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Blog de Christian Guzmán en Monografias.com

 

Sigue siendo ella

Me rehúso a escribir la entrada habitual cuando cosas como las que me pasan me pasan. Tendría que hacer una novela con todo lo que me ocurre con ella. Pero no quiero hacerlo, ya no. Creo que influye también mi decisión algo esquiva y reciente de no escribir más, de no contar nada que me traiga problemas. ¿Será mejor que la gente no me conozca?, digo la gente a la que me interesa caerle bien, con las que quiero estar, como ella; a la que no debí mostrar nunca esta página, pues me condena a serle sincero siempre. No es que no lo haya sido alguna vez, sino que hay cosas que es mejor guardarse para uno, algo que no hago en este blog, aunque no todo (obviamente) es cierto. Hace tiempo que no escribo y creo que lo noto en lo complejo que se me hace hacerlo ahora, ¿o será que la verdad se me hace difícil? Quiero decir todo lo que pienso sin sonar como un desadaptado, un excéntrico (no creo que lo sea) ni un sentimental (que sí lo soy). 

Ahora escucho canciones que me la recuerdan, que son melancólicas y que hablan de desamor, de pena. Todas se me hacen impropias, aunque, como dice ella, probables, uno nunca sabe. Me siento un tonto, un intolerable, un idiota, un poseído y un enojón. Todas esas personalidades caben en mí. No me gusta discutir con ella, por eso cuando me irrito, cuando me da rabieta, no le hablo, porque sería peor, echaría a perder las cosas. Ella me dice que me quiere, y una vez me dijo que no pensaba dejarme (un gran logro de alguien hacia mí). Todas las personas que conozco quieren dejarme, al menos por un tiempo. Por eso me veo dos meses al año con mis amigos del colegio, por eso me alejo cada cuanto de mis amigos de ahora, por eso trato de no quedarme en casa. Yo la quiero de verdad, y creo que le creo cuando ella me dice con los ojos que también lo hace, cuando me besa y lo repite, cuando estamos solos y pasa lo que pasa. O cuando me dice “que la ayude con un dibujo por favor” y hace que sonría. Yo siempre le responderé, no importa cuan enojado esté, cuanta desazón guarde en mí, tal vez sin ninguna razón.

Me he dado cuenta que nunca estoy muy ocupado para ella, incluso cuando no está conmigo. Todo se posterga cuando, de un momento a otro, me pongo a pensar en ella. Me he pillado más de una vez oyendo palabras incomprensibles del profesor como Tongo escuchando una obra en latín. Veo que hace mímicas, levanta los brazos, gesticula palabras improbables y camina de un lugar a otro, y yo miro pero no comprendo, estoy ausente. Pienso en ella y en lo que pasó un viernes, hace buen tiempo ya; lo que no pasó y no quiere que recuerde (me pidió que lo olvide pero no puedo). Sé que ella también lo recuerda, sé que lo que pasamos se apodera de su mente y no puede escapar, igual que yo. Pero luego de conversarlo convenimos en que no debemos darle mucha importancia porque sí, porque esas son las cosas que se acuerdan en conversaciones de pareja. Ella lleva las cuentas, no me quejo.

Ahora iré a dormir pensando en ella y en las cosas que vienen, aunque también quedamos en no pensar en el futuro, sino vivir el presente (que fue una proposición mía). Estoy seguro que volveré a soñar con ella y volveré también a olvidar mi sueño a los minutos, en el desayuno. Conversando con ella me doy cuenta que algunas cosas no tienen mucha relevancia y que a veces uno se hace un mundo de algo pequeño. Por eso la quiero, porque me muestra cosas que, solo, se me harían irrevelables. Y porque inventa, y me hace inventar, palabras coloquiales, frases divertidas y nuevas formas de decir las cosas, como cuando una vez le dije que ella era “inabandonable”.

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