Vagueaciones

Blog de Christian Guzmán en Monografias.com

 

Brújula

       Mi casa mira hacia el sur. Y, sádicas, las flores blancas del comedor miran de reojo el entrecejo de mi perro vulnerable. Casi escucho su discusión divertida sobre lo verde que es el florero que compré ayer o cuán despeinado está mi cabello; pero los gritos lúdicos de Jorge Santiago me distraen del ejercicio paranoico que me ocupaba esta tarde.

       Hoy, mis palabras reflejan un oeste confundido. Y entre cada oración puedo ver ocasos parlanchines que me dibujan una sonrisa en el rostro. A veces se me viene una canción a la mente y puedo imaginarme tocándola en un conciertito setentero con una guitarra negra y blanca, con un poco de marihuana encima y lentes redondos negros –«I want you,/ I wan you so bad./ I want you,/ I want you so bad./ It’s driving me mad, it’s driving me mad.»–.

       Mientras tanto, yo camino todos los días hacia el norte; mi médico dice que es un buen ejercicio cardíaco. Ese caminito que ya conozco bien tiene, en sus paredes, fotografías de momentos felices que pasé con una lunática llamada Grayela. Y sus cosas están en las mías, y su pelo recoge las estrellas que ya no salen en esta estación del año, y la explicación de los eclipses la guarda en su diario.

       Pero Xavier Ernesto, egocéntrico él, tiene una especial fijación con el hiperactivo este. Cada vez que puede, corre a ofrecerle ladridos alegres y esperanzadores. Me gusta mucho esa imagen, la guardo siempre en la billetera que no tengo. A veces, cuando miramos desde el Huajsapata el cielo confundirse con el lago, en las tardes, como a las cuatro o cinco, me mira directo a los ojos por unos cuantos segundos, sereno, para luego correr sin dirección y hacerme asustar y reírse, a lo lejos, de su amigo incauto que lo espera parado en ese parque con su cadena en las manos.

       Mi vida gira en sentido de las agujas del reloj que no me pongo hace años. Y las cosas que vivo, y las personas que conozco, y los pedazos de mis días pseudomonónotonos hacen que no me extravíe mientras avanzo por mi caminito, o le tomo fotografías a mi perro, o miro a mi sobrino, o escribo cosas impensadas, o hable de esas rosas blancas que están existiendo en la cocina.

Relatos cortos

Si le ha gustado esta entrada, por favor considere dejar un comentario o suscríbase al feed y reciba las actualizaciones regularmente.


Deje su comentario

Debe para dejar un comentario.

chatroulette chatrandom