Rincón del Riesgo

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Archivo de Octubre, 2015

Riesgo prostático - mis momentos de angustia (cuarta parte)

Parte cuatro

Mientras hay vida, hay esperanza.

Teócrito

Desde el 22 de junio mis pensamientos estaban centrados en la palabra “cáncer”… era un paciente con CA de próstata. He afirmado que lo que menos quiere saber un paciente de cáncer es sobre el cáncer, pero ello no significa que no queramos saber del cómo atacarlo. En el informe de patología de la biopsia, se sugería confirmar con una inmunohistoquímica. El último urólogo me dijo que no era necesario. Al consultar sobre este procedimiento, encontré dos conceptos no muy alentadores. El primero decía que era una forma de conocer que tan agresivo era el cáncer, mi conclusión era que no quería saber sobre ese nivel de agresividad. El segundo concepto, hallado en la revista española de urología, era más preocupante, pues parece que los resultados de patología en una biopsia pueden arrojar falsos positivos (lo identificado como carcinoma, no lo es) o falsos negativos (lo identificado como hiperplasia o como atrofia, realmente es un carcinoma). Revisé mis resultados… hiperplasia en la muestra uno y atrofia en las muestra dos a cinco. Según los autores del artículo consultado, “aparte del adenocarcinoma convencional y de otras variantes histológicas más o menos frecuentes, existe un grupo de adenocarcinomas «difíciles» que se caracterizan por simular las dos lesiones benignas que prácticamente nunca faltan en cualquier biopsia de próstata: la hiperplasia y la atrofia” (Etxezarraga, Bilbao, & López, 2005, pág. 142).

Decidí, entonces, que mi último urólogo tenía razón… no había necesidad de conocer el nivel de agresividad de mi cáncer. Sólo bastaba saber que era curable, por estar focalizado y por su tamaño pequeño, pues “el cilindro comprometido está afectado por el tumor en 15%” (informe de patología de mi próstata). Me aferré a esta creencia y me decía permanentemente… tengo un pequeño tumor que se puede curar: “Mientras hay vida hay esperanza”.

La hiperplasia, menos silenciosa que el cáncer

El 31 de julio surge mi cuarto problema. Ese día, en la mañana, no pude orinar. Como en el mes de marzo, esperé unas tres horas confiado en que lo podía lograr. Pero… nada. Empecé a sentir una presión en mi vejiga, bastante dolorosa. Mi esposa y mi hija, me decían insistentemente que nos fuéramos a un centro de urgencias, finalmente accedí.

Llegamos al hospital más cercano. Evaluaron mi condición para determinar si podría ingresar como un caso de urgencia. Una de las enfermeras palpó mi abdomen y expresó… tiene globo, lo que significaba que era una urgencia. Miré mi abdomen y noté que mi hernia había desparecido… tenía globo.

El médico urgentólogo ordenó que me drenaran a través de una sonda vesical, el dolor seguía aumentando. Una enfermera inició el procedimiento, le escuché que lo haría con una sonda 14. Sentí el ingreso de la sonda por mi uretra, algo molesta pero no dolorosa… No pasa, dijo la enfermera. La miré con angustia, pues ya había superado mi umbral del dolor. No se preocupe, intentaremos con una 10, la que usamos para niños… debe pasar, pero… no pasó. Llamemos al urólogo, dijo otra enfermera. Mientras llamaban al urólogo, me prepararon para lo peor, ¡sonda a través de una incisión! El urgentólogo trataba de animarme, me decía que era un procedimiento más mórbido pero efectivo.

Pasó una hora y no aparecía el urólogo. Como lo decía, en otro apartado, son muchos los enfermos y pocos los especialistas, en el hospital sólo había un urólogo de turno. Miré a mi esposa y noté sus lágrimas, yo sudaba y, por primera vez, grité de dolor, pese a que me habían aplicado una droga para ello. Diez minutos después, apareció el urólogo con un grupo, al parecer, de estudiantes de medicina. Preguntó sobre mi situación, a lo que le respondieron: Paciente de CA de próstata, que ingresa por incontinencia urinaria. Se ha tratado con dos sondas sin éxito, ambas han salido con sangrado. El urólogo preguntó por los calibres de las sondas. Después de enterarse, pidió una número 20 y con una agilidad y rapidez, la introdujo en mi vejiga a través de la uretra. Miré la sonrisa de mi esposa, al mismo tiempo que sentía un gran alivio en mi vejiga.

