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Perlas Del Pensamiento

Temas y artículos sobre superación personal, sicología,realidad cuántica,cuentos para reflexionar

 
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Literatura compartida

Hoy quiero compartir con ustedes este cuento que he leído y la verdad es que me gustó mucho pues lo encuentro muy bien redactado ya que aunque es corto nos hace sentir suspenso desde el comienzo hasta el fin y sé que a los amantes del género Terror y Suspenso también les va a gustar al final está el nombre de su autora y un link desde donde lo pueden descargar.

LA SINIESTRA

La noticia del hallazgo del cuerpo sin vida del renombrado escritor remeció al mundo literario. Su obra, destacada con importantes premios en el ámbito nacional e internacional,  se perfilaba como un clásico dentro de la literatura contemporánea.   El extraño escenario que rodeaba al cuerpo sin vida,  mantenía a la prensa las veinticuatro horas del día aferrada a algún lugar desde donde obtuviese la primicia que explicara  los vacíos que hacían perder la credibilidad del hecho.
El hombre se sentó frente al ordenador. La taza de café tintinó al compás del temblor de la mano que la llevaba. Aire enrarecido, olor a encierro, la fetidez del cenicero repleto de colillas de cigarro y los vasos con restos de vino barato dispersos por la habitación, conformaban una escena que, traspasada a la tela de un cuadro, podría haberse titulado: “Fracaso”

El ser humano, a menudo, contamina con sus estados de ánimo el ambiente que lo rodea.  Era el caso del hombre sentado frente al ordenador. Pulsaba las teclas escribiendo un párrafo que luego borraba una y otra vez. La desesperación hacía que las  manos se crisparan sobre su pelo.

No había transcurrido demasiado tiempo desde que sus libros se leían en varios puntos del planeta. Viajaba para cada lanzamiento a las principales capitales europeas luciendo elegante, mientras autografiaba cientos de ejemplares. Ahora las editoriales lo llamaban para solicitar nuevo material  y él prometía una, y otra vez, que pronto daría una sorpresa, pues el proyecto en que trabajaba se convertiría en un hito de la literatura latinoamericana.

Lo cierto era que la inspiración  se había marchado dejando su mente vacía, bloqueada e incapaz de generar el más mínimo texto.   La frustración lo hundía día a día en el alcohol y en una que otra droga, cuando podía obtenerla. Cualquier cosa le parecía válida en su intento de aplacar la angustia  por la pérdida de un don que creía inagotable.

Aislado, sucio y mal alimentado, construía eficazmente su derrota. Había intentado escribir a diferentes horas. Incluso, en mitad de la noche, despertaba seguro de tener una idea muy precisa para su gran obra y se lanzaba al ordenador para quedar una vez más estático frente al teclado con la mente absolutamente vacía.

Muchos días, no salía de la cama, evadiendo lo que sentía el preludio del final de una existencia sin sentido. Una mañana arrastró sus chancletas hasta la pantalla convencido de lo inútil de aquel esfuerzo. Y durante varias horas lo fue. Una sensación rara lo sacó de su modorra; algo ocurría dentro de su organismo. Como si el cerebro se desvinculara del  cuerpo y cada uno empezase a funcionar en forma autónoma.  Sintió una fuerte contracción en los músculos de su brazo izquierdo. Creyó que se trataba de un espasmo por la tensión en que vivía. Sin embargo, esa tensión, parecida a quien se pone en guardia para enfrentar una guerra,  fue abarcando toda la estructura del brazo hasta llegar a su mano. Esta comenzó a presionar el teclado  con firmeza y decisión.  El hombre era apenas un  espectador aturdido de lo que ocurría. Él era diestro, mas cuando trataba de que su mano derecha interviniera pulsando una letra, era repelida bruscamente por la mano que se había adueñado del ordenador.
De la incredulidad, el hombre pasó a la esperanza al leer parte de lo que aparecía en la pantalla. Las frases eran perfectas,  términos tan precisos que jamás a él  se le hubiesen ocurrido. ¿Estaba soñando?

