Rincón del Riesgo

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Archivo de Junio, 2009

Mi hernia y el poder de la mente

Es frecuente que escribamos sobre riesgos que nunca hemos vivido. Es decir, “mirando los toros desde la barrera”. Escribimos, por ejemplo, sobre el desastre de Chernobil, pero después de leer el libro “la voces de Chernobil” de Svetlana Alexievich comprendemos cuán lejos estuvimos de esa realidad.

En asuntos de salud, sólo me he ocupado del problema de los virus y, cómo no, del famoso H1N1. En este Rincón hablaré de mi experiencia (actual) con una hernia inguinal, de mi vivencia con un problema directo de salud. No se trata de describir el fenómeno como tal, sino de su impacto en mi mente, y como ésta ha impactado en el resto de mi ser.

20 días atrás, en un fin de semana, le comenté a mi esposa sobre un pequeño abultamiento en mi ingle. Ella, más precavida que yo, inmediatamente solicitó una cita médica a mi EPS (En Colombia existen las Entidades Promotoras de Salud o EPS, de las cuales nos ocuparemos en otro Rincón). Me asignaron cita para el miércoles siguiente. En los cuatro días antes de la cita, corrieron por mi mente los peores escenarios… cáncer de próstata, tumor maligno,… Lo cierto es que frente a los temores mi cuerpo reacciona con malestar estomacal; es decir, diarrea.

Minutos antes de la cita, entré por última vez al baño… estaba muy nervioso. Me recibió una joven médica. Me hizo las preguntas de rigor, me pesó, luego el corazón, la presión, pulmones y, finalmente fuimos al grano. Luego de hundir sus dedos en la parte inferior de mi ingle, sentenció: “hernia inguinal”. ¡Ah, es un hernia! exclamé con tono de alivio. Así es y se debe a un esfuerzo desmesurado que hayas realizado ¿levantaste algo pesado ultimamente? A la pregunta de la doctora, le dije no recordar tal suceso. Finalmente, me recomendó hielo en la zona afectada y un analgésico (ya lo dije, luego me ocuparé de las EPS).

Cesó mi diarrea. Luego de almorzar me senté a consultar ¿qué demonios es una hernia inguinal?

Por ejemplo:

http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi?query=hernia%20inguinal

Rápidamente comprendí el problema o, mejor, mis problemas. Por lo leído y luego por información de algunos compañeros, la tal hernia inguinal no tiene sino una solución: cirugía. Adicionalmente, me informé de los posibles impactos de no atenderse oportunamente… estrangulamiento de la hernia, peritonitis,… Por otra parte, entre las precauciones decía: “no hacer fuerza en el baño”. Desde ese momento y hasta ahora que escribo estas líneas, cesó mi diarrea para dar paso al estreñimiento: EL PODER DE LA MENTE.

Luego de mis consultas, llamé molesto a la EPS. Les dije que si bien el diagnóstico de la doctora era correcto, su tratamiento no era el indicado… me dieron cita para el lunes siguiente. Esta vez me atendió otra doctora (mi médica familiar). Luego de confirmar el diagnóstico, me asignó cita con el cirujano. Me dieron cita para el jueves siguiente.

El día de la reunión con el cirujano estaba hecho un manojo de nervios. Los temores nos hacen ver las cosas de otra manera. La clínica a la que me remitió la EPS se encontraba en un sitio escondido. Se trataba de una casa de dos pisos, acondicionada como clínica. Mientras estaba en la sala de espera, observé una gran puerta a mi lado con un letrero que decía: “sala de cirugías”. De ella salió una enorme enfermera morena (bueno, como lo dije antes, así la veía), que mascando un chicle, exclamó: “Judith se acabaron las gasas”, no quiero escribir lo que pasó por mi mente. Al rato salió, de esta misma sala, una doctora algo cansada se dirigió a un grupo de personas, que estaban en otra sala: “todo salió bien, estamos puliendo algunas cositas, él ahora está dormidito”, dijo la doctora.

Por fín escuché mi nombre: “El señor Juan Guillermo Rivera al consultorio tres del segundo piso”. Allí me esperaba otro ser extraño… mi cirujano. Ojos hundidos con una gran sombra a su alrededor, sus facciones me recordaban otros seres de algunas películas de terror. Luego de la rutina médica, me formuló tres exámenes que requería para el anestesiólogo y una autorización de cirugía… debía regresar a mi EPS.

Para no cansar a mis lectores, les resumo: a la fecha he realizado los tres exámenes (sangre, orina, electrocardiograma); he dejado, además, la orden de cirugía a espera de aprobación. Según la funcionaria, mi operación puede estar programándose para después del 20 de julio (dentro de un mes).

Mis familares y amigos tratan de tranquilizarme con expresiones como:

 ”Tranquilo Juan, es una operación ambulatoria. El 99% sale bien”. El 99% no me tranquilizó, me preocupó el 1%, contradiciendo la teoría de Kahneman sobre la aversión al riesgo (véase Kahneman, D. (2002). Maps of Bounded Rationality: a Perspective on Intuitive Judgment and Choise en http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf, página 457).

“No te preocupes, es una operación rutinaria. Es la cirugía que más se realiza. Obviamente, cada uno tiene un umbral del dolor diferente…”. Esta última observación eliminó la intención de tranquilizarme… no había pensado en el dolor.

Mientras tanto sigo estreñido, preocupado, ansioso,… Sólo espero poder concluir este Rincón, informándoles de una operación exitosa… Hasta entonces.

PD. El día que supe de mi hernia, mi esposa sonriente me recordaba: “Mijo recuerdas hace 15 días en el baño…”. Lo cierto es que nunca más volveré a realizar tales peripecias.

Miedo, Riesgo

Riesgo inminente y miedo, dos conceptos estrechamente relacionados

Miedo, Riesgo, Riesgo inminente, Virus H1N1
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