Al leer lo anterior, se podría concluir que mi cuarto problema era la incontinencia, lo que no es cierto. Mi cuarto problema, fue la sonda vesical. La incontinencia es un efecto propio de mi problema de hiperplasia, así como el estreñimiento y las infecciones urinarias. Mi nuevo gran problema era una sonda vesical de más de 40 cm de largo y de un buen calibre. En mis consultas, me enteré que,

Calibre: 8 Ch para los niños, entre 14 y 18 Ch para los hombres y entre 16 y 20 Ch para las mujeres. Longitud estándar: 41 cm, siendo un Ch equivalente a 0.33 mm

El urólogo, que resultó ser un estudiante de urología, me dijo que no me retiraría la sonda, que sería una decisión de mi urólogo tratante. Miré la sonda y concluí. Estarás conmigo durante un mes. La próxima cita era a finales de agosto. Pregunté por la duración de la sonda, a lo cual me respondieron que me habían instalado una sonda Foley de tres semanas de duración. Esta sonda tiene un globo pequeño inflado en el extremo, que impide que la sonda se deslice fuera del cuerpo.

Fuente: https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003981.htm

Supongo que tanto el urólogo como las enfermeras estaban convencidos que mi urólogo tratante me recibiría ese mismo día, pues me despacharon sin mayores indicaciones de cuidado de la sonda, excepto porque tenía que tomar mucho líquido y sostener la sonda por debajo de la vejiga.

Los primeros quince días con la sonda fueron muy tormentosos, por el desconocimiento. Observaba que drenaba sangre y sedimentos, además de un permanente e insoportable ardor. Regresé al hospital, por otro tipo de urgencia, que no tenía que ver con la próstata. Una enfermera, al notar que aún tenía la sonda, me entregó una hoja con instrucciones de manejo. Lo de la sangre y los sedimentos lo controlé, pues la hoja de instrucciones aclaraba que era tomar bastante líquido, al menos tres litros de agua diarios. Lo del ardor, lo supe más tarde.

Tratando de controlar el ardor, consulté sobre manejo de sondas vesicales, encontrándome con los riesgos asociados a la misma:

· Alergia o sensibilidad al látex

· Cálculos vesicales

· Infecciones de la sangre (septicemia)

· Sangre en la orina (hematuria)

· Daño renal (por lo regular con el uso de sondas permanentes por mucho tiempo)

· Lesión uretral

· Infecciones renales o de las vías urinarias

· Espasmos vesicales que no desaparecen

· Sangrado dentro o alrededor de la sonda

· Fiebre o escalofríos

· Escape de grandes cantidades de orina alrededor de la sonda

· Cálculos o sedimento en la sonda vesical o la bolsa de drenaje

· Inflamación de la uretra alrededor de la sonda

· Molestias vesicales del tipo cistitis.

Leído lo anterior, mantuve una estricta disciplina de aseo y cuidado de la sonda. Ahora, me preocupaba lo de las tres semanas.

Gracias a un amigo, contacté una uróloga para que me hiciera el cambio de sonda. Esta joven y amable uróloga me atendió en su consultorio, una de sus enfermeras me retiró la sonda. Le propuse que me quedaría en los alrededores para saber si podía orinar normalmente y evitar una nueva sonda, propuesta que aceptó. Al cabo de dos horas, le informé que estaba orinando bien y me fui para mi casa. Al otro día regresé desesperado para que me instalara la sonda, la crisis de continencia se había vuelto a presentar. La uróloga, por teléfono, me indicó que un urólogo amigo me atendería… quinto urólogo. Llegué al consultorio desesperado e inmediatamente me atendieron. De todo esto quedaron dos resultados positivos. El primero, es que pedí una sonda más pequeña, me instalaron una calibre 18, suponía que el tamaño estaba asociado al ardor; el segundo, es que descubrí, en la conversación con el urólogo, que existían los tapa sonda. Desde ese día empecé a usarlos para el día, se volvió más cómodo el no portar la bolsa de orina,  en mi trabajo.