Las horas transcurrieron. La oscuridad se apoderó del ambiente sin que la mano izquierda suspendiera su trabajo. El hombre no había comido, ni bebido; aquella mano gobernaba sobre todo su ser. Ya no sabía, ni le interesaba saber que querían decir los signos que aparecían en la pantalla a velocidad insólita. Quería descansar; no se lo permitía. Pasó la noche, la mañana siguiente, la tarde  y la noche. El hombre era un despojo medio tirado en el suelo, con el brazo en alto que no se desprendía del teclado. El dolor que esa posición le causaba no lo dejaba dormir. Sólo esperaba el momento en que la pesadilla terminase. Por alguna razón tenía la certeza que aquello terminaría en algún momento y podría descansar.
Olvidado ya de sus promesas a los editores, de su pasado de escritor estrella, su único anhelo era acostarse. En el futuro no veía nada, salvo dormir.

En la tarde del tercer día, bruscamente la mano se detuvo. El hombre se arrastró con mucho esfuerzo hasta su cama acomodando su cuerpo sobre esa superficie blanda tan conocida para él. La mano izquierda mantenía su independencia, pero ahora parecía tratar de calmarlo. Palpaba su cabeza dolorida,  su frente,  ojos, pómulos y boca hasta llegar  al cuello que acarició con detención. El hombre al fin durmió.

Dos días después los noticiarios se remecieron al informar que el cuerpo sin vida de un reconocido escritor, había sido encontrado en el cuarto de su pequeño apartamento. Las fotografías estaban en todos los periódicos en primera página. El hombre aparecía casi irreconocible por el aspecto descuidado de su ropa, su pelo y el entorno en que se hallaba. Sorprendía que, rodeando  su cuello, enlazada como una serpiente, su mano izquierda se mantenía aferrada a él, a pesar de que la vida había expirado a lo menos cuarenta y ocho horas antes.
La investigación ocular de los peritos que hicieron el hallazgo se centró en el cuerpo, su posición y en esa mano que se negaba a soltar el cuello del escritor. Recogiendo evidencias encontraron el ordenador encendido y un  texto escrito de no menos de cien páginas. En el último párrafo se leía: “En la tarde del tercer día, bruscamente la mano se detuvo. El hombre se arrastró con mucho esfuerzo hasta su cama acomodando su cuerpo sobre esa superficie blanda tan conocida para él. La mano izquierda mantenía su independencia, pero ahora parecía tratar de calmarlo. Palpaba su cabeza dolorida,  su frente,  ojos, pómulos y boca hasta llegar hasta al cuello que acarició con detención, lentamente, enrollándose en torno a él,  cada vez con más fuerza, hasta que  el hombre al fin se durmió.  Al fin durmió”

Escrito por Alejandra Gallero Urízar

Lo pueden descargar desde:
Emagister/La siniestra

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editorial, horror, narrativa, suspenso

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Comentarios

3 respuestas a “Literatura compartida”
  1. Iván Salazar Urrutia dice:

    Hola, María Gema Atel Delbono:
    Me gusta el título de tu página “Perlas del Pensamiento”. Entré a hechar una hojeada; vengo de la página editorial de Mora.
    Leí el cuento que nos ofreces. No sé; no me quedó una opinión definida. No importa.
    Sí importa la disciplina y el esfuerzo que haces por transmitir más allá de la cotidianidad que nos ahoga.
    Me llamo Iván, mi seudónimo es VANCHO. Me podrás leer revoloteando por el blog de Mora, de Kao no sé cuánto (pero es nuestro amigo Joise), y otros. Nunca estuve aquí, contigo.
    Te saludo. ¿Cómo estás?
    VANCHO

  2. Cristian The Wolf dice:

    Recibe un cordial Saludo María
    Me parecio interesante el Titulo de tu Pagina, pase a darle una mirada.
    EL cuento que muestras, nos deja pensando, dado que el final del mismo, hace meditar sobre la personalidad y sub conciente humano, asi como de los diversos factores que influyen en nuestras acciones diarias.


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