La tiranía del ignorante
La tiranía del ignorante
En los debates en torno al riesgo se identifican tres agentes pertinentes o interesados: los científicos de las ciencias duras o también denominados expertos del riesgo, que le dan gran importancia a los modelos matemáticos para la predicción de eventos no deseados. En contraste, los científicos sociales, el segundo agente, incluyen en sus evaluaciones otros factores que afectan la forma como el público lego (el más afectado) percibe y gestiona el riesgo. En otro vértice de esta triada de los debates se encuentra el público en general, representado por diferentes instituciones políticas o sociales. Estas instituciones tratan de comprender el complejo entramado del riesgo en la búsqueda de una mayor participación en la evaluación y en la consecuente toma de decisiones. Desde cada agencia se generan debates que dilatan las soluciones a los problemas que se desprenden del desarrollo y uso de nuevas tecnologías. Los científicos o expertos motivados por otros intereses no desarrollan las soluciones que la sociedad civil demanda. Los legos, incluidos los políticos, influenciados por acontecimientos no anticipados, se oponen a la implementación de nuevas tecnologías, generando lo que Kitcher ha denominado “la tiranía del ignorante”. Algunos científicos sociales, por su parte, han dedicado sus esfuerzos a comprender este tipo de tensiones entre los agentes anteriores, presentando modelos que tratan de representar fenómenos como la percepción y divulgación del riesgo. Sin embargo, es poca la contribución en las soluciones a los problemas que se siguen acumulando en la sociedad del riesgo o, como la denomina Greenspan, la sociedad turbulenta donde la ignorancia cada vez la vuelve más caótica, más difícil de gobernar.
Pese a su ignorancia, el público en general no quiere estar ausente en las discusiones sobre el riesgo. Los riesgos materializados aumenta la desconfianza en los expertos y en sus representantes políticos en el poder, quienes en últimas se constituyen en los tomadores de decisiones. Los efectos no deseados los obliga a levantar su voz a través de otros representantes, tales como los grupos ambientalistas o las asociaciones en pro o en contra de x o y desarrollo tecnológico que, de alguna manera, dejan dudas sobre otros impactos sociales, ecológicos o, para la salud humana.
Esta desconfianza de los legos les hace creer que los expertos del riesgo y los tomadores de decisiones minimizan los posibles impactos de las nuevas tecnologías debido a los intereses de tipo político o económico, que podrían primar sobre la ética científica. Por otra parte, se ha podido evidenciar la tendencia de los legos a maximizar posibles efectos por el uso de las nuevas tecnologías, en especial, por la gran influencia que tienen de los medios masivos de comunicación. Problemas actuales como el calentamiento global, la extinción de especies, la deforestación y en general, el agotamiento de los recursos naturales, son motivo de discusiones entre las ciencias sociales y naturales, con la participación del público a través de sus representantes. En estas extensas polémicas se hace presente la subjetividad en cada uno de los agentes del debate, generando tensiones, que en lugar de coadyuvar a implementar posibles soluciones, si es que están en nuestras manos, conducen a veces a confundir y distorsionar la información sobre el riesgo. El riesgo minimizado, amplificado o simplemente distorsionado es el que en últimas llega a los hacedores de políticas y al público en general.
La comunicación del riesgo, sin los fundamentos científicos necesarios, debilita la ya deteriorada confianza en la ciencia y la tecnología. Por contraste, la comunicación del riesgo desde los expertos, sin el conocimiento del contexto socio-cultural, económico y político del público receptor, pierde efectividad con la consecuente pérdida de tiempo y dinero en los esfuerzos realizados para ello. El desastre de Nueva Orleáns es un ejemplo de ello; los intentos por convencer a la población para que abandonaran sus hogares no fueron acatados por un buen número de habitantes, en especial los de más bajos recursos, los más vulnerables. A este tipo de respuesta de la población, Covello & Wolf plantean algunos obstáculos que impiden una más efectiva comunicación del riesgo: mensajes inconsistentes, complejos o confusos, pérdida de confianza en las fuentes de información, los medios de comunicación a través de los cuales se emite el mensaje, y los factores sociales y psicológicos que afectan dicha información. En el caso de la población de Nueva Orleáns, que no atendió los llamados de evacuación, además de la pérdida de confianza en las instituciones, los factores económicos contribuyeron a la apatía frente al llamado de emergencia. La incertidumbre (entendida como ignorancia), las falsas creencias, las emociones y la desconfianza, juegan un papel importante en las experiencias riesgosas, evidenciando, igualmente, la brecha entre los expertos y el público lego. Es más fuerte la creencia infundada que la información dada por parte de los expertos a través de los medios de comunicación, se cree más en el rumor que en el informe técnico… la ignorancia se toma el poder.
Mientras los científicos tratan de establecer verdades sobre la naturaleza, los hallazgos se convierten en tema de debate moral, social y político. Mientras persista la creencia de consecuencias dañinas, la investigación pura se convierte en un ideal. La imagen de aquellos científicos de otrora movidos por el deseo de encontrar la verdad que aún la naturaleza no develaba, ha desaparecido. Hoy, la mayoría de los grupos de investigación se mueven por otros intereses: muchos de ellos son contratados por grandes empresas con el objeto de encontrar soluciones tecnológicas o innovaciones que les permita seguir siendo competitivos en el mercado. Otros, son los llamados grupos oficiales, aquellos que reciben todo el apoyo económico y político para sacar adelante sus investigaciones, en tanto que éstas no contradigan la corriente oficial (los del panel intergubernamental, por ejemplo). Por otra parte, la imparcialidad de los no expertos ha desaparecido también. Toda clase de juicios políticos, morales, sociales y económicos se hacen presentes en las investigaciones. Se originan, entonces, tensiones que socavan la poca confianza existente entre uno y otro agente, se fortalece la tiranía del ignorante.