El 25 de agosto tuve la cita con mi urólogo tratante, para mi sorpresa se trataba del mismo urólogo anterior, luego me enteré que el primer urólogo había renunciado. Le informé sobre la sonda, me dijo que debía seguir con ella y me dio una orden para cambio de sonda.

El 29 de agosto fui a mi IPS a que me cambiaran la sonda. Una enfermera retiró la sonda e intentó introducir otra de calibre 18 que yo había llevado para el procedimiento, pero… no pasó. Llamó a una compañera, quien le sugirió una 14, pero… tampoco pasó. Llamaron a la enfermera jefe, quien intentó con una 16, tampoco pasó. Es mejor que vayas por urgencias, me recomendaron. Desconsolado miré a mi esposa, notando la angustia compartida. Regresamos al hospital con la esperanza de encontrar al estudiante de urología… ese día no era su turno. El urgentólogo al notar nuestra angustia, trató inútilmente de pasar una 20. Cuatro sondas que me habían masacrado anunciaban lo peor: cirugía, procedimiento mórbido, riesgo de infección, incapacidad para trabajar… al caído, caéle.

Le pregunté al médico si había posibilidad de contactar al urólogo. Con sorpresa y alegría supimos que eran amigos, que ya lo había llamado y venía en camino. Nuevamente el dolor, nuevamente la espera. Llegó el urólogo, pidió una sonda 20 y, como la vez anterior, con agilidad y rapidez, instaló exitosamente la sonda. Pese al sufrimiento y a las angustias, nunca olvidaré la solidaridad de estos dos jóvenes médicos.

Regresé a mi casa con una nueva sonda número 20 pero, además doble J, que me acompañó hasta mi cirugía. Con esta última sonda, luego de 20 días, me infecté con una bacteria, situación que relataré en la quinta y última parte de este Rincón.

Termino esta parte con algunas estadísticas, que deben preocupar a aquellos que no realizan los chequeos periódicos de su próstata.

El cáncer de próstata sigue siendo la neoplasia maligna más frecuente en el varón en todos los registros de tumores, y prácticamente la segunda causa de muerte masculina por cáncer. La Sociedad Americana del Cáncer estima que durante 2005 se diagnosticarán algo más de 232.000 nuevos casos, y que aproximadamente 30.000 enfermos morirán por enfermedad metastásica en el mismo periodo. Además, un varón de cada 5 desarrollará cáncer de próstata a lo largo de su vida y uno de cada 33 morirá por su causa. El envejecimiento paulatino de la población augura un futuro sombrío a pesar de los esfuerzos terapéuticos que se están llevando a cabo (Etxezarraga, Bilbao, & López, 2005, pág. 142).

Bibliografía:

Etxezarraga, C., Bilbao, F. J., & López, J. I. (2005). Revisión de los adenocarcinomas de próstata con patrón pseudohiperplásico y pseudoatrófico. Revista española de patología, 38(3), 141-147.

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Riesgo prostático - mis momentos de angustia (tercera parte)

PARTE 3

Si te postran diez veces, te levantas,
otras diez, otras cien, otras quinientas.
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas

Almafuerte

Además de la hiperplasia prostática, tenía una hernia inguinal. Como dice el dicho “al caído cáele”. En 2009 fui operado de una hernia inguinal, según el urólogo se había vuelto a reproducir, pero mi temor era la próstata no la hernia, algo curioso puesto que el problema de la hernia me causó gran preocupación en su momento. Remito a los lectores de este Rincón a leer algo que escribí y titulé “Mi hernia y el poder de la mente”.

Si tienes cáncer de próstata, te recomiendo no seguir leyendo este artículo. Si te vas a hacer la biopsia para saber si lo tienes o no, tampoco te recomiendo seguir leyendo lo que voy a relatar. Estoy convencido que no es necesaria la advertencia anterior, pues lo que menos deseamos los pacientes de cáncer es saber del cáncer.

La biopsia, un resultado inesperado

Uno de mis pasatiempos es ver documentales en la televisión. Casualmente, me topé con un programa en el que un hombre estaba hablando sobre algunos chequeos médicos que se hizo en el momento de su jubilación. En el examen de tacto, el médico detectó algunas anormalidades en su próstata y le sugirió la biopsia. Este hombre fue un miembro del ejército de los Estados Unidos, cuando se refirió a la biopsia me dejó desanimado. Estaba convencido que era un procedimiento sencillo, pero la última frase que le escuché me dejó preocupado: “He sentido dolores en mi carrera militar, por accidentes o heridas en la guerra del Golfo, pero la biopsia fue algo peor…”. Miré el nombre del programa… “Los incurables”… y cambié de canal. No quise seguir escuchando.

