Rincón del Riesgo

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Archivo de Septiembre, 2012

Monsanto: entre el poder y las denuncias

Es dramático que, en un país democrático, las víctimas de la contaminación sean quienes paguen las consecuencias de una situación provocada por una empresa multinacional cuyo único objetivo es eliminar cualquier tipo de alternativa no transgénica a la producción de alimentos (Carrasco, 2008, p.25).

Inicio este Rincón con esta observación de un consumidor español, que refleja el nivel de percepción frente a los riesgos derivados de la producción y consumo de alimentos genéticamente modificados. El déficit cognitivo y la pasividad de los medios de comunicación permiten que se desarrollen e implementen tecnologías cuyos efectos aún son inciertos. Sólo cuando la tormenta nos hace sentir sus impactos nuestra percepción se hace presente. Comprendo que, al igual que en las nanotecnologías, son muchos los beneficios que se obtienen con el desarrollo de nuevas investigaciones en torno a los OGM; sin embargo, también he comprendido que es poca la investigación sobre los riesgos que la implementación de los OGM  originan; por ello, en este artículo, compartiré algunas evidencias puestas al descubierto, que dan cuenta del gran poder de empresas como Monsanto y de los efectos no deseados de algunos productos de esta empresa estadunidense.

El poder de Monsanto al descubierto en Wikileaks

En 2011, cables filtrados por Wikileaks muestran al mundo el gran poder de las compañías productoras de organismos genéticamente modificados (OGM) que, si leemos bien, se confunde con el gran poder que ejerce EEUU en el mundo. El primer cable lo transcribo tal como lo denuncia Natural News en 2011:

Wikileaks sigue meciendo el mundo político al emitir a la luz conspiraciones, corrupción y encubrimientos. El último lote de cables diplomáticos, liberados por Wikileaks, revela lo que sólo puede calificarse de una conspiración liderada por Estados Unidos para obligar al uso de los OGM en los países europeos. El cable revela las palabras de Craig Stapleton, embajador de EEUU en Francia, que estaba empujando a los intereses comerciales de la industria biotecnológica por intentar forzar los OGM en Francia. En sus propias palabras, expresa su frustración con la idea de que Francia podría aprobar leyes ambientales que dificultan la expansión de los OGM:

“Europa se está moviendo hacia atrás no hacia adelante sobre esta cuestión, con Francia jugando un rol principal, junto con Austria, Italia e incluso la Comisión [Europea]… Pasando a represalias dejará claro que el camino actual tiene un costo real de intereses de la Unión Europea y podría ayudar a fortalecer la voz en favor de la biotecnología”.

La amenaza de  Stapleton es presentada por The Guardian, así: “En respuesta a las medidas tomadas por Francia para prohibir una variedad de maíz GM de Monsanto a finales de 2007, el embajador, Craig Stapleton, amigo y socio de negocios del ex presidente de EE.UU., George Bush, pidió a Washington que penalicen la UE y los países que no apoyan el uso de los cultivos transgénicos”. Más adelante, se denuncia: “Documentos filtrados también por Wikileaks revelan que diplomáticos de EEUU en realidad trabajan para Monsanto”.

Si leyeron bien, toda esta presión de los poderosos fue en 2007. En este año, el filósofo mexicano León Olivé, en una conferencia en el ITM de Medellín, nos advertía de los riesgos de los transgénicos que, al igual que en México, fue el resultado de la firma del TLC. Pero, nuestro filósofo, al igual que la mayoría de nosotros, ignorábamos que el gobierno de ese año había aprobado la siembra de dos tipos de maíz transgénico, con o sin TLC. Es nuestra inocencia o, si se prefiere, nuestro desconocimiento de lo que se teje en la telaraña del poder. Basta un ejemplo, ¿sabía usted que la familia Gates (¡Sí! La misma de Bill) es socia de Monsanto?

Viejos riesgos, viejas denuncias

Las denuncias de Wikileaks no muestran nuevos riesgos, solo nos muestran quiénes lo originan. Los efectos no deseados de los OMG se vienen debatiendo desde los años 90 del siglo pasado, pero el poder de Monsanto ha sido suficiente para apagar cualquier brote de escándalo. A continuación, presento algunos casos que han disparado las alarmas. Estas denuncias han tenido eco en Europa, por ello el escándalo del embajador  Stapleton, pero en países como el nuestro, que aboga por una conciencia ecológica, poco o nada se discute al respecto.

