Vagueaciones

Blog de Christian Guzmán en Monografias.com

 

Quédate con el escritor, no con el skater

       Como dice la canción, me quedan muy pocos caminos. Puede que haya llegado algo tarde, sé que lo quieres a él y que ya llevan un tiempo juntos. Sin embargo, sé, también, que no has mirado a través de mí –como lo haces con esos otros– cuando pasaba hoy por tu lado; que te distraje por unos segundos del amor intermitente que te ofrecía tu pareja; que pude mover con mis pasos, aunque sea sólo unos cuantos grados, el engranaje de tus pupilas.

       He llegado tarde, sé que lo hice. No obstante, pretendo competir contra tu tipo veloz en cuatro rueditas. Voy a darle pinceladas de arte a los malabares peligrosos que practica tu chico en el aire para regalarte un cuadro de sintaxis y amor que guardarás doblado en ocho en tu diario. Y entre cada salto sobre su tabla de madera, nos miraremos sin que se note. Y en las noches, te mandaré mensajes cifrados que él no entenderá y que te hablarán de mí, de la luna, y de tantas huachaferías que escribieron otros; sólo que esta vez serán ciertas, porque es verdad científica que tú eres de la Luna y que yo te miro. Y tú guardarás esos mensajes que yo tampoco entiendo porque las cosas que pienso son casi tan complejas como lo que siento por ti.

       Cuando él te dedique una pirueta en las gradas de la plaza, yo te hablaré del misterioso número cuatro del reloj de la catedral y de su relación con un bisabuelo tuyo que lideró una rebelión de pumas y cóndores que ahora vigilan esta ciudad desde unos cerros incomprensibles y psicodélicos. Y si él atraviesa, temerario, obstáculos mortales hacia ti para impresionarte, yo te llevaré –usando como escalones unos cuentos antiguos míos– hasta una nube amarilla y multiforme que nos llevará –mientras escuchamos Here comes the Sun– a una tierra de hombrecitos azules que trabajan en un regalo que les encargué para ti.

       Pero existe la posibilidad de que él, obstinado, nos separe y robe tu atención con la prueba insuperable de saltar –haciendo giros de 80 grados parado de manos y todas esas ridiculeces– desde el Huajsapata hasta el Titikaka, para que veas cuánto te quiere. Yo, mientras tanto, te escribiré la historia de un chizito suicida que bajó con su skate de un cerrito informe en una aventura por la ciudad hasta llegar a la orilla de un lago donde un niño regordete se lo comió. Y le pintaremos una sonrisa a la estatua de Manco Cápac en aquél cerro para que la gente recuerde la divertida historia cuando vean que señala, alegre, el camino del chizito. Y tú también te reirás y te quedarás conmigo y nos iremos a pasear con mi perro y mi brazo dislocado por parques impensados.

Relatos cortos

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