Rincón del Riesgo

Blog en Monografias.com

 

Riesgo prostático - mis momentos de angustia (cuarta parte)

Parte cuatro

Mientras hay vida, hay esperanza.

Teócrito

Desde el 22 de junio mis pensamientos estaban centrados en la palabra “cáncer”… era un paciente con CA de próstata. He afirmado que lo que menos quiere saber un paciente de cáncer es sobre el cáncer, pero ello no significa que no queramos saber del cómo atacarlo. En el informe de patología de la biopsia, se sugería confirmar con una inmunohistoquímica. El último urólogo me dijo que no era necesario. Al consultar sobre este procedimiento, encontré dos conceptos no muy alentadores. El primero decía que era una forma de conocer que tan agresivo era el cáncer, mi conclusión era que no quería saber sobre ese nivel de agresividad. El segundo concepto, hallado en la revista española de urología, era más preocupante, pues parece que los resultados de patología en una biopsia pueden arrojar falsos positivos (lo identificado como carcinoma, no lo es) o falsos negativos (lo identificado como hiperplasia o como atrofia, realmente es un carcinoma). Revisé mis resultados… hiperplasia en la muestra uno y atrofia en las muestra dos a cinco. Según los autores del artículo consultado, “aparte del adenocarcinoma convencional y de otras variantes histológicas más o menos frecuentes, existe un grupo de adenocarcinomas «difíciles» que se caracterizan por simular las dos lesiones benignas que prácticamente nunca faltan en cualquier biopsia de próstata: la hiperplasia y la atrofia” (Etxezarraga, Bilbao, & López, 2005, pág. 142).

Decidí, entonces, que mi último urólogo tenía razón… no había necesidad de conocer el nivel de agresividad de mi cáncer. Sólo bastaba saber que era curable, por estar focalizado y por su tamaño pequeño, pues “el cilindro comprometido está afectado por el tumor en 15%” (informe de patología de mi próstata). Me aferré a esta creencia y me decía permanentemente… tengo un pequeño tumor que se puede curar: “Mientras hay vida hay esperanza”.

La hiperplasia, menos silenciosa que el cáncer

El 31 de julio surge mi cuarto problema. Ese día, en la mañana, no pude orinar. Como en el mes de marzo, esperé unas tres horas confiado en que lo podía lograr. Pero… nada. Empecé a sentir una presión en mi vejiga, bastante dolorosa. Mi esposa y mi hija, me decían insistentemente que nos fuéramos a un centro de urgencias, finalmente accedí.

Llegamos al hospital más cercano. Evaluaron mi condición para determinar si podría ingresar como un caso de urgencia. Una de las enfermeras palpó mi abdomen y expresó… tiene globo, lo que significaba que era una urgencia. Miré mi abdomen y noté que mi hernia había desparecido… tenía globo.

El médico urgentólogo ordenó que me drenaran a través de una sonda vesical, el dolor seguía aumentando. Una enfermera inició el procedimiento, le escuché que lo haría con una sonda 14. Sentí el ingreso de la sonda por mi uretra, algo molesta pero no dolorosa… No pasa, dijo la enfermera. La miré con angustia, pues ya había superado mi umbral del dolor. No se preocupe, intentaremos con una 10, la que usamos para niños… debe pasar, pero… no pasó. Llamemos al urólogo, dijo otra enfermera. Mientras llamaban al urólogo, me prepararon para lo peor, ¡sonda a través de una incisión! El urgentólogo trataba de animarme, me decía que era un procedimiento más mórbido pero efectivo.

Pasó una hora y no aparecía el urólogo. Como lo decía, en otro apartado, son muchos los enfermos y pocos los especialistas, en el hospital sólo había un urólogo de turno. Miré a mi esposa y noté sus lágrimas, yo sudaba y, por primera vez, grité de dolor, pese a que me habían aplicado una droga para ello. Diez minutos después, apareció el urólogo con un grupo, al parecer, de estudiantes de medicina. Preguntó sobre mi situación, a lo que le respondieron: Paciente de CA de próstata, que ingresa por incontinencia urinaria. Se ha tratado con dos sondas sin éxito, ambas han salido con sangrado. El urólogo preguntó por los calibres de las sondas. Después de enterarse, pidió una número 20 y con una agilidad y rapidez, la introdujo en mi vejiga a través de la uretra. Miré la sonrisa de mi esposa, al mismo tiempo que sentía un gran alivio en mi vejiga.

Al leer lo anterior, se podría concluir que mi cuarto problema era la incontinencia, lo que no es cierto. Mi cuarto problema, fue la sonda vesical. La incontinencia es un efecto propio de mi problema de hiperplasia, así como el estreñimiento y las infecciones urinarias. Mi nuevo gran problema era una sonda vesical de más de 40 cm de largo y de un buen calibre. En mis consultas, me enteré que,

Calibre: 8 Ch para los niños, entre 14 y 18 Ch para los hombres y entre 16 y 20 Ch para las mujeres. Longitud estándar: 41 cm, siendo un Ch equivalente a 0.33 mm

El urólogo, que resultó ser un estudiante de urología, me dijo que no me retiraría la sonda, que sería una decisión de mi urólogo tratante. Miré la sonda y concluí. Estarás conmigo durante un mes. La próxima cita era a finales de agosto. Pregunté por la duración de la sonda, a lo cual me respondieron que me habían instalado una sonda Foley de tres semanas de duración. Esta sonda tiene un globo pequeño inflado en el extremo, que impide que la sonda se deslice fuera del cuerpo.

Fuente: https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003981.htm

Supongo que tanto el urólogo como las enfermeras estaban convencidos que mi urólogo tratante me recibiría ese mismo día, pues me despacharon sin mayores indicaciones de cuidado de la sonda, excepto porque tenía que tomar mucho líquido y sostener la sonda por debajo de la vejiga.

Los primeros quince días con la sonda fueron muy tormentosos, por el desconocimiento. Observaba que drenaba sangre y sedimentos, además de un permanente e insoportable ardor. Regresé al hospital, por otro tipo de urgencia, que no tenía que ver con la próstata. Una enfermera, al notar que aún tenía la sonda, me entregó una hoja con instrucciones de manejo. Lo de la sangre y los sedimentos lo controlé, pues la hoja de instrucciones aclaraba que era tomar bastante líquido, al menos tres litros de agua diarios. Lo del ardor, lo supe más tarde.

Tratando de controlar el ardor, consulté sobre manejo de sondas vesicales, encontrándome con los riesgos asociados a la misma:

· Alergia o sensibilidad al látex

· Cálculos vesicales

· Infecciones de la sangre (septicemia)

· Sangre en la orina (hematuria)

· Daño renal (por lo regular con el uso de sondas permanentes por mucho tiempo)

· Lesión uretral

· Infecciones renales o de las vías urinarias

· Espasmos vesicales que no desaparecen

· Sangrado dentro o alrededor de la sonda

· Fiebre o escalofríos

· Escape de grandes cantidades de orina alrededor de la sonda

· Cálculos o sedimento en la sonda vesical o la bolsa de drenaje

· Inflamación de la uretra alrededor de la sonda

· Molestias vesicales del tipo cistitis.

Leído lo anterior, mantuve una estricta disciplina de aseo y cuidado de la sonda. Ahora, me preocupaba lo de las tres semanas.

Gracias a un amigo, contacté una uróloga para que me hiciera el cambio de sonda. Esta joven y amable uróloga me atendió en su consultorio, una de sus enfermeras me retiró la sonda. Le propuse que me quedaría en los alrededores para saber si podía orinar normalmente y evitar una nueva sonda, propuesta que aceptó. Al cabo de dos horas, le informé que estaba orinando bien y me fui para mi casa. Al otro día regresé desesperado para que me instalara la sonda, la crisis de continencia se había vuelto a presentar. La uróloga, por teléfono, me indicó que un urólogo amigo me atendería… quinto urólogo. Llegué al consultorio desesperado e inmediatamente me atendieron. De todo esto quedaron dos resultados positivos. El primero, es que pedí una sonda más pequeña, me instalaron una calibre 18, suponía que el tamaño estaba asociado al ardor; el segundo, es que descubrí, en la conversación con el urólogo, que existían los tapa sonda. Desde ese día empecé a usarlos para el día, se volvió más cómodo el no portar la bolsa de orina,  en mi trabajo.

El 25 de agosto tuve la cita con mi urólogo tratante, para mi sorpresa se trataba del mismo urólogo anterior, luego me enteré que el primer urólogo había renunciado. Le informé sobre la sonda, me dijo que debía seguir con ella y me dio una orden para cambio de sonda.

