Rincón del Riesgo

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Archivo de Marzo, 2013

Algunos riesgos de nuestro sistema educativo

Los riesgos presentes en nuestro sistema educativo se materializan en forma rápida y oportuna, tal como lo exige el sistema. Esta frase, afirmación o, si se prefiere, hipótesis, voy a tratar de defenderla en este Rincón del Riesgo.

Una de las cosas que más me ha maravillado en los niños es su lógica infantil, que he vivido a través de la experiencia de ser papá de tres hijos. Esta experiencia no se constituye en la justificación o la evidencia necesaria y suficiente para probar mi hipótesis, pese a que otros papás me han confirmado haber vivido situaciones similares o, en muchos casos, idénticas. Dos anécdotas iniciales me servirán para describir eso que he llamado “lógica infantil”. La primera es con una de mis hijas en sus primeros intentos de construir frases, cuándo le preguntábamos ¿quién es ella?, señalando a mi esposa, respondía “mi mamá”. Luego le preguntábamos ¿quién es él?, refiriéndose a mí, respondía “pi papá”, he ahí su lógica lingüística por asociación o, mejor aún, por analogía. Estoy seguro que si hiciéramos una encuesta a miles de padres, muchos de ellos manifestarían haber vivido esta experiencia, al menos en mi entorno cercano algunos así lo han hecho.

Una segunda experiencia la viví recientemente con mi único hijo varón que, al momento de escribir estas líneas, tiene nueve años de edad. Revisando los resultados de una prueba de matemáticas, en la que debió pintar de color verde los triángulos equiláteros, de amarillo los isósceles y de azul los escalenos, le explicaba porque le habían calificado mal los triángulos pintados con un color que no correspondía, luego le reclamé por qué había dejado de pintar algunos triángulos, su respuesta fue “si papi, pero no entiendo por qué me los calificaron mal, si yo no los pinté”, mi esposa y yo soltamos la carcajada. Nuestro hijo no se inmutó,  permanecía con el mismo aire de seriedad que puso desde el momento de dar su respuesta. Esto me dejó pensativo, pues lo normal es que riera junto con nosotros por sus divertidas ocurrencias. Era de su lógica infantil de la  que nos estábamos riendo, una maravillosa lógica incompatible con el sistema de evaluación.

Imagen tomada de http://pasarratoss.blogspot.com/2012/10/logica-infantil.html

Podríamos relatar más situaciones donde se evidencia esa lógica infantil que rápidamente el sistema educativo destruye para dar paso a otras formas de razonar. Ahora estoy repasando conjuntos con mi hijo, consciente de que en otros países (España, por ejemplo) hace tiempo fue retirado del currículo… por problemas de lógica. Dibujamos diagramas de Venn, que ya se sabe que no son de Venn, hallamos uniones, intersecciones y diferencias en una forma mecánica, tal como lo dicta nuestro sistema educativo… he ahí un primer riesgo materializado, la sustitución de una forma lógica de pensar por una forma mecánica de pensar o, en mi concepto, de memorizar. Me da tristeza ver como mi hijo debe memorizar los nombres de los huesos de nuestro sistema óseo, los nuevos reinos de la naturaleza, los componentes de la célula, los formato de imágenes y video, y un sinnúmero de denominaciones entre la gran cantidad de asignaturas que impone el currículo.

Hace unos años, en la defensa de mi tesis doctoral, hice esta afirmación “la escuela aplana el cerebro de los niños”. En un principio molestó a los miembros del tribunal (todos españoles) ante quienes hacía mi defensa, en tanto que en España esta expresión significa “bruto”. Luego de defender esta hipótesis auxiliar, estuvieron de acuerdo conmigo. La argumentación es simple: los niños, antes de ingresar a la escuela, interactúan con un mundo tridimensional, multicolor, dinámico y alegre (desde su perspectiva), es decir, son niños alegres, traviesos, inquietos, indagadores o, como solemos decir, preguntones. Al ingresar a la escuela, el sistema los obliga a apagar su alegría, se les prohíbe moverse de su puesto de trabajo, los que no lo hacen son remitidos al psicólogo por hiperactivos, se le prohíbe hablar en clase, de lo contrario se les diagnóstica déficit de atención y, lo peor, le cambian su mundo tridimensional por un mundo plano, aparecen los libros de texto, los cuadernos y los pizarrones de dos dimensiones, desde los cuales se les trata de enseñar conceptos concretos o abstractos, reales o imaginarios, a través de representaciones, de deficientes representaciones. He ahí la materialización del riesgo… les aplanamos el cerebro.

Mi esposa aún no ha entendido porque mi hijo, a veces, no quiere ir a estudiar, no ha comprendido que aún le es dolorosa la ruptura con ese mundo que lo ha hecho feliz. He tratado de hacerle ese tránsito lo menos tortuoso posible, le permito que practique con sus videojuegos, incluso juego con él, descubriendo que aún permanece esa lógica infantil, asombrándome continuamente con sus ingeniosas ocurrencias. Le diseño escenas interactivas cuando noto que tiene problemas con el mundo plano, escenas que comparto con mis amigos españoles,  que luego se publican para el aprovechamiento de otros niños (Proyecto Canals y Proyecto Pizarra Interactiva, por ejemplo). Son acciones que tratan de prevenir el riesgo, pero soy consciente que es una pelea difícil de ganarle a nuestro sistema educativo, porque no se trata de cambiar una Ley o un currículo, la pelea es contra el paradigma al que se aferran nuestros maestros, directivos y demás actores de este sistema que hace años viene demostrando que no sirve, la evidencia está en los resultados en las pruebas nacionales e internacionales.

Aquí termino mi defensa de la afirmación inicial, pues debo ir a estudiar con mi hijo (por no decir mecanizar) la diferencia simétrica, la última vez que le pregunté por esta operación entre conjuntos, exclamó “ya lo recuerdo papi… es la indiferencia simétrica”, me dejó perplejo su indiferencia.

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