En 1998, Marc Lappé y Britt Bailey anticiparon el lanzamiento de su libro Against the grain, biotechnology and the corporate takeover of your food, en el cual denunciaban los peligros de la tecnología genética en la agricultura y el apoderamiento de las grandes corporaciones del abastecimiento de alimentos. Tres días antes de que el libro fuera impreso, el editor recibió una carta amenazante de la compañía Monsanto. La carta hacía referencia a un artículo corto publicado por Lappé y Bailey cinco meses antes. Los abogados de Monsanto afirmaban que el artículo “was defamatory and potentially libelous against Roundup herbicide, Monsanto’s major product“. El editor, temeroso de un litigio costoso, detuvo la impresión y el libro fue cancelado (Smith, 2003, p.202). A pesar de este obstáculo, el Journal of Medicinal Food aceptó publicar los resultados de esta investigación en 1999. Por su parte, la American Soybean Association, organización financiada por Monsanto salió a su defensa  creando un sitio de Internet, en el cual atacaba los hallazgos de dicha investigación soportándose en un estudio realizado por Monsanto y publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry meses después de la publicación de Medicinal Food.

Quizá el caso que más polémica ha generado en la comunidad científica fue la publicación de un artículo en la revista Nature por el científico mexicano Ignacio Chapela y su estudiante David Quist. En este artículo se documenta los efectos del maíz transgénico en México y la combinación de genes por medio del insecticida transgénico Bt en el maíz nativo. La crítica más fuerte la describe Sarewitz así:

The original article, which went through Nature’s standard peer review process, was attacked vociferously by numerous scientists, including former Berkeley colleagues of Quist and Chapela. Both the methods and the conclusions of the original paper were strongly criticized. One scientist called the paper ‘a testimony to technical incompetence,’ another termed it ‘so outlandish as to be pathetic,’ and a third dismissed it as ‘trash and indefensible’ (Sarewitz, 2004, p.391).

El caso adquiere más relevancia en tanto que los críticos de Quist y de Chapela estaban apadrinados por la industria de la biotecnología, por contraste a Quist y Chapela,  aliados de los detractores de la biotecnología (Sarewitz, 2004).  En los críticos la percepción está influenciada por los intereses económicos, mientras en los segundos la percepción, de ser ciertos sus hallazgos, está más cercana a la realidad: “In disciplinary terms, these competing views map onto two distinctive intellectual schools in life science—ecology and molecular genetics” (Ibid, p.391).

Los hallazgos de Chapela y Quist ya habían sido comprobados por un grupo de científicos de la Universidad de Cornell, confirmando que el trigo manipulado con Bt envenenaron, en pruebas de laboratorio, a la mariposa Monarca en su estado larvario (Smith, 2003, p.206). Por otra parte, la soja que contiene el gen de una nuez de Brasil para aumentar su valor proteico ha ocasionado serios problemas a las personas alérgicas a este producto. Véase Smith (2003, pp.159-181) sobre las alergias producidas por la leche de soja, en particular, y el incremento acelerado de otras alergias ocasionadas por el consumo de alimentos genéticamente modificados, en general.

Una de 2012 publicada en la web. Una mueva investigación revisada por pares publicada hoy pone en duda la seguridad de los cultivos transgénicos y los herbicidas utilizados en ellas. Las ratas alimentadas con Monsanto genéticamente modificados (GM) de maíz, llamado NK603, durante un período de dos años, mostró un aumento significativo de las tasas de cáncer y muertes. Véase la investigación en Séralini (2012).

Referencias

Carrasco, J.F., 2008. La coexistencia sigue siendo imposible: testimonios de la contaminación. Madrid: Greenpeace España.

Quist, D., and I.H. Chapela. 2001. Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico. Nature 414: 541-543.

Sarewitz, D., 2004. How science makes environmental controversies worse. Environmental Science & Policy, 7, pp. 385-403.

Séralini, G., Clair, E., et. al., 2012. Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize, Journal Food and Chemical Toxicology

Smith, J.M., 2003. Seeds of deception: exposing industry and government lies about the safety of the genetically engineered foods you’re eating. Fairfield: Yes! books.

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¿Qué tanto conocemos del otro?

Recuerda se ven las caras... pero nunca el corazón.

Inicio este rincón del riesgo con una frase salsomana de Rubén Blades, para llamar la atención sobre el riesgo que corremos por no conocer al otro. Pero antes, quiero partir de una premisa: “No creas nada de lo que leas en este artículo. Está demostrado que el lenguaje escrito es el menos efectivo de cuantos utiliza el ser humano para comunicarse. El significado de cada palabra viene determinado por la interpretación subjetiva de cada lector”. Con esta afirmación, que comparto, inicia el libro “encantado de conocerme” del periodista Borja Vilaseca, fuente de inspiración de este artículo (http://borjavilaseca.com/index.php/2008/01/21/encantado-de-conocerme/).

