Rincón del Riesgo

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Miedo

Riesgo prostático - mis momentos de angustia

PRIMERA PARTE

El cáncer nos afecta a todos, ya seas hijo, madre, hermana, amigo, compañero, doctor o paciente.

Jennifer Aniston

Durante seis meses me abstuve de escribir algo sobre mi riesgo prostático. La verdad es que no provocaba hacerlo, mi mente trabajaba sólo en una dirección: salvarme del cáncer de próstata y, como lo advierte la actriz Aniston, salvar a mi familia y amigos cercanos, de los efectos de un desenlace fatal.

Ahora, libre de temores, relataré algunos momentos de esperanza y desilusión, una mezcla extraña de emociones que me acompañaron en un proceso que muchos otros hombres viven y sufren con sus allegados. Inicialmente, haré dos críticas que seguramente  no son ajenas a muchos de mis lectores. La primera es contra el descuido que muchos tenemos al no realizar periódicamente los exámenes preventivos de la próstata y, la segunda, contra nuestro sistema de salud. En esta segunda crítica, debo advertir que es contra el sistema, no contra el personal de la salud, hacia quienes tengo un profundo agradecimiento por su competencia y especial atención.

Riesgo prostático, entre el riesgo lejano y el riesgo inminente

Mi primera crítica se justifica, en parte, por una cultura que nace desde lo que he denominado como riesgo lejano, que se encuentra en los niveles más bajos de nuestra percepción, manifestado por la poca preocupación o temor por los resultados adversos del riesgo materializado. Por ejemplo,  las consecuencias adversas para la salud que genera el hábito de fumar se perciben lejanas en el tiempo en la gente joven, lo que trae como consecuencia la pérdida de efectividad de los programas educativos en torno al riesgo del tabaquismo (Lundborg, 2007, p.138). Esta pérdida de efectividad es manifiesta en los estudios psicométricos de percepción del riesgo al incluir una característica de temporalidad en el riesgo: inmediato o retardado (Slovic & Weber, 2002). En el caso del riesgo prostático, en Latinoamérica, la detección temprana del cáncer de próstata es muy baja, “pues los pacientes por lo general se identifican con la enfermedad avanzada; esporádicamente se realizan campañas de tamización del cáncer de próstata que permitan detectar esta enfermedad en estadios tempranos” (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Al indagar sobre las razones para nunca haberse realizado el tacto rectal o el antígeno prostático específico, los hombres destacan principalmente la falta de dinero y la desinformación o desconocimiento, seguidos por la incomodidad del examen y por descuido (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Sea falta de tiempo o dinero, por descuido o por la incomodidad, muchos hombres no nos hacemos los chequeos preventivos que permitan detectar el cáncer de próstata y, en muchos casos, su detección es tardía, lo que trae como resultado una de las principales causas de muerte en hombres mayores de los 50 años. La no detección a tiempo tiene también como causa lo asintomático de la enfermedad… es un cáncer maligno y silencioso.

Igualmente, se detecta una alta ignorancia de lo que es la próstata y de sus funciones en nuestro organismo. La próstata es una glándula que forma parte del aparato genital y urinario del hombre, que se sitúa debajo de la vejiga. Su función principal es la producción del fluido seminal.

Fuente: http://www.vanguardia.com/informe-salud/wp-content/uploads/2013/06/PROSTATA.jpg

Por contraste al riesgo lejano, en el riesgo inminente de muerte percibimos en un alto grado todo aquello que habíamos ignorado por falta de tiempo, por descuido o por incomodidad, “el riesgo lo vivimos en el riesgo mismo”. Esta afirmación no es difícil de sustentar, en tanto que nuestras propias experiencias así lo evidencian. Son muchas las personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte, experiencias que quedan marcadas por siempre en la memoria. Es más fácil olvidar los acontecimientos que se representan en una pantalla de cine que los vividos en la pantalla del mundo real. Es más fácil olvidar la inminencia de muerte representada (o comunicada) que la experimentada. En experiencias con niveles de riesgo alto, en las cuales hay opciones y, por tanto, hay posibilidad de toma de decisiones, las reacciones podrán ser distintas que cuando brota el pánico. En el riesgo inminente, el miedo es la emoción más recurrente, en este estado de miedo, hacemos aquello que antes nos negábamos a hacer, nos practicamos todos los exámenes médicos que nos ordenan, cambiamos hábitos alimenticios, nos volvemos sumisos al riesgo inminente.

