Vagueaciones

Blog de Christian Guzmán en Monografias.com

 

La vida secreta de mi dedo meñique

       La vida es más simple en Puno etéreo. No hay que esperar molestosas horas en el tráfico infernal de otras ciudades para llegar tarde a los sitios a los que vamos. Aquí se llega tarde y está bien, pero es porque uno se detiene en el camino para disfrutar de un tráfico de nubes criptomorfas o de azules sangrantes en el cielo altiplánico que está cerquita para que conozcamos sus secretos.

       Y si se tiene problemas, no hay rascacielos a los cuales subir para fumar un cigarrillo, a solas. Pero tenemos un cerrito desde donde se puede mirar, ciudad en medio, un lago infinito de frases complejas azules; y nos fumamos la brisa intelectual que sentimos los que hemos despertado a un mundito bohemio oculto en medio de todo ese cemento.

       Aunque muchos historiadores digan que no, nunca nadie supo cómo ni cuándo nació esta ciudad. Pero en la plaza, un señor verde y erguido nos cuenta historias anaranjadas y centenarias sobre uros y atlantes –muy raras veces lo hace, y sólo a los que logren comprender el mensaje metafórico de las palomas que conviven con él–.

       Y en las tardes, siempre podemos llevarnos de souvenir una fotografía en blanco y negro de la catedral indescifrable y ocultamente bella. Y el jirón Lima es un paseo sobre figuras de danzantes que nos recuerdan que en febrero nuestras mentes ven más allá de las parafernalias católicas; y que, con un temple heredado, nos unimos, desafiantes, cada vez más a nuestra naturaleza tradicional.

       Al este, un puerto comprensible es la puerta hacia lo eterno, hacia un horizonte dibujado con tintes mitológicos. Uno siempre puede ir allí para liberar su alma y entregarse a un buen rock. Y del otro lado, una princesa milenaria lo recibe transformado en un blues citadino, a 3 822 metros sobre el uku pacha –en medio hay otro mundos incomprendidos, pero no es algo que le preocupe mucho al sujeto melenudo y genial sentado en el muelle intentando descifrar las pequeñas ondulaciones azules que mantienen una frontera imaginaria entre la vida y la muerte–.

       Y un puneño que tiene esas cosas alternativas que incomodan las ideas anti-excéntricas de los otros que conviven con él, siempre puede –con ayuda de cosas verdes– escribir, en un blog que casi nadie lee, cosas sobre una fotografía que utilizó en una historia anterior. Y se pregunta si reescribir una imagen y ponerle un título incoherente sea una buena idea.

Relatos cortos

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