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Cartas afganas (11) De viaje por el estepa




La distancia entre Mazar –e-Sharif y Maimana,capital de la Provincia de Faryab, es de unos ciento veinte quilómetros.Estimè realizar un viaje de unas pocas horas,pero no consideré la diferente noción del tiempo de los afganos,ni sus costumbres, ni las condiciones del terreno.

Salimos muy temprano y tomamos rumbo Norte por una carretera asfaltada de fácil tránsito.Nos desplazamos por ella durante dos horas y nos detuvimos a desayunar en una ciudad llamada Sheberghan.La comida y la charla fueron interminables,con más tiempo para tomar té y mucho màs tiempo aún para el saludo de despedida a los demàs parroquianos.Reiniciado el viaje,bordeamos la ciudad,abandonamos la carretera y nos internamos por un camino arenoso rumbo al Sur.Ya era pleno mediodía.

Esta ruta se abría en varias sendas.El terreno era una estepa interminable,recubierta con un manto verde.No habìan alturas a la vista.Pensè que en aquel camino no habria tràfico ,pero me sorprendiò el intenso movimiento de vehículos:viejos camiones rusos,microbuses,camionetas 4×4 ,carros tirados por caballos,todos repletos de mercaderias y de pasajeros cubiertos de polvo. Hasta vi un taxi con cinco pasajeros en el interior y otro dos en la valija,con la tapa levantada.Hasta ahi,me sentia mas o menos en el siglo XXI.

El cambio lo percibì a media tarde ,cuando nos internamos en ignotas regiones de Afganistàn,viajando en direcciòn paralela a la frontera con Turkmenistàn.El terreno era quebrado,con cerros que no pasaban los cuatrocientos metros de altitud ,cubiertos de un pasto tan parejo como el cesped de un cuidado jardìn.La senda se encajonò entre los cerros y el ancho del camino solo permitìa el paso de un vehìculo por vez.

El límite de velocidad máximo autorizado por Naciones Unidas es de ochenta quilómetros por hora. El chofer,un afgano llamado Aman, poseedor de gran pericia y un notable conocimiento del terreno,lo excedía un poco:en las rectas alcanzaba ciento diez quilómetros por hora.

Amán hablaba inglés.Me explicó:” Fui chofer de unos de esos minibuses durante diez años,asi que conozco todas las rutas,sendas y atajos.Transportaba pasajeros y también cosas de contrabando.!Me crié manejando en este desierto!”(.Con el correr del tiempo pude comprobar esa pericia porque gracias a él conocí toda la Provincia de Faryab.También comprobé otra faceta de Amán:Resultó ser uno de los más grandes bandidos que he conocido en mi vida,ladrón empedernido que robaría a su propia madre de presentarse la ocasión.Comentaba riéndose:”Unos tienen más,otros tenemos menos…la vida es despareja”).

El camino era sinuoso,con curvas de hasta noventa grados,asì que si aparecia otro vehiculo de frente…juntarìamos el paragolpes delantero con el trasero! La posibilidad casi cierta de un vuelco o de un choque frontal,me mantuvieron en vilo durante todo el viaje, al igual que los golpes y los sacudones por lo desparejo del camino,pero la emoción y excitación se sobreponia al temor y la incomodidad,porque me senti transportado a los tiempos de Gengis Khan.

Ya en pleno desierto cesó el pasaje de autos pero comenzò el desfile de caravanas de camellos que transportaban mercaderia,dirigidas por un afgano que iba al frente montando un burrito.A ambos lados se veìan pastores cuidando rebaños de cabras.En varias partes del trayecto, los cien o màs animales de un rebaño ocupaban el camino y Aman se abria paso a bocinazos.La mayoria de los pastores eran niños,que permanecian sentados en el piso , mostrando una paciencia infinita.

Vi tambièn enormes tiendas de nòmades.Cada tanto,aldeas con sus casas hechas con barro,rodeadas de un muro perimetral que ocultaba la construcciòn.Mucho despues aprendì que esos muros se construyen por motivos de seguridad y prevención ante cualquier ataque y como forma de dar intimidad a la vida familiar de sus moradores.

Muchas aldeas estaban abandonadas y era obvio que aquellas ruinas eran no tan solo centenarias,sino milenarias.Paramos en un comercio diminuto ubicado en un pueblito ruinoso.Amán tuvo la gentileza de dar una vuelta por el sitio y pude ver a la pobre gente de aquella perdida y desolada población.Pregunté por el nombre de la aldea.”Ni nombre tiene” –dijo Amán.

En verdad, quedè impresionado con aquel paisaje del Asia Central.Lleguè a Maimana a las cinco de la tarde,tapado de tierra y con dolores por todo el cuerpo.

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Comentarios

Una respuesta a “Cartas afganas (11) De viaje por el estepa”
  1. Tilio Coronel dice:

    A los amables lectores,pido disculpas por el error en el título.No anduve de viaje POR EL ESTEPA,
    sino POR LA ESTEPA.



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