Fuente: http://blessyourlife.blogspot.com.co/2010_11_01_archive.html

Con el miedo nuestras creencias o  conocimiento del riesgo se distorsionan (amplificadas, atenuadas o descontextualizadas), generando mayores sentimientos de temor. Cuando sabemos que tenemos un cáncer de próstata, la palabra “cáncer” basta para que el miedo en su mayor grado (pánico) brote en nuestro ser. Es en este momento que comprendemos cuan frágiles somos, nos damos cuenta de nuestra verdadera naturaleza humana.

El riesgo prostático en nuestro sistema de salud

En esta segunda crítica no me extenderé mucho, en tanto que los problemas del sistema de salud en Colombia son ampliamente conocidos, además de ser divulgados por los medios de comunicación. No obstante, en la segunda parte de este Rincón daré mayores detalles de los escollos que presenta el Sistema en los tratamientos de enfermedades como el cáncer de próstata.

El gran problema con el que se encuentra el sistema, y obviamente yo, es que son muchos los enfermos y pocos los especialistas, lo que obliga a una optimización de las agendas que, en últimas, afecta a los pacientes. En mi caso, como ejemplo, se detecta un problema de próstata en el mes de abril, obtengo cita con el urólogo, especialista que se encarga de este tipo de situaciones, en el mes de mayo. En junio me practican una biopsia que confirma mis temores… cáncer de próstata. En julio ingreso a urgencias que deja como resultado la instalación de una sonda vesical, la cual me acompañó hasta el día de mi cirugía en el mes de octubre. Mi viacrucis de seis meses se debió, en parte, a estar sujeto a estas agendas. Para ponerle un poco de más angustia a la producida por las demoras en la atención de los pacientes, durante estos meses se hicieron manifiestas las protestas del personal de la Salud, las crisis hospitalarias y las denuncias de los usuarios del Sistema.

Sé que no puedo hacer nada para cambiar el Sistema, pero si espero que mi mensaje llegue a lectores masculinos, para que se tomen en serio la importancia de realizar los exámenes preventivos de próstata.

Bibilografía

Arbeláez, J. D., & Montealegre, N. A. (2012). Conocimientos, actitudes y prácticas sobre los exámenes utilizados en la detección temprana del cáncer de próstata en hombres de dos comunas de Medellín. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 30(3), 300-309.

Lundborg, P., 2007. Smoking, information sources, and risk perceptions: new results on swedish data. Risk Uncertainty, (34), pp. 217-240.

Slovic, P. & Weber, E., 2002. Perception of risk posed by extreme events. Risk Management strategies in an Uncertain World, pp. 1-21.

Miedo, Riesgo, Riesgo inminente

¿Qué hacer durante un terremoto?

En el post anterior había anunciado una segunda publicación sobre terremotos y… surgió lo de Haití

Rincón del riesgo ¿Qué hacer durante un terremoto?

Miedo, Riesgo, terremotos

Terremotos

En Colombia nos embarga la tristeza por la eliminación de la selección de futbol, pero existen otras tragedias infinitamente peores. De una una de ellas nos ocuparemos en esta ocasión, los terremotos.

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    Mi hernia y el poder de la mente

    Es frecuente que escribamos sobre riesgos que nunca hemos vivido. Es decir, “mirando los toros desde la barrera”. Escribimos, por ejemplo, sobre el desastre de Chernobil, pero después de leer el libro “la voces de Chernobil” de Svetlana Alexievich comprendemos cuán lejos estuvimos de esa realidad.

    En asuntos de salud, sólo me he ocupado del problema de los virus y, cómo no, del famoso H1N1. En este Rincón hablaré de mi experiencia (actual) con una hernia inguinal, de mi vivencia con un problema directo de salud. No se trata de describir el fenómeno como tal, sino de su impacto en mi mente, y como ésta ha impactado en el resto de mi ser.

    20 días atrás, en un fin de semana, le comenté a mi esposa sobre un pequeño abultamiento en mi ingle. Ella, más precavida que yo, inmediatamente solicitó una cita médica a mi EPS (En Colombia existen las Entidades Promotoras de Salud o EPS, de las cuales nos ocuparemos en otro Rincón). Me asignaron cita para el miércoles siguiente. En los cuatro días antes de la cita, corrieron por mi mente los peores escenarios… cáncer de próstata, tumor maligno,… Lo cierto es que frente a los temores mi cuerpo reacciona con malestar estomacal; es decir, diarrea.