La joven biotecnología se ve afectada por esta tiranía; el caso de la oveja Dolly y el de los cultivos genéticamente modificados, se constituyen en los casos más ilustrativos. Fruto de la incomprensión pública de la ciencia, los expertos desconfían del público lego, ven en la opinión pública al tirano que impide el logro de sus objetivos, el obstáculo para sacar adelante sus teorías o implementar sus nuevos desarrollos tecnológicos. A falta de una conciliación de intereses o de un lenguaje común y conciliador, el público lego busca, en sus nuevos representantes, la forma de entorpecer la implementación de tecnologías con alto grado de incertidumbre ¿Cómo suavizar estas tensiones? ¿Cómo acabar con la tiranía del ignorante? La respuesta está en el regreso de la objetividad de los expertos, entendida la objetividad científica como la actitud honesta, imparcial y responsable del científico, libre de las influencias que tratan de direccionar su actuar investigativo, consciente de las implicaciones o impactos que puedan generar los resultados de su investigación y la humildad que le permita divulgar en un lenguaje sencillo estos resultados. Pero, para el retorno de la objetividad científica se hacen necesarios algunos mecanismos que permitan un acercamiento del científico al contexto o entorno, en el cual se implementan sus resultados de investigación. Un posible mecanismo es aquel donde halla participación de todos los agentes afectados o interesados, que permitan democráticamente diseñar y evaluar las políticas públicas sobre ciencia y tecnología, así como la identificación, evaluación y gestión de los riesgos que de la ejecución de estas políticas puedan surgir. Al respecto, Olivé formula la siguiente pregunta:
¿Es deseable y posible que las sociedades democráticas modernas establezcan normas legítimas que animen y regulen la participación pública en el diseño y evaluación de políticas científicas, en la elaboración y aplicación de leyes que afecten incluso a los procesos de investigación científica, así como en la identificación, evaluación y gestión del riesgo generado por la ciencia y la tecnología?
Si aceptamos que los riesgos globales o de carácter colectivo, como el cambio climático, deben ser intervenidos colectivamente, nuestra respuesta al interrogante de Olivé, no puede ser otra… es deseable, justa y ética la participación pública que permita, en últimas, acabar con la tiranía del ignorante.
Referencias:
Covello, V. & Wolf, S., 2003. The seven cardinal rules of risk. Water Environment & Technology, 15, pp. 8-9.
Greenspan, A., 2007. The age of turbulence: adventures in a new world. New York: The Penguin Press.
Kitcher, P., 2001. Science, truth, and democracy. New York: Oxford University Press.
Olivé, L., 2000. La democratización de la ciencia desde la perspectiva ética. México: UNAM.
RIESGO MECÁNICO. El costo de una simple bujía
Sé que muchos han pasado por las angustias que produce algún problema del auto, especialmente cuando no se identifica con claridad dónde está el problema. Quiero compartir las diferentes situaciones sufridas por el daño de una simple bujía.
La primera vez que noté la pérdida de fuerza del motor vino acompañado de un extraño ruido, que popularmente se le dice “un pajarito”. Comprendí la expresión porque el sonido era como el trinar de algún pájaro. Aproveché un fin de semana y fui donde mi mecánico de confianza. En asuntos mecánicos, es un riesgo no contar con un mecánico de confianza… te pueden exprimir. Algo extraño ocurrió, al llegar al taller el pajarito desapareció. Recordé las veces que llevaba mis hijos donde el médico y, como una ley de Murphy, la fiebre desaparecía.
Álvaro, aprovechemos para arreglar el babero (lámina inferior que protege el motor). Le hice esta solicitud a mi amigo mecánico, para no perder la ida al taller. Me envió con uno de sus auxiliares a un taller cercano para realizar la operación. Al regreso, apareció el pajarito ¿Lo oyes?, le pregunté al auxiliar. Me respondió afirmativamente: parece que es la correa, te la voy a calibrar. Cuando bajó la correa, notó que el alternador tenía problemas, me sugirieron el cambio de los rodamientos. Luego de dos horas, el alternador estaba funcionando perfectamente… al igual que el pajarito. Otro auxiliar pegó su oído y descubrió el problema… unos tornillos flojos en el carburador… me fui contento con mi alternador y sin pajarito.
Regresé con mi esposa a la semana siguiente. Álvaro, dale un recorrido al auto y me dices ¿qué notas? Luego del recorrido, me preguntó ¿hace cuánto que no cambias el clutch (embrague)? Miré extrañado a mi señora… no lo recordaba. Acordamos que le dejaría el auto al lunes siguiente para el cambio del embrague. Parecía que tendría, por fin, solución el problema de fuerza del auto. Ese lunes, esperé con paciencia noticias de mi mecánico. A las tres horas me llamó. Te cuento los problemas que he detectado… empezó Álvaro: efectivamente, el clutch está demasiado deteriorado, tienes los amortiguadores delanteros estallados, igualmente hay que cambiar las mogollas, el buje tapa quinta, bocín, aceite de caja, rodillo, bandas traseras… etc. Del etcétera entendí lo del embrague y los amortiguadores ¿cuál es el costo de todo lo que me dices?… le pregunté. Su respuesta me hizo pensar sobre comprar otro auto o continuar con mi viejo Skoda… decidí por la segunda opción… bueno, en realidad, mis ahorros tomaron la decisión.
Fui por mi auto y salí contento al notar que estaba con más fuerza, además de sentirlo más suave cuando le atinaba a algún hueco de las calles de mi ciudad. Soy un experto para pasar sobre estos huecos… no los veo… los siento, he ahí el problema de los amortiguadores.
Mi dicha duró ocho días… el auto volvió a perder fuerza. Como cosa curiosa, vino acompañado de otro efecto extraño… la pérdida de energía. Ahora presentaba dificultad para el encendido, además de notar pérdida de fuerza en el limpia brisas. Fui a hacer revisar la batería ¿Hace cuánto tiempo que compró la batería?, me preguntó la persona que me atendió. Pues, hace un año, usted mismo me la cambio… le respondí. La siguió revisando para descartar problemas con el alternador… la batería está mala, sentenció el sujeto. Deme el papel de la garantía y se la cambio… el riesgo de no documentar. Luego de varios minutos, concluí que la había perdido… recordaba a mi señora botando cuanto papel había en el carro ¡Mijo, usted porque acumula tanta basura!, es una de sus constantes recriminaciones. Esa basura costaba… bueno, el valor es lo de menos. Mi indignación, como auditor de calidad, es no haber registrado apropiadamente el documento. Por fin, tendría mi carro con “cero no conformidades”.
