otro que a usted y a mí, que somos cristianos comprometidos.
Derribe fortalezas en oración
¿Cómo derribamos las fortalezas que Satanás ha establecido en los territorios? Es una de las preguntas que me formulan con mayor frecuencia al término de reuniones y conferencias, y en la plataforma que tenemos disponible en la Internet.
La respuesta es una sola: resistiendo al diablo en oración. Así lo entendemos por las Escrituras, cuando entendemos que nuestra mayor fuerza y poder está en la oración: “Porque aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”(2 Corintios 10:3, 4)
El apóstol Pablo enfatiza un poco más adelante: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5.17).
El enemigo sólo sale en huida cuando le resistimos firmes, en oración, como anota el autor sagrado: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4.7; Cf. 1 Pedro 5:9)
Nuestro poder estriba en orar y depender del Señor. Comenzar a reclamar y declarar en Jesucristo que los territorios que por años estuvieron en poder de las fuerzas del mal, ahora le pertenecen a los hijos de Dios. ¡Los resultados le sorprenderán!
Es la forma más eficaz de retornar el dominio físico y geográfico de esta tierra que recibimos como heredad, en nuestra condición de hijos de Dios. No lo olvide: usted está llamado a asumir desde hoy su papel protagónico como soldado de Jesucristo. En Él tenemos asegurada la victoria, plena y absoluta.
Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es y, si lo prefiere, puede contactarme en (0057)317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
NO DEJE DE VISITAR HOY MISMO DOS ESPACIOS QUE TRANSFORMARÁN SU VIDA
Paz Interior
¿Cómo alcanzar paz interior y vivir plenamente?
Fernando Alexis Jiménez
La conocían como Doña Amargura. Tenía cuarenta años, pero parecía de cincuenta, con muchas arrugas surcando su rostro y la tristeza reflejada en el rostro, la misma que le robaba encanto a su sonrisa. Era devota católica y no fallaba a misa de domingo. Incólume, insensible, con el ceño fruncido.
Las personas la miraban con reticencia y en más de una ocasión, los niños le gritaron: “Vieja bruja…” y salían corriendo.
Incluso se llegó a rumorar, que su casa era cuna de espantos. Tal vez porque vivía en esa soledad tan pesada, que se podía palpar con las manos.
Ah, y no me deje olvidar de un detalle que le llamará la atención: no tenía amigos porque con todos reñía. Laura se había convertido en el problema del pueblo. La amargura destilaba por sus poros. Algunos la atribuían al hecho de que su esposo había muerto muy joven, mientras hacía un viaje a la capital. Otros, al hecho de que no tuvo hijos.
Un día alguien, audaz y en cierta medida sin medir el alcance de las consecuencias, se atrevió a abordarla para hablarle del poder transformador de Jesucristo.
–Váyase de mi casa ahora mismo, o le voy a echar agua…–lo amenazó fuera de sí.
Su eventual interlocutor no se inmutó. Le extendió una Biblia ajada y la retó a leerla. Ella le cerró la puerta en las narices. Y aunque tiró a un rincón el ejemplar de las Escrituras, una noche comenzó a leerla y le impactó un pasaje que sería la entrada a una vida renovada: “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Juan 10:10 b)
Desde ese momento se arriesgó a creer y su vida comenzó a experimentar cambios. El cambio no se produjo de la noche a la mañana, fue progresivo. Y esa transformación le llevó a algo que jamás imaginó, aunque lo anhelaba: la paz interior.
Hoy ayuda como maestra de Escuela Dominical en la iglesia en la que se congrega. “Ahora sí puedo decir que vivo plenamente”, señala Laura con una amplia sonrisa.
¿Desea el éxito? Sin duda que sí. Todos lo deseamos. Está en nuestros genes. Forma parte de nuestro ser y debe ser así, porque Dios nos concibió para ser triunfadores. En ese orden de ideas, la dirección a seguir es aplicar una cuarta Ley del Reino de Dios: Paz Interior.
El gran interrogante es, ¿cómo lograrla? Y para entender el asunto, es necesario que evaluemos lo que roba la paz interior, en su contexto, y cómo superar los obstáculos que se nos presentan.