    Minutos antes de la cita, entré por última vez al baño… estaba muy nervioso. Me recibió una joven médica. Me hizo las preguntas de rigor, me pesó, luego el corazón, la presión, pulmones y, finalmente fuimos al grano. Luego de hundir sus dedos en la parte inferior de mi ingle, sentenció: “hernia inguinal”. ¡Ah, es un hernia! exclamé con tono de alivio. Así es y se debe a un esfuerzo desmesurado que hayas realizado ¿levantaste algo pesado ultimamente? A la pregunta de la doctora, le dije no recordar tal suceso. Finalmente, me recomendó hielo en la zona afectada y un analgésico (ya lo dije, luego me ocuparé de las EPS).

    Cesó mi diarrea. Luego de almorzar me senté a consultar ¿qué demonios es una hernia inguinal?

    Por ejemplo:

    http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi?query=hernia%20inguinal

    Rápidamente comprendí el problema o, mejor, mis problemas. Por lo leído y luego por información de algunos compañeros, la tal hernia inguinal no tiene sino una solución: cirugía. Adicionalmente, me informé de los posibles impactos de no atenderse oportunamente… estrangulamiento de la hernia, peritonitis,… Por otra parte, entre las precauciones decía: “no hacer fuerza en el baño”. Desde ese momento y hasta ahora que escribo estas líneas, cesó mi diarrea para dar paso al estreñimiento: EL PODER DE LA MENTE.

    Luego de mis consultas, llamé molesto a la EPS. Les dije que si bien el diagnóstico de la doctora era correcto, su tratamiento no era el indicado… me dieron cita para el lunes siguiente. Esta vez me atendió otra doctora (mi médica familiar). Luego de confirmar el diagnóstico, me asignó cita con el cirujano. Me dieron cita para el jueves siguiente.

    El día de la reunión con el cirujano estaba hecho un manojo de nervios. Los temores nos hacen ver las cosas de otra manera. La clínica a la que me remitió la EPS se encontraba en un sitio escondido. Se trataba de una casa de dos pisos, acondicionada como clínica. Mientras estaba en la sala de espera, observé una gran puerta a mi lado con un letrero que decía: “sala de cirugías”. De ella salió una enorme enfermera morena (bueno, como lo dije antes, así la veía), que mascando un chicle, exclamó: “Judith se acabaron las gasas”, no quiero escribir lo que pasó por mi mente. Al rato salió, de esta misma sala, una doctora algo cansada se dirigió a un grupo de personas, que estaban en otra sala: “todo salió bien, estamos puliendo algunas cositas, él ahora está dormidito”, dijo la doctora.

    Por fín escuché mi nombre: “El señor Juan Guillermo Rivera al consultorio tres del segundo piso”. Allí me esperaba otro ser extraño… mi cirujano. Ojos hundidos con una gran sombra a su alrededor, sus facciones me recordaban otros seres de algunas películas de terror. Luego de la rutina médica, me formuló tres exámenes que requería para el anestesiólogo y una autorización de cirugía… debía regresar a mi EPS.

    Para no cansar a mis lectores, les resumo: a la fecha he realizado los tres exámenes (sangre, orina, electrocardiograma); he dejado, además, la orden de cirugía a espera de aprobación. Según la funcionaria, mi operación puede estar programándose para después del 20 de julio (dentro de un mes).

    Mis familares y amigos tratan de tranquilizarme con expresiones como:

     ”Tranquilo Juan, es una operación ambulatoria. El 99% sale bien”. El 99% no me tranquilizó, me preocupó el 1%, contradiciendo la teoría de Kahneman sobre la aversión al riesgo (véase Kahneman, D. (2002). Maps of Bounded Rationality: a Perspective on Intuitive Judgment and Choise en http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf, página 457).

    “No te preocupes, es una operación rutinaria. Es la cirugía que más se realiza. Obviamente, cada uno tiene un umbral del dolor diferente…”. Esta última observación eliminó la intención de tranquilizarme… no había pensado en el dolor.

    Mientras tanto sigo estreñido, preocupado, ansioso,… Sólo espero poder concluir este Rincón, informándoles de una operación exitosa… Hasta entonces.

    PD. El día que supe de mi hernia, mi esposa sonriente me recordaba: “Mijo recuerdas hace 15 días en el baño…”. Lo cierto es que nunca más volveré a realizar tales peripecias.

    Miedo, Riesgo

    Riesgo inminente y miedo, dos conceptos estrechamente relacionados

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