El 29 de agosto fui a mi IPS a que me cambiaran la sonda. Una enfermera retiró la sonda e intentó introducir otra de calibre 18 que yo había llevado para el procedimiento, pero… no pasó. Llamó a una compañera, quien le sugirió una 14, pero… tampoco pasó. Llamaron a la enfermera jefe, quien intentó con una 16, tampoco pasó. Es mejor que vayas por urgencias, me recomendaron. Desconsolado miré a mi esposa, notando la angustia compartida. Regresamos al hospital con la esperanza de encontrar al estudiante de urología… ese día no era su turno. El urgentólogo al notar nuestra angustia, trató inútilmente de pasar una 20. Cuatro sondas que me habían masacrado anunciaban lo peor: cirugía, procedimiento mórbido, riesgo de infección, incapacidad para trabajar… al caído, caéle.

Le pregunté al médico si había posibilidad de contactar al urólogo. Con sorpresa y alegría supimos que eran amigos, que ya lo había llamado y venía en camino. Nuevamente el dolor, nuevamente la espera. Llegó el urólogo, pidió una sonda 20 y, como la vez anterior, con agilidad y rapidez, instaló exitosamente la sonda. Pese al sufrimiento y a las angustias, nunca olvidaré la solidaridad de estos dos jóvenes médicos.

Regresé a mi casa con una nueva sonda número 20 pero, además doble J, que me acompañó hasta mi cirugía. Con esta última sonda, luego de 20 días, me infecté con una bacteria, situación que relataré en la quinta y última parte de este Rincón.

Termino esta parte con algunas estadísticas, que deben preocupar a aquellos que no realizan los chequeos periódicos de su próstata.

El cáncer de próstata sigue siendo la neoplasia maligna más frecuente en el varón en todos los registros de tumores, y prácticamente la segunda causa de muerte masculina por cáncer. La Sociedad Americana del Cáncer estima que durante 2005 se diagnosticarán algo más de 232.000 nuevos casos, y que aproximadamente 30.000 enfermos morirán por enfermedad metastásica en el mismo periodo. Además, un varón de cada 5 desarrollará cáncer de próstata a lo largo de su vida y uno de cada 33 morirá por su causa. El envejecimiento paulatino de la población augura un futuro sombrío a pesar de los esfuerzos terapéuticos que se están llevando a cabo (Etxezarraga, Bilbao, & López, 2005, pág. 142).

Bibliografía:

Etxezarraga, C., Bilbao, F. J., & López, J. I. (2005). Revisión de los adenocarcinomas de próstata con patrón pseudohiperplásico y pseudoatrófico. Revista española de patología, 38(3), 141-147.

Sin categoría

Riesgo prostático - mis momentos de angustia (tercera parte)

PARTE 3

Si te postran diez veces, te levantas,
otras diez, otras cien, otras quinientas.
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas

Almafuerte

Además de la hiperplasia prostática, tenía una hernia inguinal. Como dice el dicho “al caído cáele”. En 2009 fui operado de una hernia inguinal, según el urólogo se había vuelto a reproducir, pero mi temor era la próstata no la hernia, algo curioso puesto que el problema de la hernia me causó gran preocupación en su momento. Remito a los lectores de este Rincón a leer algo que escribí y titulé “Mi hernia y el poder de la mente”.

Si tienes cáncer de próstata, te recomiendo no seguir leyendo este artículo. Si te vas a hacer la biopsia para saber si lo tienes o no, tampoco te recomiendo seguir leyendo lo que voy a relatar. Estoy convencido que no es necesaria la advertencia anterior, pues lo que menos deseamos los pacientes de cáncer es saber del cáncer.

La biopsia, un resultado inesperado

Uno de mis pasatiempos es ver documentales en la televisión. Casualmente, me topé con un programa en el que un hombre estaba hablando sobre algunos chequeos médicos que se hizo en el momento de su jubilación. En el examen de tacto, el médico detectó algunas anormalidades en su próstata y le sugirió la biopsia. Este hombre fue un miembro del ejército de los Estados Unidos, cuando se refirió a la biopsia me dejó desanimado. Estaba convencido que era un procedimiento sencillo, pero la última frase que le escuché me dejó preocupado: “He sentido dolores en mi carrera militar, por accidentes o heridas en la guerra del Golfo, pero la biopsia fue algo peor…”. Miré el nombre del programa… “Los incurables”… y cambié de canal. No quise seguir escuchando.

Ahora, ajeno al problema, traté de buscar el programa en la Red para referenciarlo, pero no lo encontré. Tal parece que es una serie de Intinetwork “The intocables”. En la búsqueda, encontré el poema “Los incurables” del poeta argentino Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte), con cuya primera estrofa he iniciado este Rincón.

El 10 de junio me acerqué al hospital donde me realizarían la  biopsia, estaba relajado. Le pregunté a la enfermera cuánto duraría el procedimiento, me dijo que unos cinco minutos, lo que me tranquilizó más. Lo que sólo me dijo después, es que puede demorar mucho más, dependiendo del paciente, puesto que algunos no soportan el dolor y hacen más dificultosa la prueba. Llegó el médico e inició el procedimiento. Los dos primeros pinchazos eran para la anestesia, noticia que me relajó aún más. Bueno, vamos a tomar doce muestras, dijo el médico. Escuché una especie de zumbido y después un disparo… primera muestra. Pese a la anestesia, tal como lo dijo el militar, el dolor fue intenso. Cerré los ojos y dejé que el martirio continuara. Al rato pregunté ¿faltan dos?, sólo una, dijo el médico,  esperé el ya odiado zumbido. Una vez concluida la sesión, pude observar la enorme aguja con la que me había perforado el intestino y pinchado reiteradamente mi, también, enorme próstata.

Fuente: http://www.saludysintomas.com/wp-content/uploads/2011/12/Biopsia+de+prostata2.jpg

Sangré mucho ese día, pero sólo fue en ese día, lo normal es que sangres durante toda la semana, lo veía como un buen síntoma. Las doce tomas me fueron entregadas en seis frascos, los cuales llevé a un laboratorio clínico para su análisis.

El 22 de junio fui con mi esposa por el resultado de la biopsia. Empezamos a leer con mucha ansiedad el resultado. Así iniciaba la descripción del resultado:

Se reciben muestras de tejido prostático obtenidas con aguja cortante y numeradas del 1 al 6 así:

Continuamos leyendo:

En la muestra #1 hay hiperplasia células basales

Nada nuevo, ya lo sabíamos

En las muestras 2, 3, 4 y 5, cambios por atrofia inflamación crónica

Tampoco lo veíamos raro

En la muestra 6 que corresponde a base izquierda, se identifica compromiso por ADENOCARCINOMA del tipo acinar, sin otra especificación.

Luego de leer y releer la palabra resaltada en mayúscula, miré a mi esposa. Mija… tengo cáncer, le dije.

Mijo, métase a Internet y consulte bien, me respondió mi esposa. No había necesidad de hacerlo CARCINOMA es cáncer; sin embargo, me senté con ella y desde el teléfono móvil consultamos. Para tranquilizarla, le mostré que según mi historial y el resultado de la biopsia, el cáncer estaba en etapa 1 de 4. En la página http://www.cancer.org/index pude concluir que así era o, al menos, eso quería creer. Según la clasificación indicada, parámetros como el antígeno, el grado de Gleason, que en el resultado mostraba un valor de seis, el resultado del tacto, etcétera, permitían establecer el nivel del cáncer.

La última frase del informe de patología, indicaba en letras mayúsculas:

LE SUGERIMOS CONSULTAR INMEDIATAMENTE A SU MÉDICO TRATANTE

Lo de INMEDIATAMENTE me dio desconsuelo, con los tiempos de la EPS sabía que eso no era posible; no obstante, pedimos la cita (al Sistema) con el urólogo… fue programada para el 23 de julio.

Paciente con CA de próstata, mi nuevo calificativo

En los días y meses siguientes, en los diferentes centros médicos que visité, se me identificaba como “paciente con CA de cáncer”, un calificativo que buscaba algo de discreción con la abreviatura CA. Lo cierto es que pesaba sobre mí, tres grandes problemas: hiperplasia prostática, hernia inguinal y, ahora, un cáncer de próstata… al caído cáele.

Durante ese eterno mes, esperando la cita con el urólogo, me dediqué a mi trabajo y a producir modelos de vídeos interactivos en el Proyecto Descartes. Esta última actividad me hacía olvidar el CA de próstata. Las noches eran mi problema, pues me revolcaba en la cama pensando en lo que podría suceder, en mis hijos… en su futuro.

El 23 de julio llegamos, mi esposa y yo, al consultorio del urólogo con el resultado de la biopsia. Para nuestra sorpresa, nos atendió otro urólogo. Supuse que el anterior estaba de vacaciones. Por contraste al primer urólogo, se trataba de un médico joven, algo seco en el trato, sus ojos nunca se separaron de la pantalla del computador. ¿Cuál es tu problema?, me preguntó. No me gustó para nada la pregunta, suponía que todo lo sabía y sólo esperaba el resultado de la biopsia. Le relaté todo desde el principio y le dije que tenía el resultado de la biopsia. Me pidió el resultado y expresó: ¡Ah, ya… tienes cáncer! Para ayudarle más a mi angustia, no estaba de acuerdo con el concepto “próstata grande, antígeno alto”, calificando mi nivel de cáncer en un nivel medio de riesgo.

