Love that had no past
La agarró de la cintura y acercó su cuerpo al suyo. Mientras la abrazaba por detrás, besaba (o intentaba besar) su cuello perfecto. Ella no lo rechazaba pero tampoco aceptaba sus besos. Era como tratar de excitar a la escultura de alguna diosa griega indiferente. Una diosa que no hablaba, pero que esta vez hizo una excepción:
–Ya no estoy enamorada de ti.
Él no respondió nada, no quiso pensar en nada. Sonaba Don’t let me down y la voz de Lennon ocupaba ese silencio desenamorado. Un silencio que Neruda no imaginó cuando escribió sobre ese silencio enamorado.
–¿Quieres que me vaya?
–¿Te quieres ir?
–No, pero creo que te molesta mi presencia
–Sólo vete si te quieres ir.
Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.
Deje su comentario
Debe iniciar sesión para dejar un comentario.