Aproveché que al lado del lugar había un centro de revisión de frenos. Desde hace dos días venía escuchando un extraño sonido al aplicar los frenos ¿Me revisa los frenos delanteros?, le dije al dueño del lugar (ya había cambiado las bandas traseras con Álvaro). Mientras le daba los datos al dueño, un mecánico tumbó en unos segundos las ruedas delanteras y… señor, tiene las pastas completamente acabadas, obviamente esto afectó a los discos que deben ser cepillados. Observe, además, las mangueras del líquido de frenos exageradamente fisuradas, en cualquier momento se le pueden explotar. Recordé los fines de semana que bajo con mi familia por una de las lomas cercanas al lugar de mi residencia. Recreé el fatal escenario… pérdida de frenos y… Además, continuó el señor, es necesario cambiar el líquido de frenos. Conclusión, estaba con un alto riesgo mecánico. Ya no pregunté por el precio, di la orden de realizar el trabajo. (imagen tomada de
http://www.coches20.com/accidentes-fatales/)
Salí con mi auto renovado, con buena fuerza… parecía que mis padecimientos habían terminado. El día de hoy, que escribo estas notas, mi desconsuelo llegó a su punto máximo.
En mi ciudad estamos en la “fiesta de las flores”, que se está combinando con algunos actos de protesta por la próxima posesión del nuevo presidente de los colombianos. A lo anterior se suma que este día tiene restricción por el número de mi placa. En Colombia existe el llamado “pico y placa” que exige la no circulación de vehículos en ciertos horarios, de acuerdo al número de la placa, con el fin de evitar congestiones. Quien sea sorprendido se sanciona o, como decimos aquí, se le hace un “parte”.
Lo de los “partes” me recuerda una simpática ocasión con mi hijo de seis años, que quiero relatar antes de continuar. Otra infracción en nuestro código de tránsito, es llevar niños menores de 10 años en el asiento delantero. De vez en cuando, infringimos, irresponsablemente, esta disposición. Siempre le había advertido a mi hijo lo que ocurriría si nos sorprendían. Cuando le advertía la presencia de los agentes de tránsito, se escondía con una asombrosa velocidad en la parte inferior del asiento… se quedaba estupefacto. Cierta vez, me preguntó ¡Papi! Si nos sorprenden, ¿también me parten a mí? Sin analizar su pregunta, le respondí afirmativamente. ¡Descarados!, ¿por qué matan a los niños? Respondió mi hijo… el riesgo de las malas interpretaciones.
Retorno ahora al problema de hoy. Decidí, entonces, regresar a mi casa antes de que fuera sancionado por alguna autoridad de tránsito. Pese a la medida restrictiva, la ciudad era un caos. Pese a todos los arreglos en mi auto, hoy tenía menos fuerza que nunca. Mi antiguo Skoda parecía que estaba en sus últimas horas… su fuerza era cada vez menor. La congestión, el avance del reloj y la lentitud de mi auto me hacía desesperar. Llegué a mi casa sudando, creí que nunca lo lograría. Desesperado, abrí el capó (tapa del motor) y lo observaba sin entender el problema. Revisé agua y aceite, usé un limpiador de carburador, pero… mi auto languidecía. Recordé, de pronto, un consejo de un mecánico hermano de mi esposa… ¡LAS BUJÍAS! Su consejo, en situaciones como la que estaba viviendo, era retirar una a una las bujías hasta detectar que alguna de ellas no afectaba el sonido del motor… encontré la bujía culpable de mis penas o, visto de otra forma, culpable de advertirme sobre los riesgos mecánicos a los que había expuesto a mi auto… a mi familia.
Aquí el dicho “en casa de herrero, cuchillo de palo” tiene sentido. He dedicado varios años de mi vida a investigar sobre el riesgo, a escribir sobre el riesgo, a finales de este año defiendo mi tesis doctoral sobre el riesgo, pero…
Una comunicación del riesgo interactiva
Una comunicación del riesgo interactiva
En este y en próximos Rincones del Riesgo trataremos los problemas sobre la comunicación del riesgo; problemas que emergen, por una parte, como consecuencia de los diferentes puntos de vista, perspectivas o enfoques que dan cuenta del mejor modelo que permita comunicar el riesgo: “…enfoque actuarial utilizando predicciones estadísticas, enfoque epidemiológico, enfoque ingenieril utilizando evaluaciones probabilísticas del riesgo, y teorías culturales y sociales del riesgo” (Palenchar & Heath, 2007, p.122) y, por otra parte, por la complejidad misma del fenómeno llamado riesgo. Con el surgimiento de los nuevos desarrollos tecnológicos y, con ellos, los nuevos riesgos, emergen igualmente los estudios sobre la comunicación del riesgo. Estos estudios son relativamente nuevos, en tanto que el término “risk communication” apenas empieza a utilizarse desde la década de los 80, e ingresa a los debates en los enfoques culturales y sociales a mediados de los años 90. Los cambios históricos de la tecnología, entonces, se reflejan en los cambios históricos de la comunicación del riesgo que, a nuestro modo de ver, obedecen a múltiples factores. Tres de esos factores son determinantes para el cambio de paradigmas en la comunicación del riesgo.
Un primer factor es la intervención activa del público lego en asuntos de riesgo. La participación del público en la evaluación y aceptación de las nuevas tecnologías es un factor que ha incidido en la continuidad de las investigaciones, desarrollos y distribución de dichas tecnologías. Este factor presupone un cambio paradigmático del viejo modelo vertical de la comunicación (top-down), en el que la confianza en las instituciones y en los buenos resultados (beneficios) minimizaba cualquier asomo de riesgo, a un nuevo modelo con participación activa de los stakeholders.
Un segundo factor es la responsabilidad que implica la toma de decisiones. La posibilidad de ocurrencia de grandes impactos en la sociedad, en la salud o en el ambiente (Bophal, Chernóbil, Exxon Valdez, cambio climático, nano riesgos, entre otros) ha demostrado que la responsabilidad no puede ser relegada a unos pocos. En ese sentido, en el nuevo paradigma se busca que esta responsabilidad recaiga en todos los involucrados. Así las cosas, la toma de decisiones se hace más compleja. Los fenómenos emergentes de la sociedad del siglo XXI han configurado una nueva sociedad que, en los problemas comunes, exige soluciones comunes. Esa otrora sociedad del riesgo (Beck, 1986) ha dado tránsito a una nueva sociedad de generaciones globales, que han comprendido su responsabilidad global. Se trata, entonces, de responsabilidad compartida que obliga a una gestión global y, a su vez, nuevos modelos de comunicación efectiva y situacional del riesgo.
Un tercer factor determinante lo encontramos en las nuevas posibilidades que brindan las TIC. La llamada web 2.0 y los recursos que ésta brinda posibilitan una mayor interacción en la comunicación.