Ahora, ajeno al problema, traté de buscar el programa en la Red para referenciarlo, pero no lo encontré. Tal parece que es una serie de Intinetwork “The intocables”. En la búsqueda, encontré el poema “Los incurables” del poeta argentino Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte), con cuya primera estrofa he iniciado este Rincón.

El 10 de junio me acerqué al hospital donde me realizarían la  biopsia, estaba relajado. Le pregunté a la enfermera cuánto duraría el procedimiento, me dijo que unos cinco minutos, lo que me tranquilizó más. Lo que sólo me dijo después, es que puede demorar mucho más, dependiendo del paciente, puesto que algunos no soportan el dolor y hacen más dificultosa la prueba. Llegó el médico e inició el procedimiento. Los dos primeros pinchazos eran para la anestesia, noticia que me relajó aún más. Bueno, vamos a tomar doce muestras, dijo el médico. Escuché una especie de zumbido y después un disparo… primera muestra. Pese a la anestesia, tal como lo dijo el militar, el dolor fue intenso. Cerré los ojos y dejé que el martirio continuara. Al rato pregunté ¿faltan dos?, sólo una, dijo el médico,  esperé el ya odiado zumbido. Una vez concluida la sesión, pude observar la enorme aguja con la que me había perforado el intestino y pinchado reiteradamente mi, también, enorme próstata.

Fuente: http://www.saludysintomas.com/wp-content/uploads/2011/12/Biopsia+de+prostata2.jpg

Sangré mucho ese día, pero sólo fue en ese día, lo normal es que sangres durante toda la semana, lo veía como un buen síntoma. Las doce tomas me fueron entregadas en seis frascos, los cuales llevé a un laboratorio clínico para su análisis.

El 22 de junio fui con mi esposa por el resultado de la biopsia. Empezamos a leer con mucha ansiedad el resultado. Así iniciaba la descripción del resultado:

Se reciben muestras de tejido prostático obtenidas con aguja cortante y numeradas del 1 al 6 así:

Continuamos leyendo:

En la muestra #1 hay hiperplasia células basales

Nada nuevo, ya lo sabíamos

En las muestras 2, 3, 4 y 5, cambios por atrofia inflamación crónica

Tampoco lo veíamos raro

En la muestra 6 que corresponde a base izquierda, se identifica compromiso por ADENOCARCINOMA del tipo acinar, sin otra especificación.

Luego de leer y releer la palabra resaltada en mayúscula, miré a mi esposa. Mija… tengo cáncer, le dije.

Mijo, métase a Internet y consulte bien, me respondió mi esposa. No había necesidad de hacerlo CARCINOMA es cáncer; sin embargo, me senté con ella y desde el teléfono móvil consultamos. Para tranquilizarla, le mostré que según mi historial y el resultado de la biopsia, el cáncer estaba en etapa 1 de 4. En la página http://www.cancer.org/index pude concluir que así era o, al menos, eso quería creer. Según la clasificación indicada, parámetros como el antígeno, el grado de Gleason, que en el resultado mostraba un valor de seis, el resultado del tacto, etcétera, permitían establecer el nivel del cáncer.

La última frase del informe de patología, indicaba en letras mayúsculas:

LE SUGERIMOS CONSULTAR INMEDIATAMENTE A SU MÉDICO TRATANTE

Lo de INMEDIATAMENTE me dio desconsuelo, con los tiempos de la EPS sabía que eso no era posible; no obstante, pedimos la cita (al Sistema) con el urólogo… fue programada para el 23 de julio.

Paciente con CA de próstata, mi nuevo calificativo

En los días y meses siguientes, en los diferentes centros médicos que visité, se me identificaba como “paciente con CA de cáncer”, un calificativo que buscaba algo de discreción con la abreviatura CA. Lo cierto es que pesaba sobre mí, tres grandes problemas: hiperplasia prostática, hernia inguinal y, ahora, un cáncer de próstata… al caído cáele.