Situaciones que nos afectan
Una encuesta publicada por el diario El País, de amplia circulación en Colombia, referente a cuáles eran los factores externos que incidían negativamente en la salud mental de las personas, reveló que para el 69%, eran los problemas económicos; un 11% opinó que las dificultades intrafamiliares; un 15% expresó que le desencadenaban inquietudes las discusiones con la pareja y un 5% que otros aspectos estrechamente ligados a las relaciones interpersonales. En total se auscultó el criterio de 1.086 hombres y mujeres.
Todos coincidieron en señalar que los obstáculos y las dificultades desencadenaban inestabilidad en sus emociones e incidían negativamente en su forma de ver la vida.
Economía y familia
A este estudio me permito sumar otro de trascendencia. La Secretaría de Salud Municipal en Santiago de Cali informó que en la ciudad anualmente se atiende a 20 mil personas con tensión nerviosa producto de la ansiedad. En su orden, los especialistas identificaron tres factores que influyen en la desestabilización emocional de las personas: los problemas económicos, las crisis familiares y los conflictos de pareja.
Como consecuencia de experimentar la sensación de encontrarse en un callejón sin salida y que sus problemas nunca tendrán fin, tan solo en el 2009 se presentaron 275 intentos fallidos de suicidio protagonizados por 170 mujeres y 96 hombres.
“Las personas que han sufrido estas alteraciones, producto de la problemática, suelen preocuparse demasiado y tienen muchos momentos de ira y estrés”, precisó Beatriz Isaza, Coordinadora de Salud Mental en dicha dependencia.
En Colombia y el mundo
La inestabilidad emocional es un problema grave. En Colombia, 25 de cada cien personas la enfrentan, de acuerdo con los registros que maneja el Ministerio de Protección Social. Una situación muy similar a lo que ocurre en el resto del Continente Americano.
Ahora, el panorama mundial también resulta desalentador en este aspecto:
Las estadísticas hablan de 450 millones de hombres y mujeres afectados anualmente por las consecuencias de los problemas que enfrentan cada día.
Para encontrar una salida al caos en que se ha convertido su mundo interior, 1.000.000 de estas personas acuden al suicidio. Y algo más preocupante aún: del conjunto de quienes se encuentran atravesando por estados de crisis, se estima que el 50% no tienen acceso a servicio médico ni consultan por su caso ante un especialista.
Paz interior, la clave
Hace pocos días los diarios del mundo registraron una noticia particular. El deceso de una venerable mujer. No era un deceso más, sino de aquellos que ocurren una vez cada siglo, que convoca a las autoridades de las ciudades y se tornan en comentario nacional.
Había fallecido Margaret Fitzgerald en Moncton, Inglaterra, una de las quince personas con más edad en el mundo. Tenía 113 años, pocos días después de su último cumpleaños.
–Vivió la vida plenamente.—comentó su sobrina Iliana, mientras que su tataranieto Robert, atribuyó el hecho a su fe y a la tranquilidad en su vida–. Amaba a Dios y se llevaba bien con todos. Era una mujer muy tranquila–.
Cuando Margaret nació, la reina Victoria de Inglaterra seguía siendo la monarca del Imperio Británico, y a los siete años vio asombrada, con ojos que captaron para siempre la imagen aparecida en los periódicos, de los hermanos Wright cuando realizaron el primer vuelo en un aeroplano impulsado por un motor.
Sus progenitores murieron a los noventa años de edad, y algo curioso, ella asistió al funeral de su único hijo. Las escenas más memorables de su existencia quedaron plasmadas para la posteridad en flores color sepia que se han ido desgastando con el paso de los años.
La clave, coincidieron en asegurar quienes le conocieron, fue la fe en Dios y la paz interior que gobernaba su ser.
Paz que sobrepasa todo entendimiento
Piénselo. En su vida necesita Paz Interior, una de las leyes universales del Reino de Dios.
El caso de Margaret Fitzgerald no se repite con mucha frecuencia. Los problemas llevan a millones de personas anualmente a morir antes de tiempo, por enfermedades e infartos que reducen sus expectativas de vida.
