Vagueaciones

Blog de Christian Guzmán en Monografias.com

 

Archivo de Julio, 2010

El solitario hijo del señor Olvido y su novia Ausente

           El solitario hijo del señor Olvido quiso, un día insospechado, darle un regalo sorpresa a la novia ausente de su impensado destino. Abrió un cuaderno viejo que le regaló su abuelo y buscó ese lápiz roto que le dieron cuando visitó la casa del indulto.

           Sintió nervios, claro que sintió. No había escrito nunca y menos a una chica. Qué lío. Pensó en buscar ayuda, pero ¿qué le iba a decir al ayudante?, ¿que no puede escribirle a la novia que se olvida? No; para ayuda, mejor el cable rosado que trajo de la isla naranja.

           Le preguntó a aquella largueza qué hacer y ella le respondió un color. ¡Qué claro se puso todo! El solitario hijo del señor olvido de pronto supo qué decir en su carta y a dónde mandarla. Supo, también, que los nervios de escribir algo que quizá no se comprenda bien y que naufrague en el intento de explicar lo que se dice no se iban; ésos nunca se iban. Agradeció y empezó a bailar el carbón en lo que fue verde.

           Por una extraña razón, alguna que no había que encontrar, no dijo que remitía el novio desmemoriado de Ausente, ni que era hijo de Señor Olvido, ni que escribía de Impensado Destino. Terminó de sellar la carta y se la mandó por mar. No le cobraron nada; la correspondencia que se puede comer se lleva gratis. “Sólo procuren que llegue el relleno”, dijo Solitario. “No hay problema, seguro es muy empalagoso”, respondió Marinero del Río.

           Pasaron varias semanas y tocaron a la puerta de la casa del hijo solitario. Él ya sabía que era la carta que esperaba; nadie tocaba esa puerta. Hace mucho que lo habían olvidado.

           “Señor Quienquieraquesea: No entiendo la carta que me envió. Le voy a agradecer que no me vuelva a escribir ni a inventar que soy su novia. Yo ya tengo novio. Y no se moleste en responder; si escribe como cocina, prefiero ayunar.”

           El hijo de Olvido se quedó quiensabecómo. El papel agresivo temblaba en sus manos bienintencionadas. ¿Qué salió mal? El cable marica no supo responder qué pudo ser. “La estampilla, eso debió ser”, dijo Solitario. “¡Qué bruto, no le puse estampilla!” Pero ya es tarde para reenviarle la carta, ella ya tiene novio.

           ¡Qué solo que quedó el solitario hijo del señor Olvido, ex novio de la chica Ausente hace nosesabe cuantos años en Impensado Destino!

            (Sólo faltaba que su padre lo recuerde).

 

Relatos cortos

Tres

     

 

Cuentan que diecinueve
cuenta
veintitrés  veces
un elefante.

Veintitrés veces no hace nada
y un elefante va y viene
y en veintitrés más
comerá por la cola.

Diez más nueve y veinte más tres
son antinomia,
son la suma de sus restas adicionales.
Pero la aritmética los monta en un elefante.
Y nadie sabe por qué.

 

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