Durante ese eterno mes, esperando la cita con el urólogo, me dediqué a mi trabajo y a producir modelos de vídeos interactivos en el Proyecto Descartes. Esta última actividad me hacía olvidar el CA de próstata. Las noches eran mi problema, pues me revolcaba en la cama pensando en lo que podría suceder, en mis hijos… en su futuro.

El 23 de julio llegamos, mi esposa y yo, al consultorio del urólogo con el resultado de la biopsia. Para nuestra sorpresa, nos atendió otro urólogo. Supuse que el anterior estaba de vacaciones. Por contraste al primer urólogo, se trataba de un médico joven, algo seco en el trato, sus ojos nunca se separaron de la pantalla del computador. ¿Cuál es tu problema?, me preguntó. No me gustó para nada la pregunta, suponía que todo lo sabía y sólo esperaba el resultado de la biopsia. Le relaté todo desde el principio y le dije que tenía el resultado de la biopsia. Me pidió el resultado y expresó: ¡Ah, ya… tienes cáncer! Para ayudarle más a mi angustia, no estaba de acuerdo con el concepto “próstata grande, antígeno alto”, calificando mi nivel de cáncer en un nivel medio de riesgo.

Finalmente, me despachó con unas órdenes para realizar los exámenes prequirúrgicos. Esto último me dejó tranquilo pues, según el urólogo, todo se solucionaba con la cirugía.

Ocho días después, surge mi cuarto problema que relataré en la cuarta parte de este Rincón. Mientras tanto, recordemos algo de Almafuerte:

No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas

Cuatro… es suficiente.

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Riesgo prostático - mis momentos de angustia (segunda parte)

PARTE 2

Próstata es una palabra atemorizante, rodeada de miedos, mitos y silencio. Incontinencia, impotencia y castración sin duda se encuentran entre las palabras más aterradoras para casi todos los hombres. Las enfermedades de próstata atañen a muchas áreas sobre las cuales para los hombres de cualquier edad resulta difícil y embarazoso hablar

Jeremy Hamand

En esta segunda parte del riesgo prostático sacaré a flote todos aquellos sentimientos surgidos desde el momento en que supe de la existencia de un cáncer en mi cuerpo. Sentimientos ahogados por una profunda desmotivación que me impedía escribir sobre cada uno de los momentos de sufrimiento en este largo proceso. Pero, no sólo era impotencia en la escritura, también, como lo advierte Hamand, era difícil hablar de mi problema o, mejor, de mis grandes problemas.

Alguna vez le escuché a alguien decir que ojalá la inspiración te sorprenda frente a un papel, pero no llegó esa inspiración y por ello sólo ahora es que puedo sentarme a escribir.

Hiperplasia prostática, el comienzo de todo

En el mes de marzo se presenta una alerta que me permitió iniciar con las consultas médicas necesarias para conocer lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo. Cierto día, temprano en la mañana, no pude orinar. Un poco preocupado me fui a trabajar. Seguí intentándolo hasta que al cabo de tres horas pude lograrlo.

Al comentarle a mi esposa lo ocurrido, inmediatamente solicitó una cita médica. Cuando le comenté lo ocurrido a la médica que me atendió, me ordenó una ecografía de vías urinarias y el antígeno de próstata.

A lo del antígeno no le presté mucha atención, estaba convencido que la ecografía revelaría mi problema que, en mis creencias, nada tendría que ver con la próstata. Pensaba que era algún problema de cálculos renales, quistes o alguna otra obstrucción cuya solución sería sencilla.

El 14 de abril me dirigí al laboratorio clínico a que me hicieran la ecografía. Este procedimiento es algo molesto, pues debes llevar la vejiga llena tomándote seis vasos de agua dos horas antes del examen y no haber orinado seis horas antes. En el trayecto al laboratorio sentí que mi vejiga iba a reventar, cada bache o resalto de la vía era doloroso. Una vez llegué, me dirigí a un baño, ya no soportaba más la presión. Oriné un poco, hasta sentir algo de alivio. Una vez estuve con el laboratorista, le supliqué que hiciera la prueba rápido, pues la presión se hizo más insoportable.

¡Vaya… encontré el problema!

Dijo el laboratorista, después pasar el aparato sobre mi abdomen.

¡Tienes una próstata enorme!