Con fundamento en la Biblia, el libro más maravilloso de todos los tiempos, me permito compartir con usted algunos principios que le permitirán poner orden en su mundo interior y encontrar la verdadera paz, aquella que tanto necesita para enfrentar exitosamente los problemas que enfrenta cada día.
1.- Una buena relación con Dios
El equilibro espiritual es esencial para avanzar en el proceso de afianzar un reordenamiento del mundo interior. En ese orden de ideas un paso esencial que debe dar toda persona, es tener una buena relación con Dios.
Uno de los patriarcas de la antigüedad lo expresó en términos sencillos que encierran un profundo significado: “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.”(Job 22:21)
Aun cuando se arrepintió de sus años de maldad, Juvencio Mosquera vivió por años escondido en un pueblo remoto de Bolivia tras una vida de maldad en la que dejó familias huérfanas y huellas impregnadas de tristeza y dolor.
Sólo vino a tener paz, el día en que reconoció que esa afanosa búsqueda de refugio, en la que no hallaba sosiego porque aún en el lugar más recóndito sentía que alguien o algo lo perseguían, el día que pidió perdón a Dios.
Luego, tranquila su conciencia, vino un segundo paso que le permitió afianzar la paz interior: a través de un amigo de su país de origen, se dio a la tarea de conseguir las direcciones de las familias en las que había sembrado tanta angustia con robos y crímenes. Y en un espacio de siete meses, envió doscientas veinte cartas pidiendo perdón.
“Ahora puedo vivir tranquilo, porque me perdonaron. Y si alguien aún conserva su odio, se que Dios tocará su vida para que algún día lo hagan”, señala con una sonrisa que ilumina su rostro.
La conciencia de pecado nos roba la tranquilidad. En tanto no estemos a cuentas con el Señor, sentiremos la sensación de que algo nos falta. Por esa razón, hay tres pasos recomendables: el primero, arrepentirnos por las fallas cometidas hasta ahora; el segundo, pedir perdón a Dios por nuestros pecados, y el tercero, disponernos para el cambio con Su divino poder.
2.- Alimente el hábito de la alegría
Recientemente en Colombia se realizó el Primer Congreso Internacional de la Felicidad. Los expertos coincidieron en señalar que el problema del ser humano es que confunden felicidad con estado de ánimo, y por el hecho de que son variables, lo que hoy llaman estar feliz, en cuestión de horas y minutos puede ser preocupación o amargura. La verdadera felicidad, explicaron los especialistas, parte de un principio de vida, que es de carácter permanente.
Ahora, si queremos que se produzca el afianzamiento de esa felicidad no producto de las circunstancias sino como un principio de vida, debemos tener paz interior, la misma que parte de una buena relación con Dios. Él es el dador de la felicidad como describió el rey David: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado. ”(Salmo 4:7, 8; Cf. Salmo 29:11)
La paz interior permite que tengamos tranquilidad y dominio de la situación, cualquiera sea la situación que enfrentemos, adversa o favorable.
3.- Asumir sólidos principios bíblicos
Cuando le hablaban de la Biblia, Silvio se enfurecía. “No tengo tiempo para asuntos de religión”, repetía con rabia y destellos de fuego en su mirada. Estaba convencido que su mundo, aquél al que estaba acostumbrado y que representaba una realidad distinta de la que vivían los demás, era lo mejor y no quería intromisiones.
–Debes cambiar, hijo—le dijo su madre un día, mientras tomaban el desayuno. Se veía cansada–. Temo que, una vez solo, no sepas manejar tu vida y tengas problemas con todo el mundo–.
–Despreocúpate, mamá—le dijo él–. Creo que el problema no está en mi sino en los demás que no me comprenden–.
Cuando terminaron la conversación, la mujer que arrastraba con pesadez todo el cúmulo de sufrimientos producto de un esposo borracho que falleció en un accidente de tránsito, totalmente embrutecido por el alcohol, y el desaliento por un hijo rebelde, le extendió un ejemplar de la Biblia.
–Descubrirás que es un libro maravilloso—comentó, mientras le extendía el ajado texto.
