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Una Mañana

Estuve una mañana pensando que la vida ha trascurrido de prisa, mi vida; y que de aquellos sueños imaginados, no todos han sido realizados, no todos se han cumplido. Y mirando hacia atrás, y analizando los recovecos de mi camino, veo que sólo me he dedicado a trabajar, a aspirar obtener mejores cosas materiales, a brindarle un mejor porvenir económico a mi familia, a cuidar mi empleo para seguir recibiendo mes tras mes, los mismos recursos económicos a los que llaman salario durante el año…
¡ aún soy un asalariado ! y es que me enseñaron de pequeño a trabajar pero para limitarme a ser empleado, no para aspirar a hacer empresa; y trabajar es lo que hago cada día, aportando a extraños mi mayor desempeño y mi mejor esfuerzo para que la labor realizada entre todos, dé los mejores e inesperados resultados que haga surgir más la empresa…
Y es que, me pagan por esto, aunque nadie, a parte de mí (y quizá de mi equipo de trabajo) lo note; tanto afán por conseguir la aceptación de quienes me rodean –porque finalmente es la sociedad la que evalúa si uno cumple las exigencias impuestas, si da la talla para continuar en el lugar asignado, si de verdad uno se merece el salario que gana y el cargo que tiene- Y tengo un problema, en mi trabajo soy bueno haciendo lo que hago, con porcentaje alto de calidad y eficiencia, ¡ para eso es que trabajo !, para ser el mejor; me gusta competir, exigirme y exigirle a otros, me llama la atención ser reconocido por los buenos actos, por los logros alcanzados, me gusta que mis logros y éxitos hablen por mí, pero… No entiendo del todo, por qué me es tan fácil ayudar a personas extrañas cuando en algún momento han necesitado de mi conocimiento y de mi experiencia en determinada situación, ya sea técnica, vivencial o metódica y al recibir mi asesoría se sienten satisfechos porque sus dudas han sido resueltas, pero con mis cercanos (familia), no siempre lo logro.-

Recuerdo que hace poco, mi hijo me preguntó: “papi ¿para qué sirven los lunares?” y yo quedé gringo, sin saber qué responder y justificándome interiormente, pensé: “yo no estudié dermatología o composición externa de la piel para saberlo”… Y bueno, finalmente le dije que no sabía.
¿Y si mi jefe me lo hubiera preguntado?¿habría corrido a buscar la respuesta?¿qué tal si de la respuesta dada, dependiera mi salario? ¡ qué horror ! … Me habría quedado sin un peso, habría sido todo un fracaso… Nunca le pregunté a mi hijo lo que pensó de mí al no obtener una respuesta satisfactoria –creo que no me importó mucho-.
No sé si sólo me pasa a mí, pero a veces llego tan cansado a casa que no les presto la correcta atención a mis hijos, como si supiera todo de ellos, ¡ ja !, como si los conociera al derecho y al revés; cuando llamo a casa (porque eso sí, siempre lo hago –pero ahora que lo pienso con detenimiento, no es del todo para saber cómo están, sino más bien para controlarlos-) sólo pregunto lo que hicieron, lo que están haciendo y lo que les queda por hacer de los deberes escolares y de la casa.

No recuerdo haber llamado a preguntar: ¿te sientes feliz hoy?, ¿te sientes cansad@ de tantas tareas escolares?, ¿cómo te trataron tus amig@s hoy en el cole?, ¿qué tal está tu ánimo hoy?, ¿viste algún chico o alguna chica que te llamara la atención?… No, no lo recuerdo, ¿será porque nunca lo he preguntado?; siempre mis llamadas a casa son como visitas de médico.

Recuerdo haber escuchado una historia acerca de un niño que hacía una oración a Dios y le pedía que lo hiciera un televisor, jejeje, ¡ un televisor !, las cosas que se le ocurren a los niños; y dice la historia que el chico quería ser un televisor para llamar la atención de su papá aunque este llegase tarde y cansado; la de su mamá, cuando se sintiera sola y no tuviera más oficio para hacer en casa; y que sus hermanos se pelearan por estar con él; y que pudiera tener un sitio especial en casa en que todos supieran de él. Y pensando en esta historia, espero que mis hijos nunca lleguen a pensar algo así por mi culpa, aún estoy a tiempo de cambiar algunos detalles en mis accionar diario… Mmm, sí, comenzaré desde hoy mismo, ah, y luego vendré y les contaré.-

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Reflexiones

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Comentarios

Una respuesta a “Una Mañana”
  1. sabado218bis@yahoo.com.ar dice:

    Estimado amigo: he leído tu texto respecto a la poca atención que solemos prestar a nuestros seres queridos, en especial a nuestros hijos. Y tienes mucha razón( y conste que te habla un abuelo, padre de seis hijos y 12 nietos). Yo también he pasado por este tipo de cuestionamientos y en parte como tú, también los atribuía a la vida agitada que es la impronta del sistema capitalista. No obstante, yo creo que la mayor falla, parte de una falencia social. Fíjate que tenemos todo tipo de escuelas, pero falta la principal: una escuela del amor. Una escuela dónde se le enseñe al individuo, el “arte” de saber vivir.Este tipo de escuelas debería ser de asistencia obligatoria a todas las parejas, antes de casarse. Estoy convencido que incluso con un curso acelerado-digamos de 3 meses- dictado por psicólogos, médicos y algún profesional del espíritu, los futuros esposos sabrían qué es LO QUE NO TIENEN QUE HACER en convivencia y además, cuáles son las cosas importantes y excluyentes de la vida. Ejemplo: pensar en un hijo antes de concebirlo y adquirir los conocimientos elementales para cometer los mínimos errores posibles.
    En fin, estimado amigo. Es sólo una reflexión.
    Te deseo mucho éxito con tu blog!
    Recibe un afectuoso abrazo
    José Manuel
    Ps) Espero “verte” algún día por ESQUIZO frenia, un invento de los laboratorios.



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