Me quedé estupefacto ¿es un cáncer?, le pregunté, pues los problemas de próstata siempre los había asociado al cáncer de próstata. No he dicho eso, sólo tienes una próstata enorme, no observo nódulos, pero es bueno que te hagas el examen de antígeno, sentenció el laboratorista.

Algo que molesta a los médicos es que los pacientes consulten Internet, pero frente al miedo y la ignorancia, sumado a la lentitud de asignación de citas, es una acción que difícilmente nos abstengamos de realizar. En la consulta encontré el siguiente texto:

A partir de los cuarenta años, la próstata empieza a crecer. Este crecimiento puede ser benigno (hiperplasia) o maligno (cáncer). Es fundamental realizar un diagnóstico precoz ya que el cáncer de próstata si se diagnostica pronto puede curarse (http://www.institutouroandrologico.com/servicios/enfermedades-prostata/).

En mi oficina tengo un compañero y amigo que lleva varios meses con hiperplasia de próstata, me animó al decirme que es algo normal, tal como lo expresaba el texto, pues con la edad nuestra próstata crece; sin embargo, la parte que decía “puede ser […] maligno (cáncer)” no me dejó tranquilo. Al día siguiente, me hice el examen de antígeno de próstata. Estando en mi oficina, recibí el correo con el resultado del examen, sentí miedo… mucho miedo, al leer el resultado. Para mi edad, el valor de referencia era máximo 3.1, el resultado arrojaba casi el cuádruple… 11.5.

Con mi amigo, consultamos Internet. Según la Sociedad Americana de Urología,

La prostatitis, infección urinaria, masaje prostático vigoroso, trauma por biopsia e hiperplasia de la próstata causan elevación en el PSA (antígeno).

Me aferré a este concepto para tranquilizarme… un poco, sólo un poco.

Regresé donde mi médica familiar con los resultados de los exámenes. Ella tenía el mismo concepto: “próstata grande, antígeno alto”. Solicitó al Sistema una cita con el urólogo.

Empezaron los problemas con el Sistema, al 19 de mayo aún no me asignaban cita con un urólogo. Desesperado me acerqué a mi IPS. Bueno, aquí es importante aclarar algo sobre nuestro Sistema de Salud en Colombia. Todo inicia con nuestra afiliación al sistema de seguridad social a través de una EPS, que significa Entidad Promotora de Salud, encargada de la parte administrativa y comercial, además de autorizar citas con especialistas y procedimientos quirúrgicos. Los servicios médicos se hacen a través de las IPS (Instituciones Prestadoras de Servicios), que son todos los centros, clínicas y hospitales donde se prestan estos servicios médicos.

En mi IPS me informaron que aún no se había asignado cita. Hablé, entonces, con el coordinador de la IPS, manifestándole lo urgente de mi solicitud. Se presentaron dos situaciones que permitieron una colaboración por parte del coordinador. La primera, de tipo conceptual, en tanto que el coordinador no estaba de acuerdo con el concepto: “próstata grande, antígeno alto”. “Para tu edad, este valor de antígeno es alarmante”, expresó el coordinador. En este mensaje se dejaba manifiesto un error del Sistema, la segunda situación a favor, pues figuraba con 10 años menos de edad, no quise corregirle en ese momento. Dame tu correo, yo te aviso en el transcurso del día, me dijo este médico amable que me atendió.

Ese mismo día me hizo copia del correo que envió a la EPS (al Sistema):

Buenas tardes.

Tenemos el siguiente caso:

El señor […]  es un paciente con un caso muy preocupante PSA: 11.5 (casi 4 veces elevado del valor normal y teniendo en cuenta la edad) y con una ecografía que indica hipertrofia prostática además de clara sintomatología prostática de inicio relativamente temprano para su edad. Factores de riesgo asociados.

No hay agenda para urología.

Como podemos ayudarle para poder conseguirle una cita con el urólogo?

Anexa al final una imagen con el mensaje que muestra el  Sistema:

Ese mismo día me llamaron de la EPS, informándome que tenía cita para el 28 de mayo con un urólogo. El alivio fue grande; sin embargo, quedé con una duda ¿cuándo me hubieran atendido sin la intervención del coordinador? Pero, bueno, ya tenía cita, que era lo más importante en ese momento.