Finalmente, me despachó con unas órdenes para realizar los exámenes prequirúrgicos. Esto último me dejó tranquilo pues, según el urólogo, todo se solucionaba con la cirugía.

Ocho días después, surge mi cuarto problema que relataré en la cuarta parte de este Rincón. Mientras tanto, recordemos algo de Almafuerte:

No han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas

Cuatro… es suficiente.

Sin categoría

Riesgo prostático - mis momentos de angustia (segunda parte)

PARTE 2

Próstata es una palabra atemorizante, rodeada de miedos, mitos y silencio. Incontinencia, impotencia y castración sin duda se encuentran entre las palabras más aterradoras para casi todos los hombres. Las enfermedades de próstata atañen a muchas áreas sobre las cuales para los hombres de cualquier edad resulta difícil y embarazoso hablar

Jeremy Hamand

En esta segunda parte del riesgo prostático sacaré a flote todos aquellos sentimientos surgidos desde el momento en que supe de la existencia de un cáncer en mi cuerpo. Sentimientos ahogados por una profunda desmotivación que me impedía escribir sobre cada uno de los momentos de sufrimiento en este largo proceso. Pero, no sólo era impotencia en la escritura, también, como lo advierte Hamand, era difícil hablar de mi problema o, mejor, de mis grandes problemas.

Alguna vez le escuché a alguien decir que ojalá la inspiración te sorprenda frente a un papel, pero no llegó esa inspiración y por ello sólo ahora es que puedo sentarme a escribir.

Hiperplasia prostática, el comienzo de todo

En el mes de marzo se presenta una alerta que me permitió iniciar con las consultas médicas necesarias para conocer lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo. Cierto día, temprano en la mañana, no pude orinar. Un poco preocupado me fui a trabajar. Seguí intentándolo hasta que al cabo de tres horas pude lograrlo.

Al comentarle a mi esposa lo ocurrido, inmediatamente solicitó una cita médica. Cuando le comenté lo ocurrido a la médica que me atendió, me ordenó una ecografía de vías urinarias y el antígeno de próstata.

A lo del antígeno no le presté mucha atención, estaba convencido que la ecografía revelaría mi problema que, en mis creencias, nada tendría que ver con la próstata. Pensaba que era algún problema de cálculos renales, quistes o alguna otra obstrucción cuya solución sería sencilla.

El 14 de abril me dirigí al laboratorio clínico a que me hicieran la ecografía. Este procedimiento es algo molesto, pues debes llevar la vejiga llena tomándote seis vasos de agua dos horas antes del examen y no haber orinado seis horas antes. En el trayecto al laboratorio sentí que mi vejiga iba a reventar, cada bache o resalto de la vía era doloroso. Una vez llegué, me dirigí a un baño, ya no soportaba más la presión. Oriné un poco, hasta sentir algo de alivio. Una vez estuve con el laboratorista, le supliqué que hiciera la prueba rápido, pues la presión se hizo más insoportable.

¡Vaya… encontré el problema!

Dijo el laboratorista, después pasar el aparato sobre mi abdomen.

¡Tienes una próstata enorme!

Me quedé estupefacto ¿es un cáncer?, le pregunté, pues los problemas de próstata siempre los había asociado al cáncer de próstata. No he dicho eso, sólo tienes una próstata enorme, no observo nódulos, pero es bueno que te hagas el examen de antígeno, sentenció el laboratorista.

Algo que molesta a los médicos es que los pacientes consulten Internet, pero frente al miedo y la ignorancia, sumado a la lentitud de asignación de citas, es una acción que difícilmente nos abstengamos de realizar. En la consulta encontré el siguiente texto:

A partir de los cuarenta años, la próstata empieza a crecer. Este crecimiento puede ser benigno (hiperplasia) o maligno (cáncer). Es fundamental realizar un diagnóstico precoz ya que el cáncer de próstata si se diagnostica pronto puede curarse (http://www.institutouroandrologico.com/servicios/enfermedades-prostata/).

En mi oficina tengo un compañero y amigo que lleva varios meses con hiperplasia de próstata, me animó al decirme que es algo normal, tal como lo expresaba el texto, pues con la edad nuestra próstata crece; sin embargo, la parte que decía “puede ser […] maligno (cáncer)” no me dejó tranquilo. Al día siguiente, me hice el examen de antígeno de próstata. Estando en mi oficina, recibí el correo con el resultado del examen, sentí miedo… mucho miedo, al leer el resultado. Para mi edad, el valor de referencia era máximo 3.1, el resultado arrojaba casi el cuádruple… 11.5.

Con mi amigo, consultamos Internet. Según la Sociedad Americana de Urología,

La prostatitis, infección urinaria, masaje prostático vigoroso, trauma por biopsia e hiperplasia de la próstata causan elevación en el PSA (antígeno).

Me aferré a este concepto para tranquilizarme… un poco, sólo un poco.

Regresé donde mi médica familiar con los resultados de los exámenes. Ella tenía el mismo concepto: “próstata grande, antígeno alto”. Solicitó al Sistema una cita con el urólogo.

Empezaron los problemas con el Sistema, al 19 de mayo aún no me asignaban cita con un urólogo. Desesperado me acerqué a mi IPS. Bueno, aquí es importante aclarar algo sobre nuestro Sistema de Salud en Colombia. Todo inicia con nuestra afiliación al sistema de seguridad social a través de una EPS, que significa Entidad Promotora de Salud, encargada de la parte administrativa y comercial, además de autorizar citas con especialistas y procedimientos quirúrgicos. Los servicios médicos se hacen a través de las IPS (Instituciones Prestadoras de Servicios), que son todos los centros, clínicas y hospitales donde se prestan estos servicios médicos.

En mi IPS me informaron que aún no se había asignado cita. Hablé, entonces, con el coordinador de la IPS, manifestándole lo urgente de mi solicitud. Se presentaron dos situaciones que permitieron una colaboración por parte del coordinador. La primera, de tipo conceptual, en tanto que el coordinador no estaba de acuerdo con el concepto: “próstata grande, antígeno alto”. “Para tu edad, este valor de antígeno es alarmante”, expresó el coordinador. En este mensaje se dejaba manifiesto un error del Sistema, la segunda situación a favor, pues figuraba con 10 años menos de edad, no quise corregirle en ese momento. Dame tu correo, yo te aviso en el transcurso del día, me dijo este médico amable que me atendió.

Ese mismo día me hizo copia del correo que envió a la EPS (al Sistema):

Buenas tardes.

Tenemos el siguiente caso:

El señor […]  es un paciente con un caso muy preocupante PSA: 11.5 (casi 4 veces elevado del valor normal y teniendo en cuenta la edad) y con una ecografía que indica hipertrofia prostática además de clara sintomatología prostática de inicio relativamente temprano para su edad. Factores de riesgo asociados.

No hay agenda para urología.

Como podemos ayudarle para poder conseguirle una cita con el urólogo?

Anexa al final una imagen con el mensaje que muestra el  Sistema:

Ese mismo día me llamaron de la EPS, informándome que tenía cita para el 28 de mayo con un urólogo. El alivio fue grande; sin embargo, quedé con una duda ¿cuándo me hubieran atendido sin la intervención del coordinador? Pero, bueno, ya tenía cita, que era lo más importante en ese momento.

Mi primer urólogo

El día de la cita asistí con mi señora, quien en todo momento ha sido mi apoyo. El urólogo, un hombre de edad y profesor de urología de una facultad de medicina de la ciudad, nos atendió con mucha jovialidad. Cuéntame qué te ocurre, fue su primera pregunta. Le manifesté mi preocupación con el resultado del antígeno, además de comentarle sobre el concepto al que aún me aferraba. Para mi alivio, él estaba de acuerdo con este concepto. Luego me hizo el examen de tacto, en el que

el médico se coloca un guante e introduce con cuidado un dedo lubricado en el recto con el fin de palpar para detectar la presencia de nódulos, áreas de consistencia blanda o dura y otras anormalidades; es posible que deban realizarse otras pruebas si se encuentra un área de preocupación (http://www.cancer.net/ )

Luego del examen nos informó: he tocado una próstata sana, sin nódulos, puedo asegurar en un 96% que no tienes cáncer. Mi esposa y yo nos miramos con una gran alegría. Sin embargo, el 4% restante los vamos a verificar con una biopsia, dijo el urólogo. Pese a la tranquilidad que nos dejaba su concepto, le manifesté que quedaba preocupado por el resultado de ese 4%. Lo que le pidas al universo él te lo dará, frase sabia que no olvidaré. No te preocupes, si el resultado es negativo te opero junto con la hernia inguinal que tienes, y si es positivo, igual te opero, no te dejes angustiar por la palabra cáncer. Estas últimas palabras me dejaron tranquilo hasta el día que obtuve los resultados de la biopsia… pero, eso es algo que relataré en la tercera parte de este Rincón.