¿Qué tanto conocemos a nuestros vecinos?

El 22 de julio de 2011, un terrorista noruego, Anders Behring Breivik, asesinó a 69 jóvenes en la isla Utoya en Noruega: “A mí me parecía una persona cualquiera, el hombre que pasa desapercibido”, declaró un vecino de su madre a la AFP al día siguiente de la matanza. “El noruego de buena apariencia del cual nadie sospecha”, agregó.

En julio de 2012, James Holmes, otro vecino de alguien, asesinó a 12 personas y dejó 58 heridos en el cine de Aurora en Colorado.

Estos dos ejemplos no nos pueden llevar a inferir que nuestros vecinos son peligrosos, sólo es una evidencia de qué no es raro tener en nuestra vecindad sujetos extraños. Pero, no es tampoco nuestra obligación enviar a nuestros vecinos a un estudio psicológico o  a un análisis detallado de su perfil. Lo cierto es que, como canta Blades, sólo vemos sus caras.

¿Qué tanto conocemos a nuestros enemigos?

En la vida, tristemente, nos ganamos enemigos. Sin ser la psicología mi profesión, me atrevo a afirmar que existen tres tipos de enemigos. El enemigo frentero, que te da la cara y te expresa abiertamente que la caes mal, que no comulga con tus ideas, que públicamente te enfrenta… es el menos peligroso de los enemigos, puesto que te da la posibilidad de defenderte. El enemigo soterrado, que habla de ti a la sombra, que te desacredita, pero no te da la cara; es más letal que el primero, pero siempre habrá algún amigo que te advierte de este riesgo y, por tanto, existirá la posibilidad de prevenir sus efectos. El enemigo amigo… ¡el más peligroso! Es el que te adula,  que se acerca y se hace tu amigo, que hurga en tu ser para encontrar tus debilidades, en el que confías, al que le cuentas tus secretos, tus aspiraciones, y compartes tus ideas; cuando menos lo piensas,  lanza su ataque demoledor y no tienes posibilidad alguna de defenderte… caes derrotado, una derrota dolorosa porque además del daño propinado, queda la sensación de la traición, del engaño.

¿Qué tanto conocemos a nuestros amigos?

Es difícil afirmar en que grado conocemos a nuestros amigos pero, sin lugar a dudas, los conocemos mejor que a nuestros vecinos y enemigos. Etimológicamente la palabra amistad viene del latín “amicitia” que se traduce en afecto puro desinteresado y recíproco.  En la amistad existe el mutuo aprecio y  la confianza mutua. Sin embargo, conocemos a nuestros amigos hasta donde ellos nos permiten hacerlo, hasta el grado en que develan su ser.

Hay amigos de toda la vida que logramos conocer en un alto grado pero, como a todos nos ocurre, existen aspectos de nuestra personalidad que ocultamos por algunas razones. El conocimiento pleno de lo que somos ni nosotros mismos logramos alcanzarlo. Pese a esta incompletitud, la existencia de amigos, en stricto sensu, hace más placentera nuestra existencia, permite que afrontemos con mayores posibilidades de éxito el mundo de los riesgos.

¿Qué tanto nos conocemos?

El ego es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. También se le llama falso yo. Así, por mucho que podamos sentirnos identificados con él, no somos nuestro ego: ante todo, porque el ego no es real. Sometidos a su embrujo, interactuamos con el mundo como si lleváramos puestas unas gafas con cristales coloreados, que limitan y condicionan todo lo que vemos. Y no solo eso: con el tiempo, esta percepción subjetiva de la realidad limita nuestra experiencia, creándonos un sinfín de ilusiones mentales que imposibilitan que vivamos en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás (Borja Vilaseca: “Encantado de conocerme”).

Ya lo había advertido, el conocimiento de nuestro ser no es pleno. Nuestra conscious awareness que denominamos experiencia consciente o conocimiento consciente se ve limitada por la forma como percibimos el mundo, debe existir una “percepción de lo percibido” o como lo denomina Llinás “el sí mismo” para evitar las ilusiones mentales que enuncia Borja. Pero, por nuestras capacidades o intereses, no percibimos todo lo que hay en nuestro entorno y necesariamente convivimos con esas ilusiones mentales. Esta ilusiones evitan que nos conozcamos plenamente ¿qué tanto sabemos de nuestras reacciones a la adversidad?, ¿hasta dónde pueden llegar nuestras emociones?, ¿quiénes podemos llegar a ser?

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