Mi primer urólogo

El día de la cita asistí con mi señora, quien en todo momento ha sido mi apoyo. El urólogo, un hombre de edad y profesor de urología de una facultad de medicina de la ciudad, nos atendió con mucha jovialidad. Cuéntame qué te ocurre, fue su primera pregunta. Le manifesté mi preocupación con el resultado del antígeno, además de comentarle sobre el concepto al que aún me aferraba. Para mi alivio, él estaba de acuerdo con este concepto. Luego me hizo el examen de tacto, en el que

el médico se coloca un guante e introduce con cuidado un dedo lubricado en el recto con el fin de palpar para detectar la presencia de nódulos, áreas de consistencia blanda o dura y otras anormalidades; es posible que deban realizarse otras pruebas si se encuentra un área de preocupación (http://www.cancer.net/ )

Luego del examen nos informó: he tocado una próstata sana, sin nódulos, puedo asegurar en un 96% que no tienes cáncer. Mi esposa y yo nos miramos con una gran alegría. Sin embargo, el 4% restante los vamos a verificar con una biopsia, dijo el urólogo. Pese a la tranquilidad que nos dejaba su concepto, le manifesté que quedaba preocupado por el resultado de ese 4%. Lo que le pidas al universo él te lo dará, frase sabia que no olvidaré. No te preocupes, si el resultado es negativo te opero junto con la hernia inguinal que tienes, y si es positivo, igual te opero, no te dejes angustiar por la palabra cáncer. Estas últimas palabras me dejaron tranquilo hasta el día que obtuve los resultados de la biopsia… pero, eso es algo que relataré en la tercera parte de este Rincón.

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Riesgo prostático - mis momentos de angustia

PRIMERA PARTE

El cáncer nos afecta a todos, ya seas hijo, madre, hermana, amigo, compañero, doctor o paciente.

Jennifer Aniston

Durante seis meses me abstuve de escribir algo sobre mi riesgo prostático. La verdad es que no provocaba hacerlo, mi mente trabajaba sólo en una dirección: salvarme del cáncer de próstata y, como lo advierte la actriz Aniston, salvar a mi familia y amigos cercanos, de los efectos de un desenlace fatal.

Ahora, libre de temores, relataré algunos momentos de esperanza y desilusión, una mezcla extraña de emociones que me acompañaron en un proceso que muchos otros hombres viven y sufren con sus allegados. Inicialmente, haré dos críticas que seguramente  no son ajenas a muchos de mis lectores. La primera es contra el descuido que muchos tenemos al no realizar periódicamente los exámenes preventivos de la próstata y, la segunda, contra nuestro sistema de salud. En esta segunda crítica, debo advertir que es contra el sistema, no contra el personal de la salud, hacia quienes tengo un profundo agradecimiento por su competencia y especial atención.

Riesgo prostático, entre el riesgo lejano y el riesgo inminente

Mi primera crítica se justifica, en parte, por una cultura que nace desde lo que he denominado como riesgo lejano, que se encuentra en los niveles más bajos de nuestra percepción, manifestado por la poca preocupación o temor por los resultados adversos del riesgo materializado. Por ejemplo,  las consecuencias adversas para la salud que genera el hábito de fumar se perciben lejanas en el tiempo en la gente joven, lo que trae como consecuencia la pérdida de efectividad de los programas educativos en torno al riesgo del tabaquismo (Lundborg, 2007, p.138). Esta pérdida de efectividad es manifiesta en los estudios psicométricos de percepción del riesgo al incluir una característica de temporalidad en el riesgo: inmediato o retardado (Slovic & Weber, 2002). En el caso del riesgo prostático, en Latinoamérica, la detección temprana del cáncer de próstata es muy baja, “pues los pacientes por lo general se identifican con la enfermedad avanzada; esporádicamente se realizan campañas de tamización del cáncer de próstata que permitan detectar esta enfermedad en estadios tempranos” (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Al indagar sobre las razones para nunca haberse realizado el tacto rectal o el antígeno prostático específico, los hombres destacan principalmente la falta de dinero y la desinformación o desconocimiento, seguidos por la incomodidad del examen y por descuido (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Sea falta de tiempo o dinero, por descuido o por la incomodidad, muchos hombres no nos hacemos los chequeos preventivos que permitan detectar el cáncer de próstata y, en muchos casos, su detección es tardía, lo que trae como resultado una de las principales causas de muerte en hombres mayores de los 50 años. La no detección a tiempo tiene también como causa lo asintomático de la enfermedad… es un cáncer maligno y silencioso.