Sin categoría

Riesgo prostático - mis momentos de angustia

PRIMERA PARTE

El cáncer nos afecta a todos, ya seas hijo, madre, hermana, amigo, compañero, doctor o paciente.

Jennifer Aniston

Durante seis meses me abstuve de escribir algo sobre mi riesgo prostático. La verdad es que no provocaba hacerlo, mi mente trabajaba sólo en una dirección: salvarme del cáncer de próstata y, como lo advierte la actriz Aniston, salvar a mi familia y amigos cercanos, de los efectos de un desenlace fatal.

Ahora, libre de temores, relataré algunos momentos de esperanza y desilusión, una mezcla extraña de emociones que me acompañaron en un proceso que muchos otros hombres viven y sufren con sus allegados. Inicialmente, haré dos críticas que seguramente  no son ajenas a muchos de mis lectores. La primera es contra el descuido que muchos tenemos al no realizar periódicamente los exámenes preventivos de la próstata y, la segunda, contra nuestro sistema de salud. En esta segunda crítica, debo advertir que es contra el sistema, no contra el personal de la salud, hacia quienes tengo un profundo agradecimiento por su competencia y especial atención.

Riesgo prostático, entre el riesgo lejano y el riesgo inminente

Mi primera crítica se justifica, en parte, por una cultura que nace desde lo que he denominado como riesgo lejano, que se encuentra en los niveles más bajos de nuestra percepción, manifestado por la poca preocupación o temor por los resultados adversos del riesgo materializado. Por ejemplo,  las consecuencias adversas para la salud que genera el hábito de fumar se perciben lejanas en el tiempo en la gente joven, lo que trae como consecuencia la pérdida de efectividad de los programas educativos en torno al riesgo del tabaquismo (Lundborg, 2007, p.138). Esta pérdida de efectividad es manifiesta en los estudios psicométricos de percepción del riesgo al incluir una característica de temporalidad en el riesgo: inmediato o retardado (Slovic & Weber, 2002). En el caso del riesgo prostático, en Latinoamérica, la detección temprana del cáncer de próstata es muy baja, “pues los pacientes por lo general se identifican con la enfermedad avanzada; esporádicamente se realizan campañas de tamización del cáncer de próstata que permitan detectar esta enfermedad en estadios tempranos” (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Al indagar sobre las razones para nunca haberse realizado el tacto rectal o el antígeno prostático específico, los hombres destacan principalmente la falta de dinero y la desinformación o desconocimiento, seguidos por la incomodidad del examen y por descuido (Arbeláez & Montealegre, 2012).

Sea falta de tiempo o dinero, por descuido o por la incomodidad, muchos hombres no nos hacemos los chequeos preventivos que permitan detectar el cáncer de próstata y, en muchos casos, su detección es tardía, lo que trae como resultado una de las principales causas de muerte en hombres mayores de los 50 años. La no detección a tiempo tiene también como causa lo asintomático de la enfermedad… es un cáncer maligno y silencioso.

Igualmente, se detecta una alta ignorancia de lo que es la próstata y de sus funciones en nuestro organismo. La próstata es una glándula que forma parte del aparato genital y urinario del hombre, que se sitúa debajo de la vejiga. Su función principal es la producción del fluido seminal.

Fuente: http://www.vanguardia.com/informe-salud/wp-content/uploads/2013/06/PROSTATA.jpg

Por contraste al riesgo lejano, en el riesgo inminente de muerte percibimos en un alto grado todo aquello que habíamos ignorado por falta de tiempo, por descuido o por incomodidad, “el riesgo lo vivimos en el riesgo mismo”. Esta afirmación no es difícil de sustentar, en tanto que nuestras propias experiencias así lo evidencian. Son muchas las personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte, experiencias que quedan marcadas por siempre en la memoria. Es más fácil olvidar los acontecimientos que se representan en una pantalla de cine que los vividos en la pantalla del mundo real. Es más fácil olvidar la inminencia de muerte representada (o comunicada) que la experimentada. En experiencias con niveles de riesgo alto, en las cuales hay opciones y, por tanto, hay posibilidad de toma de decisiones, las reacciones podrán ser distintas que cuando brota el pánico. En el riesgo inminente, el miedo es la emoción más recurrente, en este estado de miedo, hacemos aquello que antes nos negábamos a hacer, nos practicamos todos los exámenes médicos que nos ordenan, cambiamos hábitos alimenticios, nos volvemos sumisos al riesgo inminente.

Fuente: http://blessyourlife.blogspot.com.co/2010_11_01_archive.html

Con el miedo nuestras creencias o  conocimiento del riesgo se distorsionan (amplificadas, atenuadas o descontextualizadas), generando mayores sentimientos de temor. Cuando sabemos que tenemos un cáncer de próstata, la palabra “cáncer” basta para que el miedo en su mayor grado (pánico) brote en nuestro ser. Es en este momento que comprendemos cuan frágiles somos, nos damos cuenta de nuestra verdadera naturaleza humana.

El riesgo prostático en nuestro sistema de salud

En esta segunda crítica no me extenderé mucho, en tanto que los problemas del sistema de salud en Colombia son ampliamente conocidos, además de ser divulgados por los medios de comunicación. No obstante, en la segunda parte de este Rincón daré mayores detalles de los escollos que presenta el Sistema en los tratamientos de enfermedades como el cáncer de próstata.

El gran problema con el que se encuentra el sistema, y obviamente yo, es que son muchos los enfermos y pocos los especialistas, lo que obliga a una optimización de las agendas que, en últimas, afecta a los pacientes. En mi caso, como ejemplo, se detecta un problema de próstata en el mes de abril, obtengo cita con el urólogo, especialista que se encarga de este tipo de situaciones, en el mes de mayo. En junio me practican una biopsia que confirma mis temores… cáncer de próstata. En julio ingreso a urgencias que deja como resultado la instalación de una sonda vesical, la cual me acompañó hasta el día de mi cirugía en el mes de octubre. Mi viacrucis de seis meses se debió, en parte, a estar sujeto a estas agendas. Para ponerle un poco de más angustia a la producida por las demoras en la atención de los pacientes, durante estos meses se hicieron manifiestas las protestas del personal de la Salud, las crisis hospitalarias y las denuncias de los usuarios del Sistema.

Sé que no puedo hacer nada para cambiar el Sistema, pero si espero que mi mensaje llegue a lectores masculinos, para que se tomen en serio la importancia de realizar los exámenes preventivos de próstata.

Bibilografía

Arbeláez, J. D., & Montealegre, N. A. (2012). Conocimientos, actitudes y prácticas sobre los exámenes utilizados en la detección temprana del cáncer de próstata en hombres de dos comunas de Medellín. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, 30(3), 300-309.

Lundborg, P., 2007. Smoking, information sources, and risk perceptions: new results on swedish data. Risk Uncertainty, (34), pp. 217-240.

Slovic, P. & Weber, E., 2002. Perception of risk posed by extreme events. Risk Management strategies in an Uncertain World, pp. 1-21.

Miedo, Riesgo, Riesgo inminente

Zona caliente

La “Muerte Roja” había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.

Edgar Alan Poe

Hace algunos años, en la década de los 90, leí un libro que dejó una huella imborrable en mi mente, por las escenas de horror que en él se describían. Pero no se trataba del relato de Poe, con el que inicio este rincón,  “la máscara de la muerte roja”. El libro que había leído hacía una descripción macabra de la muerte por contagio del virus Ébola.

La descripción de Poe, como lo afirma la epidemióloga Tara Smith, tiene parecidos con los efectos del Ébola, pero igual con un dengue hemorrágico. Lo cierto es que, pese a la genialidad manifiesta de Poe en sus cuentos cortos de terror, no se acercaba a la realidad del Ébola. Podíamos decir que son dos tipos de terror. En los relatos fantasiosos sabemos que no son reales, que son fruto de la imaginación de un hombre y, por tanto, sólo nos impactan durante su lectura. En el caso del libro sobre el Ébola, se relataba una realidad ocurrida y que era posible que se repitiera. La huella indeleble no sólo obedecía a la cruda descripción de la muerte, habían dos ingredientes adicionales que hacía incrementar el temor a este fatal virus: el pavor de los científicos y la alta tasa de mortalidad que, en algunos casos, era alrededor del 90%; es decir, de 10 infectados, nueve morían.

Inicié, entonces, la búsqueda de libro que me había impactado. Obviamente, la palabra Ébola y Google libros era el camino indicado. Aparecieron los libros de texto y de corte científico sobre el Ébola, entre ellos, el de la doctora Smith: “Ébola”, publicado en 2006 con el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud - OMS -. El libro que buscaba no era científico, era más de tipo periodístico o, quizá, del género narrativo con algo de suspenso científico. Filtré la información, encontrándome con Outbreak (epidemia) del médico y novelista Robin Cook, escrito en 1987, relacionado con el Ébola, pero con un brote ficticio en los Estado Unidos, mi libro se ubicaba en alguna población del Zaire en África. Con el mismo título, en 1995 fue trasladado el temible virus al cine, con la protagonización de Dustin HoffmanRene RussoMorgan Freeman.