Sobre la comunicación del riesgo existe una extensa producción en la literatura. Vincent Covello en 2007 afirmaba que existían cerca de 8,000 artículos peer reviewed publicados en revistas científicas y cerca de 2,000 libros. No obstante, la discusión actual gira en torno a la efectividad de la comunicación que depende de múltiples factores como el tipo de riesgo, el nivel de preocupación de los interesados o
de los posibles afectados, la fuente de comunicación, el mensaje, los medios de comunicación, la situación en la que se constituye el riesgo y, en especial, la caracterización del público objetivo (stakeholders). En ese contexto, creemos que se presentan diferentes tipos de comunicación, aun éstas estén referidas a un mismo riesgo. Comunicar el riesgo de una posible inundación (Nueva Orleans antes del Katrina) no es lo mismo que comunicar el riesgo de una inundación inminente (Nueva Orleans con el Katrina acercándose a sus playas); es decir, la comunicación depende de la situación y, por tanto, la estrategia comunicativa tendrá diferentes niveles de prioridad y de efectividad.
Lo anterior no significa que deban existir tales niveles. Un riesgo que tenga como efectos la destrucción, el daño o afectación a un sistema, debe ser comunicado con los mismos niveles de prioridad y efectividad, así éste no sea inminente. Sin embargo, los niveles son necesarios, en tanto que cada situación presenta, igualmente, diferentes niveles de complejidad; por ejemplo, el factor psicológico cambia con cada situación de riesgo. Existe mayor dificultad en el proceso de comunicación cuando el riesgo es inminente, en tanto que los afectados o potenciales afectados presentan condiciones especiales, entre ellas un estado de alteración psicológica en el que les es más difícil comprender los mensajes del riesgo.
Escollos como éste nos obligan a revisar la estrategia de comunicación, en la que deberían existir elementos que solucionen no sólo el problema psicológico, entre ellos el miedo, sino también otros factores que atentan contra el proceso de comunicación. Sin embargo, la historia de riesgos ha demostrado que no existe un procedimiento único que nos diga cómo enfrentar los problemas asociados al riesgo; basta darle una mirada a los diferentes medios de comunicación para identificar diversos modelos que priorizan la comunicación del desastre sobre las acciones a seguir. No existe un procedimiento que nos permita comunicar efectivamente el riesgo en situaciones de pánico, consternación o de desorden público. La comunicación del riesgo como proceso carece, entonces, de procedimientos estandarizados que permitan a los tomadores de decisiones definir el curso a seguir.
El proceso de comunicación multidireccional del riesgo viene ganando terreno gracias a la globalización de los medios de comunicación y a los nuevos canales disponibles tanto para comunicadores especializados como para todo aquel que quiera comunicar algo. Al definir una comunicación efectiva del riesgo, entonces, no se trata de describir un modelo en el cual un emisor utiliza un canal para que los interesados reciban un mensaje; la comunicación efectiva del riesgo es mucho más compleja, en tanto que es el riesgo el que se comunica. Esta comunicación debe contemplar factores como:
· La interactividad en la que el mensaje se reconstruye permanentemente mientras exista interacción.
· La efectividad comunicativa, que es consecuencia de la confianza y credibilidad entre los diferentes actores que intervienen en el proceso. Esta efectividad demanda un mejor canal de comunicación que permita trasmitir información de calidad o, si se prefiere, mejores representaciones (videos, imágenes), así como fuentes de autoridad (acceso a bases de datos académicas).
· El contexto que acota los límites del proceso, en tanto que habrá una comunicación para cada situación particular. Es decir, la comunicación del riesgo será efectiva si ésta es situacional, puesto que si bien existen códigos globales en la sociedad global, aún persisten marcadas diferencias en lo cultural, en lo económico y en lo social.
· Igualmente la intencionalidad de la comunicación, en la que se entremezclan los intereses de cada uno de los stakeholders, es de gran importancia, en tanto que en ella se reflejan los objetivos o metas de los generadores de la comunicación.
Por otra parte, una comunicación efectiva y situacional del riesgo debe responder a la pregunta ¿qué nos proponemos en la comunicación del riesgo? Si no es importante establecer los objetivos o metas de la comunicación, entonces cualquier comunicación es válida (todo vale), tal como ocurre con la mayoría de las entradas de la blogosfera. Sin embargo, nuestro propósito va mas allá de las simples informaciones que se depositan en la red. Los objetivos de una comunicación efectiva y situacional del riesgo se centran, obviamente, en los stakeholders con el propósito de establecer una comunicación racional, situacional e interactiva que permita la mejor toma de decisiones, entendida esta última como la toma de decisiones que atienden de la mejor manera los intereses y valores de todos los involucrados. No obstante este propósito, algunas comunicaciones del riesgo presentan como objetivo “asistir a los stakeholders y al público en general en el análisis racional de una decisión tomada bajo riesgo y llegar a un juicio equilibrado desde la evidencia efectiva sobre el tema y referido a sus propios intereses y valores”” (Renn, 2009, p.80).
Es decir, son comunicaciones que parten de decisiones ya tomadas, que tienen como objetivo convencer a los stakeholders de la racionalidad de tales decisiones. Así las cosas, la comunicación del riesgo depende también del tipo de riesgo. Riesgos inminentes como los asociados a una pandemia, a un desastre natural como el Katrina o a aviones como potenciales armas, demandan comunicaciones para la acción a partir de decisiones ya tomadas. Por otra parte, la fuente de riesgo es un factor importante que afecta los objetivos y el modelo de comunicación; es decir, riesgos de origen sanitario tendrán un modelo diferente a los riesgos (aún inciertos) de las nanotecnologías (nano riesgos). En ese sentido, se podría hablar de diferentes grados en la comunicación efectiva del riesgo, que dependen, en resumen, de factores como la confianza en las instituciones, la confianza en los medios de comunicación, las características de los stakeholders, la inminencia del riesgo, la fuente de riesgo, la complejidad del riesgo (nano riesgos, por ejemplo) y, especialmente, los objetivos de la comunicación. En este último factor, el tema ético juega un papel importante; por ejemplo, en el caso de los residuos nucleares “un tema definido como ’sitio para una instalación de residuos nucleares’ implica la comunicación necesaria para persuadir a otros que permitan u ofrezcan voluntariamente el sitio. Las cuestiones éticas aquí se dividen en dos categorías: (1) revelar las metas y motivos, y (2) cuáles de los posibles objetivos son deseables o preferibles” (Johnson, 1999, p.337).
