Rincón del Riesgo

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Mi hernia y el poder de la mente (final)

He logrado salir sin problemas de la cirugía denominada herniorrafia. Antes de hacer los comentarios sobre este evento común a muchos mortales pero igualmente desconocido para muchos otros, haré un recuento de los días previos a la operación.
En el post anterior había dicho que la posible causa de mi hernia la había deducido mi esposa. Efectivamente, días atrás mi hijo de seis años quiso bañarse en el patio, luego de ello lo tomé en mis brazos y empecé el descenso de las escaleras a su cuarto. De pronto perdí el equilibrio e inicié el descenso en una estrepitosa caída. Aferré mi hijo contra mi pecho y dejé toda la responsabilidad del golpe a mi pierna derecha, ésta se dobló 180º produciéndome un insoportable dolor. El resultado… desgarro muscular. Lo que ignoraba era el otro desgarro que se había producido en mi ingle derecha, sólo la hernia me lo dio a conocer.
La orden de cirugía llegó más pronto de lo previsto. Contento por ello (¡lo que es la ignorancia!), pedí cita con el cirujano. El día de la cita (2 de julio) revisó mis exámenes… ¡tienes un poco alto el azúcar, hazte este otro examen!, me informó el médico. Bueno, es un impase más, pensé. Al otro día me hice la curva de glicemia que me había ordenado, nunca antes había visto salir tanta sangre de mi cuerpo. El examen consiste en la extracción de una buena cantidad de sangre (1 ml), que permita determinar la tolerancia con glucosa oral; para ello, luego de la primera extracción, te debes tomar un jugo espeso y azucarado, luego debes esperar unas dos horas sentado y sin dormirte, luego te extraen otra buena cantidad de sangre.
Al jueves siguiente (9 de julio), estaba sentado ante el cirujano. Estaba satisfecho, en tanto que mi examen era excelente. Esperé sonriente su respuesta. Me miró… y sentenció: ¡el miércoles 15 te opero! Me alegré mucho (otra vez la ignorancia) por la noticia, esperaba salir a darle la buena nueva a mi esposa. ¡Ah, pasa por recepción y firma el consentimiento!
Pasé a recepción. Me dieron una hoja para firmar. Mientras firmaba, observé la primera línea… ¡quedé petrificado al leer la palabra muerte!… RIESGO DE MUERTE. Me concentré en el tal consentimiento, mi alegría se convirtió en terror. Algunos de los mensajes eran estos: puede presentarse un sangrado leve hasta uno abundante que puede causar la muerte, puede presentarse un paro respiratorio, puede presentarse una infección que cause la muerte, puede quedar con problemas… Dejé de leer, firmé y salí despavorido del lugar.
Desapareció mi estreñimiento, mi mente entró en acción. Parece que la energía negativa atrae otras energías negativas. Mi auto empezó a fallar, lo dejé en el taller. En mi oficina me recibieron con la noticia de un embargo. Era increíble como un estado de ánimo tuviese un giro tan inesperado. Los pocos días antes de la operación se convirtieron en un calvario. Los aproveché para arreglar el auto, solucionar el embargo y dar las instrucciones a mi familia en caso de que los riesgos se materializaran.
Mis compañeros hacían bromas y trataban de animarme: ¡Juan, en toda cirugía se firma un consentimiento similar. Los médicos deben cubrirse sí algo sale mal! La última parte de la frase no ayudaba mucho.
Llegó el día de la cirugía. La clínica era muy similar a la anterior. Una casa convertida en clínica. Me prepararon colocándome una bata y un gorro. Me dejaron media hora en la sala de cirugía con los brazos extendidos… como un Cristo. Observaba la habitación convertida en sala de cirugía… era deprimente. Oré por mi familia y esperé… Bueno don Juan, dijo una enfermera,  feliz viaje. ¡Nos fuimos!, dijo el anestesiólogo… todo se oscureció… mi mente perdió su poder.
Media hora después estaba con mi esposa… la operación fue un éxito. Ayer sangré por la herida, pero no lo suficiente para morir. Mi herida está limpia y he podido sentarme a escribir mi experiencia.

Nuestra mente nos hace ver las cosas de diferente manera. La verdad es que mi médico es uno de los mejores especialistas en el medio, el anestesiólogo y los demás miembros del equipo tienen una trayectoria impecable… yo era el inexperto. Quizá la falla es como se dicen las cosas. Si me hubiesen informado que nunca han tenido un episodio como los descritos en el consentimiento, para mí eso significaría riesgo cero, en términos de probabilidades.
Lo interesante de esta experiencia es que se convirtió en mi propio laboratorio del riesgo. El riesgo, su comunicación, su percepción y su representación tuvieron el mejor escenario, en el que se conjugaron las emociones, el conocimiento, el control mental y demás factores que reafirman la frase goethiana “la tormenta se vive en la tormenta”

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Comentarios

2 respuestas a “Mi hernia y el poder de la mente (final)”
  1. luz elena ocampo dice:

    Me alegro que te aya ido bien en la operacion y note preocupes que siempre nos va a dar miedo todo lo que este relacionado con el bistuti y y la sangre , me gusta la forma como relatas los acontecimientos y como expresas tus sentimientos , me hizo sentir como si estuvieramos sentados en la sala de mi casa platicandome tu experiencia

  2. dario varona dice:

    muy interesante articulo, el tema contron mental lo utilizan bastante muchos medicos, pero no lo revelan. Saludos



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