Luego de una intensa búsqueda, encontré mi libro con el título “The Hot Zone: A Terrifying True Story“, escrito por el periodista Richard Preston en 1994, que en la versión en español sólo se titula “Zona caliente”. El libro inicia con esta advertencia:

Este libro no es inventado. Lo que se cuenta es verdad y las personas son reales [...] Los diálogos se han reconstruido a partir de los recuerdos de los participantes. En determinados momentos describo los pensamientos de alguna persona. En estos casos me baso en entrevistas en que los entrevistados recordaban sus pensamientos, a menudo repetidas veces, entrevistas seguidas de sesiones de verificación en que los individuos confirmaban sus recuerdos. Si se pregunta a una persona: « ¿En qué piensa?», tal vez se obtenga una respuesta más rica y más reveladora de la condición humana que todos los «flujos de conciencia» imaginados por los novelistas. He intentado leer el pensamiento de las personas en su rostro y adentrarme en su vida a través de sus palabras, y lo que he encontrado está más allá de lo imaginable.

Pero, ¿por qué mi afán de releer el libro? La respuesta está en lo que está ocurriendo con el virus actualmente. Para comprender mi preocupación, basta hacer un recorrido histórico de los brotes del virus, publicado por la OMS:

Año Lugar Especie del virus Infectados Muertos
1976 Zaire Ébola de Zaire 318 280 (88%)
1976 Sudán Ébola del Sudán 284 151 (53%)
1979 Sudán Ébola del Sudán 34 22 (65%)
1994 Gabón Ébola de Zaire 52 31 (60%)
1995 El Congo Ébola de Zaire 315 254 (81%)
1996 Gabón Ébola de Zaire 60 45 (75%)
2000 Uganda Ébola del Sudán 425 224 (53%)
2001-2002 Gabón Ébola de Zaire 65 53 (83%)
2003 Congo Ébola de Zaire 143 128 (90%)
2007 Congo Ébola de Zaire 264 187 (71%)
2012 Congo Ébola Bundibugyo 57 29 (51%)
2014

¡Crecimiento exponencial! (afirmado por la OMS, no por mi)

En un solo día (23 de septiembre de 2014) se reportaron 373 infectados y 193 muertes, más infectados que en cualquiera de los años del recorrido histórico anterior. En septiembre de 2014 se reportan 6553 casos, de los cuales han fallecido 3083. Hasta 2012, el virus afectaba un país; ahora, es una epidemia presente en cinco países africanos: Guinea, Sierra Leona, Liberia, Nigeria y Senegal.

Y… también

Primer caso en Estados Unidos

Finalmente, me atormenta una pregunta ¿qué puede suceder si el virus llega a nuestra región?, solo he obtenido una respuesta: ¡Que Dios nos ayude, porque la ciencia aún no ha encontrado respuesta!

El segundo ángel derramó el cuenco en el mar y éste fue semejante a la sangre de un hombre muerto.

Apocalipsis

Referencias

Preston, R. (1994). Zona caliente. Barcelona: Emecé editores

Smith, T. C. (2006). Ébola. Philadelphia: Chelsea House Publishers.

Sin categoría

Space… entre la creencia y la duda

Un alpinista imprudente,
que subía solo por un precipicio, se encuentra colgado en el extremo de su
cuerda de seguridad mil pies arriba del barranco. Incapaz de subir por la
cuerda o de balancearse hacia un apoyo seguro, grita desesperado: ¡aloo, aloo!
¿Alguien puede ayudarme? Para su asombro, la nubes se separan y son atravesadas
por una hermosa luz,  y una potente voz
le responde: ¡Si, hijo mío, yo puedo ayudarte, toma tu cuchillo y corta la
cuerda! El alpinista toma su cuchillo, se detiene, piensa y piensa. Entonces
grita: ¿Alguien más puede ayudarme? 

No pretendo, en este Rincón, agregar más información sobre esta tragedia antioqueña. Las fotos, los videos y el gran número de comentarios, especulaciones y entrevistas han sido más que suficientes para habernos enterado de lo que ocurrió, así aún no sepamos ¿por qué ocurrió?

Tampoco es mi intención agregar más morbo sobre la ingeniería antioqueña, que respeto y admiro por sus grandes obras, por su historia y por su aporte al desarrollo de la región y del país.

Este Rincón está dedicado a la dicotomía creencia – duda que, como en el relato del alpinista de Daniel Dennett, está presente en nuestras decisiones. La acción de creer o no creer es una decisión y por tanto es riesgo. En ese mundo de creencias que nace desde la percepción, creemos en lo que vemos y creemos en los que nos dicen, siempre en un menor o mayor grado de creencia. Creemos en las impresiones que afectan nuestros sentidos, creemos que hace frío porque sentimos el frío, si no lo creyésemos podríamos morir de frío. Creemos en lo que alguien nos dice, porque ese alguien es una autoridad en lo que dice o, porque siendo niños, ese alguien es el adulto en el cual creemos. Creemos en Dios, porque el adulto, la autoridad, creen, o simplemente porque la mayoría tiene esa creencia. Pero, como al alpinista, nos llega el momento de la duda.

El tránsito entre la duda y la creencia o viceversa se debe a que nuestra percepción, al igual que las creencias, es por grados. La percepción fuerte o en su grado más alto es nuestra creencia convertida en certeza, es nuestra verdad del mundo externo e interno. Grados más bajos de creencia están más cerca de la duda que de la certeza. Tomar decisiones cuando nuestra creencia no está en su grado más alto, es tomar decisiones con vacilación, tal como lo hizo el alpinista, tal como lo hicieron los habitantes de Space días antes de la evacuación. La percepción de un fenómeno (peligro por ejemplo) obtenida directamente desde la experiencia, es más fuerte que aquella lograda a través de las representaciones de ese evento o fenómeno del mundo. Los perceptores directos del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 fueron fuertemente impresionados por las imágenes y los sonidos originados por el desastre, su percepción del peligro y del riesgo asociado al terrorismo llegó al nivel más alto. Los perceptores de las grietas, los extraños sonidos y movimientos de un edificio a punto de colapsar… percibieron el riesgo inminente y, como el alpinista, gritaron ¿Alguien más nos puede ayudar?

Este grito de ayuda se da porque surge la duda en la autoridad, en el experto. En nuestro mundo de creencias o, si se prefiere, en nuestro conocimiento, el experto es al que recurrimos en momentos de duda. Recurrimos al médico cuando tenemos dudas sobre nuestra salud, recurrimos al plomero cuando algo no funciona bien en nuestra red de acueducto domiciliaria, recurrimos al ingeniero cuando nuestra vivienda presenta daños. Pero, cuando la respuesta no satisface nuestro mundo de creencias o a nuestras percepciones de alto grado, recurrimos a otra autoridad.

Volviendo a nuestra afirmación humeana de un mayor grado de creencia desde la experiencia sensible, es posible conciliar un poco con el realismo ingenuo, si aceptamos que estas creencias se anclan con más firmeza por la evidencia empírica. En el contexto del riesgo, las experiencias del riesgo materializado fijan nuestras creencias en el riesgo. Aquellos que han vivido el horror de la tragedia poseen un grado de creencia alto y ésta, a su vez, presenta un alto nivel de verdad. Son creencias que se acercan a la certeza y  a la verdad objetiva. Se constituyen en el último eslabón de la percepción del riesgo, llegan al umbral de la conciencia o lo que Edelman ha denominado la conciencia superior o la conciencia per se. Es decir, este riesgo percibido y recreado en nuestra conciencia se convierte en parte de nuestro propio ser. Nuestras decisiones para cruzar una vía de alto tráfico vinculan esas creencias aferradas a nuestro ser, ¿quién, estando al borde de una carretera, no se ha sobresaltado al escuchar la bocina de un auto? No necesita de complejas inferencias para esta reacción. Este riesgo percibido en su nivel más alto está cargado de experiencia y su nivel de verdad está en su extremo de certeza, que difícilmente variará. Riesgos que se constituyen en parte integral de nuestro ser son los que han permitido nuestra supervivencia, lo que permitió que muchos habitantes del edificio Space salvaran sus vidas. Riesgos que no han franqueado el umbral de la conciencia son los que nos hacen más vulnerables, somos muy vulnerables a los efectos del cambio climático, altamente vulnerables a los efectos catastróficos de un terremoto. Debo aclarar que los efectos de un terremoto no es que carezcan de percepción, no está mi afirmación eludiendo la conciencia que tenemos de dichos efectos; lo que afirmo es la percepción de bajo grado en el riesgo sísmico como tal. Tampoco es un mal universal, pero para aquellos que son los que más se resienten por los efectos de la catástrofe es prácticamente un universal. Basta con evaluar las condiciones de vulnerabilidad propicias para la catástrofe.