Él lo guardó en un cajón donde almacenaba aquello que se repetía, iba a botar apenas tuviera tiempo. Y no tomó conciencia de que estaba ahí, sino cuatro meses después de fallecida su madre. Fue entonces que descubrió en la Biblia un infinito tesoro que le ayudó en su proceso de tener paz interior y de llevarse bien con Dios y con quienes le rodeaban.
Para muchas personas, la Biblia es un libro filosófico o de carácter religioso. Sin embargo, cuando profundizamos en su estudio descubrimos principios prácticos y sencillos, que nos ayudan al crecimiento en dos dimensiones, la personal y la espiritual
Asumir esas pautas bíblicos, nos ayudan a alcanzar y conservar la paz interior: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”(Salmo 119:165)
¿Cuál es la razón? Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los principios bíblicos, se produce una transformación en nuestra forma de pensar y de actuar. Y eso es esencial en la aplicación de esa cuarta e infalible Ley del Reino de Dios: Paz Interior.
4.- Reconozca que hay situaciones que se salen de las manos
Con frecuencia nos llenamos de preocupaciones porque queremos resolver todos los problemas. ¡Tremendo error! Es necesario aceptar que hay situaciones que son ajenas a nuestra voluntad y cuya resolución no depende de nosotros; muchos asuntos se salen de nuestras manos.
Asumir este principio de vida, nos ayuda en el proceso de alcanzar y conservar la paz interior, como enseñan las Escrituras: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.”(Isaías 26:3, 4)
Si hay problemas que nos parecen verdaderos gigantes, debemos ir a alguien cuyo poder es ilimitado, mucho mayor que cualquier capacidad que usted y yo tenemos: ese alguien es Dios. Confiar en Él. Depositar toda nuestra esperanza en Él, que todo lo puede y nos ayuda a encontrar salida al laberinto.
5.- La paz interior, una decisión personal
En el proceso de afianzar esa cuarta Ley del Reino de Dios, tenga presente que Dios no nos concibió para vivir amargados sino “…que a paz nos llamó Dios. ”(1 Corintios 7:15 b)
Sobre esta base, cada quien decide si se amarga o por el contrario, con ayuda de Dios, avanza hacia el afianzamiento de la paz interior en su existencia. Nadie nos obliga. Insisto que se trata de una decisión personal.
El apóstol Pedro, por su parte, reafirmó este principio cuando escribió a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. ”(1 Pedro 3.10, 11). Cuando optamos por la paz, esa paz gobierna nuestra forma de pensar y de actuar: “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”(Colosenses 3:15)
Piénselo por un instante: usted puede optar, con ayuda de Dios, por esa tranquilidad que le permite dar pasos sólidos hacia una vida plena: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”(Filipenses 4.7).
En adelante, recuérdelo siempre: la decisión de amargarse o vivir con alegría, gobernado por la paz interior, es suya y nada más que suya.
6.- Jesucristo, la fuente de la paz interior
Si tenemos claro que la paz interior no depende de lo variables que pueden ser los estados de ánimo; que en tanto hayan preocupaciones, estaremos ansiosos y que hay problemas que no está en nuestras manos resolver, es necesario aprender otro principio: una estrecha dependencia del Señor Jesucristo.
El amado Salvador es la fuente de la verdadera paz, como lo dijo a sus discípulos y también a nosotros hoy: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”(Juan 14:28). Un poco más adelante, dirigiéndose a una multitud, reafirmó que de Él procede la verdadera paz: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”(Juan 16.33)
El asunto esta en mantenernos unidos a Él. Permitir que Jesús gobierne nuestro ser: lo que pensamos y hacemos. Esa disposición nos lleva a conservar la paz interior que convierte a hombres y mujeres en auténticos vencedores, por encima de las circunstancias.
Para terminar, una pregunta: ¿Se proclama cristiano? Si es así: ¿Por qué vive asediado por la amargura y la frustración? Recuerde que la paz interior es un principio esencial del reino de Dios, como enseñó el apóstol Pablo: “…porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”(Romanos 14.17)
El Señor nos creó para vivir plenamente; para optar por la paz interior, que el mundo asocia con felicidad. ¡Hoy es el día para tomar la decisión y avanzar hacia el cambio!