Una comunicación efectiva de la Ciencia y la Tecnología presenta los objetivos que se pretende lograr con esta acción comunicativa (véase los currículos en la comunicación dada a través de los sistemas educativos). Sin embargo, comunicar asuntos de ciencia o de tecnología es comunicar sus beneficios y sus riesgos. Sobre estos últimos, parece que no hay claridad en los objetivos, a tal punto que la ciencia ficción y la especulación se anticipan a cualquier resultado de investigación:
En 1997 se anunció al mundo la existencia de la oveja Dolly. El tema de la clonación saltó repentinamente a los titulares de los medios de comunicación y fue objeto de fieras discusiones sobre su pertinencia ética, tanto en el café como al interior de los gobiernos. Los lectores de ciencia ficción nos quedamos muy tranquilos. Cualesquiera que fueran, nuestras opiniones ya estaban formadas. Habíamos tenido décadas para discutir y examinar la cuestión. Y éste no es un caso aislado. Antes que la misma realidad, la ciencia ficción se ocupó de las armas nucleares y de los problemas medioambientales, de nuestra reacción ante lo desconocido (Michel, 2006, p.8).
La complejidad del riesgo hace posible este tipo de imaginarios sociales; no obstante, en torno a la comunicación del riesgo y su efectividad existen otros conceptos cuyo abordaje no es simple, que son motivos de amplios y duraderos debates. Problemas como el de la percepción y el de la representación, tratados en otros Rincones del Riesgo, son algunos de estos problemáticos conceptos. Algunas de nuestras conclusiones se han vinculado a recientes investigaciones de la que hemos denominado psicología del riesgo, mas no como espectadores y fieles creyentes de una corriente, sino desde el análisis y confrontación con el mundo de riesgos en el cual crecemos y sobrevivimos; mundo rico en experiencias riesgosas, cuyos resultados son en grado, desde la simple molestia hasta la catástrofe. Conocer las múltiples dimensiones de los agentes perceptores del riesgo, por ejemplo, debe ser un tema amplio de discusión para aquellos que pretenden representar y comunicar el riesgo, en tanto su propósito sea una comunicación efectiva y situacional.
Pero comunicar el riesgo situacionalmente no es tarea sencilla, en tanto que el comunicador debe, a veces, convertirse en una especie de traductor del lenguaje científico y tecnológico. Por otra parte, no es un secreto que el mayor comunicador se encuentra en los medios masivos de comunicación, lo que nos lleva a algunos interrogantes: ¿es efectiva la comunicación del riesgo a través de los medios?, ¿considera la comunicación del riesgo el contexto de los stakeholders? Tres respuestas iniciales nos servirán para continuar la discusión. Una de tipo general: “No es efectiva la comunicación del riesgo a través de los medios tradicionales” y dos de tipo específico: “Algunos medios no convencionales podrían ser efectivos en la comunicación del riesgo” y “la red es el medio más efectivo de comunicación”. Esta últimas respuestas no pretenden constituirse en la panacea para resolver el interrogante; son sólo un primer acercamiento a las posibles opciones que tenemos para hacer más efectiva y situacional la comunicación del riesgo y, para ello, haremos un recorrido, en los próximos Rincones del Riesgo, a la efectividad de los medios convencionales de comunicación.
Si bien el paradigma del déficit cognitivo es criticado por su linealidad y porque se puede manipular la información, es posible encontrar otras estrategias que permitan el éxito en la comunicación. Por ejemplo, existe más confianza entre los pares (en conocimiento) o personas reconocidas por la comunidad, lo cual nos podría llevar a concluir que una estrategia de comunicación es llegar a un grupo más reducido y que éstos repliquen a un mayor número de personas. No se trata de un panel consultivo o deliberativo, se trata de buscar replicadores de los aspectos constitutivos del riesgo. No obstante, en medios masivos esta comunicación se puede convertir también en riesgo, en tanto que la amplificación, la distorsión y la desinformación emergen en la comunicación masiva.
En el próximo Rincón discutiremos la efectividad de la comunicación del riesgo desde las pantallas: ¿qué es lo que el público ve?
Referencias:
Beck, U., 1986. La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad. Traducido por J. Navarro, D. Jiménez & B. M. Rosa. Barcelona: Paidós, 1998.
Covello, V., 2007. Effective Risk and Crisis Communication during Water Security Emergencies. Center for Risk Communication. New York: U.S. Environmental Protection Agency (EPA).
Johnson, B.B., 1999. Ethical issues in risk communication: continuing the discussion. Risk Analysis, 19 (3), pp. 335-348.
Michel, B., 2006. Una puerta al universo: la ciencia ficción como agente para la divulgación científica. En: I congreso iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Sociedad e Innovación. México.
Palenchar, M.J. & Heath, R.L., 2007. Strategic risk communication: adding value to society. Public Relations Review, (33), pp. 120-129.
Renn, O., 2009. Risk communication: insights and requirements for designing successful communication programs on health and environmental hazards. En: R.L. Heath & H.D. O’Hair, eds. 2009. Handbook of risk and crisis communication. New York: Routledge, pp. 80-98.
Imágenes:
Primera imagen: http://www.hoteljuice.com/wp-content/uploads/2008/08/riesgo.jpg
Segunda imagen: http://pattyto.files.wordpress.com/2008/08/comunicacion.png
El riesgo de una buena gestión
Rincón del riesgo
El riesgo de una buena gestión
Por Juan Guillermo Rivera Berrío
Algunos de mis artículos sobre el riesgo nacen desde la experiencia. Vivimos en un mundo de riesgos, que se manifiestan desde diversas fuentes y en variados efectos. Hace un año me refería al riesgo que emerge por las confusiones, chismes y mentiras, artículo publicado en http://blogs.monografias.com/rincon-del-riesgo/, del que reproduzco su introducción: “Además de sortear la gran cantidad de riesgos de origen tecnológico, propios de nuestra sociedad contemporánea, y los llamados riesgos naturales cuya frecuencia viene en aumento por el deterioro de nuestro planeta, debemos enfrentar otros de tipo social para los cuales nunca nos han preparado. No existen entidades para la prevención y atención de desastres originados por el chisme, la mentira o las malas interpretaciones”.
Como en la lógica difusa, el chisme tiene un rango de valores de verdad: En un extremo, es una verdad que se quiere hacer pública con la intención de prevenir, advertir, o simplemente informar; en el rango difuso, es una verdad a medias, de la que se extrae aquello que es de conveniencia para el sujeto o entidad que riega el chisme; y en el otro extremo, es una mentira cuya intención es hacer daño.