La dicotomía creencia – duda, está estrechamente relacionada con la dicotomía riesgo – incertidumbre. En la incertidumbre no hay conocimiento (creencia), hay ignorancia; por contraste a los grados de creencia, en la ignorancia se recurre a los grados de preferencia; es decir, optamos por aquellas afirmaciones del mundo que más se acerquen a nuestras creencias, sin constituirse éstas en parte de nuestras creencias. En la toma de decisiones desde la incertidumbre, el rol de las preferencias está por encima de las creencias. Es allí donde es exitosa la versión del segundo experto que, para el caso del edificio Space de Medellín, fue el Departamento Administrativo para la Gestión del Riesgo, Emergencias y Desastres –Dagred–. Siempre he dudado de la gestión de este tipo de organismos, porque nos volvimos expertos en la gestión del desastre pero, como un buen ejemplo de prevención, el Dagred dio la respuesta correcta al grito del alpinista.

Comunicación

¿Por qué hacemos aquello que nos puede hacer daño?

En este rincón de nuestro periódico publicaremos algunas reflexiones sobre ese fenómeno llamado riesgo. No realizaremos complejos análisis matemáticos o estadísticos sobre cómo se estima un riesgo específico, nuestro propósito es discutir sobre cómo percibimos, representamos, comunicamos y actuamos frente a un riesgo. Así las cosas, es mucho sobre lo que podemos hablar, puesto que son muchos los riesgos a los que nos enfrentamos, tanto naturales como sociales y, especialmente, los riesgos tecnológicos.

Iniciemos, entonces, con la pregunta que titula este primer rincón ¿por qué hacemos aquello que nos puede hacer daño? Una buena ilustración a esta pregunta, es la siguiente imagen:

¿Por qué seguimos fumando si sabemos que nos puede hacer daño? Quiero que nos detengamos en cómo he formulado la pregunta. No he sido categórico en que la decisión de fumar produce daño, he afirmado que “es posible” que nos cause daño, y es en “la posibilidad” donde encontraremos parte de la respuesta a la pregunta, como veremos más adelante. Obviamente, un médico nos afirmará que la adicción al tabaco inexorablemente produce daño en nuestro organismo, pero es “posible” que podamos vivir muchos años sin que el daño lo percibamos, lo sintamos o lo suframos o, incluso, morir a edades avanzadas por causas no asociadas al tabaquismo. Podemos hacernos muchas más preguntas sobre decisiones que tomamos, sabiendo que es posible que se presenten consecuencias negativas, a fin de cuentas, toda decisión es un riesgo ¿por qué conducimos un auto en estado de embriaguez si sabemos que nos puede causar daño?, ¿por qué habitamos en una vivienda mal construida si sabemos que puede irse al suelo en un terremoto?, ¿por qué no le dedicamos el tiempo necesario al estudio si sabemos que podemos perder el semestre?

Ahora analicemos posible respuestas a estas preguntas. Fumamos porque sabemos que es posible que no nos haga daño, es otra mirada del riesgo, tal como lo explica el psicólogo israelí, Daniel Kahneman, asumimos el riesgo porque vemos con prominencia su parte positiva. Fumamos porque sabemos que muchos han fumado sin sufrir daño, tal como el viejo fumador de tabaco de la foto, es así como convivimos con el riesgo; asumimos, entonces, el riesgo, cual ruleta rusa apostamos nuestra vidas en la decisión de fumar, con la esperanza de acertarle a la parte del tambor que no tiene la bala. Pero, esta respuesta aún no es suficiente para explicar el por qué fumamos, el por qué conducimos un auto embriagados o el por qué  arriesgamos nuestras vidas cruzando una vía con un tráfico de alta velocidad… ¿por qué tomamos la decisión si existe la posibilidad del daño?

Es importante que diferenciemos el término “posibilidad” del término “probabilidad”. Toda experiencia individual, incluida la de los expertos, es subjetiva. El riesgo depende del agente perceptor y nada puede ser medido más allá de esa percepción; es decir, rechazamos cualquier idea de riesgo objetivo o probabilístico. Los hallazgos en los estudios de percepción del riesgo evidencian nuestra tendencia a subestimar las probabilidades, le tememos más a viajar en avión que en un automóvil, pese a que los accidentes automovilísticos son la segunda causa de muerte en el mundo. Para nosotros es más relevante la prominencia del desastre que la baja probabilidad en un riesgo, contrario a la débil imagen de los efectos de un riesgo de alta probabilidad de ocurrencia, como la muerte por fumar tabaco. En general, el experto presta más atención a las probabilidades y nosotros a las consecuencias. He ahí la irracionalidad del riesgo subjetivo proclamado por los expertos. Lo cierto es que nosotros, los legos en la materia, percibimos muchos riesgos sin necesidad de recurrir al análisis matemático o probabilista. Es un riesgo cruzar las vías de alto tráfico, el nadar en un río turbulento, el contacto con personas infectadas con un virus, el transitar por una calle desconocida a altas horas de la noche y en una ciudad con marcados índices de violencia, el navegar en Internet sin una protección contra virus… Pero, la percepción de estos riesgos parece no ser suficientemente efectiva; igual son muchos los muertos y heridos en accidentes automovilísticos, siempre existirán los ahogados, los infectados y los atacados en una calle a altas horas de la noche y, obviamente, muchos los muertos por fumar tabaco.

Tomamos decisiones por qué percibimos el riesgo lejano. Esta es otra posible respuesta a nuestra pregunta. Empezamos a fumar desde jóvenes porque vemos el daño muy lejano, porque aquellos que son afectados o impactados por la bala de la ruleta rusa, en general, son de edades avanzadas… el riesgo es lejano. Vimos lejano el virus de la gripe aviar, sin importarnos los cientos de muertos en el continente asiático que los medios de comunicación nos informaban… era un riesgo lejano. Pero cuando el virus tocó las puertas de nuestro vecino (México), dejó de ser lejano y empezamos a preocuparnos y a tomar medidas de control, corrimos a informarnos, a comprar tapa bocas y averiguar por el famoso tamiflú… las empresas farmacéuticas hicieron su agosto. Cuando vemos morir un familiar o conocido por causa del tabaquismo, el riesgo deja de ser lejano, tomamos la decisión de no fumar más, pero una vez superamos el duelo, vuelve a ser lejano… volvemos a fumar.

Estas son algunas “posibles respuestas” a nuestra toma de decisiones riesgosas. Alguien podrías afirmar que hay algo de irracionalidad en estas decisiones y, en parte, tiene razón. Nuestro propósito fue solo tratar de dar respuesta a esta pregunta, que seguramente estarán sujetas a la discusión. Sin embargo, la lejanía del riesgo es un argumento válido no solo para riesgos individuales sino, también, para los riesgos colectivos cuyos efectos tienen un solo culpable… nosotros. En riesgos globales o democráticos (el cambio climático, por ejemplo), en términos de Beck, las decisiones, las políticas, las culpas y las consecuencias son democráticas. Pero esto será tema de otro rincón.

Sin categoría

Algunos riesgos de nuestro sistema educativo

Los riesgos presentes en nuestro sistema educativo se materializan en forma rápida y oportuna, tal como lo exige el sistema. Esta frase, afirmación o, si se prefiere, hipótesis, voy a tratar de defenderla en este Rincón del Riesgo.

Una de las cosas que más me ha maravillado en los niños es su lógica infantil, que he vivido a través de la experiencia de ser papá de tres hijos. Esta experiencia no se constituye en la justificación o la evidencia necesaria y suficiente para probar mi hipótesis, pese a que otros papás me han confirmado haber vivido situaciones similares o, en muchos casos, idénticas. Dos anécdotas iniciales me servirán para describir eso que he llamado “lógica infantil”. La primera es con una de mis hijas en sus primeros intentos de construir frases, cuándo le preguntábamos ¿quién es ella?, señalando a mi esposa, respondía “mi mamá”. Luego le preguntábamos ¿quién es él?, refiriéndose a mí, respondía “pi papá”, he ahí su lógica lingüística por asociación o, mejor aún, por analogía. Estoy seguro que si hiciéramos una encuesta a miles de padres, muchos de ellos manifestarían haber vivido esta experiencia, al menos en mi entorno cercano algunos así lo han hecho.

Una segunda experiencia la viví recientemente con mi único hijo varón que, al momento de escribir estas líneas, tiene nueve años de edad. Revisando los resultados de una prueba de matemáticas, en la que debió pintar de color verde los triángulos equiláteros, de amarillo los isósceles y de azul los escalenos, le explicaba porque le habían calificado mal los triángulos pintados con un color que no correspondía, luego le reclamé por qué había dejado de pintar algunos triángulos, su respuesta fue “si papi, pero no entiendo por qué me los calificaron mal, si yo no los pinté”, mi esposa y yo soltamos la carcajada. Nuestro hijo no se inmutó,  permanecía con el mismo aire de seriedad que puso desde el momento de dar su respuesta. Esto me dejó pensativo, pues lo normal es que riera junto con nosotros por sus divertidas ocurrencias. Era de su lógica infantil de la  que nos estábamos riendo, una maravillosa lógica incompatible con el sistema de evaluación.

