Las relaciones sexuales humanas y el orgasmo

Recientemente un grupo de investigadores canadienses, hizo un descubrimiento sorpresivo: Como ingrediente, en la receta para gozar del sexo sibarita, el orgasmo no es indispensable.

El director de la investigación, afirmó que ‘existen evidencias palmarias y sustanciales, de que la mayoría de las personas creen que el secreto a la realización sexual es algo técnico, que resulta de mejores habilidades orales y manuales en la estimulación de la pareja’.

‘En efecto’, prosigue el científico, ‘se puede gozar de sexo indescriptiblemente gratificante, sin la experiencia del orgasmo’.

De la suposición ser cierta, ¿de dónde proviene la idea de que el sexo debe de resultar, siempre, en un orgasmo?

La historia es vieja.

El Padre de la Iglesia, Agustín de Hipona (354 DEC) se conmemora por su famosa oración: ‘Señor, concédeme castidad y continencia… pero no aún…’

Lo que permanece poco conocido es la conclusión de Agustín de que, porque el sexo es consecuencia de ‘la animalidad del hombre’ — y, como los animales no demuestran interés en usar el sexo para fomentar el amor y la devoción — que el uso apropiado del sexo, como función, aún dentro del matrimonio, es exclusivamente para fines de reproducción.

¿Pero es así?

Veamos

Por ejemplo, los chimpancés bonobo, cuyos machos exhiben enormes testículos, cargados de semen, se involucran en relaciones sexuales casuales, con el fin de establecer conexiones sociales, sin que el orgasmo ocurra.

Y, los monos macacos machos, eyaculan en menos de la mitad de sus copulaciones.

Quizás, éste no es el argumento que los filósofos de la iglesia católica desean escuchar, pero, la realidad es que el sexo entre primates, sirve, a menudo, otros propósitos además de la fertilización y el orgasmo.

El error de Agustín se ha venido utilizando para neutralizar algunos de los aspectos más elevados del sexo.

En el siglo pasado, católicos franceses y belgas descubrieron que relaciones sexuales pausadas y moderadas, representaban un modo de lograr una relación conyugal más espiritual y perfecta.

El Papa y sus seguidores lo condenaron inmediatamente (cómo si, de éstas cosas supieran) porque los actos sexuales ‘incompletos son pecado mortal’.

Pero, en lo que al orgasmo respecta, las autoridades eclesiásticas no son las únicas que son conservativas.

Las ‘autoridades’ en el campo de la psiquiatría no ofrecen ninguna clarificación en este asunto, ya que, de manera idiosincrásica, éstas, universalmente, consideran el sexo, sin orgasmo, como una parafilia.

Es indudable, que algunas personas evitan el orgasmo durante las relaciones sexuales, por razones neuróticas.

Pero, la práctica de las relaciones sexuales, pausadas, y sin orgasmo, continúa creciendo en popularidad, e importancia, en tantas culturas, que no puede ser más ignorada.

La realidad es que el orgasmo se siente tan extremadamente gratificante es porque nuestra biología, por medio del mismo, desea impulsarnos a procrear la próxima generación, y, nada más.

En este aspecto se parece al ‘placer’ de comer.

Que una pieza de chocolate sepa bien, no significa que se debe de consumir la caja entera de esta golosina.

Aún envolviéndose en sexo continuo y sibarítico de manera, continua, extrae un gravamen en el cerebro.

La persona se siente exhausta, vertiginosa y, a veces, deprimida.

Parece ser, que el cerebro intenta controlar la actividad sexual como lo hace con la comida, para mantenerla bajo control.

Por ello es que los aditivos a la sexualidad, como el Viagra, no producen beneficios duraderos.

Por ahora, el coito pausado y sin orgasmo, permanece como algo prohibitivo para los católicos, y disfuncional para todos los demás.

Un modo de mirar al sexo sin tantas limitaciones impuestas, sería lo más productivo y satisfactorio para la mayoría de las parejas, para que sus lazos permanezcan firmes.

Imagen

Orgasmo hecho famoso, por Meg Ryan en la película When Harry Met Sally.

Ciencias del comportamiento

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