¿Cómo difundir el chisme? Un método común y efectivo es la comunicación persona a persona. Sin embargo, el método más efectivo es el uso de los medios de comunicación. El poder mediático se presta para difundir extraordinariamente un chisme, sea cual fuere su valor de verdad: decretos de emergencia social, Agro ingreso seguro, Chávez y las Farc, son ejemplo de ello. El chisme, entonces, se presta para la manipulación de la opinión pública:
El influjo que se ejerce en el público es ambivalente: por convicción o por manipulación. El público es un potencial político en relación no sólo con procesos electorales, sino más ampliamente con respecto al ejercicio de la democracia en los diversos niveles de participación ciudadana, en la toma de decisiones en las corporaciones públicas, en los organismos de gobierno y en los aparatos judiciales. Este potencial reforzado por los medios se convierte en poder político cuando es liderado por personas o colectivos con autoridad reconocida públicamente. Pero el influjo sólo se gana si hay comunicación efectiva, no sólo publicitaria sino rica en contenidos y análisis, entre la gente cada vez mejor formada, y quienes pretenden orientar a la opinión pública. El público debe ser convencido de la importancia de los temas que suscitan interés mediante una comunicación comprensible capaz de motivar el compromiso de las mayorías: un público crítico, bien formado, es sensible y sabrá detectar pronto la veracidad de sus dirigentes, su compromiso con la comunidad y sus capacidades políticas (Ética comunicativa y educación para la democracia, Guillermo Hoyos, p. 88)
Pero, la comunicación efectiva se logra no sólo por manipulación, ésta debe incluir la participación, es allí donde pierde poder el chisme. Un chisme que no admita deliberación gana poder; pero, si el público, como lo dice Hoyos, es crítico y bien formado, sabrá detectar el valor de verdad del chisme, así provenga de un connotado personaje. En este Rincón, que publico para la deliberación en http://blogs.monografias.com/rincon-del-riesgo/, quiero compartir el riesgo que algunos sufren por realizar una buena gestión, que se asocia al poder del chisme.
En los últimos meses he observado un cambio extraordinario en el comportamiento de un gran amigo de muchos, que ha sido objeto de debates públicos, denuncias y, especialmente, del chisme mediático. El calificativo de amigo de muchos no es gratuito, puesto que se lo ha ganado por su gestión, además de favorecer a una gran cantidad de jóvenes excluidos de cualquier posibilidad de acceder a la educación. Ah! Se me olvidaba, este amigo es un educador, que ha dedicado toda su vida a la educación.
Hablar de la gestión de este amigo me ocuparía más espacio y tiempo del que dispongo, basta decir que transformó una Institución de tal forma que en la ciudad, en la región y en el país se habla de ella… y se habla bien. La institución transformada creció en estudiantes, creció en infraestructura física y tecnológica, creció en programas, creció en bienestar, creció en docentes, creció en empleados y, obviamente, en presupuesto. Este crecimiento fruto de la gestión se convirtió en riesgo. Ahora, esa institución de otrora, que pocos conocían, se ha convertido en una especie de “joya de la corona”… en un botín sobre el cual están puestos muchos ojos.
Pero, ¿cómo llegar al botín? La estrategia del asalto o de la emboscada en alta mar de los antiguos piratas ha cambiado por las denuncias en los órganos de control, por el debate político y mediático, que busca enlodar esta gestión y llevar a la picota pública a nuestro amigo. Lo extraño es que en los debates y denuncias no se presenta prueba alguna que evidencie lo que se dice; es decir, se constituyen en chismes. Sin embargo, los medios en su afán amarillista de publicar lo que sea que pueda llamar la atención, no se fijan en estos detalles. Los cazadores del chisme y del escándalo se prestan a la nueva estrategia.
Como lo decía en un principio, mi amigo ha cambiado. Sus extensos discursos, de los cuales muchos aprendieron y se formaron como empleados y personas, se han extinguido. Ahora sólo habla lo necesario, lo inmediato, los mínimos que permitan que esa Institución no se detenga… que no colapse. Tiene temor que lo malinterpreten, tiene temor que lo que hable sea usado en su contra, tiene temor que lo graben para alimentar las municiones de los piratas cazadores de la “joya de la corona”. Sus reuniones de varias horas se han reducido a unos cuantos minutos. Sus reuniones sociales con otros académicos, con empresarios, y con la clase dirigente y política que tanto apoyo le dieron a la Institución… también se extinguieron. Tiene temor que lo malinterpreten, tiene temor que las atenciones institucionales a los distinguidos visitantes se conviertan en más armas para los bucaneros. Se confirma, de nuevo, que el miedo y el riesgo van de la mano.
Por otra parte, un efecto colateral a una buena gestión es la pérdida de amigos y compañeros que ayudaron a esa transformación. El miedo, amigo del riesgo, ha propiciado que la gran mayoría admiradora o colaboradora de esa gestión, se esconda y espere el desarrollo de los acontecimientos o, si se prefiere, de la materialización del riesgo. Pocos se pronuncian, dejaron al amigo solo. Pocos protestan, los demás tienen miedo que se sepa de sus afectos a esa gestión. Tienen miedo que después del asalto final, pierdan sus privilegios. Tienen miedo de la materialización del riesgo de una buena gestión. Yo también tengo miedo, pero, como dice este amigo -recordando a Kant-, miedo a que me mal interpreten no a que me refuten, por ello no relaciono nombres o, al estilo de las películas basadas en la vida real: “cualquier parecido con la realidad… es mera coincidencia”. Igual, como dice el dicho, blanco es gallina lo pone. Blanco por los políticos y dirigentes al frente del barco bucanero, y gallina por los desleales con ansias de repartir el tesoro de la corona.
Tal vez por estas notas sea arrojado por la borda, si el riesgo se materializa. Pero, ha podido más mi honor y dignidad que mis intereses personales. Cómo callar ante la ignominia. Cómo callar al leer las mentiras y los chismes con los que se pretende asaltar a la Institución. Cómo callar ante la estupefacción que ha generado el silencio de mis compañeros, amigos y toda una comunidad académica que se ha beneficiado de la buena gestión, ignorando que el ataque no es sólo al amigo, sino a toda una comunidad. Señores bucaneros, espero entiendan mi posición, al menos para que cuando me ataquen no lo hagan con la misma saña como lo hacen con nuestro amigo.