Imagen tomada de http://pasarratoss.blogspot.com/2012/10/logica-infantil.html

Podríamos relatar más situaciones donde se evidencia esa lógica infantil que rápidamente el sistema educativo destruye para dar paso a otras formas de razonar. Ahora estoy repasando conjuntos con mi hijo, consciente de que en otros países (España, por ejemplo) hace tiempo fue retirado del currículo… por problemas de lógica. Dibujamos diagramas de Venn, que ya se sabe que no son de Venn, hallamos uniones, intersecciones y diferencias en una forma mecánica, tal como lo dicta nuestro sistema educativo… he ahí un primer riesgo materializado, la sustitución de una forma lógica de pensar por una forma mecánica de pensar o, en mi concepto, de memorizar. Me da tristeza ver como mi hijo debe memorizar los nombres de los huesos de nuestro sistema óseo, los nuevos reinos de la naturaleza, los componentes de la célula, los formato de imágenes y video, y un sinnúmero de denominaciones entre la gran cantidad de asignaturas que impone el currículo.

Hace unos años, en la defensa de mi tesis doctoral, hice esta afirmación “la escuela aplana el cerebro de los niños”. En un principio molestó a los miembros del tribunal (todos españoles) ante quienes hacía mi defensa, en tanto que en España esta expresión significa “bruto”. Luego de defender esta hipótesis auxiliar, estuvieron de acuerdo conmigo. La argumentación es simple: los niños, antes de ingresar a la escuela, interactúan con un mundo tridimensional, multicolor, dinámico y alegre (desde su perspectiva), es decir, son niños alegres, traviesos, inquietos, indagadores o, como solemos decir, preguntones. Al ingresar a la escuela, el sistema los obliga a apagar su alegría, se les prohíbe moverse de su puesto de trabajo, los que no lo hacen son remitidos al psicólogo por hiperactivos, se le prohíbe hablar en clase, de lo contrario se les diagnóstica déficit de atención y, lo peor, le cambian su mundo tridimensional por un mundo plano, aparecen los libros de texto, los cuadernos y los pizarrones de dos dimensiones, desde los cuales se les trata de enseñar conceptos concretos o abstractos, reales o imaginarios, a través de representaciones, de deficientes representaciones. He ahí la materialización del riesgo… les aplanamos el cerebro.

Mi esposa aún no ha entendido porque mi hijo, a veces, no quiere ir a estudiar, no ha comprendido que aún le es dolorosa la ruptura con ese mundo que lo ha hecho feliz. He tratado de hacerle ese tránsito lo menos tortuoso posible, le permito que practique con sus videojuegos, incluso juego con él, descubriendo que aún permanece esa lógica infantil, asombrándome continuamente con sus ingeniosas ocurrencias. Le diseño escenas interactivas cuando noto que tiene problemas con el mundo plano, escenas que comparto con mis amigos españoles,  que luego se publican para el aprovechamiento de otros niños (Proyecto Canals y Proyecto Pizarra Interactiva, por ejemplo). Son acciones que tratan de prevenir el riesgo, pero soy consciente que es una pelea difícil de ganarle a nuestro sistema educativo, porque no se trata de cambiar una Ley o un currículo, la pelea es contra el paradigma al que se aferran nuestros maestros, directivos y demás actores de este sistema que hace años viene demostrando que no sirve, la evidencia está en los resultados en las pruebas nacionales e internacionales.

Aquí termino mi defensa de la afirmación inicial, pues debo ir a estudiar con mi hijo (por no decir mecanizar) la diferencia simétrica, la última vez que le pregunté por esta operación entre conjuntos, exclamó “ya lo recuerdo papi… es la indiferencia simétrica”, me dejó perplejo su indiferencia.

Sin categoría

Monsanto: entre el poder y las denuncias

Es dramático que, en un país democrático, las víctimas de la contaminación sean quienes paguen las consecuencias de una situación provocada por una empresa multinacional cuyo único objetivo es eliminar cualquier tipo de alternativa no transgénica a la producción de alimentos (Carrasco, 2008, p.25).

Inicio este Rincón con esta observación de un consumidor español, que refleja el nivel de percepción frente a los riesgos derivados de la producción y consumo de alimentos genéticamente modificados. El déficit cognitivo y la pasividad de los medios de comunicación permiten que se desarrollen e implementen tecnologías cuyos efectos aún son inciertos. Sólo cuando la tormenta nos hace sentir sus impactos nuestra percepción se hace presente. Comprendo que, al igual que en las nanotecnologías, son muchos los beneficios que se obtienen con el desarrollo de nuevas investigaciones en torno a los OGM; sin embargo, también he comprendido que es poca la investigación sobre los riesgos que la implementación de los OGM  originan; por ello, en este artículo, compartiré algunas evidencias puestas al descubierto, que dan cuenta del gran poder de empresas como Monsanto y de los efectos no deseados de algunos productos de esta empresa estadunidense.

El poder de Monsanto al descubierto en Wikileaks

En 2011, cables filtrados por Wikileaks muestran al mundo el gran poder de las compañías productoras de organismos genéticamente modificados (OGM) que, si leemos bien, se confunde con el gran poder que ejerce EEUU en el mundo. El primer cable lo transcribo tal como lo denuncia Natural News en 2011:

Wikileaks sigue meciendo el mundo político al emitir a la luz conspiraciones, corrupción y encubrimientos. El último lote de cables diplomáticos, liberados por Wikileaks, revela lo que sólo puede calificarse de una conspiración liderada por Estados Unidos para obligar al uso de los OGM en los países europeos. El cable revela las palabras de Craig Stapleton, embajador de EEUU en Francia, que estaba empujando a los intereses comerciales de la industria biotecnológica por intentar forzar los OGM en Francia. En sus propias palabras, expresa su frustración con la idea de que Francia podría aprobar leyes ambientales que dificultan la expansión de los OGM:

“Europa se está moviendo hacia atrás no hacia adelante sobre esta cuestión, con Francia jugando un rol principal, junto con Austria, Italia e incluso la Comisión [Europea]… Pasando a represalias dejará claro que el camino actual tiene un costo real de intereses de la Unión Europea y podría ayudar a fortalecer la voz en favor de la biotecnología”.

La amenaza de  Stapleton es presentada por The Guardian, así: “En respuesta a las medidas tomadas por Francia para prohibir una variedad de maíz GM de Monsanto a finales de 2007, el embajador, Craig Stapleton, amigo y socio de negocios del ex presidente de EE.UU., George Bush, pidió a Washington que penalicen la UE y los países que no apoyan el uso de los cultivos transgénicos”. Más adelante, se denuncia: “Documentos filtrados también por Wikileaks revelan que diplomáticos de EEUU en realidad trabajan para Monsanto”.

Si leyeron bien, toda esta presión de los poderosos fue en 2007. En este año, el filósofo mexicano León Olivé, en una conferencia en el ITM de Medellín, nos advertía de los riesgos de los transgénicos que, al igual que en México, fue el resultado de la firma del TLC. Pero, nuestro filósofo, al igual que la mayoría de nosotros, ignorábamos que el gobierno de ese año había aprobado la siembra de dos tipos de maíz transgénico, con o sin TLC. Es nuestra inocencia o, si se prefiere, nuestro desconocimiento de lo que se teje en la telaraña del poder. Basta un ejemplo, ¿sabía usted que la familia Gates (¡Sí! La misma de Bill) es socia de Monsanto?

Viejos riesgos, viejas denuncias

Las denuncias de Wikileaks no muestran nuevos riesgos, solo nos muestran quiénes lo originan. Los efectos no deseados de los OMG se vienen debatiendo desde los años 90 del siglo pasado, pero el poder de Monsanto ha sido suficiente para apagar cualquier brote de escándalo. A continuación, presento algunos casos que han disparado las alarmas. Estas denuncias han tenido eco en Europa, por ello el escándalo del embajador  Stapleton, pero en países como el nuestro, que aboga por una conciencia ecológica, poco o nada se discute al respecto.

En 1998, Marc Lappé y Britt Bailey anticiparon el lanzamiento de su libro Against the grain, biotechnology and the corporate takeover of your food, en el cual denunciaban los peligros de la tecnología genética en la agricultura y el apoderamiento de las grandes corporaciones del abastecimiento de alimentos. Tres días antes de que el libro fuera impreso, el editor recibió una carta amenazante de la compañía Monsanto. La carta hacía referencia a un artículo corto publicado por Lappé y Bailey cinco meses antes. Los abogados de Monsanto afirmaban que el artículo “was defamatory and potentially libelous against Roundup herbicide, Monsanto’s major product“. El editor, temeroso de un litigio costoso, detuvo la impresión y el libro fue cancelado (Smith, 2003, p.202). A pesar de este obstáculo, el Journal of Medicinal Food aceptó publicar los resultados de esta investigación en 1999. Por su parte, la American Soybean Association, organización financiada por Monsanto salió a su defensa  creando un sitio de Internet, en el cual atacaba los hallazgos de dicha investigación soportándose en un estudio realizado por Monsanto y publicado en el Journal of Agricultural and Food Chemistry meses después de la publicación de Medicinal Food.