Si tiene alguna inquietud, por favor no deje de escribirme a fernandoalexis@aol.es o contactarme en el teléfono (0057) 317-4913705.
© Fernando Alexis Jiménez
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Cada circunstancia nos permite aprender y crecer
Fernando Alexis Jiménez
El examen en la universidad fue un rotundo fracaso. José Simón recibió la nota de mano del profesor de matemáticas. Impasible, como siempre; como tomado de una fotografía en un museo de cera. Sin gestos. “El suyo“, se limitó a decirle. Para el joven fue un golpe demoledor. Alrededor rostros que reflejaban alegría. En su corazón una profunda tristeza.
Pensó en su padre. Albañil Pasados los cincuenta años. Ojos cansados, canas que emergían traviesas poblando sus sientes, y movimientos lentos, dejando entrever que el tiempo no pasa en vano. “No puede ser que mi papá esté enfrentando el sol, y yo aquí, tranquilo, perdiendo evaluaciones“, se quejó, molesto consigo mismo.
Al principio creyó que era un fracasado. “Mi abuelo sí me dijo que ésta no era mi carrera“, razonó, pero inmediatamente después recordó que ser ingeniero industrial era su sueño desde niño, cuando le dijo a su familia—en ese hecho incoherente que jamás se explicará–, mientras visitaba un parque de diversiones: “Seré el que dirige empresas, como aquella en que trabaja papá“.
Perder el quid se constituyó en un enorme reto. Pidió explicaciones aquí, comprobó allá. Y se enamoró de los números, los mismos que le parecían una tortura. Desde entonces, le apasionaron más que las películas de Patrick Swaize. No solo terminó su carrera como un aventajado estudiante, sino que admitió que un aparente fracaso fue el que le llevó a convertirse en ganador.
No se pregunte: ¿Por qué? Sino, ¿Para qué?
La vida está llena de sorpresas. Situaciones que tocan a nuestra puerta de manera inesperada y que, si no estamos preparados para enfrentarlas, sin duda nos moverá el piso. A una amable señora que me escribía desde Chile, desesperada por los tropiezos que le presentaba la vida, le respondí: “Como somos vencedores en Jesucristo, nos esforzamos en Él para vencer y no nos preguntamos ¿Por qué? Sino, ¿Para qué?”.
Cada circunstancia nos permite crecer. ¿La razón? Aprendemos, y cuando se aprende, se avanza. Es un principio de éxito que aprendemos en la Biblia: “El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un necio. El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero se complace en los que actúan con lealtad” (Proverbios 12:1, 22. Nueva Versión Internacional).
Ahora, es posible que ante circunstancias adversas usted se oriente a la queja y auto compadecerse. Puedo asegurarle que jamás dará un paso adelante. Por el contrario, experimentará tremendos reveses que le llevarán a sentirse derrotado.
Bien sea que se trata de hechos que nos tomen desprevenidos o que los acontecimientos contrarios sean producto de nuestros errores, si somos fieles a Dios y además, estamos dispuestos a aprender a partir de las fallas, adquiriremos sabiduría en cada nuevo episodio y escalaremos siempre hacia la victoria. Jamás olvide que en Jesucristo usted es un vencedor.
¿Ya se decidió a cambiar?
La mejor decisión que todo ser humano puede tomar, es recibir a Jesucristo en su corazón. Nos permite desarrollar la condición de vencedores con la que fuimos concebidos por Dios. ¿Cómo hacerlo? Es muy sencillo. Dígale: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz por mi para perdonar mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en el corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”
Ahora que hizo la mejor decisión, le invito a tres cosas:
1. Haga de la oración un principio de vida diaria. Orar es hablar con Dios.
2. Lea la Biblia. Es un libro maravilloso en el que aprenderá principios dinámicos que le conducirán al éxito y el crecimiento personal y espiritual.
3. Comience a congregarse en una iglesia cristiana.
Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es y mi teléfono móvil (0057)317-4913705
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