Esta joya de la corona, que ha sido conservada por la buena gestión, se caracteriza por no pertenecer a empleado alguno o a grupo político alguno… es una joya que pertenece a la ciudad y, como tal, se ha salvaguardado. Nuestro amigo no ha hecho de esta Institución un fortín político o de cualquier pensamiento ideológico o religioso. Sus compañeros y amigos son conservadores, liberales, uribistas, fajardistas, izquierdistas, católicos, cristianos, evangélicos y menonitas. He ahí un efecto de una buena gestión: la heterogeneidad de pensamiento que no ha suscitado enfrentamiento alguno:
Una característica fundamental de la sociedad civil es su conformación prioritariamente pluralista: familias, grupos informales, diversos estilos y tradiciones de vida, organizaciones de diversa índole, instituciones culturales, juntas de acción comunal, todos comprometidos con una forma de vida social más solidaria, más respetuosa de la autonomía y más propicia para el desarrollo auténtico de los diversos grupos sociales, respetando la heterogeneidad y la diferencia. La sociedad civil así entendida es el mejor medio para proponerse el pluralismo razonable. Son estos derechos fundamentales los que fortalecen las estructuras comunicativas de la sociedad civil, las cuales garantizan una verdadera democracia participativa (Ética comunicativa y educación para la democracia, Guillermo Hoyos, p. 88)
En el contexto de esta democracia participativa y deliberativa, queda la esperanza de que los ataques despiadados de la mentira y la calumnia, encuentren férreos defensores de lo que es suyo, de sus familias, de su ciudad y de su país.
Finalmente, parece que la expresión: “es mejor tener novia fea porque nadie la mira” cobra vigencia. No obstante, me siento orgulloso por esa novia que tenemos y, mientras pueda, la defenderé del ataque de las aves de rapiña o, para nuestro caso, de los buscadores de tesoros.
¿Qué hacer durante un terremoto?
En el post anterior había anunciado una segunda publicación sobre terremotos y… surgió lo de Haití
Rincón del riesgo ¿Qué hacer durante un terremoto?
Terremotos
En Colombia nos embarga la tristeza por la eliminación de la selección de futbol, pero existen otras tragedias infinitamente peores. De una una de ellas nos ocuparemos en esta ocasión, los terremotos.
Nanoriesgos
Rincón del riesgo - Nanoriesgos
Mi hernia y el poder de la mente (final)
He logrado salir sin problemas de la cirugía denominada herniorrafia. Antes de hacer los comentarios sobre este evento común a muchos mortales pero igualmente desconocido para muchos otros, haré un recuento de los días previos a la operación.
En el post anterior había dicho que la posible causa de mi hernia la había deducido mi esposa. Efectivamente, días atrás mi hijo de seis años quiso bañarse en el patio, luego de ello lo tomé en mis brazos y empecé el descenso de las escaleras a su cuarto. De pronto perdí el equilibrio e inicié el descenso en una estrepitosa caída. Aferré mi hijo contra mi pecho y dejé toda la responsabilidad del golpe a mi pierna derecha, ésta se dobló 180º produciéndome un insoportable dolor. El resultado… desgarro muscular. Lo que ignoraba era el otro desgarro que se había producido en mi ingle derecha, sólo la hernia me lo dio a conocer.
La orden de cirugía llegó más pronto de lo previsto. Contento por ello (¡lo que es la ignorancia!), pedí cita con el cirujano. El día de la cita (2 de julio) revisó mis exámenes… ¡tienes un poco alto el azúcar, hazte este otro examen!, me informó el médico. Bueno, es un impase más, pensé. Al otro día me hice la curva de glicemia que me había ordenado, nunca antes había visto salir tanta sangre de mi cuerpo. El examen consiste en la extracción de una buena cantidad de sangre (1 ml), que permita determinar la tolerancia con glucosa oral; para ello, luego de la primera extracción, te debes tomar un jugo espeso y azucarado, luego debes esperar unas dos horas sentado y sin dormirte, luego te extraen otra buena cantidad de sangre.
Al jueves siguiente (9 de julio), estaba sentado ante el cirujano. Estaba satisfecho, en tanto que mi examen era excelente. Esperé sonriente su respuesta. Me miró… y sentenció: ¡el miércoles 15 te opero! Me alegré mucho (otra vez la ignorancia) por la noticia, esperaba salir a darle la buena nueva a mi esposa. ¡Ah, pasa por recepción y firma el consentimiento!
Pasé a recepción. Me dieron una hoja para firmar. Mientras firmaba, observé la primera línea… ¡quedé petrificado al leer la palabra muerte!… RIESGO DE MUERTE. Me concentré en el tal consentimiento, mi alegría se convirtió en terror. Algunos de los mensajes eran estos: puede presentarse un sangrado leve hasta uno abundante que puede causar la muerte, puede presentarse un paro respiratorio, puede presentarse una infección que cause la muerte, puede quedar con problemas… Dejé de leer, firmé y salí despavorido del lugar.
Desapareció mi estreñimiento, mi mente entró en acción. Parece que la energía negativa atrae otras energías negativas. Mi auto empezó a fallar, lo dejé en el taller. En mi oficina me recibieron con la noticia de un embargo. Era increíble como un estado de ánimo tuviese un giro tan inesperado. Los pocos días antes de la operación se convirtieron en un calvario. Los aproveché para arreglar el auto, solucionar el embargo y dar las instrucciones a mi familia en caso de que los riesgos se materializaran.
Mis compañeros hacían bromas y trataban de animarme: ¡Juan, en toda cirugía se firma un consentimiento similar. Los médicos deben cubrirse sí algo sale mal! La última parte de la frase no ayudaba mucho.
Llegó el día de la cirugía. La clínica era muy similar a la anterior. Una casa convertida en clínica. Me prepararon colocándome una bata y un gorro. Me dejaron media hora en la sala de cirugía con los brazos extendidos… como un Cristo. Observaba la habitación convertida en sala de cirugía… era deprimente. Oré por mi familia y esperé… Bueno don Juan, dijo una enfermera, feliz viaje. ¡Nos fuimos!, dijo el anestesiólogo… todo se oscureció… mi mente perdió su poder.
Media hora después estaba con mi esposa… la operación fue un éxito. Ayer sangré por la herida, pero no lo suficiente para morir. Mi herida está limpia y he podido sentarme a escribir mi experiencia.