Igualmente, se detecta una alta ignorancia de lo que es la próstata y de sus funciones en nuestro organismo. La próstata es una glándula que forma parte del aparato genital y urinario del hombre, que se sitúa debajo de la vejiga. Su función principal es la producción del fluido seminal.

Fuente: http://www.vanguardia.com/informe-salud/wp-content/uploads/2013/06/PROSTATA.jpg

Por contraste al riesgo lejano, en el riesgo inminente de muerte percibimos en un alto grado todo aquello que habíamos ignorado por falta de tiempo, por descuido o por incomodidad, “el riesgo lo vivimos en el riesgo mismo”. Esta afirmación no es difícil de sustentar, en tanto que nuestras propias experiencias así lo evidencian. Son muchas las personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte, experiencias que quedan marcadas por siempre en la memoria. Es más fácil olvidar los acontecimientos que se representan en una pantalla de cine que los vividos en la pantalla del mundo real. Es más fácil olvidar la inminencia de muerte representada (o comunicada) que la experimentada. En experiencias con niveles de riesgo alto, en las cuales hay opciones y, por tanto, hay posibilidad de toma de decisiones, las reacciones podrán ser distintas que cuando brota el pánico. En el riesgo inminente, el miedo es la emoción más recurrente, en este estado de miedo, hacemos aquello que antes nos negábamos a hacer, nos practicamos todos los exámenes médicos que nos ordenan, cambiamos hábitos alimenticios, nos volvemos sumisos al riesgo inminente.

Fuente: http://blessyourlife.blogspot.com.co/2010_11_01_archive.html

Con el miedo nuestras creencias o  conocimiento del riesgo se distorsionan (amplificadas, atenuadas o descontextualizadas), generando mayores sentimientos de temor. Cuando sabemos que tenemos un cáncer de próstata, la palabra “cáncer” basta para que el miedo en su mayor grado (pánico) brote en nuestro ser. Es en este momento que comprendemos cuan frágiles somos, nos damos cuenta de nuestra verdadera naturaleza humana.

El riesgo prostático en nuestro sistema de salud

En esta segunda crítica no me extenderé mucho, en tanto que los problemas del sistema de salud en Colombia son ampliamente conocidos, además de ser divulgados por los medios de comunicación. No obstante, en la segunda parte de este Rincón daré mayores detalles de los escollos que presenta el Sistema en los tratamientos de enfermedades como el cáncer de próstata.

El gran problema con el que se encuentra el sistema, y obviamente yo, es que son muchos los enfermos y pocos los especialistas, lo que obliga a una optimización de las agendas que, en últimas, afecta a los pacientes. En mi caso, como ejemplo, se detecta un problema de próstata en el mes de abril, obtengo cita con el urólogo, especialista que se encarga de este tipo de situaciones, en el mes de mayo. En junio me practican una biopsia que confirma mis temores… cáncer de próstata. En julio ingreso a urgencias que deja como resultado la instalación de una sonda vesical, la cual me acompañó hasta el día de mi cirugía en el mes de octubre. Mi viacrucis de seis meses se debió, en parte, a estar sujeto a estas agendas. Para ponerle un poco de más angustia a la producida por las demoras en la atención de los pacientes, durante estos meses se hicieron manifiestas las protestas del personal de la Salud, las crisis hospitalarias y las denuncias de los usuarios del Sistema.

Sé que no puedo hacer nada para cambiar el Sistema, pero si espero que mi mensaje llegue a lectores masculinos, para que se tomen en serio la importancia de realizar los exámenes preventivos de próstata.

Bibilografía

Arbeláez, J. D., & Montealegre, N. A. (2012). Conocimientos, actitudes y prácticas sobre los exámenes utilizados en la detección temprana del cáncer de próstata en hombres de dos comunas de Medellín. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 30(3), 300-309.

Lundborg, P., 2007. Smoking, information sources, and risk perceptions: new results on swedish data. Risk Uncertainty, (34), pp. 217-240.

Slovic, P. & Weber, E., 2002. Perception of risk posed by extreme events. Risk Management strategies in an Uncertain World, pp. 1-21.

Miedo, Riesgo, Riesgo inminente
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