Quizá el caso que más polémica ha generado en la comunidad científica fue la publicación de un artículo en la revista Nature por el científico mexicano Ignacio Chapela y su estudiante David Quist. En este artículo se documenta los efectos del maíz transgénico en México y la combinación de genes por medio del insecticida transgénico Bt en el maíz nativo. La crítica más fuerte la describe Sarewitz así:

The original article, which went through Nature’s standard peer review process, was attacked vociferously by numerous scientists, including former Berkeley colleagues of Quist and Chapela. Both the methods and the conclusions of the original paper were strongly criticized. One scientist called the paper ‘a testimony to technical incompetence,’ another termed it ‘so outlandish as to be pathetic,’ and a third dismissed it as ‘trash and indefensible’ (Sarewitz, 2004, p.391).

El caso adquiere más relevancia en tanto que los críticos de Quist y de Chapela estaban apadrinados por la industria de la biotecnología, por contraste a Quist y Chapela,  aliados de los detractores de la biotecnología (Sarewitz, 2004).  En los críticos la percepción está influenciada por los intereses económicos, mientras en los segundos la percepción, de ser ciertos sus hallazgos, está más cercana a la realidad: “In disciplinary terms, these competing views map onto two distinctive intellectual schools in life science—ecology and molecular genetics” (Ibid, p.391).

Los hallazgos de Chapela y Quist ya habían sido comprobados por un grupo de científicos de la Universidad de Cornell, confirmando que el trigo manipulado con Bt envenenaron, en pruebas de laboratorio, a la mariposa Monarca en su estado larvario (Smith, 2003, p.206). Por otra parte, la soja que contiene el gen de una nuez de Brasil para aumentar su valor proteico ha ocasionado serios problemas a las personas alérgicas a este producto. Véase Smith (2003, pp.159-181) sobre las alergias producidas por la leche de soja, en particular, y el incremento acelerado de otras alergias ocasionadas por el consumo de alimentos genéticamente modificados, en general.

Una de 2012 publicada en la web. Una mueva investigación revisada por pares publicada hoy pone en duda la seguridad de los cultivos transgénicos y los herbicidas utilizados en ellas. Las ratas alimentadas con Monsanto genéticamente modificados (GM) de maíz, llamado NK603, durante un período de dos años, mostró un aumento significativo de las tasas de cáncer y muertes. Véase la investigación en Séralini (2012).

Referencias

Carrasco, J.F., 2008. La coexistencia sigue siendo imposible: testimonios de la contaminación. Madrid: Greenpeace España.

Quist, D., and I.H. Chapela. 2001. Transgenic DNA introgressed into traditional maize landraces in Oaxaca, Mexico. Nature 414: 541-543.

Sarewitz, D., 2004. How science makes environmental controversies worse. Environmental Science & Policy, 7, pp. 385-403.

Séralini, G., Clair, E., et. al., 2012. Long term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize, Journal Food and Chemical Toxicology

Smith, J.M., 2003. Seeds of deception: exposing industry and government lies about the safety of the genetically engineered foods you’re eating. Fairfield: Yes! books.

Sin categoría

¿Qué tanto conocemos del otro?

Recuerda se ven las caras... pero nunca el corazón.

Inicio este rincón del riesgo con una frase salsomana de Rubén Blades, para llamar la atención sobre el riesgo que corremos por no conocer al otro. Pero antes, quiero partir de una premisa: “No creas nada de lo que leas en este artículo. Está demostrado que el lenguaje escrito es el menos efectivo de cuantos utiliza el ser humano para comunicarse. El significado de cada palabra viene determinado por la interpretación subjetiva de cada lector”. Con esta afirmación, que comparto, inicia el libro “encantado de conocerme” del periodista Borja Vilaseca, fuente de inspiración de este artículo (http://borjavilaseca.com/index.php/2008/01/21/encantado-de-conocerme/).

¿Qué tanto conocemos a nuestros vecinos?

El 22 de julio de 2011, un terrorista noruego, Anders Behring Breivik, asesinó a 69 jóvenes en la isla Utoya en Noruega: “A mí me parecía una persona cualquiera, el hombre que pasa desapercibido”, declaró un vecino de su madre a la AFP al día siguiente de la matanza. “El noruego de buena apariencia del cual nadie sospecha”, agregó.

En julio de 2012, James Holmes, otro vecino de alguien, asesinó a 12 personas y dejó 58 heridos en el cine de Aurora en Colorado.

Estos dos ejemplos no nos pueden llevar a inferir que nuestros vecinos son peligrosos, sólo es una evidencia de qué no es raro tener en nuestra vecindad sujetos extraños. Pero, no es tampoco nuestra obligación enviar a nuestros vecinos a un estudio psicológico o  a un análisis detallado de su perfil. Lo cierto es que, como canta Blades, sólo vemos sus caras.

¿Qué tanto conocemos a nuestros enemigos?

En la vida, tristemente, nos ganamos enemigos. Sin ser la psicología mi profesión, me atrevo a afirmar que existen tres tipos de enemigos. El enemigo frentero, que te da la cara y te expresa abiertamente que la caes mal, que no comulga con tus ideas, que públicamente te enfrenta… es el menos peligroso de los enemigos, puesto que te da la posibilidad de defenderte. El enemigo soterrado, que habla de ti a la sombra, que te desacredita, pero no te da la cara; es más letal que el primero, pero siempre habrá algún amigo que te advierte de este riesgo y, por tanto, existirá la posibilidad de prevenir sus efectos. El enemigo amigo… ¡el más peligroso! Es el que te adula,  que se acerca y se hace tu amigo, que hurga en tu ser para encontrar tus debilidades, en el que confías, al que le cuentas tus secretos, tus aspiraciones, y compartes tus ideas; cuando menos lo piensas,  lanza su ataque demoledor y no tienes posibilidad alguna de defenderte… caes derrotado, una derrota dolorosa porque además del daño propinado, queda la sensación de la traición, del engaño.

¿Qué tanto conocemos a nuestros amigos?

Es difícil afirmar en que grado conocemos a nuestros amigos pero, sin lugar a dudas, los conocemos mejor que a nuestros vecinos y enemigos. Etimológicamente la palabra amistad viene del latín “amicitia” que se traduce en afecto puro desinteresado y recíproco.  En la amistad existe el mutuo aprecio y  la confianza mutua. Sin embargo, conocemos a nuestros amigos hasta donde ellos nos permiten hacerlo, hasta el grado en que develan su ser.

Hay amigos de toda la vida que logramos conocer en un alto grado pero, como a todos nos ocurre, existen aspectos de nuestra personalidad que ocultamos por algunas razones. El conocimiento pleno de lo que somos ni nosotros mismos logramos alcanzarlo. Pese a esta incompletitud, la existencia de amigos, en stricto sensu, hace más placentera nuestra existencia, permite que afrontemos con mayores posibilidades de éxito el mundo de los riesgos.

¿Qué tanto nos conocemos?

El ego es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. También se le llama falso yo. Así, por mucho que podamos sentirnos identificados con él, no somos nuestro ego: ante todo, porque el ego no es real. Sometidos a su embrujo, interactuamos con el mundo como si lleváramos puestas unas gafas con cristales coloreados, que limitan y condicionan todo lo que vemos. Y no solo eso: con el tiempo, esta percepción subjetiva de la realidad limita nuestra experiencia, creándonos un sinfín de ilusiones mentales que imposibilitan que vivamos en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás (Borja Vilaseca: “Encantado de conocerme”).

Ya lo había advertido, el conocimiento de nuestro ser no es pleno. Nuestra conscious awareness que denominamos experiencia consciente o conocimiento consciente se ve limitada por la forma como percibimos el mundo, debe existir una “percepción de lo percibido” o como lo denomina Llinás “el sí mismo” para evitar las ilusiones mentales que enuncia Borja. Pero, por nuestras capacidades o intereses, no percibimos todo lo que hay en nuestro entorno y necesariamente convivimos con esas ilusiones mentales. Esta ilusiones evitan que nos conozcamos plenamente ¿qué tanto sabemos de nuestras reacciones a la adversidad?, ¿hasta dónde pueden llegar nuestras emociones?, ¿quiénes podemos llegar a ser?

Sin categoría
chatroulette chatrandom

Iniciar sesión

Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com

   
 

Regístrese gratis

¿Olvidó su contraseña?

Ayuda