Nuestra mente nos hace ver las cosas de diferente manera. La verdad es que mi médico es uno de los mejores especialistas en el medio, el anestesiólogo y los demás miembros del equipo tienen una trayectoria impecable… yo era el inexperto. Quizá la falla es como se dicen las cosas. Si me hubiesen informado que nunca han tenido un episodio como los descritos en el consentimiento, para mí eso significaría riesgo cero, en términos de probabilidades.
Lo interesante de esta experiencia es que se convirtió en mi propio laboratorio del riesgo. El riesgo, su comunicación, su percepción y su representación tuvieron el mejor escenario, en el que se conjugaron las emociones, el conocimiento, el control mental y demás factores que reafirman la frase goethiana “la tormenta se vive en la tormenta”
Mi hernia y el poder de la mente
Es frecuente que escribamos sobre riesgos que nunca hemos vivido. Es decir, “mirando los toros desde la barrera”. Escribimos, por ejemplo, sobre el desastre de Chernobil, pero después de leer el libro “la voces de Chernobil” de Svetlana Alexievich comprendemos cuán lejos estuvimos de esa realidad.
En asuntos de salud, sólo me he ocupado del problema de los virus y, cómo no, del famoso H1N1. En este Rincón hablaré de mi experiencia (actual) con una hernia inguinal, de mi vivencia con un problema directo de salud. No se trata de describir el fenómeno como tal, sino de su impacto en mi mente, y como ésta ha impactado en el resto de mi ser.
20 días atrás, en un fin de semana, le comenté a mi esposa sobre un pequeño abultamiento en mi ingle. Ella, más precavida que yo, inmediatamente solicitó una cita médica a mi EPS (En Colombia existen las Entidades Promotoras de Salud o EPS, de las cuales nos ocuparemos en otro Rincón). Me asignaron cita para el miércoles siguiente. En los cuatro días antes de la cita, corrieron por mi mente los peores escenarios… cáncer de próstata, tumor maligno,… Lo cierto es que frente a los temores mi cuerpo reacciona con malestar estomacal; es decir, diarrea.
Minutos antes de la cita, entré por última vez al baño… estaba muy nervioso. Me recibió una joven médica. Me hizo las preguntas de rigor, me pesó, luego el corazón, la presión, pulmones y, finalmente fuimos al grano. Luego de hundir sus dedos en la parte inferior de mi ingle, sentenció: “hernia inguinal”. ¡Ah, es un hernia! exclamé con tono de alivio. Así es y se debe a un esfuerzo desmesurado que hayas realizado ¿levantaste algo pesado ultimamente? A la pregunta de la doctora, le dije no recordar tal suceso. Finalmente, me recomendó hielo en la zona afectada y un analgésico (ya lo dije, luego me ocuparé de las EPS).
Cesó mi diarrea. Luego de almorzar me senté a consultar ¿qué demonios es una hernia inguinal?
Por ejemplo:
http://www.monografias.com/cgi-bin/search.cgi?query=hernia%20inguinal
Rápidamente comprendí el problema o, mejor, mis problemas. Por lo leído y luego por información de algunos compañeros, la tal hernia inguinal no tiene sino una solución: cirugía. Adicionalmente, me informé de los posibles impactos de no atenderse oportunamente… estrangulamiento de la hernia, peritonitis,… Por otra parte, entre las precauciones decía: “no hacer fuerza en el baño”. Desde ese momento y hasta ahora que escribo estas líneas, cesó mi diarrea para dar paso al estreñimiento: EL PODER DE LA MENTE.
Luego de mis consultas, llamé molesto a la EPS. Les dije que si bien el diagnóstico de la doctora era correcto, su tratamiento no era el indicado… me dieron cita para el lunes siguiente. Esta vez me atendió otra doctora (mi médica familiar). Luego de confirmar el diagnóstico, me asignó cita con el cirujano. Me dieron cita para el jueves siguiente.
El día de la reunión con el cirujano estaba hecho un manojo de nervios. Los temores nos hacen ver las cosas de otra manera. La clínica a la que me remitió la EPS se encontraba en un sitio escondido. Se trataba de una casa de dos pisos, acondicionada como clínica. Mientras estaba en la sala de espera, observé una gran puerta a mi lado con un letrero que decía: “sala de cirugías”. De ella salió una enorme enfermera morena (bueno, como lo dije antes, así la veía), que mascando un chicle, exclamó: “Judith se acabaron las gasas”, no quiero escribir lo que pasó por mi mente. Al rato salió, de esta misma sala, una doctora algo cansada se dirigió a un grupo de personas, que estaban en otra sala: “todo salió bien, estamos puliendo algunas cositas, él ahora está dormidito”, dijo la doctora.
Por fín escuché mi nombre: “El señor Juan Guillermo Rivera al consultorio tres del segundo piso”. Allí me esperaba otro ser extraño… mi cirujano. Ojos hundidos con una gran sombra a su alrededor, sus facciones me recordaban otros seres de algunas películas de terror. Luego de la rutina médica, me formuló tres exámenes que requería para el anestesiólogo y una autorización de cirugía… debía regresar a mi EPS.
Para no cansar a mis lectores, les resumo: a la fecha he realizado los tres exámenes (sangre, orina, electrocardiograma); he dejado, además, la orden de cirugía a espera de aprobación. Según la funcionaria, mi operación puede estar programándose para después del 20 de julio (dentro de un mes).
Mis familares y amigos tratan de tranquilizarme con expresiones como:
”Tranquilo Juan, es una operación ambulatoria. El 99% sale bien”. El 99% no me tranquilizó, me preocupó el 1%, contradiciendo la teoría de Kahneman sobre la aversión al riesgo (véase Kahneman, D. (2002). Maps of Bounded Rationality: a Perspective on Intuitive Judgment and Choise en http://nobelprize.org/nobel_prizes/economics/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf, página 457).
“No te preocupes, es una operación rutinaria. Es la cirugía que más se realiza. Obviamente, cada uno tiene un umbral del dolor diferente…”. Esta última observación eliminó la intención de tranquilizarme… no había pensado en el dolor.
Mientras tanto sigo estreñido, preocupado, ansioso,… Sólo espero poder concluir este Rincón, informándoles de una operación exitosa… Hasta entonces.
PD. El día que supe de mi hernia, mi esposa sonriente me recordaba: “Mijo recuerdas hace 15 días en el baño…”. Lo cierto es que nunca más volveré a realizar tales peripecias.

